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"¡Queremos a Roosevelt! ¡El mundo quiere a Roosevelt¡"
Aclamación multitudinaria por la que,
en julio de 1940, se impuso a Franklin Delano Roosevelt la aceptación de un
tercer periodo en la presidencia de los Estados Unidos para que le diera
continuidad
al Nuevo trato.
Reputada hace medio siglo como sociedad de la
abundancia -a lomo entre el regenerador Nuevo trato
instituido por Roosevelt y el descomunal usufructo de una guerra mundial que
no tocó su territorio-, la de los Estados Unidos se disolvió al tiempo en un
consumismo compulsivo que la trastocó en lo que algunos sociólogos
describieron como sociedad del desperdicio. De acuerdo con
expertos, la economía de la Unión americana tiene como soporte un 70 por
ciento constituido por el gasto en consumo. Hace unos días, en la cadena
televisiva CNN en español, en su sección de Economía y Finanzas las
pantallas reprodujeron el correo de un jocoso televidente que actualizó una
vieja broma acuñada en alguna de las economías periféricas en crisis,
referida al consumismo, pero dirigida ahora al ciudadano medio
estadunidense: "Con su mismo ingreso, con su mismo
automóvil, con su mismo departamento, con su mismo
traje", etcétera.
En la misma cadena norteamericana y en el mismo segmento,
en días sucesivos se desgranaron algunos datos que han aumentado las
consultas en los consultorios psiquiátricos que atienden problemas de
depresión en el vecino país: En 2007, los valores de la propiedad
inmobiliaria se derrumbaron en 16 por ciento; en lo que va de 2008, el
número de usuarios del transporte público se incrementó en 13 por ciento (no
hay para gasolina para el vehículo propio); unos 36 millones de jefes de
familia -que antes los desdeñaban-, recurren ahora a cupones impresos en
periódicos y revistas o electrónicos, para lograr descuentos en sus compras
de 10 hasta 20 por ciento (las despensas están semivacías y los estómagos
gruñen). El empleo va en caída libre, galopa la demanda del seguro del
desempleo, se esfuman en las bolsas bursátiles los fondos de retiro de
obreros y empleados, y se pierden las viviendas. Las pujantes industrias de
la construcción y automotriz, que en una época fueron espejo del próspero
status socioeconómico individual y familiar, ven desplomarse
fabricación, ventas y ganancias, hacen despidos masivos y optan por el
lanzamiento de modelos económicos. La sociedad de la abundancia, la sociedad
del desperdicio devinieron sociedad esquizofrénica.
Hacia 1963, en su obra El hombre político/ las
bases sociales de la política, su autor, Seymour Martín Lipset -invitado
no pocas veces por universidades públicas mexicanas-, afirmaba que la
democracia no constituye solamente, ni siquiera principalmente, un medio por
el cual diferentes grupos pueden conseguir sus fines o aspirar a una
sociedad justa: "Es, precisamente, la sociedad justa en acción".
Seymour Martín Lipset recoge en su espléndida obra tres
citas que conviene retomar. Una es del sociólogo de Harvard -ay, Harvard-
Barrington Moore: "A medida de que reducimos las diferencias y privilegios
económicos, podemos también eliminar las fuentes de contrastes y descontento
que dan impulso a las alternativas políticas genuinas. En los Estados
Unidos de hoy, con excepción de los negros, es difícil percibir algún
sector de la población que posea un interés material fijo en defensa de la
libertad. Creemos que la afirmación de la libertad requiere la existencia de
un grupo oprimido para surgir vigorosamente contiene algo más que un floreo
dialéctico. Quizá sea ésta tanto la tragedia como la gloria de la libertad.
Una vez que el ideal ha sido alcanzado, o inclusive cuando su realización se
halla próxima, la fuerza impulsora del descontento desaparece, y la sociedad
se establece en la aceptación impasible de las cosas tal como son. En los
Estados Unidos parece haber sucedido algo parecido".
La segunda cita es de David Riesman: "El aumento general
de la riqueza, y la concomitante desaparición de las diferencias rígidas,
hacen que sea difícil mantener las bases (económicas) madisionanas
de la diversidad política, o reclutar políticos que hablan en nombre de
los estratos oprimidos restantes". La tercera cita corresponde a S. Bullit:
"El sistema económico de clases está desapareciendo. La redistribución de
las riquezas y los ingresos ha terminado con la significación política de la
desigualdad económica".
