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MITOS Y MITOTES... MÉDICOS

DR. HERNÁN CHAVARRÍA

Abc de los zapatos

“Con alegría exclamó el emperador Tiberio —Botitas, muéstranos tu danza”

Calígula/ Mario Puzzo

 

Los pies nos han llevado por el mundo, desde que como especie adoptamos la marcha bípeda, en algún lugar de África hace unos tres millones de años, desde entonces han pasado muchas cosas, pero la mayoría han implicado genuina lucha por la supervivencia, misma que nuestra especie parece haber ganado hace unos doscientos mil años, contra los hombres de Neanderthal, y ahora estamos solos como homínidos dominantes.

La historia muestra que no sabemos estar solos y, nos la pasamos a garrotazo limpio la mayor parte del tiempo y, en esto, también han intervenido de manera importante los pies, pues son ellos sobre los que marcharon las legiones romanas conquistadoras, calzando caligas (la sandalia/bota herrada de los legionarios), encima de los conquistados quienes también, si les dio tiempo, pusieron los pies… en polvorosa.

 

Abril06035

 

Marchar y marchar; un, dos... izquierda, derecha

La marcha (“cadencia compleja de movimientos cíclicos alternativos de las extremidades inferiores, que permite al ser humano su capacidad para trasladarse”), ha sido analizada y revisada desde muchos puntos de vista diferentes a través de los siglos, en la actualidad ya no hay misterios desconocidos en ella y si, libros enteros, que la describen para médicos e ingenieros. Una de sus características principales es que se divide en fases, las dos principales y más sencillas de entender, son; la fase dinámica (pie en el aire) y, la fase estática (pie en el piso), cada una de ellas, se divide a su vez en fases más cortas, que explican todos los movimientos específicos y su propósito.

El máximo de eficiencia se tiene durante la juventud, entre los 15 y 25 años de edad, pero con los cuidados adecuados puede continuar sin gran problema durante toda la vida…

A menos que el patrón de marcha se vea afectado por factores ajenos a lo natural. Veamos:

Regresando a los trancazos, una de las cosas importantes era que los soldados pudieran desplazarse largos trayectos a pie, para llegar al lugar donde se iniciaría la repartición de mamporros, obvio, atravesando por días, semanas o meses, terrenos agrestes y difíciles, lo que para unos pies desprotegidos habría sido un asunto muy ampuloso.

Así, el primer calzado de línea del que se tiene noticia es el militar; suaves y sencillas sandalias egipcias y las más recias espartanas, cacles mexicatl, xanakehuel maya, hasta llegar a la caliga, en sus diversas formas especializadas (incluso para montaña con espiones) para proteger los pies de los combatientes, de hecho así como el Ejército Romano daba una ración de sal a sus legionarios (el salario), se les daba también la clavería, un surtido de clavos de bronce para reparar las suelas de sus caligas.

Como muchas cosas, pasó a los civiles

Con el tiempo, el calzado pasó, de ser un artículo utilitario de la soldadesca, a parte distintiva de un uniforme y, para entonces, ya muchos civiles lo usaban; permaneciendo como opción masculina exclusiva en muchas sociedades del orbe. En el mundo Occidental, a partir del Renacimiento el calzado tomó una forma muy similar al actual y se hizo más extensivo a la mujer, sin embargo, los “afeites” para pies permanecieron masculinos aún por mucho tiempo; el pie femenino se calzaba de manera muy sencilla y cómoda, era el hombre el que usaba tacones y plataformas, para parecer más alto e imponente.

Sin embargo, en el campo de batalla este tipo de calzado era letal, para el portador. De nuevo los conflictos bélicos intervinieron en la evolución del calzado, y de los siglos XVII al XIX predominó el pragmatismo con cierto aire elegante, los adornos para los pies pasaron entonces a la mujer de la época victoriana, y esa tendencia persiste hasta hoy; sin embargo, en fechas tan cercanas como en la Segunda Guerra Mundial, en el invierno ruso, las elegantes botas altas alemanas, fueron la causa de múltiples congelaciones y la consiguiente mutilación.

Pero, en general los zapatos de hombre son predominantemente amplios, bajos y cómodos (salvo por los adefesios de botas vaqueras, que no están hechas para caminar sino para montar caballos y lazar reses), mientras que los de la mujer (considerada objeto de ornato), son de tacones altos, angostos y puntiagudos... Lo peor para caminar.

