En dos breves páginas hago algunas reflexiones. No forman
parte de la inteligencia simple. Ni siquiera de la mezcla de inteligencia
con cultura, o de la mucha inteligencia. El entendimiento se obnubila. Incoa
de golpe intuiciones cinematográficas que pasan con la velocidad del rayo. Y
apenas vislumbra el duro proceso de la destrucción que recorre la
experiencia de sangre y alma que va al vacío de nuestra existencia. Todos
los días. Todo el tiempo. Pues lo que se enferma es el cuerpo social; y eso
nos enferma a todos. De modo que si el cuerpo social es violento, todos nos
volvemos violentos.
Por eso voy a diferenciar entre la violencia privada y la
violencia en los escenarios públicos. La contradicción entre los escenarios
consta de una coherencia perfecta. Porque la primera es consecuencia de la
segunda. El resultado es la indiferencia. La soberbia. El cinismo. Que
expresa lo que he llamado "el mundo del no valor", en mi libro Persona y
Comunidad. Comienzo por las formas de la violencia privada. Sigo con la
violencia social. Y ofrezco algunas cifras periodísticas.
I) La violencia privada
Hemos escuchado hablar de la familia que no funciona. Los
sistemas que organizan la vida familiar se convierten en instituciones
degradantes con más frecuencia de la que nosotros suponemos. El padre está
ausente la mayor parte del tiempo; tiene ganar la vida en un País donde las
oportunidades son escasas, los sueldos bajos, el desempleo mayúsculo. La
madre vive una realidad triste de multiplicación de la resistencia,
educación de los hijos, olvido de la alegría, de su cuerpo, tolerancia
absoluta al dolor; o es la madre frívola que sólo se ve a sí misma, se
dedica a su oficio e interés olvidando a los hijos, y siempre en conflicto
con el marido. Los hijos viven solos y a solas. El encierro es mayor en los
hogares conservadores que son cerrados, o en los hogares que son
conservadores aunque se digan liberales. Encierro porque esos niños no
pueden ir a las calles. El mundo del afuera se ha vuelto violento. Entonces
tienen que apelar a juegos violentos en la televisión, los videos, los
juguetes. Y dedicar muchas horas a llamar la atención de padres que les
dedican poco tiempo. Llantos y miedos, desafíos o trastornos. Adolescencias
que se alejan de la familia. Y en muchos casos adicciones, alcohol,
derivaciones. Bares o discotecas de muerte. Universidades mercado donde se
enseña lo que quiere el alumno porque es el que paga; formación de técnicos
y muerte de las humanidades.
El significado de la palabra "pensar" está perdido.
Porque ya no piensa la madre. Tanto la maltratada como la frívola. El padre
no piensa sino en resolver las urgencias del día, a gritos, con aspavientos,
mendigando un reconocimiento que no obtiene en ninguna parte. Sexos en
crisis. Parejas desviadas o diversas. Muerte lenta del compromiso de amor,
amistad. Respetos que forman parte de la estela del pasado. Hoy guardamos
rencores, le echamos en cara al ‘amigo’ lo que nos molestó de algo que
aparentemente estaba olvidado. Reclamamos una atención total. Pero en la
incuria soez de la frase de Nietzsche "Oh enemigos, no hay enemigos", que
invierte la de Aristóteles "Oh amigos, no hay amigos", lo que se trasluce es
un una denuncia de que el enemigo enfrente juega a quererte mucho (mientras
hagas lo que espera que hagas de acuerdo a la identidad que construye de tu
persona), y muy pronto te denigra o maltrata porque no puede querer lo que
percibe como violento. Y los amigos son los que contamos con los dedos;
siempre traicionan. Por eso es que la amistad vive un tránsito hacia el
régimen de las utilidades. Usamos a unos o a otros. Pero no nos integramos
de veras.
Lo anterior arroja a las calles gente sin palabra.