El forzado sentido de esas optimistas afirmaciones se
orientaba a implantar el supuesto de que el capitalismo, con los modelos de
los Estados Unidos y Gran Bretaña como paradigmas, había triunfado en
occidente de una vez y para siempre. De ahí la tesis -plagiada más tarde por
Francis Fukuyama- del fin de las ideologías, el fin de la política e incluso
"el fin de la historia": El mercado -sería el grito de victoria-, había
derrotado al Estado. De hecho esa tesis, del fin de las ideologías
-traducida por un sedicente escribidor mexicano como Democracia sin
adjetivos, que fascinó a algunos plutócratas del neopanismo- tuvo
como escenario seminal (El futuro de la libertad) el encuentro de más
de 150 intelectuales y políticos de diversas partes del mundo, realizada en
Milán, Italia, en septiembre de 1955. Uno de los participantes más conspicuo
e iracundo en ese evento acusó a los delegados de asistir al evento
preparados "para enterrar la libertad, en lugar de salvarla". Tal fue el
austriaco fundador de la Sociedad Mont Pellerin, el
ultraderechista Friedrich August von Hayek, inspirador áulico -por ósmosis-
de los egregios egresados de nuestra muy noble y patriota Escuela Libre de
Derecho, entre los que se encuentran el presidente designado
Felipe Calderón Hinojosa y su secretario de "Trabajo y Previsión Social",
Javier Lozano Alarcón.
"Adiós a la fe en el libre mercado"
Recientemente, la prestigiada agencia de encuestas
Gallup dio a conocer un sondeo entre la población de los Estados
Unidos: 84 por ciento de los encuestados piensa que su nación "va por mal
camino". Hace poco más de dos décadas, reportes de inteligencia,
artículos periodísticos en la prensa estadunidense, ensayos académicos y aun
libros que se tradujeron aquí, tuvieron como título genérico: México en
la encrucijada. Su contenido sirvió como carta de navegación para los
tecnoburócratas priistas que asaltaban las esferas de decisión política y
económica comprometidos con el desmantelamiento del Estado mexicano. "Estamos
en la encrucijada", expresó ahora -refiriéndose concretamente a la
situación de los Estados Unidos-, el asesor en políticas de impulso al libre
mercado de Bill Clinton, y hoy miembro del Institución Brookings de
Washington, William A. Galston, en una documentada investigación publicada
por Economist Intelligence Unit (La Jornada, 5-VIII-2008). ¡Es
la economía, estúpido!, fue el slogan de campaña con el
que Clinton le arrebató la presidencia a George Bush padre. Bush hijo no
parece haber aprendido nada de esa paternal derrota electoral.
EIU, centra el análisis de la debacle económica
norteamericana, entre otros detonantes, en las crisis del mercado
inmobiliario y de los precios de los combustibles: "El mensaje para los
estadunidenses es que algo falló con los mercados y el consumidor resultó
afectado", coinciden el economista de la institución citada, Robert E.
Litan, y la Fundación Kauffman, de Kansas City. "Hoy, los estadunidenses no
están listos para desechar el mercado del todo, pero podrían exigir un
nuevo trato renovado", añade Litan, evocando la propuesta keynessiana
del Nuevo trato con la que Franklin Delano Roosevelt remontó
los devastadores impactos de la depresión de los 20-30 del siglo pasado.
En el mismo texto se cita al economista de Harvard -ay,
Harvard, tan entrañable para nuestros yuppies-, Robert Z.
Lawrence, quien reflexiona: Los estadunidenses entraron al siglo XXI
convencidos de que tenían una nueva economía construida sobre servicios y
tecnología de la información "que nos harían ganar a escala mundial. En
2000, la premisa total de la globalización era que funcionaba bien para
nosotros y otros países desarrollados. Hoy, casi todas esas suposiciones
optimistas han cambiado. Hemos visto un crecimiento sin precedente en los
países en desarrollo, mientras los desarrollados son arrastrados por la
desaceleración estadunidense. Hemos encontrado que, en vez de servicios y
tecnología de la información, todo gira alrededor del petróleo y otras
materias primas, que no son el punto fuerte de los Estados Unidos".
"Tal vez haya una reacción contra los mercados en este
momento", previene de su lado el director de estudios económicos del
Instituto de la Empresa de los Estados Unidos, Kevin A. Hassett, y más
adelante el análisis comentado sostiene: "Los historiadores que observan
estos problemas dicen que el hecho de que los estadunidenses se alejen de
los mercados y se precipitan a un polo opuesto -como el socialismo- no
significa que el cambio no esté ya en camino".
La mano visible
del súper Estado
El péndulo de esas lucubraciones se mueve entre dos ejes:
La falta de regulación o desregulación de los mercados que desencadenaron la
crisis, y una categórica exigencia del mencionado Litan: "Lo que queremos es
que el gobierno combata los excesos", lo que es decir que el
Estado. Sin embargo, antes de que el Estado asuma la respuesta de
una estricta regulación, se lanzó alegremente sobre la chequera de las
tesorerías públicas: Washington dispuso el rescate de los gigantes
hipotecarios: Fannie Mae y Freddie Mac, que poseen o
garantizan seis billones de dólares de la deuda hipotecaria, después
de que los inversionistas casi extinguieron su valor en el mercado, por
temor a quedar en la insolvencia absoluta. En otro carril, reguladores
federales intervinieron IndyMac Bancorp, con 32 mil millones de
dólares en préstamos hipotecarios, que los interventores llamaron el
segundo mayor fracaso bancario en la historia.
La piedra de toque es esa: Ahí, precisamente ahí donde se
instaló la tronera para dinamitar al Estado benefactor, las voces más
asustadas claman por su urgente retorno. Hombre de reacción retardada, el
presidente George W. Bush esperó meses, años al menos tres, para buscar no
una solución, sino una salida: Estampó su renacida y temblorosa firma en
cientos de miles de populistas bonos denominados en devaluados dólares para
mitigar el estado de postración de los agobiados deudores hipotecarios,
suponiendo ilusoriamente que su gasto reactivaría como por arte de magia el
consumo. No le funcionó la varita: Miles de familias buscan albergue donde
lo haya, los automóviles, aún los de bajo gasto de gasolina, se quedan en
las cocheras; las vitrinas de las grandes, medianas o pequeñas tiendas
mantienen invariable sus inventarios en exhibición; las exclusivas joyerías
metropolitanas son ahora incitación al suicidio. Hay evidencias de que
muchos de aquellos desclasados que poseen aún algunos dólares en efectivo o
tienen algún saldo en sus plásticos toman vacaciones forzadas y saltan sobre
las fronteras para llenar en territorios vecinos tripa de mal año. Muchos
otros invaden ávidos ciudades fronterizas mexicanas no sólo para proveerse
de gasolina subsidiada, sino para llenar sus cajuelas con canasta básica.
El catarrito carstensiano ya se resiente en
México en una recurrente baja en el envío de remesas desde los Estados
Unidos, las desintegradas familias mexicanas empiezan a recibir a los hijos
pródigos que están regresando con los bolsillos vacíos, los estados
mexicanos limítrofes se pueblan de repatriados compulsivamente y los
expulsados de los estados marginados de nuestro solar patrio se quedan a
medio camino entre su lugar de origen y "la pesadilla americana". Pero aquí,
los publicistas del libre mercado, cegados aún por el ilusionismo del
capitalismo tardío y el también tardío neoliberalismo globalista continúan
aferrados a sus criminales supersticiones fundamentalistas-fondomonetaristas:
"Vamos por el camino correcto". No hay más cera que la que arde.

Carlos Salinas se agachó ante la ofensiva
anexionista. |

Ernesto Zedillo se colgó del brazo
del embajador Davidov. |
"El camino correcto": El abismo
"Vamos por el camino correcto", blasonan hasta el agobio
los del patio trasero: Aborta información de que el primer gobierno de la
transparencia y rendición de cuentas del PAN (2000-2006), apechugó con la
pérdida de más de 500 mil millones de pesos anuales en diversas modalidades
de evasión fiscal; más de 680 mil millones de pesos fueron devueltos durante
el sexenio a los grandes corporativos de la iniciativa privada. ¿Y los casi
600 mil millones de dólares por ingresos petroleros en el mismo periodo? No
se sabe. Lo que sí se sabe es que el gobierno saliente del PAN comprometió
casi seis mil millones de dólares en contratos de servicios múltiples para
exploración en campos de gas en la Cuenca de Burgos. Para no perder la
brújula del "camino correcto", sólo en el primer trimestre de 2008 el
gobierno del presidente designado ya devolvió a los mismos
beneficiarios casi 100 mil millones de pesos. No se sacia, sin embargo, el
apetito de los rapaces: después de la reformita fiscal de 2007 hasta finales
de abril de 2008 los privilegiados de siempre habían interpuesto casi 31 mil
amparos para eludir el pago del Impuesto Empresarial a Tasa Única (Ietu).
Asimismo, para la misma Cuenca de Burgos, Calderón Hinojosa otorgó dos
contratos más por un monto de mil 345 millones de dólares.
El gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz
Martínez, de su lado, convertido en Rico McPato, ve la
tempestad y no se arrodilla: se aferra avariciosamente al escondrijo de más
de 80 mil millones de dólares en divisas, de los que, se dice, "no se puede
disponer" productivamente en territorio nacional porque buena parte de ellos
estarían bajo resguardo (por no decir embargados) de la Reserva Federal de
los Estados Unidos y otras tesorerías norteamericanas; responsable de la
convertibilidad del peso, Ortiz Martínez lo mantiene sobrevaluado respecto
del dólar pero no puede hacerlo contra el euro. Incrementa las tasas de
interés de referencia que favorecen más que nada a la inversión
especulativa. Magnífico templario contra la inflación, cuya única arma son
los topes salariales contra la clase trabajadora, es rebasado por su enemigo
(5.26 por ciento de incremento en los 12 meses anteriores a junio de 2008).
Si en esa asignatura básica resulta reprobado, ¿qué puede esperarse de la
desenfrenada carestía de la canasta ínfima de consumo popular? Conmueve la
voz de la diputada a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal,
integrante de la Comisión de Equidad y Género, Esthela Damián Peralta,
cuando la alza para denunciar que mujeres solteras o jefas de familia son ya
responsables de la subsistencia de cinco millones 700 mil hogares mexicanos,
muchas de ellas resignadas a la condición instituida por Vicente Fox de
"lavadoras de dos patas", tarea por la cual apenas son retribuidas con 28
pesos diarios. Y a eso le llaman Vivir mejor. ¿Cómo andarán las que
viven "bien", mal, regular o peor?
Nada se dice, por supuesto, de la perruna persecución a
los millones de disparadores de plásticos que, impotentes frente a tasas de
interés que en el último año saltaron sobre la barrera del 70 por ciento, se
han quedado sin parque y se rinden como víctimas propiciatorias para el
fobaproa-ipab III, cada vez más próximo.
(Escena en la caja de una tienda de autoservicio y
departamental, donde se paga por medio kilo de tortillas y apenas unos
bolillos, que el monedero de la consultada no da para más: ¿Le "redondeo" su
cuenta? Ps’sí. ¿Es para la educación, no? (…), y resulta que en la pantalla
de la registradora aparece que "la donación" es para una organización
religiosa. Vale, pero la humilde "donante" obligada no sabe de esas cosas de
la deducibilidad fiscal. Los propietarios de la cadena comercial sí saben de
deducibilidad y, además de hacer caravana con sombrero ajeno como "donante"
final, puede ocurrir que multiplicado el "redondeo" por el número de
establecimientos que operen en la República, la suma anual acumulada por ese
abuso rebase los 400 millones de pesos. El deducible no es cualquier bicoca.
Pero luego se hará uso de los cajeros automáticos, donde la "donación" de lo
que "usted desee", será asestada sin siquiera precisarse el destino de la
misma. Y así, hasta el infinito.)
Silencio: clase "política" trabajando
Son -las expuestas- las grandes y pequeñas magnitudes del
neoliberalismo globalista que, si en el imperio hace vivir a la gente como
habitante del tercer mundo, del que muchos huyeron despavoridos como
pescados que saltaron de la sartén para caer en el fuego, en el patio
trasero alcanzan una dimensión terrorífica.
Y ¿qué hacen a todo esto los hombres del Estado
-que no de Estado, que es una categoría distinta y ética- para
enmendar las bellaquerías de la economía criminal? Primero lo primero, la
regla de oro y del oro: Al que reparte y comparte, le toca la mayor y mejor
parte. Y lo repartible prioritario para ellos es el gasto corriente; esto
es, la nómina burocrática. Luego, en tratándose del botín, mantener, sin
solución de continuidad, la pugna por el poder político, desde donde todo es
posible e impune: en primera instancia, lo que es posible desde la
discrecionalidad administrativa, sin freno normativo ni parar en escrúpulos.
Pugna mafiosa por el poder en el interior de los partidos
y entre los partidos; desde los partidos, contra los órganos de regulación y
vigilancia. En el interior de los poderes de la Unión y entre los poderes de
la Unión. Desde los poderes de la Unión, contra la sociedad. En el interior
de los poderes fácticos y entre los poderes fácticos. Desde los poderes
fácticos, contra el Estado y la sociedad, hasta poner las relaciones
sociales, de producción y políticas a su máxima tensión. Ay reata, no te
revientes, que es el último jalón. A eso le llaman "democracia
representativa", que lo único que
representa es la desfachatez y la codicia sin límite.
La partidocracia:
Acaba de "resolverse" la prolongada pugna por la franquicia del Partido
Alternativa -que según esto ahora se denominará Social Demócrata-, que ha
pasado por recurrentes litigios en el Tribunal Electoral del Poder Judicial
de la Federación. Cuando una de las facciones de ese bonsái se apoderó de la
dirección nacional, ya sin resistencia de la resignada facción opositora,
refiriéndose a la compra de votos con los recursos de los subsidios público;
esto es, con dinero de los contribuyentes que sí contribuyen, uno de los
"vencedores" eructó convencido: Ahora sí me consta el poder del billete.
Del Partido Alternativa se había desprendido meses antes
la llamada columna campesina. Ésta, cuyos cabecillas salvaron sin mayores
problemas acusaciones de malversación de una proporción del subsidio
público, se lanzaron como alma que lleva el diablo a promover su propio
partido, Rumbo a la Democracia, según lo bautizaron. El Instituto Federal
Electoral le negó el registro argumentando transgresiones al nuevo Código
Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, consistentes en el
uso de dos sindicatos como plataforma de afiliación. (Uno de ellos
mangoneado por papá-dirigente y el otro por dirigente-hijo. Casualmente,
padre e hijo figurarían como presidente y segundo de a bordo del Comité
Ejecutivo Nacional). El Tribunal Federal Electoral revocó el dictamen del
IFE, bajo el supuesto de que el tamaño de la nómina de dichos sindicatos no
incidió en el tamaño del padrón de afiliados, y ordenó la reposición del
procedimiento en la que los gestores esperan una resolución a su favor.
Vale recordar que el impedimento de usar los sindicatos u
otras figuras corporativas para formar partidos políticos, fue propuesto a
toro pasado por algunos legisladores federales en la todavía inconclusa
reforma electoral, con la intención de mojarle la pólvora a la cacique del
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo
Morales, haciendo abstracción de que la doctrina mexicana dicta que las
nuevas leyes no surten efectos retroactivos; para el caso, el origen
fundacional del Partido Nueva Alianza (Panal). "La maestra", que logró ese
registro bajo la égida de su ahijado consejero presidente del IFE, Luis
Carlos Ugalde Ramírez, se mueve como pez en las fétidas aguas de las
componendas, haciendo alianzas electorales conforme el viento sopla la
veleta: Un día con el PAN, el otro con el PRI, y la siguiente semana con el
que siente que le llegó al precio.
El Partido del Trabajo, factura que tiene la huella
digital de Carlos Salinas de Gortari, pasa actualmente por las magistradas
seseras del Tribunal Electoral, en litigio promovido por opositores al
senador Alberto Anaya Gutiérrez, que se niega a soltar el control de las
siglas y, por supuesto, del manejo del subsidio público. En el Partido
Convergencia, cuadros dirigentes del primer nivel están al acecho de que su
"líder moral", el senador Dante Delgado Rannauro, descuide las riendas para
entrar en la pugna por la gobernación de Veracruz, por la que ya pasó como
interino y luego a la cárcel. ¿El Partido Verde Ecologista de México?
Ninguna corruptela parece hacerle mella. Transa a placer alianzas y sus
precandidatos declinan a favor de aliados de ocasión y, des-aliados, pasan
tan campantes a servir al Poder ejecutivo "triunfante". Y punto.
Partidos mayores: Genio y figura…
El Partido Acción Nacional, implantado como
partido-gobierno, si no alcanza aún las "glorias" del priato,
sí acredita méritos bastantes en aprendizaje de mañas, reglas no escritas y
usos y costumbres priistas: El actual jefe nacional, Germán Martínez Cázares,
lo es sin que, en estricto rigor, haya pasado por una elección. Llegó como
candidato designado desde Los Pinos, sin contendiente a la hora de la
verdad. Puesto en el tobogán del retroceso en procesos electivos locales
después del afamado 2 de julio de 2006, el partido pasa por el ajuste de
cuentas con el dirigente saliente Manuel Espino Barrientos, quien
editorialmente saca al sol los percudidos trapos de los intrépidos
"arreglos" con gobernadores priistas para apuntalar a Calderón Hinojosa, y
de las intrigas para evitarle su presentación para un segundo mandato.
El esférico Martínez Cázares ensaya la operación
cicatriz con Vicente Fox Quesada, incluyéndolo en la nómina de
damnificados en el CEN, pero lo hace con la espantosa amenaza de
guanajuatizar México, con tan elástico margen de interpretación que
deja a elegir si de trata de restaurar la presidencia en condominio, de
extender territorialmente el levantisco yunquismo sinarquizado
de Guanajuato o de inaugurar la Universidad Nacional Autónoma de la Tortura,
iniciada a nivel prevocacional por el gobierno municipal panista de León. A
lo mejor sólo se trata de vender réplicas de las momias de allá, donde la
vida no vale nada, como si no bastaran algunas que ambulan por los palacios
legislativos del DF. Con quien Martínez Cázares no da asomo de
reconciliación, es con el defenestrado y televisivamente "borrado" ex
coordinador de la bancada senatorial del PAN, Santiago Creel Miranda, a
quien en la pasada reunión de legisladores federales azules se le dio trato
de apestado, lo que no obstó para que éste reiterara que uno de los temas de
agenda parlamentaria que seguirá impulsando es la genéricamente llamada "Ley
de Medios", en acatamiento de la resolución del pleno de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación. Lo hará, seguramente, en mancuerna con algunos de los
del Frente Amplio marchista-leninista, porque sus compañeros de bancada no
pueden ser desagradecidos con el duopolio televisivo que tanto los ama.
