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Edición 415

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Revelaciones sobre el crimen del candidato presidencial, aportaciones a la investigación

Juan Bautista Rojo

La casa de Mario Aburto era un cuarto en la orilla del desierto, pero no era un analfabeto, como se insistió desde el poder

*Aburto mantenía una relación con organizaciones sociales en Tijuana y Estados Unidos.

*El reportero descubrió una libreta roja de apuntes, así como su biblioteca personal

Vive a la orilla de la civilización. Endebles casuchas y cuartos de una sola ventana, las calles no alcanzan a tener nombre. El ambiente huele y sabe a polvo; no hay drenaje y el alumbrado público corre por centenares y delgados cables multicolores, enjambres que anidan en postes de madera. No existe el asfalto, el piso es de tierra que termina por fundirse en el candente mar de arena caliza, fina como el vidrio.

Sobre una colina árida, está asentada esa pequeña población, sus andadores están chuecos, de lado, no existe la horizontalidad ni la planeación. Es la zona norte de Tijuana, una mancha urbana precaria, migrante, pueblo olvidado. Lugar donde no deambulan los perros porque no hay qué comer en la tierra ardiente, ni agua a flor de piel.

Hasta ahí llegué con Oscar, un experimentado camarógrafo en busca de la casa del llamado “asesino de Colosio” en 1996, dos años después del crimen. Fui enviado como reportero de temas especiales, para retomar el tema de aniversario luctuoso y realizar una crónica desde que Aburto partió esa mañana del 23 de marzo del 1994, de su “casa” a Lomas Taurinas. La crónica fue para el programa de Televisión conducido por Carmen Aristegui y Javier Solórzano “En Blanco y Negro” para MVS.

Llegamos al amanecer, el color ocre amarillo asomaba a la lejanía, dejaba ver el entorno gris, como sus vidas, del tránsito de los lugareños camino a las maquiladoras. Tardamos en dar con el lugar, nadie sabía o no quería ofrecer información sobre dónde había vivido Mario Aburto Martínez.

Después de laberínticas indicaciones, llegamos al lugar. De un solo cuarto, ubicado en la parte superior de una austera construcción, donde vivía otra familia dueña del lugar. Abajo, una reja de madera pálida por el sol, impedía nuestro paso. Tocamos y nos anunciamos. Nadie salía. Todo en silencio, como el largo de la vereda.

La libreta de apuntes, los libros

Al grabar micrófono en mano, de la puerta metálica del cuarto que habitó Mario Aburto —del cual ya no regresó aquel 23 de marzo—, salió una joven de piel cobriza tipo indígena, que nos preguntó qué necesitábamos, qué buscábamos.

Por un instante sentí que se abría la puerta a la tierra prometida. En un minuto, ya estábamos dentro del cuarto, pintado de azul marino, el calor era infernal. Una cama, un librero vacío, una pequeña mesa de madera, un tambo de plástico azul donde se veía ropa sucia, y una diminuta parrilla eléctrica. Era el mobiliario.

El sofocante calor en ese cuarto provocaba aún más el llanto incesante de un bebé de dos años, hijo de la nueva inquilina quien había rentado el cuarto con su pareja un año atrás, quien ahora estaba de mojado en los Estados Unidos.

La joven oriunda de San Luis Potosí, desconocía por completo la historia del asesino michoacanense que había rentado el cuarto, igual que ella, tres años atrás. Al principio ella se mostró reticente, después una conversación sobre la situación de los migrantes, las difíciles condiciones de vivir en ese lugar y abrazar a Julián, para que dejará de llorar, lo cual logré con mi instinto paterno.

Ella fue ligeramente amable y descubrió, para nuestra sorpresa, todo un arsenal de libros y una libreta de apuntes que estaban en el fondo del tambo azul, el mismo que estaba cubierta de ropa sucia: “Aquí están esos libros y algunas cosas, que alguien dejó. Desde que llegamos estaban ahí, y no se han movido. Nadie los ha reclamado. Pueden revisarlos”, dijo Angélica Moreno.

Dos libros de Álgebra, uno, el clásico Baldor. Otro de trigonometría, inglés nivel dos, dos biblias, la Odisea, El Quijote, libros de contabilidad, estadística, novelas policiacas, destacaban entre una treintena de títulos. Por ahí un cuaderno de apuntes, de su puño y letra, el cual contenía algunos dibujos de Aburto, incipientes escritos con estilo poético y una oda a la patria mexicana.

Al principio de la libreta, una lista de números telefónicos de la policía de Tijuana, de emergencias, del Partido Comunista de México y de organizaciones sociales en Tijuana y también en Estados Unidos, como más tarde se comprobará en su historia y contexto a lo largo de la investigación oficial.

Desplegamos en hilera los libros sobre el piso de la terraza, ahí los grabamos y realizamos acercamiento al documento escrito a mano, el cual, obtuve como un obsequio por parte de Angélica, la misma libreta que “entregué a la Comisión del Caso Colosio, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos”, con el objetivo de avanzar en la solución del caso, diseccionar aún más el perfil psicológico, el cual ahora exhibe como parte de los documentos inéditos de la investigación.

El encuentro con la literatura, los libros de acompañamiento en el último tramo como un ciudadano libre, dieron cuenta que no se trataba de un analfabeto, como se difundió prolíficamente en los medios. Este Aburto, por su literatura y forma de escribir, lo ubican como una persona con estudios preparatorianos y un especial acercamiento a las matemáticas.

Cambiar a México

Y la libreta, sus apuntes, nos muestra a un individuo que mantenía contacto con organizaciones sociales y políticas, y oscilaba en sus ideas de “algún día cambiar a México”.

Antes de mediodía abandonamos el lugar que vio surgir los falsos anhelos del “Caballero águila”, para dirigirse a la empresa Cameros.

Al caer la tarde de ese 23 de marzo de 1994, estar en Lomas Taurinas para asestarle un disparo mortal en la sien derecha a Luis Donaldo Colosio. Sí, un balazo con una Taurus calibre 38 especial, y no dos, como se insistió desde el primer momento. Bala que penetró las entrañas de un México profundo que no termina por encontrar un nuevo mundo y en paz.

El video original del asesinato, toda una revelación

*Material confiscado por el Estado Mayor Presidencial

*Permitió ver el rostro del asesino al instante del disparo

*La ropa ensangrentada de Aburto, descubierta por mi

Posibilitó el estudio de movimiento del personal de seguridad y otros actores, en acción concertada o de complot”. JBR.

Desde los primeros minutos del asesinato, la censura y la expansión de una sola versión sustentada, la “teoría de un solo tirador” se instaló como parte de la escena del crimen y el “control de daños” por parte del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Domiro García Reyes, jefe de seguridad del candidato priista por parte del Estado Mayor Presidencial, después de aducir su fatal falla, al decir que “se le fue de las manos” y que “su posición diamante fue rebasaba”, al ver desvanecer a sus pies a su jefe, con herida de muerte, se dio a la tarea de decomisar todo material audiovisual que los vecinos hayan captado al momento del mitin y minutos posteriores.

Con los reporteros, el trabajo ya estaba planchado, controlado. Fueron llevados a la frontera de compras. Y las grabaciones del Cisen, Gobernación y Cepropie, simplemente no existieron o fueron enlatadas, bajo resguardo absoluto del Estado Mayor Presidencial.

Por eso se explica que, a más de dos años, en los noticiarios privados y oficiales, solo se conocía la imagen de “una pistola calibre 38 que se acciona muy cerca de la cabeza del candidato”, video que duraba escasos 30 segundos y algunos otros minutos del discurso, desde el templete donde se pronunció el fatídico discurso.

La sociedad en general sólo contaba con una parte de la historia, porque la investigación estaba mutilada y cercenada, con el fin de no encontrar la verdad, no llegar a los posibles autores materiales e intelectuales del crimen.

¿Cómo llegó el video a mis manos y cómo fue difundido?

