Tartufo vuelve a atacar

Después de retorcer los slogans priistas
del "bienestar para tu familia" y "para que vivas mejor", el presidente
Felipe Calderón condensó a principios de año, en un solo spot de dos
palabras, sus ofertas populistas en el marco de sus coyunturales
planes anticíclicos para enfrentar la monumental crisis económica en México,
que durante tres décadas ha potenciado sus dimensiones estructurales: "Vivir
Mejor", es el hallazgo retórico que incesantemente difunden los
sovietizados medios electrónicos para crear la sensación de que el gobierno
está "rebasando por la izquierda" a su más irreductible opositor.
Recientemente, en una de las variantes de ese
spot se hace aparecer la representación de un desfibrado y anciano
labriego al que se le atribuye una conclusión cuasi filosófica: "La vida es
mucho más importante que cualquier cosa material". Obviamente, el mensaje
lleva como rúbrica la de Vivir Mejor. ¿Cómo vivir mejor,
prescindiendo de los bienes materiales, tangibles, para mitigar, por
ejemplo, la pobreza alimentaria que ahora mismo postra en la desnutrición
por lo menos a 18 millones de mexicanos?
La intencionalidad del mensaje calderoniano es
de suyo tendenciosa y no hace más que reproducir el sentido que secularmente
le ha impreso la autoridad religiosa dominante a su opción por los ricos: El
pobrerío debe resignarse virtuosamente a su fatal condición de condenado en
la Tierra, en espera de una exquisita recompensa "en la otra vida". Es el
típico recurso del sedicente devoto Tartufo que, ante la primera
oportunidad, según acusaba Moliere, quiso quedarse con el santo, la limosna
y los bienes materiales en su tentativa de despojo a sus incautos
benefactores.
Esa pretendida consagración del expolio popular
en el discurso oficial de un gobierno que quiere ser reconocido como
cristiano, no aplica al insaciable apetito de cosas materiales que
caracteriza a la burocracia panista. En la contingente propuesta anticrisis
lanzada recientemente por presidente Calderón, que implica reajustes al
Presupuesto de Egresos de 2009, se mantiene a salvo la descomunal partida
destinada a gasto corriente, en la que el renglón más oneroso es el de
servicios personales; esto es, el destinado a sueldos, salarios y
prestaciones adicionales a los empleados públicos federales, todas
plásticamente materiales.
Sólo para ilustración, va de referencia:
Durante el sexenio de Ernesto Zedillo, en 1996 el gobierno ejerció para los
dichos servicios personales un total de poco más de 46 mil millones de
pesos. Diez años después se hizo cargo de la presidencia Felipe Calderón.
Uno de sus primeros raptos espectaculares fue anunciar un plan de austeridad
en la administración federal. Pero en su primer año de gestión, 2007,
dispuso de más de 565 mil millones de pesos para ese rubro, el de servicios
personales; más de ocho por ciento sobre lo operado por Vicente Fox Quesada
en el año anterior, que fue de trapacerías administrativas para fines
clientelares-electorales. En el primer gobierno de la alternancia panista,
el gasto corriente se había incrementado ya en 30 por ciento. Calderón
aceleró esta tendencia.
Conviene agregar un dato no tan accesorio:
Entre 2007-2008, comisiones legislativas, gobernadores y representantes de
sectores productivos a cuyas actividades se han reservado montos del
presupuesto federal, han denunciado hasta el cansancio sub-ejercicios de
esas partidas. Con toda la urgencia de la crisis y los repetidos compromisos
ratificados por Calderón un día sí y otro también, sin embargo la inversión
en infraestructura en 2008 reporta un sub-ejercicio de casi 50 por ciento.
No es el caso del monstruoso gasto en servicios personales, que se ejerce
religiosamente. Para 2009, el gobierno pidió casi 700 mil millones de pesos
destinados a ese devorador barril sin fondos y sin productividad. Por si eso
no bastara, voces del Congreso de la Unión -en el que dentro de 10 meses 500
legisladores causarán baja-, andan ideando nuevos fondos, fideicomisos,
consejos, comités y comisiones burocráticos y hasta una súpersecretaria de
Industria para resolver su futuro problema de cesantía.
Parece factible, según órganos técnicos del
Poder Legislativo federal, la reducción hasta de 15 por ciento del gasto
corriente en 2009, sin afectar necesariamente el empleo burocrático. El
austero Poder Ejecutivo, hasta la hora de esta entrega, ha dado la callada
por respuesta: Es que, según Vivir Mejor, si para 104 millones de
mexicanos la vida es bella sin cosas materiales, para los dos millones de
burócratas panistas la suma felicidad está precisamente en lo contrario. El
hartazgo les parece poco.