Otro cantar -no precisamente de bolero romántico-, es la
larvada pugna de algunos gobernadores panistas con la jefatura nacional por
la preselección de candidatos a diputado federal para las intermedias de
2009, y los amarres que "por la libre" los dirigentes estatales pretenden
hacer para planchar la asignación de candidaturas a la
gobernación en cinco estados que tienen relevo el año próximo.
Anárquico empedernido "hasta la pared de enfrente" y
vuelta a la esquina, ahora hacia la derecha que llega hasta Molinos del Rey
(los polos, dice la ley física, se juntan), el PRD de la franquicia
secuestrada sigue fiel a su espejo diario: en busca del "líder moral"
perdido y reencontrado con puntuales oportunidad e intencionalidad por los
medios que quieren obsequiar a los mexicanos una izquierda "políticamente
correcta", el partido de los chuchistas -no confundir
ofensivamente con un modo de identificar a los canes, que son los mejores
amigos del hombre-, se pierde en los escenarios en que se representan
las más espectaculares luchas en el lodo y con lodo, distante de un poder
popular emergente que tiene muy nervioso a Los Pinos, pero tiene
realmente preocupado a Washington. ¿Cuenta, el PRD, más allá de la
formalidad convencional para recibir la talega de los subsidios, con una
dirección nacional y órganos de dictamen y decisión internos confiables,
aunque sea para sus propios empadronados; decir militantes suena a
temeridad? La respuesta, tan a la mano, se pierde, sin embargo, en la noche
de los tiempos del Partido Comunista Mexicano, que al menos tuvo la excusa
de su proscripción y la persecución del sistema y por sistema. La respuesta
se halla en el registro electoral perredista, regresivo después del
nauseabundo cochinero computarizado del 2 de julio de 2006. Por hoy, la
dejamos de ese tamaño.
El PRI, lo que fue y no quiso seguir siendo
Nos dice un gobernador priista sureño -cuyo nombre a
pedido expreso nos reservamos- que resulta un tanto irónico que el
priismo tenga en nuestros días un apasionado y apasionante líder
fuera del PRI. Es como cuando se hacía chunga del PCM, afirmando que había
más comunistas predicadores del comunismo expulsados, que dentro del
partido. Si la obviedad resulta manifiesta en aquella sugerente afirmación
que identifica a un réprobo indoblegable, lo que es preciso acotar es que,
por PRI debe entenderse la numenklatura a la que con tanto
desprecio se refiere recurrentemente Carlos Salinas de Gortari, y, por
priismo, el hilo conductor de un partido que, desde su fundación
(PNR), reconoció la lucha de clases y la necesidad de fomentar leyes para el
proletariado de la ciudad y del campo "con el objeto claro de favorecer a
los explotados frente a los explotadores"; que, en su primera renovación (PNR),
postuló una "democracia de los trabajadores" y, en su denominación vigente
(PRI), se pronunció por la democracia y "la justicia social". Con altos y
bajos, luces y sombras, en la acción de gobierno, a partir de Lázaro
Cárdenas, el llamado Partido de la Revolución, a cuya constitución convocó
Plutarco Elías Calles proponiendo "una verdadera vida institucional,
procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de país de
un hombre a una nación de instituciones y leyes", intentó aproximarse a la
congruencia entre el dicho y el hecho. Por ese priismo, más
que por los candidatos, las masas adquirieron la costumbre de votar. El
punto de inflexión programática e ideológica se produjo con la arribazón de
la tecnoburocracia hace tres décadas.
"Todos aquellos que participaremos como delegados en la
Asamblea Nacional de nuestro partido, iremos con una sola decisión, producto
de la convicción y del razonamiento profundo de nuestra identidad, con
pensamiento profundo y nuestra honradez política. Aportaremos con estatura
moral, con altura de miras y responsabilidad histórica, el punto de vista
del movimiento campesino. El partido que los cenecistas quieren para la
época contemporánea, es el partido comprometido permanentemente
con las causas sociales, comprometido con el Estado nacional, con la
rectoría del Estado, con la soberanía de nuestra Patria. Un partido que
sostenga el régimen de economía mixta, que respalde la economía social y que
realice una defensa indeclinable del ejido y la comunidad. Demandamos que
nuestro partido siga vinculado a las grandes causas de la Revolución
mexicana (…) Rechazamos una maquinaria electoral sólo preocupada por la
conservación del poder, por el poder mismo; la ideología, la convicción, la
militancia comprometida, la lucha constante por mejorar el presente y por
construir un proyecto de futuro donde la justicia social no sea sólo
retórica y la democracia sea una práctica cotidiana, es lo que anima nuestra
presencia en el PRI…".
