Certamen Nacional
Voces del Periodista
Posada del Periodista
Voces del Periodista
Club de Periodistas
Radioteca Voces del Periodista
Voces del Periodista
Voces del Periodista EnVivo
Voces del Periodista
Voces del Periodista
Buscar Autor o Artículo

PULSE LA TECLA ENTER
Números Anteriores
280
Voces del Periodista
279
Voces del Periodista
278
Voces del Periodista
277
Voces del Periodista
276
Voces del Periodista
274
Voces del Periodista
273 Suplemento
Voces del Periodista
272
Voces del Periodista
271
Voces del Periodista
270
Voces del Periodista
269
Voces del Periodista
268
Voces del Periodista
267
Voces del Periodista
266
Voces del Periodista
265
Voces del Periodista
264
Voces del Periodista
263
Voces del Periodista
262
Voces del Periodista
261
Voces del Periodista
260
Voces del Periodista
259
Voces del Periodista
Ediciones anteriores
Voces del Periodista Edición 282
Voces del Periodista Edición 281
Voces del Periodista Edición 280
Voces del Periodista Edición 279
Voces del Periodista Edición 278
Voces del Periodista Edición 277
Voces del Periodista Edición 276
Voces del Periodista Edicion 273
Voces del periodista Suplemento 273
Voces del Periodista Edición 276
Voces del Periodista Edición 275
Voces del Periodista Edición 274
Voces del Periodista Edición 272
Voces del Periodista Edición 271
Voces del Periodista Edición 270
Voces del Periodista Edición 269
Voces del Periodista Edición 268
Voces del Periodista Edición 267
Voces del Periodista Edición 266
Voces del Periodista Edición 265
Voces del Periodista Edición 264
Voces del Periodista Edición 263
Voces del Periodista Edición 262
Voces del Periodista Edición 261
Voces del Periodista Edición 260
Voces del Periodista Edición 259
Voces del Periodista Edición 258
Voces del Periodista Edición 257
Voces del Periodista Edición 256
Voces del Periodista Edición 255
Voces del Periodista Edición 254
Voces del Periodista Edición 253
Voces del Periodista Edición 252
Voces del Periodista Edición 251
Voces del Periodista Edición 250
Voces del Periodista Edición 249
Voces del Periodista Edición 248
Voces del Periodista Edición 247
Voces del Periodista Edición 246
Voces del Periodista Edición 245
Voces del Periodista Edición 244
Voces del Periodista Edición 243
Voces del Periodista Edición 242
Voces del Periodista Edición 241
Voces del Periodista Edición 240
Voces del Periodista Edición 239
Voces del Periodista Edición 238
Voces del Periodista Edición 237
Voces del Periodista Edición 236
Voces del Periodista Edición 235
Voces del Periodista Edición 234
Voces del Periodista Edición 233
Voces del Periodista Edición 232
Voces del Periodista Edición 231
Voces del Periodista Edición 230
Voces del Periodista Edición 229
Voces del Periodista Edición 228
Voces del Periodista Edición 227
Voces del Periodista Edicion 226
Voces del Periodista Edicion 225
Voces del Periodista Edicion 224
Voces del Periodista Edición 223
Voces del Periodista Edición 222
Voces del Periodista Edición 221
Voces del Periodista Edición 220
Voces del Periodista Edición 219
Voces del Periodista Edición 218
Voces del Periodista Edición 217
Voces del Periodista Edición 216
Voces del Periodista Edición 215
Voces del Periodista Edición 214
Voces del Periodista Edicion 213
Voces del Periodista Edición 212
Voces del Periodista Edición 211
Voces del Periodista Edicion 210
Voces del Periodista Edición 209
Voces del Periodista Edición 208
Edición 207
English Arabic French German Japanese Portuguese Spanish


Ver Otros Artículos de Este Autor

Un día sin el ejército

CARLOS RAMÍREZ HERNÁNDEZ

Cuando el ejército fue llamado a la lucha contra la delincuencia en todo el país, la decisión no fue desproporcionada: el crimen organizado había ocupado, ante la complacencia, complicidad o ineficacia de los gobiernos municipales y estatales, partes territoriales de la república. Por tanto, se trataba de un asunto de seguridad nacional y de soberanía del Estado.

La batalla no ha sido fácil, sobre todo por la incomprensión de la comodidad del ciudadano: quiere que derroten a las bandas criminales, pero que no zaranden su entorno tradicional. Asimismo, el ciudadano desea una lucha quirúrgica, casi tan fina como de rayo laser, pero sin afectar el espacio de convivencia que la sociedad ya logró con la delincuencia. Un mail de una ciudadana llegó al correo de esta columna con una frase demoledora: “preferimos convivir con los delincuentes porque nos respetan”.

Además de violentar la soberanía territorial del Estado, los cárteles del narcotráfico representan una comunidad criminal internacional. Se trata de otra razón para enfocar el problema desde la óptica de la seguridad nacional. Por tanto, la participación del ejército era lógica, y más cuando existen evidencias de que el narcotráfico se asentó en la República con la complicidad de policías, políticos, gobernantes y sociedad. Los militares involucrados en el tráfico han sido encarcelados.

La batalla en las calles es por territorio. Pero policías, políticos, gobernantes y sociedad han dejado aislado al ejército en esa lucha. Como se vio en Ciudad Juárez, el retiro del ejército de las calles y la intervención de la policía federal fueron aprovechadas por el crimen organizado para reapoderarse de la plaza. Por ello, el regreso del ejército parece inminente ante la dimensión del poderío armado de las bandas de delincuentes.

El ejército siempre ha despertado suspicacias. Y ahora mismo éstas han sido explotadas nada menos que por el PRI, cuyo reinado de setenta y un años se sustentó en el uso del ejército para reprimir la disidencia. El peligro de golpe de Estado nunca existió y los militares se ajustaron a la disciplina militar. Al final de cuentas, la intervención de los militares es la última línea de defensa del Estado, a partir inclusive de las definiciones que señalan que el Estado tiene el monopolio de la fuerza y de la represión. En esta lógica gramsciana, la disputa delincuentes-ejército estaría determinando posiciones políticas que tienen como espacio la soberanía del Estado.

EJERCITO MEXICANO


De ahí que el problema no sea el ejército sino la incapacidad de los liderazgos políticos y de gobierno, diría Maquiavelo. El asunto radica cuando partidos, gobernantes y jefes policiacos permitieron que las cosas llegaran al extremo de que el crimen organizado se apoderó de partes territoriales del Estado. Y se complica con la percepción bastante pueril de que todo se resolvería con la legalización de la droga, pues se despenalizaría pero auto máticamente aumentaría el consumo.

La intervención del ejército contra el crimen organizado ilustra el tamaño del desafío. El país no enfrenta pandillas o narcos con armas fundidas en oro y piedras preciosas -nacotraficantes, pues-, sino con un imperio que comercializa un producto que idiotiza a los ciudadanos. Y este crimen organizado es el que quiere al ejército fuera de la batalla.

 

 

Comentarios (0)Add Comment
Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy