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Ediciòn 292

PETR√ďLEO Y DEMOCRACIA VENEZOLANA

Hugo Chávez y la revolución bolivariana

consiguen un nuevo mandato

JAMES PETRAS*

Introducción

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE los votantes venezolanos decidieron si seguían apoyando al actual presidente Hugo Chávez, o sí se decidían por un cambio; es decir por el ya perdedor, el candidato de la oposición, el neoliberal Henrique Capriles Radonski.

Petras1

ESTO FU√Č ANTE TODO una elecci√≥n entre dos programas y dos sistemas sociales situados en las ant√≠podas: Ch√°vez reclama un aumento de la titularidad p√ļblica de los medios de producci√≥n y de consumo, un incremento del gasto social en programas asistenciales, una mayor participaci√≥n popular en las instituciones locales, una pol√≠tica exterior independiente basada en una mayor integraci√≥n latinoamericana, un aumento de la fiscalidad progresiva, la defensa de la sanidad p√ļblica y programas educativos gratuitos y la propiedad p√ļblica de la producci√≥n petrolera.

En el otro extremo, Capriles representa a los partidos y a la √©lite que apoyan la privatizaci√≥n de las empresas p√ļblicas, se oponen a la sanidad y a los programas educativos y de prestaciones sociales puestos en marcha por el actual gobierno y defienden las pol√≠ticas neoliberales favorables a ampliar el papel del capital privado, extranjero y local, y su control de la econom√≠a.

Aunque Capriles afirma ser partidario de lo que √©l denomina "el modelo brasile√Īo" de "mercados libres y bienestar social", sus seguidores pol√≠ticos y sociales son y han sido fuertes defensores de los tratados de libre comercio con EE.UU., la restricci√≥n del gasto social y una fiscalidad regresiva. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, los electores venezolanos tienen en sus manos la posibilidad de realizar una aut√©ntica elecci√≥n y no s√≥lo de tomar una decisi√≥n cosm√©tica: Los dos candidatos representan clases sociales bien diferenciadas, poseen visiones sociopol√≠ticas divergentes y cuentan con distintos aliados internacionales.

Chávez está con América Latina, se opone al imperialismo norteamericano allá donde se manifieste y es un defensor incondicional de la autodeterminación y de la integración latinoamericana. Capriles Radonski está a favor de los tratados de libre comercio con EE.UU., se opone a la integración regional, apoya las intervenciones norteamericanas en Oriente Medio y es un defensor acérrimo de Israel.

Durante la campa√Īa electoral, como era previsible, todos los medios de comunicaci√≥n norteamericanos han estado saturados de propaganda contraria a Ch√°vez y favorable a Capriles, llegando incluso a predecir una "victoria" del protegido de Washington, o al menos un resultado apretado.

Las predicciones [pron√≥sticos] propagand√≠sticas [de los resultados de las votaciones] de los medios y de los expertos se basaban exclusivamente en fragmentos selectivos de encuestas de dudosa fiabilidad y en comentarios vertidos durante la campa√Īa. Pero lo peor de todo es la ausencia absoluta de cualquier tipo de debate serio sobre el legado hist√≥rico y los rasgos estructurales que forman el contexto esencial de esta elecci√≥n que ha sido trascendental.

Legado histórico

Cuando se produjo la primera victoria electoral de Chávez en 1998, la economía y la sociedad venezolanas llevaban casi un cuarto de siglo cayendo en picado, con corrupción generalizada, inflación galopante, disminución de la riqueza y aumento de la deuda, delincuencia, pobreza y desempleo.

Las protestas masivas que se desarrollaron a finales de los ochenta y comienzos de los noventa culminaron en la masacre de miles de habitantes de los suburbios, un fallido golpe de Estado y una desilusión general con el sistema político bipartidista. Se privatizó la industria petrolera; la riqueza del petróleo hizo medrar a una élite empresarial que iba de compras a la "Quinta Avenida", invertía en apartamentos en Miami, acudía a clínicas privadas para estiramientos faciales e implantes mamarios y enviaba a sus hijos a escuelas exclusivas para asegurar la transmisión intergeneracional del poder y el privilegio.

Henrique Capriles.
Henrique Capriles.

El país era un baluarte del proyecto norteamericano para el Caribe, América Central y del Sur. Venezuela estaba polarizada socialmente pero el poder político era monopolio de dos o tres partidos que competían por el apoyo de las diversas facciones de la élite gobernante y de la embajada norteamericana.

El saqueo econ√≥mico, la regresi√≥n social, el autoritarismo pol√≠tico y la corrupci√≥n propiciaron la victoria electoral de Hugo Ch√°vez en 1998 y con ella todo un cambio gradual en las pol√≠ticas p√ļblicas, favorable a la transparencia pol√≠tica y las reformas institucionales, que marc√≥ un giro hacia una mayor equidad social.

El fallido golpe de Estado militar-empresarial de abril de 2002, apoyado por Estados Unidos, y el fracaso del cierre patronal de los directivos petroleros de diciembre 2002 a febrero 2003 (el "paro petrolero") marcaron un hito en la historia política y social de Venezuela. El asalto violento movilizó y radicalizó a millones de trabajadores y habitantes de los suburbios que se echaron a la calle a defender la democracia y que presionaron a Chávez para que "girara hacia la izquierda".

La derrota del golpe de Estado y del cierre patronal capitalista (apoyado por EE.UU.) fue la primera de una serie de victorias populares que abrieron la puerta a amplios programas sociales en el ámbito de la salud, la vivienda y las necesidades educativas y alimentarias de millones de venezolanos. Como consecuencia de su participación en el golpe de Estado, la clase dirigente venezolana y norteamericana sufrió pérdidas significativas de personal estratégico en el ejército, la burocracia de los sindicatos y la industria del petróleo. Capriles fue uno de los líderes del golpe, a la cabeza de una banda de matones que asaltó la embajada cubana, y un colaborador activo del paro petrolero que paralizó temporalmente toda la economía nacional. Tras el golpe y el paro petrolero se celebró un referéndum, financiado por Estados Unidos, que pretendía la revocatoria de Chávez [sacarlo del poder por referéndum] y todo esto tuvo un estrepitoso fracaso.

Las derrotas de la derecha reforzaron las tendencias socialistas del gobierno, debilitaron la oposición de las élites, los Estados Unidos para reparar-equilibrar la situación [geopolítica] instrumentalizaron a Colombia, gobernada por el presidente narcoterrorista Uribe, en busca de un aliado militar para desestabilizar y derrocar al régimen bolivariano desde el exterior. Aumentó la tensión en la frontera, las bases norteamericanas se multiplicaron hasta siete y los escuadrones de la muerte colombianos cruzaron la frontera. Pero la región al completo cerró filas contra una invasión norteamericana, bien por principios, o bien por miedo a que los conflictos armados pudieran salpicar por encima de las fronteras.

Este legado hist√≥rico de los pasados gobiernos autoritarios y los triunfos de Ch√°vez est√° profundamente grabado en las mentes y las conciencias de todos los venezolanos que han votado en las recientes elecciones del domingo 07 de octubre de 2012. El historial de hostilidad profunda de las √©lites ante cualquier resultado democr√°tico que favorezca a la mayor√≠a popular y la defensa por parte de las masas de su "presidente socialista" se ven reflejados en la profunda polarizaci√≥n pol√≠tica del electorado y la mutua antipat√≠a u "odio de clase" que se apercibi√≥ en la cobertura de la campa√Īa electoral. Para las masas, se trata de elegir entre los abusos del pasado y los avances actuales, la movilidad social ascendente y las mejoras materiales en el nivel de vida; en las clases alta y media adinerada reina un gran resentimiento por la p√©rdida relativa de poder, privilegios, prestigio y preferencias personales. Las p√©rdidas relativas sufridas por las √©lites derechistas han alimentado un resentimiento que conlleva peligrosas connotaciones para la democracia en el caso de que perdieran las elecciones y de pol√≠ticas revanchistas en el caso de que las ganaran.

Configuración institucional

Que la √©lite derechista no controle el gobierno no quiere decir que carezca de una fuerte base institucional de poder. El 80 por ciento del sector bancario y financiero est√° en manos privadas, al igual que la mayor parte de la manufactura de servicios y una proporci√≥n importante del comercio al por menor y al por mayor. La oposici√≥n cuenta asimismo con ciertas simpat√≠as dentro de la burocracia p√ļblica, la Guardia Nacional y el ej√©rcito, y todos estos funcionarios apoyan de forma activa o pasiva a los grupos pol√≠ticos derechistas.

El n√ļcleo social de la derecha se encuentra en las asociaciones empresariales, financieras y de terratenientes, y la derecha controla aproximadamente una tercera parte de los alcaldes y gobernadores y m√°s del cuarenta por ciento de los diputados nacionales. Las principales multinacionales europeas y norteamericanas del petr√≥leo tienen una cuota minoritaria importante en el sector.

Asimismo, la derecha mantiene el monopolio de los medios impresos y cuenta con una audiencia mayoritaria en radio y televisi√≥n, a pesar de los avances gubernamentales. El gobierno, por su parte, ha ganado influencia gracias a la nacionalizaci√≥n de bancos (un 20 por ciento del sector), su cuota de la industria minera y metal√ļrgica, unas cuantas plantas procesadoras de alimentos y una base de apoyo sustancial en el sector agr√≠cola, que le proporcionan los beneficiarios de la reforma agraria.

El gobierno ha ganado la confianza de los empleados del sector p√ļblico y los trabajadores de la industria petrolera, de los servicios sociales y del sector de la vivienda y de la asistencia. Parece que goza de un fuerte apoyo en un ej√©rcito y una polic√≠a constitucionalistas. Asimismo, ha creado medios de comunicaci√≥n de masas y ha promovido toda una red de emisoras de radio comunitarias.

La mayor parte de los sindicatos y asociaciones de campesinos respaldan al gobierno. Pero su verdadera fuerza se encuentra en las organizaciones comunitarias cuasi-institucionales enraizadas en los extensos asentamientos urbanos y encuadradas en las diferentes "misiones sociales".

Desde el punto de vista del poder monetario, el gobierno cuenta con las sustanciosas ganancias del petr√≥leo para financiar programas de impacto social a corto y medio plazo, contrarrestando eficazmente las influencias del sector privado y de los grupos "de base" que act√ļan de forma abierta o encubierta financiados por fundaciones norteamericanas, ONG y "agencias de ayuda". En resumen, a pesar de las enormes derrotas pol√≠ticas del pasado y de d√©cadas de mal gobierno y corrupci√≥n, la derecha retiene una base institucional poderosa para disputar los grandes avances socioecon√≥micos del gobierno de Ch√°vez y organiz√≥ as√≠ su agresiva campa√Īa electoral.

Las din√°micas sociales y la campa√Īa presidencial

La clave del triunfo de la reelecci√≥n de Ch√°vez fue de mantener la atenci√≥n en los temas socioecon√≥micos: los programas de sanidad y educaci√≥n universal, el enorme plan de viviendas p√ļblicas puesto en marcha, los supermercados subvencionados por el Estado, la mejora del transporte p√ļblico en las √°reas m√°s densamente pobladas. Cuanto mayor sea la polarizaci√≥n social nacional entre la √©lite empresarial y las masas, menos probable es que la derecha pueda aprovechar la desafecci√≥n popular hacia las autoridades locales corruptas e ineficientes.

Petras3

Cuanto mayor sea el nivel de solidaridad social entre los trabajadores asalariados y los informales, menos probable será que la derecha pueda apelar a las aspiraciones de estatus de los trabajadores y empleados que han visto mejorada su situación y han accedido a estilos de vida de clase media, curiosamente durante el periodo de prosperidad inducido por Chávez.