Llegué a una fiesta en casa de unos amigos por el Sur de la Ciudad de México, se escuchaba música de los ochentas, todo era alegría. Al menos una centena de invitados, algunos de traje, otros sport. Hombre y mujeres jóvenes, todos profesionistas.

Casi al dar las diez de la noche, solicité al dueño de la casa que me permitiera ver un reportaje elaborado por mí, que transmitía a esa hora por MVS, televisión por cable. El tema era “La ropa ensangrentada del Aburto “, que yo había conseguido y grabado en un estudio especial y realizado un estudio sobre la misma con algunos especialistas.

Ahí estaba, en ese cuarto de estudio, intentando ver el video que estaban por presentar, Carmen Aristegui y Javier Solórzano, cuando alguien entró y dejó abierta la puerta, en segundos el cuarto se llenó de invitados ocasionales que sumaron casi los treinta. Vimos ahí, en bola, el video. Tuvo aceptación en lo general, no exento de críticas por parte de algún amargado colega. Pero al final festejamos con unas copas de más.

Clareaba el día. Era viernes. Un par de hombres bien trajeados que estuvieron toda la noche en la fiesta se me acercaron y me dieron un casete VHS, y dijeron:

Creo que tú eres la persona indicada para dar a conocer este inédito video. Tiene información valiosa que puede encontrar una salida algo que no se ha visto”. Dichas las breves frases, dieron vuelta y se marcharon a la salida, ya con algo de sol.

La acción de estos dos tipos la percibí en tono de broma, no fue seria ni menos protocolaria. El video lo revisé en mi hogar dos días después. Vi la bomba que estaba por desatarse si lográbamos, como equipo de Televisión, la transmisión completa de ese video.

El lunes próximo por la noche asistí, como todos los días, a la redacción de MVS. Esperé a que llegaran Carmen y Javier. Les comenté el video, lo revisaron y dijeron: esto no ha salido, es muy importante darlo a conocer. Incluso consultaron a Joaquín Vargas Guajardo, director general de MVS, por las repercusiones que tendría con Presidencia de la República, Gobernación y el Estado Mayor Presidencial. Todos aceptaron el reto y se fue al aire, con sus 27 minutos íntegros, grabados a nueve cámaras y editado con audios originales.

Este video, el único que existe en su versión original, fue difundido ese mes de marzo de 1996, y es ahí donde se ve en cuerpo completo, por primera ocasión, al asesino en la escena del crimen, y la relación de Tranquilino Sánchez Venegas, Vicente Mayoral Valenzuela y Rodolfo Mayoral Esquer y la comunicación verbal con Mario Aburto.

La teoría del complot

Este video deja clara la señal de Othón Cortés, que replica Domiro García, y la acción de Aburto. El video, en cámara lenta, permitió el estudio de movimiento, en forma matemática y precisa, que desentraña el investigador privado del caso Colosio, Humberto López Mejía.

Ello permite sustentar la “teoría del complot” y acercarse al perfil del segundo disparador. Deja al descubierto, la falta de protección al candidato por los 111 elementos del cuerpo de seguridad que tenía asignados.

Lanza luces, sobre la organización, terreno, desplazamiento y logística, de quienes, desde la cúpula del PRI, diseñaron esa ruta sin salida.

El video sustenta, abona en la teoría de una acción concertada, planeada y ejecutada con precisión para asesinar a Colosio.

Las llamadas a la redacción de noticias de esa buena época de MVS fueron insistentes, incluso amenazantes de cómo se obtuvo ese video y porqué fue difundido sin autorización del Ejército mexicano y de Gobernación. Llegaron citatorios a mi nombre, los cuales nunca respondí ni me presenté ante juzgado alguno.

Que sea la historia la que juzgue y dé cuenta de mi actuación en beneficio de la libertad de expresión. (JB).

*) Reportero de Radio y Tv. Integrante del Jurado del Premio Nacional de Periodismo que otorga el Club de Periodistas de México, AC. Especial para Voces del Periodista.



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