Con independencia del juicio diplomático que merezcan los
autores intelectuales de la guerra en la diminuta y frágil república de
Osetia del Sur -"una aventura pérfida"-, después de la declaración de cese
el fuego Rusia emplazará sus baterías en tres frentes: 1) Un nutrido equipo
de fiscales rusos hace acopio de pruebas para llevar al presidente de
Georgia, Mijael Saakashvili y su Estado Mayor al Tribunal Internacional de
la Haya; 2) reactivará su ofensiva para que los acuerdos de paz entre
Georgia y Osetia del Sur suscritos en 1992 se eleven a rango jurídico por la
ONU, y 3) desde ahora, oficiales de Gobierno y militares georgianos son
personas indeseables en territorio osetiano.
Subyacentes dos hipótesis que se esgrimen en occidente
como móvil de la guerra en Osetia del Sur: a) el geoestratégico, que
supone la pugna por el control de los hidrocarburos en la región y, b)
la reacción del gobierno ruso ante la eventualidad del ingreso de Georgia al
Tratado de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), Rusia responde que,
ante la vastedad de recursos fósiles disponibles en la Siberia y la
insignificancia de los posibles en Georgia, el primer supuesto resulta
irrisorio, y refrenda su tesis de que ha dado por terminada la era de los
bloques militares y el fin de la Guerra Fría, aunque ésta sigua teniendo
destellos calientes.
La posición del Kremlin, horas después de que el
presidente Dmitri Medvédev informó al secretario general de la Unión Europea
y alto representante para la Política Exterior, Javier Solana, el fin de las
operaciones en Otesia del Sur, fue dada a conocer -para salir al paso
"fuerzas mediáticas no suficientemente objetivas"- en conferencia de prensa
en México por la Embajada rusa al través del ministro consejero Valery A.
Pogrushevskiy; el agregado de Defensa Militar y Aéreo, Petr D. Kulikov y el
agregado de Prensa, Vladimir Iarochevshsi.

Pogrushevskiy, quien recordó que tras el conflicto bélico
contra los georgianos y los acuerdos de paz de 1992 Rusia ha desempeñado el
papel de mediador del conflicto y garante de la seguridad en la región,
declaró que tragedias como la de Osetia del Sur -caracterizada por una
crueldad sin precedente- son consecuencia del ascenso al poder de algunos
dirigentes irresponsables como el presidente de Georgia, Mijael Saakashvili,
hombre de carácter muy emocional, de reacciones histéricas, reacio a la
observancia de los principios del Derecho internacional y de la paz. De
acuerdo con el funcionario, la burda agresión de Georgia configura un
genocidio contra la población de Tsjinvali, donde un recuento preliminar
habla de mil 600 muertos, miles de heridos y más de 34 mil refugiados.
Esa sería la causal fundamental -"una acción de corte
fascista"- por la que el georgiano Saakashvili sería acusado ante el
Tribunal de la Haya. Sin embargo, informaciones entregadas a los medios
durante la conferencia de prensa señalan que el ministro de Relaciones
Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov responsabilizó de la masacre a occidente,
sin disimilar una alusión expresa al gobierno del presidente George W. Bush.
En este sentido, Rusia advirtió a Washington sobre "las consecuencias" de
trasladar unidades militares georgianas de Irak a Georgia. (Casualmente, en
un videograma exhibido ante los periodistas, el Primer Ministro ruso
Vladimir Putin aparece muy campante acompañando a Bush en la inauguración de
los Juegos Olímpicos en Pekín, precisamente en las mismas horas de la
explosión bélica en Otesia del Sur. Son parte de los esfuerzos diplomáticos
del Kremlin, acotó el agregado de Prensa, aunque el encargado de negocios de
Rusia en los Estados Unidos, Alexander Darchiev declaró: "Nos dejó
consternados la reacción de la Casa Blanca -se quedó callada- a la agresión
georgiana".)
Respecto de los móviles petroleros como detonantes del
conflicto, el ministro consejero remitió su suerte a las soluciones del
mercado, y, en cuanto a la injerencia de la OTAN, recordó que después la
disolución del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, la Organización
se comprometió a no acercar sus bases a las fronteras de la Federación de
Rusia, capítulo que, evidentemente, no parece dispuesta a cumplir. En última
lectura, el Kremlin apuesta a una nueva arquitectura multipolar primada por
el Derecho internacional, objetivo para el cual desarrolla lazos de amistad
y cultura con todo el mundo. (Abraham García Ibarra.)