La campa√Īa de Ch√°vez se bas√≥ en la promesa de continuidad de la prosperidad social, el mantenimiento de la movilidad social ascendente y de las oportunidades, un llamamiento a mejorar la sensibilidad frente a la igualdad social y la justicia... y contaba con un s√≥lido 40 por ciento del electorado listo para ir a las barricadas por su Presidente. Capriles atra√≠a a diversos grupos contradictorios: un s√≥lido n√ļcleo del 20 por ciento del electorado, compuesto por las √©lite bancaria, empresarial y, especialmente, la agraria, junto con sus respectivos empleados, directivos y profesionales, que anhelan un retorno al pasado neoliberal, a una √©poca en que la polic√≠a, el ej√©rcito y las agencias de inteligencia manten√≠an a los pobres confinados en sus barrios de chabolas y el tesoro del petr√≥leo flu√≠a hasta sus cofres.

El segundo de los grupos que se ven atra√≠dos por Capriles es el de los profesionales y los peque√Īos empresarios temerosos de la expansi√≥n del sector p√ļblico y de la "ideolog√≠a socialista" que, sin embargo, deben su prosperidad a los cr√©ditos baratos, el aumento de la clientela y el gasto p√ļblico. Los hijos e hijas de este sector pr√≥spero son los "activistas" que ven en la ca√≠da del gobierno de Ch√°vez una oportunidad de retomar el poder y el prestigio que pretenden haber tenido antes de la "revuelta de masas". La abierta adhesi√≥n de Capriles al neoliberalismo y al golpe militar de 2002 y sus fuertes lazos con la √©lite empresarial, Washington y sus hom√≥logos derechistas de Colombia y Argentina hacen confiar a la clase media en que su promesa de mantener las misiones sociales de Ch√°vez es pura demagogia por motivos t√°cticos electorales.

El tercer grupo, con el que Capriles no cont√≥ pero que le resultaba vital para conseguir un mejor resultado, es de la clase media baja y los pobres urbanos de las peque√Īas ciudades de provincias. Ante ellos, Capriles se presenta como un seguidor "progresista" de las misiones sociales de Ch√°vez, para poder atacar la ineficiencia y las irregularidades de los funcionarios y administradores locales y la inseguridad p√ļblica. La hiperactividad de Capriles, su demagogia populista y sus intentos de explotar el descontento local le aseguran algunos votos de las clases bajas, pero sus relaciones con la clase alta y su largo historial de agresivo apoyo al autoritarismo de derechas ha impedido que las masas se pusieran de su lado.

Por su parte, Ch√°vez hizo hincapi√© en sus enormes logros sociales, una d√©cada espectacular de crecimiento elevado, disminuci√≥n de las desigualdades (el √≠ndice m√°s bajo de Am√©rica Latina) e √≠ndices muy elevados de satisfacci√≥n popular con el gobierno. Los fondos para los programas sociales de Ch√°vez han sabido aprovechar un a√Īo de recuperaci√≥n econ√≥mica tras la recesi√≥n mundial (5 % de crecimiento previsto para 2012), precios del petr√≥leo de tres d√≠gitos y un entorno pol√≠tico regional favorable, por lo general, que incluye una tremenda mejora en las relaciones bilaterales con Colombia.

Correlación de fuerzas a escala internacional, regional, nacional y local

El gobierno de Chávez se ha visto enormemente beneficiado por unos precios mundiales muy favorables para su principal producto de exportación: el petróleo. Además, el Estado ha aumentado sus ingresos mediante oportunas expropiaciones y subida de los royalties y de los impuestos, así como de nuevos acuerdos de inversión con capital extranjero alternativo a pesar de la oposición de algunas corporaciones multinacionales norteamericanas.

Petras4

Washington, involucrado hasta los huesos en los conflictos que mantiene en los pa√≠ses musulmanes ricos en petr√≥leo, no se encuentra en posici√≥n de organizar ning√ļn boicot contra Venezuela, uno de sus principales y m√°s fiables proveedores. Su √ļltima iniciativa importante para propiciar un "cambio de r√©gimen" fue el paro petrolero organizado por los directivos de PDVSA, la compa√Ī√≠a venezolana de petr√≥leos, en 2002-2003, que fracas√≥ estrepitosamente y provoc√≥ el despido de casi todos los "asesores" norteamericanos y la radicalizaci√≥n de una pol√≠tica nacionalista con el petr√≥leo.