Una vil moda

Hoy día, con respecto a los pies y al calzado hay muchos mitos desastrosos, que parecen diseñados para perpetuar el consumo de calzado, mentiras garrafales como la de que “el frío entra por los pies”, que “si se anda descalzo se generará pie plano, juanete o espolón calcáneo”, se oyen de boca de “sabias abuelitas” y facultativos médicos poco informados.

El uso de tacón alto o plataformas, como lugar común de la elegancia o la belleza femenina (por no hablar de la compensación de estatura y, el cadencioso balanceo del trasero), o en algunos casos para tratamientos médicos (¡horror!), persiste el uso de “calzado ortopédico” para “corrección” del pie plano y otros problemas similares, a pesar del conocimiento y la difusión médica actualizada.

Del talón a la punta

El  tacón alto y las plataformas alteran seriamente el patrón normal de la marcha, mandan el apoyo del peso de todo el cuerpo a la punta del pie y con ello alteran el punto de caída del centro de gravedad, obligando a la mujer que los usa, a adoptar una postura con la columna lumbar exageradamente curvada, lo que levanta los glúteos dándole un aspecto sexi, pero esto, con el tiempo repercute sobre la salud de la columna vertebral y los miembros pélvicos, generando una “factura del tacón” que se paga después de los cuarenta años y que enlista; destrucción de columna, destrucción de rodillas, espolón calcáneo y juanetes.

El pago se hace con mucho dolor, limitación y molestias, por el resto de la vida. Por otro lado, el “calzado ortopédico” está descontinuado de la medicina seria, hace más de 40 años, y es el calzado en general, lo que aplicado a niños pequeños, causa que el pie plano fisiológico con el que todo ser humano nace, se quede así, por falta de desarrollo de los pequeños músculos en la parte de abajo del pie, que sin zapatos se fortalecerían y, levantarían el arco de manera natural, durante la primera infancia.

¡NO al calzado antes de los cuatro años de edad!

Estamos diseñados para caminar descalzos

El calzado duro y estilizado afecta la marcha y por lo tanto la salud de todas las articulaciones de carga del cuerpo (pies, tobillos, rodillas, caderas y columna vertebral, casi nada…).

Este daño se conoce como “desgaste” o “enfermedad articular degenerativa” y todos los adultos lo padecemos en alguna medida, dependiendo de nuestro estilo de vida, durante la vejez se manifiesta con más fuerza, por efecto acumulativo…

Es curioso ver, como en culturas mas “primitivas” en las que el uso del calzado no existe, la escala de estos problemas es mucho menor, los llamados “reumas”, “el espolón”, “el pie plano” les son virtualmente desconocidos, mientras en nuestra sociedad tecnológica son lugares comunes.

Por supuesto no es sólo el uso de calzado, sino todo el estilo de vida sedentario el que causa problemas serios, y es muy poco práctico pensar que la gente se despojará de una costumbre militar milenaria como la de usar zapatos, sólo por saber que a la larga les hace daño, nadie pregona que nos volvamos émulos de Tarzán, sin embargo, valdría la pena minimizar sus repercusiones, y seguir la regla ABC para el uso de zapatos, tanto en hombres como en mujeres, es decir Amplios, Bajos y Cómodos… aunque a algunas morenas y “chaparritas cuerpo de uva” no les parezca.

 

COLOFÓN: Los pobres soldados siguieron “aplanando caminos” con botas incómodas, duras y que sólo venían en dos tamaños; demasiado grandes o demasiado chicas, al estilo de las caligas romanas, que dieron origen al sobrenombre de uno de los más famosos emperadores romanos Calígula; botitas, (apodo que le pusieron los soldados de su padre Germánico, cuando era un niñito, considerado su “mascota” y, danzaba para darles suerte en la batalla). Luego de Vietnam, la “moda” militar dio un giro y, ahora fueron diseños civiles mucho más cómodos los que usan los militares... los soldados gringos fueron a Afganistán e Irak con calzado finalmente cómodo, que también está haciendo FAVE SEDENA. Pero, fueron necesarios más de 2,000 años...

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