Eso es lo que dijo, el 28 de agosto de 1996, la dirigente
de la Confederación Nacional Campesina, Beatriz Paredes Rangel, en el
congreso nacional extraordinario de esa central, con vistas a la XVII
Asamblea Nacional del PRI. Hoy, la tlaxcalteca es presidenta del CEN del
PRI. El próximo 23 de agosto, en Aguascalientes, se realizará, bajo su
liderazgo, la XX Asamblea Nacional del partido que en 2000 perdió la
Presidencia de México. Veamos en qué queda su exigencia de compromiso
partidista con el Estado nacional, la rectoría del Estado en la economía, y
con la soberanía de nuestra patria, vulnerado -ese compromiso partidista-,
por Ernesto Zedillo Ponce de León, gobernante suplente del asesinado Luis
Donaldo Colosio, cuando Paredes Rangel pronunció aquel discurso en el que
demandó que la justicia social no sea mera retórica. Cuánta agua ha
corrido debajo de los puentes desde entonces.

Fox: a la voz del amo. |

Calderón ante Bush, la misma abyección. |
El suicidio de las democracias
Recapitulando este largo recorrido, reencontramos a
Seymour Martín Lipset y su convicción de que la democracia "es,
precisamente, la sociedad justa en acción", refiriéndose explícitamente al
potencial del modelo estadunidense. A la luz del sombrío horizonte que se
observa en los Estados Unidos, se confirma al clásico: No hay más profetas
que los del pasado. Pero nos gusta con aplicación para el caso mexicano una
definición suya: "Por sorprendente que pueda parecer, una democracia
estable requiere la manifestación de un conflicto o división, de manera que
existan una lucha por las posiciones directivas, exigencia a los partidos
que se hallan en el poder y cambios de los que gobiernan; pero sin el
consenso -un sistema político que permita el ‘juego’ pacífico del poder, la
adhesión de parte de los que ‘están fuera’ a las decisiones tomadas por los
que ‘están dentro’ y el reconocimiento por parte de estos últimos de los
derechos de los primeros- no puede existir ninguna democracia".
¿Queda claro lo que es el consenso? Consenso no es mercenario arreglo en
lo oscurito.
Pero hay otra definición mejor que retoma de Daniel
Yankelovich, ésta en La política de la sinrazón: "Lo que
estamos presenciando es un nuevo capítulo de la historia del populismo
norteamericano. El argumento esencial acerca del populismo, especialmente en
su versión actual, es que, pese al hincapié en contra de los negocios, tal
como normalmente lo asociamos con la izquierda política, tiene una veta
profundamente ultraderechista: Es impelido por un sentido de ofensa a la
moral pública. Va acompañado por una severa actitud punitiva hacia los
delincuentes, los ‘holgazanes de la beneficencia" y la pornografía. Es un
angustiado grito de resentimiento de quienes siente que han trabajado y se
han sacrificado sólo para ser correspondidos con explotación, Y ese
sentimiento social probablemente es la más poderosa fuerza política de los
Estados Unidos de hoy". Y eso que el autor de ese retrato no llegó a México
la semana pasada a presenciar la escena y a escuchar los alaridos de los
próvidos de Jorge Serrano Limón en el marco de la Conferencia
Internacional sobre el Sida, y adicionalmente la sesión especial del
Organismo para la Prescripción de Armas Nucleares en América Latina y el
Caribe, en la que -dicho sea de paso-, el secretario general de la ONU, Ban
Ki-Moon, le dijo al presidente designado que hay que redoblar
las acciones para cumplir con las Metas del Milenio que no se han
alcanzado en México en cuanto a desnutrición infantil, mortalidad materna,
sustentabilidad ambiental e igualdad de género en la vida política. Poca
cosa, las omisiones del gobierno humanista pero deshumanizado.
No podemos ni queremos retirarnos, antes de rescatar de
Claude Julien (El suicidio de las democracias) unas líneas: En
Europa occidental, como en los Estados Unidos, los ciudadanos deben afrontar
cada día problemas cuya solución ideal quizá perciben, pero no los medios
prácticos para hacerla realidad. Se sienten impotentes ante las dificultades
de la vida cotidiana, multiplicadas éstas por el gigantismo de las
concentraciones urbanas, por las formas modernas de producción,
por la pesadez de las burocracias instaladas (…) este
desaliento no tiene nada de tranquilizador; está cercano a la desesperación
que puede desembocar en rebelión.
"Las democracias", escribe Julien, periodista que fue de
Le Monde, "prometieron una igualdad difícil de conquistar.
