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Calderón en Washington:

O cabestreas o te ahorcas

Hace cuatro años, metido hasta las rodillas en la sucesión presidencial, Vicente Fox se desplazaba por territorio de los Estados Unidos, promoviendo el voto de los compatriotas transterrados a favor del Partido Acción Nacional. En pleno vuelo, fue enterado de que en el Senado norteamericano se había aprobado un dictamen relacionado con la ansiada reforma migratoria. Sin más información ni reflexión, y creyendo que estaba servida ya la “enchilada completa” que convirtió en leitmotiv de las relaciones bilaterales, primero en cielo y después en tierra, Fox expectoró a gritos que aquél era un día histórico, esplendoroso, que marcaba un cambio radical definitivo de situación de millones de mexicanos en los Estados Unidos.

Cuatro años después, la primavera de nuestros emigrados no puede ser más ardiente y ominosa: La llamada Ley Arizona -cuyo sentido se retoma en otros diez estados de la Unión Americana con la intención de emitir legislaciones propias en materia de inmigración-, pone de manifiesto que las condiciones de nuestros migrantes no sólo no han mejorado, sino enervado, por la crisis del empleo desencadenada por el cataclismo financiero y fiscal; el nuevo estatuto estatal coloca a la diplomacia de Los Pinos y la Casa Blanca en una elevada curva de máxima tensión -así Barack Obama repruebe la iniciativa del gobierno arizonense-, y las expectativas de nuevos flujos humanos hacia el vecino país son de bárbara represión, ahora por corporaciones públicas a las que se les da licencia legal para tirarle a todo lo que se mueva.

Para tener una idea de la dimensión de la tragedia mexicana en los Estados Unidos, conviene rescatar dos datos sobre el tema: 1) entre la tolvanera levantada por la Ley Arizona, autoridades migratorias federales de EU informan que, en términos conservadores, ambulan o laboran en el territorio vecino más de ocho millones de mexicanos ilegales. En reciente foro, auspiciado en la ciudad de México por el confiable Colegio de la Frontera Norte, sobre Perspectivas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)/ Inversión extranjera y flujos migratorios, se reveló que, desde la firma de este instrumento hace 16 años, el promedio anual de emigración es de unos 300 mil compatriotas; esto es, cuatro millones 800 mil en el periodo. La causa más recurrente, según foristas, es que el potencial de empleo que se esperaba liberar en las entidades mexicanas de la frontera norte, se quedó atorado en los discursos.

 

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Los políticos y las organizaciones civiles más beligerantes en los estados con mayor inmigración mexicana, vinculan el fenómeno a 1) el escaso interés y eficiencia de nuestro gobierno para reorientar la política económica, que ofrezca más y mejores oportunidades a obreros,  campesinos y profesionales en sus lugares de origen; 2) la eficacia de los sindicatos del crimen para emplear -de ida-, a las caravanas de migrantes en el tráfico hormiga de drogas, y ubicarlos luego en el mercado de distribución en los centros de mayor demanda; y -de regreso-, en el contrabando de armas y de los excedentes en dólares que la actividad genera al otro lado, y 3) ahora, la galopante huida de familias completas de la violencia que azota México, muchas de las cuales se amparan, o pretenden hacerlo, en las figuras de asilado político o refugiado económico.

Sobre todo por la segunda y tercera causas, no es de sorprender que, en el pasado encuentro entre Obama y  Calderón, aunque formalmente se hayan tocado los temas migratorio y Ley Arizona, la prioridad de la agenda haya sido acentuada por  Washington en la instrumentación y ejecución de los acuerdos, -públicos o secretos, lo mismo da-, adoptados por el Grupo Consultivo de Alto Nivel USA-México en su pasada reunión en  nuestro país, referidos a la inseguridad y la violencia en territorio mexicano; y subrayados por los  departamentos de Estado, Seguridad interna y Justicia con la emisión de nuevas alertas a sus ciudadanos, a 72 horas de la reunión de los presidentes.

Una prioridad -la subrayada por la Casa Blanca, conforme a su interés-, que gira en torno a una mayor militarización de la frontera y a la permanencia del Ejército mexicano en las calles. En términos rancheros, parece no haber de otra para el gobierno mexicano: O cabestreas o te ahorcas.

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