Desde el final de la catastrófica etapa de Gorbachov y
Yeltsin, la ex URSS, balcanizada en varios pedazos y reducida a su más
modesta expresión rusa, ha buscado, primero, detener la brutal ofensiva de
Estados Unidos y la OTAN tanto en su interior como en su periferia y,
segundo, colocar una línea roja para pasar a la contraofensiva.
El aventurerismo militar de Estados Unidos y la OTAN y
sus derrotas, primordialmente en Irak y Afganistán, le dieron un respiro a
Rusia, quien exhibió una perturbadora emasculación en su periferia
inmediata, pero en ningún lugar como en la antigua Yugoslavia, donde ha sido
humillada hasta el agotamiento.
La embriaguez militar de Estados Unidos y la OTAN,
después de haber cercenado toda la periferia de Rusia -el país con el mayor
territorio del planeta (el doble de Estados Unidos y China,
respectivamente)- cometió varios pecados de "lesa majestad" (v.gr. el
despliegue de "defensa balístico misilístico" del régimen torturador
bushiano en la República Checa y Polonia), pero ninguno como la
independencia unilateral de Kosovo en la primavera reciente, a partir de
cuando la dupla Putin-Medvedev decidió poner una línea roja y pasar a la
contraofensiva en el frente europeo, mientras en los frentes centroasiático
y medioriental Estados Unidos y la OTAN han sido detenidos.
Es en este contexto que se ubica la guerra de Rusia y
Georgia en Osetia del Sur, donde el Kremlin se aprovechó del error infantil
del presidente de Georgia, Mikhail Saakachvili (egresado de Harvard, pero,
más que nada, un instrumento de los halcones neoconservadores
straussianos y de George Soros), quien el mismo día de la inauguración de
los Juegos Olímpicos en Pekín (quizá para no perturbar a la opinión pública
mundial) invadió la república separatista de Osetia del Sur con el fin de
reincorporarla a Georgia. Era justamente el error que esperaba la dupla
Putin-Medvedev para colocar su línea roja frente al asedio asfixiante de
Estados Unidos y la OTAN.
No todo es tan lineal ni maniqueo, porque aquí los
matices son enormes, cuando la Unión Europea, que no es tan monolíticamente
homogénea, no parece seguir el aventurerismo unilateral de los halcones
de Estados Unidos, quienes apostaron una vez más a la parálisis, para no
decir pusilanimidad, del Kremlin, al haber empujado al abismo a Georgia,
cuya "nueva democracia" (que, por cierto, aplastó a su disidencia interna)
incrementó demencialmente su presupuesto militar en 33 veces, al pasar de 30
millones de dólares a mil millones de dólares.
Detrás del conflicto de Osetia del Sur, que desencadenó
la guerra entre Rusia y Georgia, se juegan varios componentes: la respuesta
a la independencia unilateral de Kosovo, la incorporación de Georgia a la
OTAN programada para finales de año (con fuerte reticencia europea) y el
trayecto del célebre oleoducto "BTC" que transporta el petróleo del mar
Caspio al mar Negro y al mar Mediterráneo para abastecer a Europa: desde
Baku, capital de Azerbaiyán colindante con el mar Caspio, pasando por
Tbilisi, capital de Georgia, hasta Ceyhan, puerto turco en el Mediterráneo.
Lo que se juega en Osetia del Sur es colosal: la
definición en el incipiente nuevo orden mundial de las fronteras de la zona
de influencia de Rusia, que resucita como nueva potencia de primer nivel en
toda Eurasia, pero con especial dedicatoria en el Cáucaso, mucho más
incandescente que los Balcanes debido a su diversidad multiétnica y
religiosa.
Lo paradójico se centra en la aparente irrelevancia de
Osetia del Sur: diminuto "país" que optó por su independencia unilateral
hace siete años cuando se separó de Georgia, en el contexto del caos de la
desintegración de la URSS, que cuenta con menos de 4 mil kilómetros
cuadrados, una exigua población de 70 mil habitantes, un miserable PIB anual
de 15 millones de dólares (250 dólares per cápita) y nulos recursos, salvo
el estratégico túnel Roki, que se conecta a Osetia del Norte (que forma
parte de la Federación Rusa) y que fue capturada por el ejército ruso en la
inmediata represalia a la invasión de Georgia.
El darwinismo, una teoría biológica que pregona la
supervivencia del mejor dotado, es obligadamente aplicable a los juegos
geopolíticos y Olímpicos de los humanos: Georgia aplasta a Osetia del Sur
(su capital Tsjinvali quedó pulverizada) pero se repliega ante el poderío
ruso que acude al rescate de su aliado vapuleado en su frontera.
Con el fin de pertrechar a su ejército en retirada,
Georgia ha llegado al grado de retirar a sus 2 mil soldados en Irak, que
instaló por su alianza con Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel.
El monumental error de Saakachvili, que ha llevado a
Georgia a la zozobra, es doble: pensar que Rusia se quedaría con los brazos
cruzados y, luego, el más grave, alucinar con el salvamento de Estados
Unidos y la OTAN, que buscan desesperadamente concertar un cese al fuego
para detener el avance ruso en el contexto de tres escenarios: 1) abrir un
segundo frente en la otra república separatista de Abjazia; 2) expulsar al
ejército invasor georgiano de Osetia del Sur y negociar la derrota de
Tbilisi mediante la instalación de un régimen menos hostil y más neutral; y
3) ocupar Tbilisi y controlar parte del trayecto del oleoducto "BTC".
Los tres escenarios están vinculados a trueques
geoestratégicos que puede arrancar Rusia a Estados Unidos y la OTAN desde
Irán hasta los Balcanes.
Sin contar la alianza militar de Georgia e Israel para
capturar Osetia del Sur, que delata Debka (8/8/08), en Irán han de
estar en el éxtasis debido más al debilitamiento del cerco en el mar Caspio
(mediante Azerbaiyán) que por la derrota de un aliado de Israel.
Los rusos son ajedrecistas y con su óptimo
posicionamiento, es decir, su colocación inmejorable en el tablero de
ajedrez en el Cáucaso, ya consiguieron la victoria en esta partida. Aquí el
problema dependerá de los subsecuentes errores del adversario (léase: en
orden, el régimen torturador bushiano y su títere georgiano), que no supo
medir las proporciones ni las consecuencias de su invasión. ¿Para eso sirvió
haber estudiado en Harvard?
La dupla Putin-Medvedev consiguió colocar finalmente su
línea roja, cuyas reverberaciones han puesto a temblar a Ucrania, los países
bálticos y Azerbaiyán, que se han percatado de las fútiles promesas de
rescate del régimen torturador bushiano, que luego de empujar al ingenuo
Saakachvili a su aventura lo abandona a su triste suerte.
Lo más trágico es que la mayoría de los errores
monumentales del régimen torturador bushiano han sido explotados
excelsamente por la "nueva Rusia". ¿Quién en Eurasia desea ser todavía
aliado de Estados Unidos, a riesgo de su propia perdición?