No suelo compartir la idea de que el Internet deba ser
una herramienta para prodigar cadenas; amagos (…si no lo reenvías a todos
tus contactos en los próximos 15 segundos caerán sobre ti todas las
maldiciones del universo) o candentes fotografías donde más de un
incauto cree que las beldades son naturales y no obras maestras del
photoshop.
Estoy convencido que un adelanto tecnológico de tal
magnitud debe unirnos y no sólo volvernos adictos al Youtube y a las
madrizas que los chavos se recetan en cualquier parte del mundo.
A través del Internet podemos crear conciencia y algo
semejante fue lo que me sucedió cuando recibí un correo que, en principio,
me generó desconfianza; más tarde curiosidad y, posteriormente,
¡indignación!
Enojo porque hoy día estamos más dispuestos a reenviar
basura, chistes, plegarias y hasta mensajes donde piden nuestra colaboración
para salvar a una niña que agoniza ¡desde el 2003!, pero pocas veces tenemos
la capacidad de discernir y eso es precisamente lo que "me permití realizar"
cuando llegó a mi correo el artículo de René Drucker Colín.
Me tomé el tiempo de investigar si era cierto y,
deplorablemente, caí en cuenta que era tan cierto como la devastadora
reflexión de una niña de 11 años. Se publicó en el periódico La Jornada el
12 de junio de 2007 y fue el único rotativo que brindó espacio a Carolina
Aranda Cruz.
Una muestra de la vida nacional -como se tituló el
artículo-, decía lo siguiente:
El 4 de junio, una estudiante de quinto año de primaria
-Carolina- fue invitada a dar un discurso en el World Trade Center,
ante cientos de pediatras y del secretario de Salud. Su discurso terminó con
una frase devastadora: "Pobre México nuestro, tan cerca del fútbol y tan
lejos de la ciencia."
Algunos extractos del discurso de carolina son
apabullantes: "¿Por qué apoyar más a los futbolistas que a los científicos?
¿Son mejores personas? ¿Producen mayor riqueza? ¿Nos divierten más? No creo.
"Gracias a los científicos también nos divertimos; ellos
inventaron las computadoras, los ipods, los simuladores. Además,
salvo algunos casos, los jugadores de futbol nos hacen ver muy mal
mundialmente, y nuestros científicos, a quienes nadie apoya, no."
Y en otro segmento expuso: "Me da pena que nuestro
gobierno y nuestros empresarios inviertan tanto en fÚtbol y seamos tan malos
(¡ups!). Me da pena que inviertan tan poco en ciencia y seamos tan buenos.
Tenemos la mejor universidad de Hispanoamérica, según la revista Time y cada
vez le damos menos recursos a la UNAM.
"¿Por qué no apoyar a lo que da resultados? Un país que
no invierte en ciencia y educación siempre será un país pobre. ¿Queremos un
México pobre?"
¡Qué les parece! Carolina dio en el clavo.
Los grotescos ejemplos sobran. Tenemos a analfabetos como
Cuauhtémoc Blanco ganando millones de dólares y a muchos científicos
mendigando.
Que el gigante de la Concacaf pierda ante países
"inferiores" se ha vuelto tan usual como el hecho de que no reclamemos
seriedad a los medios de información que dedican sábanas enteras al futbol y
escasísimas líneas para hablar de ciencia.
El pasado 22 de julio dos jovencitos mexicanos obtuvieron
la plata y el bronce en la XLIX Olimpiada de Matemáticas –entre 97 países-
y, para que no se crea que fue "churro", el 9 de agosto de 2007 tres
jovencitos mexicanos se coronaron en el octavo Mundial de la National
Geographic Society -derrocando a Estados Unidos- y el 20 de octubre de ese
mismo año otros cuatro jóvenes ganaron el primer lugar en la Olimpiada
Iberoamericana de Biología… ¿alguien fue a destruir el Ángel de la
Independencia por tales logros internacionales?
Nos hemos acostumbrado a leer basura y, en automático,
reenviarla. ¿Este es el futuro que queremos para nuestro país?
Posdata: Si no envías esta reflexión a TODOS tus
contactos… No va a pasar absolutamente nada: México hará los mismos
ridículos en el "deporte del hombre"… Si lo reenvías, el Tri, de todas
maneras, va a perder…
Sí. Carolina tenía razón: "Pobre México nuestro, tan
cerca del futbol y tan lejos de la ciencia."