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Edición 417

 4174

APUNTE

Las caras de la violencia

Jorge Guillermo Cano

El riesgo es: la pérdida del Pacto Social, indispensable para convivir en paz

LA violencia no se ha ido. Pero no sólo la de la metralla. La cuestión es mucho más compleja y atiende a expresiones que suelen no verse o son marginadas.

Est√° la de clase, la de posici√≥n en la estratificaci√≥n social, la que se disfraza de as√©ptica ‚Äúcompetencia‚ÄĚ y ‚Äúcapacidad‚ÄĚ en los terrenos de lo econ√≥mico.

Pero como los dados est√°n cargados en ese como en otros campos, lo que hay es una vulgar arena donde campea el abuso de los ricos y poderosos.

También, aunque pretendan no verlo, la de los kakistocráticos políticos que se visten de redentores y traicionan sin recato sus palabras, que mienten y se disfrazan sin rubor de lo que sea.

Véase si no los discursos de las alianzas antes impensadas, en lo formal, pero naturales y de facto hace mucho tiempo, entre el PRI, el PAN y el PRD.

Ese tr√≠o, que antes se odiaba a muerte, lengua afuera (los referentes son m√ļltiples) ha hecho una campa√Īa basada en la violencia verbal, la calumnia, la mentira y no deja de alimentar conductas de riesgo entre sus seguidores.

La ideología ausente

No es nuevo, el interés particular tiene mucho privando sobre principios, ideologías y valores. Lo vemos un día sí y otro también en las cámaras y en la arena electorera. Los cantos de lo inocuo mientras tejen a trasmano sus componendas.

En la indiscreción plena se negocian futuras prebendas, como se constata en las reuniones y comelitonas donde departen verdes, azules y amarillos.

Aparte est√° la violencia subliminal de las rese√Īas ‚Äúsociales‚ÄĚ que restriegan la ‚Äúdiferencia‚ÄĚ entre la gente ‚Äúbonita‚ÄĚ y la fea, pobre y desvalida. No es casual que el candidato prianredista a la gubernatura de Sinaloa haya hecho de la burla a la vejez parte de su campa√Īa.

En otro orden de ideas, hay tambi√©n violencia de la burocracia insensible que condena a la ciudadan√≠a, que acude por sus ‚Äúservicios‚ÄĚ, a la indignidad de la espera, que hace del derecho de audiencia cuesti√≥n de suerte y excepci√≥n.

Igual sucede cuando los funcionarios sólo miran hacia arriba y desatienden al pueblo que los mantiene.

La violencia, pues, tiene muchas caras.

Ven lo que conviene

Pero si de poses se trata, se mira sólo la evidente y plástica violencia, marginando en la práctica la complejidad aquella cuya dimensión requiere, para enfrentarla, de otras dotes y de la necesaria inteligencia.

Mucho pedir, desde luego, a la vista de los declarantes nuestros de cada día.

Las autoridades del aparato de justicia, a nivel federal y estatal, √ļltimamente parece que reconocen esa complejidad, pero no debe ser usada como pretexto de su ineficiencia y limitaciones.

 

Un aparato cómplice

Hay violencia, y oficial, en las agencias del ministerio p√ļblico y juzgados que solapan y protegen a delincuentes en el √°mbito de lo familiar, sin descargo de los otros.

De los jueces que ‚Äúsentencian‚ÄĚ a padres irresponsables a pagar pensiones de cinco pesos diarios, o de un poco m√°s a privilegiados del erario.

Se convierte, as√≠, el tal ‚Äúaparato‚ÄĚ, en c√≥mplice de futuras distorsiones y propiciador del deterioro social que, ya se sabe, deriva al vicio y la delincuencia.

Oficial tambi√©n la embozada violencia que propician magistrados que dicen ignorar la debacle en su propio √°mbito ‚Äújusticiero‚ÄĚ y nada efectivo hacen para corregir las cosas.

Abuso y violencia es la negación sistemática de los derechos humanos en las dependencias y cuevas policiacas.

La que no se quiere ver

Violencia hay en la publicidad que rebaja a las mujeres, a ni√Īos, j√≥venes y ancianos, para ganar con la venta indiscriminada de lo que sea; en las ‚Äúredes‚ÄĚ que promueven el morbo y hacen uso com√ļn de tonter√≠as y desviaciones.

En el restringido acceso a las oportunidades educativas, la corrupción sindical en el gremio magisterial, las prebendas y la patente de corso para no cumplir la función designada.

Y todo eso es campo fértil para el deterioro social que propicia la violencia, la directa y la colateral. Lo entiendan o no.

Con esos caminos…

Cuando la corrupci√≥n, el influyentismo, la intermediaci√≥n y la violencia se convierten en v√≠as para la ‚Äúsoluci√≥n‚ÄĚ de problemas, el orden jur√≠dico se debilita y se perturban las relaciones sociales.

Es un hecho que la ineficiencia del aparato de justicia se ha acelerado y se est√° ante una estructura en la que operan facultades discrecionales, que se aplican al libre arbitrio de los funcionarios, por m√°s que se hable de un nuevo orden en ese terreno.

La certeza jurídica, indispensable para una convivencia civilizada, es cada vez más difícil de encontrar y el pueblo, sencillamente, no confía en jueces, magistrados, corporaciones y demás. Lamentablemente, con sobrada razón.

Corrupción implica violencia

Si el orden jurídico se debilita y cae en el descrédito, la corrupción campea, sin sombra de duda; las reglas se pervierten y la comunidad se desvía de sus fines generales. De esa manera es que se abre la puerta a la violencia y se relaja, sin remedio a la vista, el pacto social.

De entrada, es claro que las probables medidas para enfrentar la violencia, en todos los órdenes, se complican cada vez más debido a las grandes inequidades sociales, la injusticia y la criminal concentración de la riqueza en unas cuantas manos.

En el fondo, el riesgo latente es la pérdida del Pacto Social, el acuerdo indispensable para que una nación pueda convivir en paz.

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