Un parteaguas para favorecer e impulsar la democracia en
México, ha sido la exitosa consulta popular, por medio de la cual más de
millón y medio de mexicanos repudiaron la privatización extranjerizante
calderonista y prianista de nuestro petróleo.
Ello significa que llegó para quedarse la participación
ciudadana al decidir su propio destino. O sea, el triunfo de la democracia
que en la brillante definición de El libertador Abraham Lincoln es el
gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Ha sido una rebelión cívica, pacífica, sin manipulación
mercenaria, sin acarreos, sin la previa repartición de prebendas económicas
como zanahoria para participar en dicha jornada que repudió el afán
entreguista del gobierno espurio.
Abramos ahora el libro de nuestra historia. Este
movimiento participativo que inició Andrés Manuel López Obrador con el
Frente Amplio Progresistas y secundado en la capital de México por Marcelo
Ebrard, es insólito por su trascendencia cívica. Algo nos recuerda el
sangriento movimiento del 68, cuando la juventud libre y estudiosa de
nuestro país luchó contra la represión de Gustavo Díaz Ordaz y su gobierno.
Aquel acontecimiento costó centenares o miles de vidas,
lamentablemente. En cambio, la jornada del 27 de junio pasado fue tranquila,
sin teñirse de rojo.
Empero, no cantemos victoria por que la alianza de
Calderón con los intereses fraudulentos y no olvidemos que la siniestra
figura de Carlos Salinas de Gortari está atrás de este gobierno. Todavía
dirige la manipulación entre la mafia de magnates televisivos, empresariales
y banqueros.
Este es el principio de una lucha que implicará muchos
sacrificios y una decisión inquebrantable de romper el círculo vicioso que
asfixia a la gran mayoría de mexicanos de pie. Se reproducen los finales de
oscuros períodos de nuestra historia: la Colonia, el conservadurismo
santannista y el porfiriato. Al final, pero con un alto costo sangriento,
fueron superados.
Nuestro pueblo se ha forjado a martillazos en el yunque
del dolor. Pero así ha logrado superar aciagas etapas y ha salido adelante.
2008 es el puente entre la dictadura neoliberal y liberación política,
económica y social definitiva. Se percibe una revolución cultural de
sacudimiento ciudadano por la vía pacífica, sin precedente.
Sigamos adelante en esta cruzada
Es momento de encontrar en nuestras jornadas históricas,
el precedente para apoyarnos firmemente en esta nueva lucha.
Recordemos el afán libertario de un Hidalgo y un Morelos.
Está con nosotros el mexicano más universal Benito Juárez quien restauró la
República, precisó la separación entre la Iglesia y el Estado, propició el
laicismo e impulsó la educación. El espíritu visionario de Lázaro Cárdenas,
nos robustece. No sólo expropió el petróleo, sino que repartió tierras a
favor de los campesinos, apoyo a la clase trabajadora para liberarse de la
explotación empresarial. Fundó las bases para lo que fue después la etapa
del desarrollo estabilizador a favor del pueblo. Fundó el Instituto
Politécnico Nacional .
¿Y por qué no recordar aquella actitud nacionalista de un
Adolfo López Mateos, quien en la Presidencia de la República, pronunció
tajantemente esta directriz: "¡En materia de petróleo, ni un paso atrás!
López Mateos, en su juventud fue vasconcelista, buen
orador y como titular del Poder Ejecutivo no abusó de la oratoria, ni figuró
obsesivamente, en la televisión y radio. Durante su periodo gubernamental,
nuestra moneda y nuestra economía no estaban dolarizadas, ni petrolizadas.
El campo producía lo mismo que la industria. Mexicanizo la industria
eléctrica. Teníamos un nivel de vida decoroso. Siempre expresó su admiración
por Lázaro Cárdenas.
Durante su gobierno, México fue el único país de
Latinoamérica que conservó relaciones diplomáticas con Cuba. Repudió la
consigna norteamericana de romper las relaciones de Cuba a través de la
Organización de Estados Americanos.
Circulaba entonces (1958-1964), el billete de peso,
rojizo, conocido como "el pachuco". Con un peso en la bolsa el mexicano se
podía comprar una torta, un refresco, podíamos abordar un camión de
pasajeros, hablar por teléfono (desde luego, sin Carlos Slim como detentador
de ese servicio público ahora tan encarecido por el que ha sido el primer
millonario del mundo en un país de pobres y hambrientos.)
¡Qué tiempos aquellos, señor don Simón!
Por cierto, un domingo en la tarde el presidente López
Mateos llegó a las cuatro de la tarde a la de El Toreo, sin hacer
ostentación de aparato militar, como cualquier hijo de vecino. Los
asistentes, comenzaron a circular la voz de derecha a izquierda y de
izquierda a derecha. De arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba: "Aquí
está el Presidente". La ovación no se hizo esperar, a tal grado de López
Mateos se levantó y extendió sus brazos en señal de agradecimiento ante el
clamor popular.
Moraleja: ¿Podrá el hombrecillo Felipe Calderón con gorra
militar de cinco estrellas, repetir la hazaña de Adolfo López Mateos? ¿Se
atreverá a llegar a cualquier plaza pública, sin aparato militar?.