Las iniciativas del gobierno norteamericano para aislar internacionalmente al régimen de Chávez no han rendido frutos; Rusia y China han aumentado su comercio y sus inversiones, al igual que otra docena de países europeos, de Oriente Medio y Asia. La recesión que sufre la Unión Europea y la desaceleración de la economía norteamericana y mundial no son un buen caldo de cultivo para los sentimientos favorables a cualquier tipo de restricción de los lazos económicos con Venezuela.

Especial importancia ha tenido la llegada al poder de regímenes de centro-izquierda en Sudamérica, el Caribe y América Central, favorables al aumento de los lazos económicos y diplomáticos con Venezuela y a una mayor integración regional. Por el contrario, el respaldo de la administración Obama a los golpes de Estado de Honduras y Paraguay, así como las políticas neoliberales y los tratados de libre comercio promovidos por Washington han perdido el apoyo en la región. En resumen: la correlación de fuerzas internacional y regional ha sido muy favorable al gobierno de Chávez y la influencia dominante de Washington ha declinado.

Colombia, uno de los √ļltimos baluartes de las iniciativas norteamericanas para derrocar a Ch√°vez, ha dado un giro repentino a su pol√≠tica hacia Venezuela. Tras el cambio de r√©gimen, del presidente Uribe al presidente Santos, Colombia ha firmado acuerdos de comercio y de inversiones con Venezuela por valor de miles de millones de d√≥lares, as√≠ como alianzas diplom√°ticas y militares, alcanzando una especie de "coexistencia pac√≠fica". A pesar del reciente tratado de libre comercio firmado con EE.UU. y del mantenimiento de las bases norteamericanas en el pa√≠s, Colombia ha rechazado (al menos en la presente coyuntura) participar conjuntamente en cualquier intervenci√≥n militar o pol√≠tica auspiciada por Estados Unidos o en cualquier campa√Īa de desestabilizaci√≥n.

La influencia política norteamericana en Venezuela se basa fundamentalmente en la canalización de recursos financieros y el asesoramiento de sus clientes electorales. A causa de la disminución de aliados regionales externos y la pérdida de influencia en el ejército venezolano y las fuerzas paramilitares colombianas, Washington se ha centrado ahora en sus clientes electorales.

Mediante importantes transferencias financieras, ha conseguido imponer un candidato √ļnico entre grupos opositores bien dispares, fabricando una ideolog√≠a de "centrismo" moderado para camuflar las tendencias neoliberales de extrema derecha de Capriles, al tiempo que contrataba a cientos de agitadores y organizadores "comunitarios" para explotar la sustancial brecha que separa las promesas program√°ticas de Ch√°vez de la aplicaci√≥n incompetente e ineficiente de dichas pol√≠ticas que realizan los funcionarios locales.

La debilidad estratégica del gobierno de Chávez se encuentra en el ámbito de lo local, en la incapacidad de los administradores de mantener el suministro de electricidad y de agua corriente. En el ámbito internacional, regional y nacional, la correlación de fuerzas favorece a Chávez.

Washington y Capriles intentan compensar la fuerza regional de Chávez atacando sus programas regionales de asistencia, afirmando que está desviando recursos al extranjero en lugar de atender los problemas de casa. Pero Chávez ha asignado enormes recursos a infraestructuras y gasto social; el problema no es el envío de fondos al exterior, sino la mala administración de los funcionarios chavistas locales, muchos de ellos acostumbrados al clientelismo de personalidades y partidos del pasado.

En cuanto al aumento de la delincuencia y la escasa imposici√≥n de la ley, le costar√≠an a Ch√°vez algo m√°s que unos cuantos votos si no fuera porque los mismos √≠ndices de criminalidad est√°n presentes en el estado de Miranda, donde Capriles ha gobernado los √ļltimos cuatro a√Īos.

