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Edición 365

22Memorias

Memorias de una anciana en la Posada del Periodista

Aurora Gómez Maranto

ESTAS TARDES lluviosas invitan a estar en casa y si no es así, a dormir o a escribir, yo preferí escribir y contarles como fue la grandísima suerte de poder hacerlo: Tengo 97 años y estoy hecha un adefesio, pero no me quiero ir de este mundo, sin antes, darle las gracias a todas las personas que en una u otra forma, me ayudaron a cumplir mi sueño; fueron más de las que voy a mencionar, pero a estas alturas ya no recuerdo sus nombres y les pido perdón desde este mundo; va de cuento:

ESTA ES LA HISTORIA de cómo me hice ESCRITORA: Desde que aprendí las primeras letras adquirí la costumbre de escribir cuentos, basándome en lo que yo anhelaba, ya que en el periódico El Nacional seguido hacia concursos de cuentos (los míos deben haber estado muy mal hechos), pero el chiste era concursar; nunca tuve la ocurrencia de ver si había ganado o perdido; pero yo concursaba. Pasaron los años y hasta la fecha, nunca perdí la costumbre, quería ser escritora, pero ya no tenía tiempo, pasó más el tiempo y ya hecha mujer, un día, mi jefe el señor William F. Sprowls quien era vicepresidente en la armadora Chrysler, y era rotario; sabiendo que yo era de Tampico, me dijo: “Aurora, quiero que la próxima convención de los Rotarios se haga en Tampico, así que, ya que usted es de allá, descríbamelo para animar a todos para que ahí se haga la convención”.

Y, hacer cuentos

Como yo no conocía mi tierra porque desde pequeños mi madre nos trajo a la ciudad de México, me basé en lo que mi familia contaba del puerto, y la Convención Rotaria se hizo en Tampico, pero, varios días después de la convención, llego un día, uno de los rotarios que había asistido a la convención, y parándose frente a mi ahí en la oficina me pregunto “¿Es usted la secretaria de Billy, y al responderle que sí, antes de entrar a saludar a mi jefe me dijo: “…¡debería usted ser escritora de ficción!”, no me moleste en absoluto porque ya mis hermanos y mi mamá me habían dicho “a ver si no te corren ¡todo eso que escribiste ya no existe!.” Y así, todo eso hizo que se me volviera a despertar el deseo de ser escritora. Paso el tiempo y…una mañana: eran las 9:30 hrs, cuando me desperté, y aunque ni mi hermano Abel q.e.p.d. ni yo, a pesar de que no teníamos nada que hacer, desperté alarmada y corrí a la recamara de él lo vi y al mismo tiempo le grité: “Ya es muy tarde se nos durmió el gallo y ¡mira! Qué cochinero tienes, voy hacer el desayuno, pero si para la 1:30 hrs no has arreglado esto. Lo voy hacer yo, pero después, no te voy a decir donde está, esto o aquello, porque no te lo voy a decir!; aparecieron en el suelo muchos periódicos del año de 1933 que en el Magazine tenían leyendas del origen del nombre de las primeras calles del Tampico que se estaba edificando, después de abandonar el viejo Tampico que consideraban insalubre en el año de 1823; estaban muy sucios, y bastante estropeados e ilegibles. Me fui y los sacudí adivinando muchas palabras que el tiempo había casi borrado y los transcribí: saqué varias copias, y me dirigí al correo para mandárselas a mis hermanos de Guadalajara, Pénjamo e Irapuato y al pasar frente a una cafetería propiedad de un paisano muy a todo dar, me preguntó: ¿A dónde va tan de prisa?, y respondiéndole yo de lo que se trataba; sin previa aprobación tomo uno de los sobres y ya no me lo devolvió. Pasaron unos ocho días y cuando volví a pasar por ahí me dijo: “… paisana ya saqué más copias y se las mande a mis familiares que muy contentos me hablaron por teléfono y me dijeron que le sugiriera a Ud. que haga un libro porque es muy interesante. Además, ya investigué donde se reúnen los tampiqueños en México. Es aquí en la calle de Luis Moya, donde está el Hotel San Francisco y el día que se reúnen son los primeros viernes del mes al mediodía.

Y, así comenzó

Fuimos y él vendió ahí todas las copias. Como todos con lo poco que vieron se entusiasmaron mucho, decidí que el Sr. Martí me editará el libro al cual, le hizo una convincente portada.

De acuerdo con él, lo presente en la Capilla Británica adonde los invite a todos y donde también la mesa Directiva del Centro Tampico de México me informó que me había hecho acreedora a La Jaiba de Oro, posteriormente me dio un reconocimiento La Unidad Tamaulipeca y más tarde, en el 2006 me otorgó el Patronato un reconocimiento como “La Tampiqueña más distinguida del año 2006”.

Por todo lo anterior, por los años que tengo que se me notan “aleguas” he escrito para agradecer a mis paisanos y a los dirigentes de los anteriores grupos que hicieron posible, que cuando deje este mundo me llevaré sus nombres grabados en mi mente: “Centro Tampico de México”, “Unidad Tamaulipeca”, “Fraternidad Tamaulipeca”, Don Heriberto Hernández (q.e.p.d.) en el Valle de México, Ing. Rodolfo De León, Ricardo Delgado y Sra., Jorge Letechipía, Ing. Mario Sierra (q.e.p.d.), Lic. Mat Lugo.



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