Soledades por todos lados. Caras sonrientes que solamente ocultan una
intención desconocida. El mundo virtual de la simulación está en todos
lados. Ya ni siquiera la comunicación se vuelve radical, profunda. Es
monólogo. Espacio de circunstancia. Velocidad de tiempos exiguos si no es
que perdidos. Y entonces nadie tiempo verdadero para nadie.
Las máquinas deseantes consumen. Prostitución simulada en
mensajes por teléfono a cambio de mujeres semidesnudas que ‘platican
contigo’ para que creas que ‘entras en posesión’ de lo que la moralina
censura. Esquizofrenia, pues en la programación se incluyen misas, pastores,
telenovelas donde lo importante es ver el engaño, el adulterio, o a mujeres
asesinas que matan porque ya no soportan el machismo de hombres que las
matan en vida; en otros canales hay noticieros que no informan, películas
muy agresivas, hospitales y casos de emergencia donde sangre, enfermedad,
salvamento de casos horribles invaden de nervios al televidente, y al cabo
de sesiones babiecas conductores que no saben hablar, ‘expertos’ que hablan
de todo y no saben nada, gente de ‘izquierda’ que vive como la gente de la
derecha, gente de la derecha que se dice ‘cristiana y de manos limpias’ pero
practica un fascismo racista en su oficio de comentar, gobernar, dirigir,
manipular la conciencia de millones.
La tentación de evadir tanta miseria lleva al alcohol.
Mujeres y hombres jóvenes esperan con ansias el jueves para perderse en las
cervezas que pueden pagar. Convierten el sexo en canje de valor de uso de
carnes que se contagian sidas, u otros males, sin que les importe nada. Y
otros entran al mercado de la droga que mantiene vivos a esos cárteles cuyo
trabajo es hacer ganancias exorbitantes a costa de la salud de millones de
mentes perdidas. Los sicarios, traficantes, políticos, empresarios,
lavadores de dinero, que están en ese negocio tienen vidas privadas que
apestan, pero van por la vida como si tal cosa, como si fueran gente de
ciudad, de civilidad, común y corriente. Y cada vez más corriente.
La frescura se pierde. Ropa cara. Maquillajes, coloretes,
trajes de seda, coches gigantes o camionetas espantosas, dispendio.
Simulación de vida que se vive cuando el profesor no enseña lo que debe.
Cuando enseña y lo acusan de exigente. Hace función de jefe con base en la
denigración. Comulga católicamente para aplastar en nombre de Dios al que no
piensa como él o ella. Y pasa de largo, sintiendo que es el mejor de los
hombres sin reflexionar en el vacío de su propia vida.
Esa es la violencia privada de nuestro tiempo.
2) La violencia social
Aunque ya dijimos algo de ella en el apartado a anterior,
nos falta. La violencia que destruye el tejido social. La del mundo del
afuera donde las reglas se incumplen. Las leyes se forcluyen. La incapacidad
de responder por el otro es una cadena de irresponsables. Los sucesos de
basura, ruido, lucha por los espacios vehiculares, ofensas, tornan la
resistencia una pútrida prueba de sobre vivencia. Los hacinamientos más
humanos suman rostros cansados, tristes, cabizbajos, en metrobuses, metro,
camiones. En las calles la gente mal vestida, los andrajosos en las
periferias del centro de la ciudad capital. Flacos enfermos, pedigüeños del
peso para la estopa, el tiner o aguarrás, más alcohol. Marchas de protesta
que nadie escucha. Solamente interrumpen el tránsito. Una Policía vejada y
mal pagada que hace su trabajo moviendo los brazos y silbando, como si eso
resolviera el problema de la concentración. Y comidas rápidas donde pululan
bacterias que matarían a cualquier ser humano pero no a los mutantes de la
miseria del tercer mundo.