El resultado electoral

A pesar de las enormes mejoras que ha aportado el gobierno de Ch√°vez a las clases bajas y el s√≥lido apoyo con que cuenta entre los pobres, la emergente clase media producto de la era Ch√°vez tiene expectativas de un mayor consumo y una menor delincuencia e inseguridad; intentan distanciarse de los pobres y aproximarse a los m√°s acomodados: sus ojos miran hacia arriba y no hacia abajo. El entusiasmo, tras doce a√Īos en el poder, se ha debilitado pero el temor de las masas a una reversi√≥n neoliberal pone l√≠mites al electorado potencial que Capriles pueda atraer.

A pesar de la delincuencia y de la ineficacia y corrupci√≥n de los funcionarios, la era Ch√°vez ha sido un periodo extremadamente favorable para la clase baja y los sectores empresarial, comercial y financiero. Y este a√Īo, 2012, no es ninguna excepci√≥n. Seg√ļn datos de la ONU, el √≠ndice de crecimiento de Venezuela (5 %) es superior al de Argentina (2 %), Brasil (1,5 %) y M√©xico (4 %). El consumo privado ha sido el principal promotor del crecimiento gracias al incremento de los mercados de trabajo, del cr√©dito y de la inversi√≥n p√ļblica.

Petras5

La inmensa mayor√≠a de los venezolanos, incluyendo a algunos sectores empresariales, no votar√°n contra un gobierno en ejercicio que ha generado una de las recuperaciones econ√≥micas m√°s r√°pidas del hemisferio. El pasado derechista radical de Capriles y su actual proyecto encubierto ‚Äďcomo ganador- hubiese generado conflictos de clase, inestabilidad pol√≠tica, deterioro econ√≥mico y un clima desfavorable para los inversores internacionales.

Probablemente Washington no favorecer√≠a un golpe de Estado o una campa√Īa de desestabilizaci√≥n tras las elecciones si Capriles hubiese perdido por un margen significativo. La popularidad de Ch√°vez, las leyes sobre prestaciones sociales, las ganancias materiales y el crecimiento din√°mico de este a√Īo le han asesugado una victoria por un margen de 10.9 puntos.

Chávez consiguió el 55 por ciento de los votos y Capriles el 44  por ciento. Washington y sus acólitos derechistas planean consolidar su organización y prepararse para las elecciones al Congreso del próximo diciembre. La idea es ir "ocupando las instituciones" con el fin de paralizar las iniciativas del ejecutivo y frustrar el intento de Chávez de seguir adelante con una economía socializada.

El talón de Aquiles del gobierno se encuentra precisamente en el ámbito local y estatal. Los funcionarios incompetentes y corruptos deberían ser sustituidos por dirigentes locales eficientes y controlados por la comunidad, capaces de poner en marcha los programas inmensamente populares de Chávez. Y Chávez debería prestar mucha más atención a la política y la administración local para poder igualar allí sus éxitos en política exterior.

El hecho de que la derecha sea capaz de juntar medio millón de manifestantes en Caracas no se basa en el atractivo ideológico de un pasado ruinoso y golpista, sino en su habilidad para sacar partido de las quejas crónicas de carácter local que no han sido solucionadas: delincuencia, corrupción, apagones y cortes de agua.

En la elección de octubre 2012 no sólo ha estado en juego el bienestar del pueblo venezolano sino el futuro de la integración y la independencia latinoamericana y la prosperidad de millones de personas que dependen de la ayuda y la solidaridad de Venezuela.

La victoria de Chávez proporcionará nuevamente una plataforma para la rectificación de un proyecto social básicamente progresivo y la continuación de una política exterior antiimperialista. Su derrota hubiese proporcionado a Obama -o a Romney- un trampolín para relanzar los programas neoliberales y militaristas existentes antes de la era Chávez, durante la infame década Clinton (los noventa) de expolio, saqueo, privatizaciones y pobreza.



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