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Promesas rotas, leyes violadas,

vidas destrozadas

Amy Goodman

Las autoridades federales están investigando si funcionarios del gobierno al sur de la frontera del país participaron en el secuestro y la tortura de un ciudadano; quiero decir, las autoridades canadienses están investigando la posible participación de funcionarios estadounidenses en la “rendición extraordinaria” del ciudadano canadiense Maher Arar.

“Rendición extraordinaria” es el eufemismo utilizado por la Casa Blanca para referirse al arresto de una persona y su traslado en forma secreta a otro país, donde probablemente será torturada. Arar reveló esta semana que durante los últimos cuatro años la Policía Real Montada de Canadá (RCMP, por sus siglas en inglés) ha estado investigando la posible participación de funcionarios estadounidenses y sirios en su arresto, extradición ilegal y tortura. Este anuncio surge tras una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de que no considerará el caso de Arar, poniendo fin a su búsqueda de justicia en el sistema judicial estadounidense.

 

 

MAHER ARAR

MAHER ARAR

Maher Arar es el ciudadano canadiense que fue capturado por funcionarios estadounidenses cuando cambiaba de avión en Nueva York. Se dirigía a su casa luego de unas vacaciones en familia en septiembre de 2002. Fue enviado clandestinamente a Siria por el gobierno de Bush, donde permaneció detenido durante casi un año en una celda que se parecía a una tumba. Fue torturado en repetidas oportunidades, hasta que lo enviaron de regreso a Canadá sin presentar acusaciones en su contra: un hombre destrozado. En 2004, el Centro por los Derechos Constitucionales presentó una demanda ante un tribunal federal de Estados Unidos en nombre de Arar mientras éste se recuperaba en Canadá. Si bien su caso judicial en Estados Unidos finalizó esta semana, la lucha contra la impunidad continúa.

El magistrado de Ontario Dennis O’Connor dirigió la investigación del gobierno canadiense sobre el arresto de Arar, su envío a Siria y su subsiguiente tortura. Entre 2004 y 2006, O’Connor entrevistó a muchas personas y revisó miles de documentos. La investigación exoneró a Arar de cualquier posible delito. El Primer Ministro canadiense Stephen Harper, un conservador, pidió disculpas, y Arar recibió 11,5 millones de dólares en reparaciones y gastos judiciales. Ahora nos enteramos de que la RCMP, el equivalente canadiense al FBI, está realizando una investigación que podría conducir a acusaciones penales.

Arar me dijo: “Han recopilado pruebas. Han entrevistado gente en Canadá y a nivel internacional. Viajaron a algunos países y recopilaron pruebas. Hablaron con algunas personas interesantes. Y su atención está puesta en los torturadores sirios y en los funcionarios estadounidenses que fueron cómplices de mi tortura”.

Si la RCMP acusa a funcionarios estadounidenses de complicidad en el secuestro y tortura de Arar, eso pondría a prueba el fuerte tratado de extradición entre Estados Unidos y Canadá. Mientras tanto, el Centro por los Derechos Constitucionales está alentando a las personas a que contacten a la Casa Blanca y a sus representantes en el Congreso.

Maria Lahood, la abogada de Maher Arar, dijo acerca de esto: “El gobierno de Obama puede hacer lo que podría haber hecho todo este tiempo, que es simplemente pedirle disculpas a Maher por lo que hicieron funcionarios del gobierno de Bush. Podría brindarle a Maher una medida reparadora. Podría eliminarlo de la lista de terroristas. También podría, por ejemplo, procurar que se modifique la ley para que sea más clara”.

El senador Patrick Leahy, de Vermont, que preside el poderoso Comité Judicial del Senado, expresó su decepción ante la decisión de la Corte Suprema en un artículo publicado en su sitio web que decía que el caso de Arar “continúa siendo una mancha en el legado de Estados Unidos como líder de derechos humanos en el mundo...Estados Unidos continúa negando su culpabilidad en este caso”.

En una audiencia de enero de 2007, Leahy dijo irritado al entonces Fiscal General Alberto Gonzales: “Señor Fiscal General, disculpe, no pretendo tratar este tema con ligereza. Sabíamos muy bien que si hubiera ido a Canadá no habría sido torturado. Se lo habría detenido y habría sido investigado. También sabíamos muy bien que si se lo enviaba a Siria, sería torturado y está por encima de la dignidad de este país, un país que siempre ha sido un ejemplo de derechos humanos, enviar a alguien a otro país a ser torturado. Ud. sabe y yo sé que este país ha hecho esto en numerosas ocasiones durante los útlimos cinco años. Es una mancha negra para nosotros. Provoca la condena de algunos de nuestros mejores y más cercanos aliados. Han hecho esos comentarios públicamente y en forma privada al presidente de los Estados Unidos y a otros”.

 

 

RCMPparade

 

El gobierno de Obama continúa aplicando muchas de las controvertidas políticas de la era de Bush, como la detención por tiempo indeterminado sin acusación en Guantánamo y la base aérea de Bagram, y como apuntó Leahy, haciendo uso del privilegio de los “secretos de Estado” para evitar acciones legales que denuncien y castiguen la tortura.

El mismo día en que se anunció el fallo de la Corte Suprema sobre el caso Arar, otro tribunal de Washington, D.C. absolvió a 24 activistas contra la tortura que fueron arrestados en el Capitolio de Estados Unidos el 21 de enero de 2010, el día en que el Presidente Barack Obama había prometido en un comienzo que cerraría Guantánamo. La pancarta que llevaban decía “Promesas rotas, leyes violadas, vidas destrozadas”. Varias personas fueron arrestadas dentro de la Rotonda del Capitolio mientras realizaban el funeral de tres prisioneros de Guantánamo, que probablemente murieron a causa de las torturas recibidas. El gobierno de Estados Unidos afirma que se suicidaron.

Maher Arar terminó su doctorado en Canadá y fundó una revista de noticias en Internet, prismagazine.com. Desde hace tiempo está dedicado al caso del ciudadano canadiense Omar Khadr, que fue arrestado en Afganistán cuando era adolescente y llegó a la adultez en la prisión de Guantánamo. Maher Arar está casado y tiene dos hijos. Claramente el recuerdo de su experiencia de ser secuestrado y torturado en Siria, lo acompañarán por siempre.

Arar describió su experiencia: “Me pusieron en una celda oscura en un subsuelo, que se parecía más a una tumba. Tenía un metro de ancho, dos metros de profundidad y un poco más de dos metros de alto. La vida en la celda era un infierno. Pasé diez meses y diez días en esa tumba. Los primeros días de mi detención fui interrogado y torturado físicamente. Me golpearon con un cable eléctrico y me amenazaron con una silla de metal y choques eléctricos. Fui obligado a realizar una confesión falsa de que había estado en Afganistán. Cuando no me golpeaban, me ponían en una sala de espera para que escuchara los gritos de otros prisioneros. Los llantos de las mujeres aún son lo que más me atormenta. Tras 374 días de tortura y detención ilegal, fui finalmente liberado y me entregaron a funcionarios de la embajada de Canadá el 5 de octubre de 2003. Estos últimos años han sido una pesadilla para mí. Desde mi regreso a Canadá, mi dolor físico se ha curado de a poco, pero las cicatrices cognitivas y psicológicas de mi terrible experiencia permanecen conmigo cada día. Aún tengo pesadillas e imágenes recurrentes del pasado. No soy la misma persona que era. También quiero decir lo frágiles que se han vuelto nuestros derechos humanos y lo fácil que pueden ser violados por los mismos gobiernos que juraron protegerlos”.

 

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