Mientras eso se dice, describe, apunta, los guetos donde
se refugia la gente son clubes, casas, escuelas, coches, antros, esferas que
van de una a otra sin pasar por el afuera. El afuera canibalístico o cánico
de una pulsión que se llama muerte en vida. Por desamor a la patria. Por
corrupción arriba. Por impunidad. Por ese vaciamiento que contiene y no
sostiene un embudo donde abajo hay 50 millones de pobres. En medio, una
clase que ya perdió su elegancia. Y arriba, sátrapas que se adueñan de la
riqueza que generan nuestros impuestos. El estado no es estado. No es
estable. No es la quietud prometida de la democracia, el sentido, el tiempo
de vida y el sosiego. Es la simulación cívica de una convivencia donde todos
queremos ganar algo de vida a costa de lo que sea, de quien sea. Pues ya
nadie escucha. Oímos lo nuestro, ponemos atención poco. Nos ligamos al
‘otro’ porque nos conviene. Y si queremos, queremos que a los nuestros no
les pase nada. Creamos redes vinculares de supervivencia.
Al terminar esta nota, cínicos cocinan la entrega del
País. Los chinos dibujan la paloma de la paz matando a los tibetanos. George
W. Bush va a las olimpiadas a aplaudir a sus atletas de alberca mientras los
atletas de la muerte matan a cientos de civiles en Irak, y cuatro mil
soldados han fallecido. Sonríe estúpido desde el fondo estúpido de la
mentira. Y los nidos de pájaro de hacen de acero en un mundo donde las
especies están en extinción, comenzando por la especie ‘hombre humano que
tiene la mano con sinceridad y sin rencores’.

3) Pocas cifras
De acuerdo a datos del Banco Mundial, cada día han muerto
4.4 mexicanos promedio en lo que va del sexenio de Felipe Calderón. Esa tasa
duplica el número de muertos en Irak. Ya van cuatro mil muertos. El gobierno
mexicano gasta 100 mil millones de dólares en el combate al narcotráfico con
resultados magros. La deuda externa asciende a 73 mil 635 millones de
dólares. De modo que mientras pagamos la deuda y despilfarramos dinero en un
combate que no ganamos, los soldados exponen su vida y la de los civiles. Se
reportan 47 militares muertos, entre ellos un coronel y un general. Eso por
no hablar de cifras reales. La Secretaría se Seguridad Pública y la
Procuraduría General de la República no se ponen de acuerdo.
En Tabasco se han perpetrado 40 secuestros en el año
2007, mientras llevan 60 en lo que va de este año. En el Estado de México se
ha incrementado en 62 por ciento el número de secuestros que ahora asciende
a 60 en lo que va del 2008, mientras el total en el 2007 fue de 72. En
Chihuahua algunos hablan de 600 casos. Por no olvidar la violencia brutal en
Sinaloa.
Hay más de ocho mil empresas que ofrecen seguridad
privada, y en sus filas trabajan delincuentes. Muchos entran a la cárcel por
haber robado un pan, se vuelven expertos dentro del penal, y cuando egresan
son asesinos. Los grandes políticos que llegan a la cárcel (generalmente por
vendetas sexenales), salen librados pronto. ¿Alguien recuerda a Ahumada
Kurtz? ¿Raúl Salinas? Y tantos más que pagan fianzas, dan dinero, o se
repente se nos dice que "no son culpables".
El Instituto Nacional de Acceso a la Información manda a
la reserva el caso de los hijos de Marta Sahagún, Vicente Fox no rinde
cuenta del mal uso de los excedentes de PEMEX. Salinas se retrata feliz en
la boda de de la hija de Beltrones, al lado del límpido espectro llamado
Carlos Romero Deschamps.
Al final, una definición propia: la violencia es la
descomposición del espíritu que lesiona el sentido de la vida, enferma el
cuerpo y fragmenta los vínculos sociales, de la familia a la sociedad, a
través de un continuo que disuelve la identidad, la entidad, el ser que
responde por el otro. Nos deja solos contemplando la esquizofrenia de
nuestro tiempo. Solamente lo social, lo grupal, la organización de
resistencia, la lucha social, la denuncia, la voluntad de verdad, el jugar
la vida al ganarla, y la prudencia que sabe alejarse de la agresión, pueden
dar sentido al sin sentido. Todo se resolvería se todos amaran a México.