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1. Si no hubiera desempleo, miseria y salarios de hambre;
pero tampoco empresarios explotadores y gobiernos multimillonarios y
estúpidos, quizá no habrían secuestros ni asesinatos. Con ingresos seguros a
los trabajadores y sin nadie enriquecido con probada capacidad económica
para pagar rescates, los secuestros y asesinatos serían sólo para
desequilibrados. Pero si ante nuestra vista tenemos a un pueblo en un 70 por
ciento pobre y 40 por ciento miserable, y al mismo tiempo a una clase social
racista, que se enorgullece por sus posesiones, así como por seguir
incrementando sus fabulosas riquezas, estos problemas (secuestros,
asesinatos, robos, asaltos) continuarán sin duda. Por tanto, el asesinato
del adolescente Fernando Martí, hijo de un poderoso empresario, (suceso
ampliamente cacareado por los medios de información), así como los
asesinatos de cientos de luchadores sociales por el gobierno, son efectos de
este sistema capitalista que pone en primer lugar la acumulación de riquezas
y poder.
2. En el sistema capitalista es legal (según sus leyes)
acumular gigantescas riquezas mediante la explotación y los negocios;
pero, por otro lado, también es legal (se permite) que la gente no tenga
trabajo, ingresos ni qué comer. ¿Acaso no es esto extremadamente injusto?
¿Cómo puede permitirse que unas cuantas familias (no más de un cinco por
ciento) tengan todo lo que quieran y el 40 por ciento de la población apenas
tenga para malcomer y malvivir? ¿Quién hizo, quién puso de cabeza a esta
maldita sociedad que ya lleva miles de años beneficiando a esclavistas,
señores feudales, capitalistas e imperialistas? ¿Lo hizo el famoso Dios a
propósito para castigar a los pecadores que no dan limosnas o dan muy poca?
Parecería que en estas diferencias abismales de vida de clase social están
las causas de las confrontaciones y todos esos problemas de los que siempre
se queja la gente. Unos se enferman por comer y consumir como chinos y otros
se enferman por no tener qué comer.
3. El coordinador de los diputados del PRI, Emilio Gamboa
Patrón, perteneciente a la "casta divina yucateca" (unión del alto clero y
los viejos hacendados terratenientes) acaba de pedir "a nivel personal" la
aprobación de la pena de muerte en México. Inmediatamente, los medios de
información encabezados por Televisa, TV Azteca y Radio Fórmula, así como
los empresarios y el sector más reaccionario de la población (que sólo ha
aprendido a repetir como loro lo que los medios aplauden) lanzaron
campanadas de alegría para festejar al diputado que lleva 30 años (sexenio
tras sexenio) ocupando cargos que ha negociado en el cieno de la "alta
política". Pero estos personajes exigen pena de muerte para los
secuestradores de empresarios ricos y sus familiares, para los policías y
personas de la delincuencia social. ¿Por qué guardan silencio ante los
problemas que ocasionan esos delitos? ¿Por qué no hablan del crecimiento del
desempleo, del alza de los precios y de la desesperación de la gente?
4. ¿Cómo pedir la pena de muerte contra un secuestrador
en México, si ésta no se ha aplicado contra Bush, Blair, Aznar,
Pinochet, Videla, Uribe, los gobernantes de Israel, cuyos asesinatos por
bombardeos e invasiones han sido en masa? Otra vez quiere repetirse la
impunidad para los que ejecutan los crímenes de Estado y el castigo para los
criminales comunes. En México se exige en los medios de información (y éstos
arman una gran campaña) la pena de muerte contra el "mochaorejas",
la "mataviejitas" o la "robaniños", pero el ex presidente Fox
y su familia, así como funcionarios del gabinete presidencial, gobernadores,
los curas pederastas, pueden saquear el país, desaparecer miles de millones
de pesos, dilapidar el prepuesto público o dañar a niños para toda la vida
y, no sólo no los castigan, ni siquiera los investigan. ¿Es esta la justicia
por la que claman en radio y televisión los locutores insulsos como López
Dóriga, Loret de Mola, Gómez Leyva, Alatorre, Cárdenas, Ruiz Gily o
Sarmiento?
5. La pena de muerte, si acaso fuera necesaria, sólo
puede aplicarse en tiempos de guerra y de revolución contra los enemigos
probados del pueblo. De ninguna manera contra quienes se roban una gallina,
una cartera o un anillo. Los enemigos del pueblo pueden identificarse
claramente: son los que se aprovechan de una posición personal, de un poder,
para pasar por encima de los derechos de los demás. No me imagino a Juárez
perdonando a Maximiliano y a los líderes reaccionarios que lo trajeron a
México en 1864; a Fidel Castro perdonando a los invasores de Playa Girón en
abril de1962; a los allendistas perdonando al asesino golpista Pinochet; al
pueblo argentino dejando sin castigo a los generales que impusieron la
dictadura asesina en 1976 o a Hugo Chávez sin castigar a los que le dieron
un golpe de Estado (de 48 horas) en abril de 2002. Pero en tiempos de paz
sólo se aplica la pena de muerte en países que tiene un odio profundo hacia
los de abajo: en EEUU contra las minorías (negros, mexicanos, marginados)
aunque los verdaderos asesinos sean otros.
6. En México no pediría la pena de muerte contra
quienes han mantenido a la población en la miseria, contra personajes como
Fox y su familia, contra los multimillonarios mexicanos Slim, Bailleres,
Zambrano, Azcárraga, Arámburozavala, Roberto Hernández, Servitje, Harp, Saba,
Vázquez Raña, pero por lo menos hay que exigir con la mayor energía posible,
que así como a la producción petrolera del país se le quita el 45 por ciento
de sus ganancias para el presupuesto público, a ellos también se les quite
el 45 por ciento de sus ingresos y propiedades para que en México se
construyan las refinerías necesarias y se creen las fuentes de empleo que el
pueblo tanto necesita. Sin embargo en vez de obligar a pagar impuestos
acordes a sus ingresos (a esos personajes que pertenecen a las listas de los
hombres más ricos del mundo) los gobiernos se ponen a sus órdenes para
proteger sus extraordinarias ganancias. Pero no hay que olvidar que el
sistema capitalista y sus leyes sirven para legalizar y garantizar la gran
propiedad privada.
7. El gobierno ilegítimo de Calderón quiere
aprovechar todo el ruido que realizan los medios de información alrededor
del asesinato de Fernando Martí, para llevar "agua a su molino". Busca
desesperadamente un reconocimiento del PRD porque con ello Calderón
alcanzaría enterrar su ilegitimidad. En este contexto habría que
analizar a fondo lo que ha pasado en el país con la ocupación de varios
estados de la República por decenas de miles de soldados del ejército con el
pretexto de la persecución de narcotraficantes. El asunto es de suma
gravedad y muy poco se ha hecho para analizar el problema. Han muerto miles
de inocentes, además de soldados y narcotraficantes. Es urgente que los
legisladores informan a los electores acerca de lo que sucede. Quizá sea ya
necesario exigir que el ejército regrese a sus cuarteles y que se trace otra
estrategia que permita acabar con el problema. La situación en México se ha
complicado mucho en los últimos meses. Es urgente que la izquierda social
comience a movilizarse porque casi nada se puede esperar de los partidos
políticos electoreros. |