En septiembre 6 vamos a ser testigos de un milagro: Los
índices de desconfianza del consumidor y productor, que han perdido 20 por
ciento y 15.5 por ciento respectivamente desde que Calderón llegó al poder,
van a dejar de caer; hasta van a subir. Eduardo Sojo llega al INEGI con la
encomienda presidencial de manipular estas estadísticas que ensucian el
mundo rosado de Calderón, las únicas que realmente nos dicen cómo va la
economía del país.
Hace 18 meses, en este espacio, comenzamos a dar
marcación personal a estos índices, pues detectamos que eran los únicos que
no estaban siendo manipulados por las autoridades. Inflación, crecimiento
del PIB, desempleo, ahorro interno, inversión extranjera, turismo,
criminalidad, etcétera, todas esas estadísticas son fuertemente manipuladas
por las autoridades.
Pero habían dos estadísticas que no estaban siendo
manipuladas y esas eran el índice de confianza del consumidor y del
productor que, curiosamente, llevaban la contra de todas las anteriores.
¿Cómo era posible que la confianza del consumidor bajara tanto si el
desempleo en México es menor que en cualquier país desarrollado? ¿Cómo es
que los empresarios cada día desconfiaban más de una economía tan estable y
en crecimiento como la mexicana? ¿Por qué tan necios los consumidores y
empresarios en estar desconfiados, si la inflación está contenida? Al final,
el tiempo nos dio la razón: los buenos, los que nos indican cómo va la
economía, los que nos cuentan la historia más creíble de lo que sucede en el
país, son el índice de confianza del consumidor y productor y no las
mariguanadas del resto de las cifras oficiales.
Qué curioso que el día después de la publicación del mayor desplome en el
índice de confianza del consumidor en la historia del país, el ñresidente
Calderón tome a uno de sus hombres de mayor confianza, el empresario
gasolinero Eduardo Sojo, y lo mande al INEGI a contener los daños sufridos
por la imagen económica de la presente administración y hacer lo que tenga
que hacer para manipular estos indicadores y que comiencen a dar cifras
positivas en el futuro. Un auténtico sacrificio, pues si el Senado lo
ratifica, Sojo sólo va a estar en el INEGI durante su período de transición
que es hasta el 2009.
El índice de confianza del consumidor cayó 15.6 por ciento en julio y se
ubicó en 88.4 puntos, su nivel más bajo en la historia. La caída que ha
sufrido es también el mayor desplome que se tenga registro. La situación de
los hogares respecto del año pasado sufrió en julio su peor caída, -9.2 por
ciento y el pesimismo sobre lo que vendrá en el futuro también cayó como
nunca, 10.4 por ciento. La percepción sobre la economía también sufrió sus
peores caídas, -16.2 por ciento respecto al año pasado y 18.3% hacia el
futuro. Y en cuanto a inversiones en bienes de consumo duraderos, la caída
de casi 25% por ciento confirma que para los consumidores, la economía de
México no vale ni invertirle un refrigerador o lavadora nuevos.
Lo mismo con los productores, la caída de su confianza no tiene precedentes:
15.5 por ciento en lo que va del sexenio, 40 por ciento la caída en la
confianza para invertir que, al situarse en 27 puntos, representa el peor
momento para meterle un solo centavo a México. 15.7 por ciento y 12 por
ciento respectivamente la situación actual de las empresas respecto a su
pasado y su futuro inmediato y ni qué decir de la confianza en el país,
-12.7 por ciento peor que el año pasado, y para el 55.3 por ciento de los
productores va a estar mucho peor el próximo año.
Estas cifras que contrastan radicalmente con las cifras
oficiales que pintan el desempleo más bajo del mundo o una moneda en franco
despegue como es el peso mexicano (que ha llegado a 9.93 a la venta y 9.73 a
la compra), requieren urgentemente ser manipuladas, porque son las gotas de
lodo que están ensuciando el rosa panorama económico que nos pinta el
gobierno y se ve muy feo un panorama tan bonito de poco desempleo, poca
inflación, crecimiento económico con estabilidad y un tipo de cambio muy
fuerte salpicado por las opiniones idiotas de una bola de consumidores y
productores que ni a Harvard fueron, y que gracias a sus comentarios,
arrojan un índice aterrador y echan a perder el discurso oficial.
Es por ello que a partir de ahora van a ser irrelevantes
estos índices de confianza del consumidor y productor, porque Sojo les va a
meter mano hasta hacer de los consumidores y productores mexicanos los más
confiados del mundo. Para eso lo sacaron de la secretaría de Economía, donde
fue el principal responsable de la caída de México en todos los índices de
competitividad en el mundo. Cuando este empresario gasolinero llegó a la
Secretaría de Economía, México ocupaba el lugar 36 en el índice de
competitividad mundial que publica el Foro Económico Mundial; hoy que se va,
deja a México en lugar 58. De premio, además de sus concesiones para
distribuir combustibles en León, se va con un sueldazo al INEGI, a poner en
orden a esas estadísticas forajidas llamadas Índice de Confianza del
Consumidor y del Productor. Y si no… al tiempo.