Pero los privilegios de la fortuna y de la cultura siguen sólidamente
asentados sobre una organización discriminatoria de la enseñanza, hasta en
los países de escolarización más desarrollada; sobre la inequitativa
remuneración del capital al trabajo; sobre el sistema fiscal. En la era
de la opulencia, la pobreza no es fortuita. Para el hombre moderno, la
igualdad social y económica anunciada por las democracias debería ser una
forma cotidiana de justicia, que él lograría mediante su trabajo y por su
actividad persistente. Sabría que no sería perfecta, pero estarían
permitidas todas las esperanzas, pues ricos y pobres serían iguales en las
urnas. ¿Utopía? Las boletas del voto no han vencido al poder del dinero.
El sufragio del rico pesa más que el del pobre, pues no todo se juega en la
cabina para emitir el voto: se necesita mucho dinero para una campaña
electoral, para la propaganda. Y la democracia, al renunciar a asegurar la
igualdad política de los ciudadanos, se ha detenido a medio trayecto. La
justicia económica y social debería ser redoblada, reforzada por una
justicia que los tribunales dictarían en nombre de la soberanía popular.
Pero también en esto se han burlado las esperanzas. La más grave
consecuencia de la ruina de la esperanza, escribe Eric Froom, es la
destructividad y la violencia. La frustración económica, para
seguir citando a Fromm, puede irritar y provocar la cólera, pero no bastan
para llevar a un individuo al odio y la violencia: Para llegar a ello, es
preciso haber perdido la esperanza de cambiar el orden de las cosas".
Sobre aviso no hay engaño, señores restauradores del
neocolonialismo expoliador. Vale.

| El "tigre de
papel" se desparpaja * La crisis de Citigroup se lleva
a Banamex entre las espuelas
De acuerdo con diversos reportes
especializados, entre 2007 y 2008 agencias públicas de los
Estados Unidos han inyectado al sistema
bancario-financiero norteamericano casi de un billón de
dólares (un millón de millones) en un vano esfuerzo
por poner a flote a los más grandes corporativos bancarios. En
el maremagnum embravecido por la debacle
hipotecaria, la Comisión de Valores (Sec) está investigando,
interviniendo y sancionando a los más ex poderosos bancos y
compañías de seguros descubiertos en variadas prácticas
ilícitas, entre ellas las de mercadotecnia fraudulenta para
engaratuzar a ingenuos compradores de papeles chatarra.
Sólo en la primera semana de agosto,
Citigroup Inc. (propietario de Banamex, uno de sus
principales tributarios extranjeros) y Merril Lynch han
sido emplazados a reponer a sus compradores de bonos unos 17 mil
millones de dólares. Bank of América está recibiendo
citaciones de agencias federales y estatales para esclarecer
multimillonarias operaciones, en las que se sospecha el público
fue engañado con publicidad perversa. La Comisión de Valores,
asimismo, tiene en la mira a American International Group Inc.,
gigante mundial de seguros, en picada por "malas inversiones" en
hipotecas.
La crisis de consumo está golpeando las
ganancias de las más grandes cadenas de autoservicio y
departamentales, con tal furor que hasta la supuestamente
invulnerable Walt Mart, considerada una especie
conasupo gringa, está viendo en riesgo sus números
negros. |
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Voces que los tecnoburócratas se negaron a
escuchar
En el otoño de 1987, cuando en el arranque de
su campaña electoral Carlos Salinas de Gortari hizo escala en
Michoacán, en un foro de consulta temática con el sector obrero
en Morelia, convencido de que, como secretario de Programación y
Presupuesto el candidato priista era el responsable de la
política económica del abogado presidente Miguel de la Madrid,
un modesto militante de la CROC le demandó la reorientación del
entonces incipiente neoliberalismo, para que el Estado
restituyera como prioritaria la política social: "Si seguimos
como vamos", le dijo, "no alcanzará todo el dinero el
gobierno para la construcción de prisiones y hospitales". En
esa asamblea escuchamos decir a uno de los coordinadores de la
campaña -José María Córdoba Montoya- que ese tipo de foros eran
innecesarios, pues la problemática del país "estaba
sobrediagnosticada". A la luz de los hechos veinte años después,
es obvio que voces como la de aquel humilde obrero nunca fueron
escuchadas. Hoy, efectivamente, los hospitales, pero sobre todo
los reclusorios, son insuficientes para atender la desbordada
demanda de confinamiento. Hoy, 20 años después, la tentación de
la pena de muerte contra los secuestradores (Emilio Gamboa
Patrón, ex secretario particular de De la Madrid y miembro del
gabinete salinista) y de la cadena perpetua (del
presidente designado) se plantea como resolución al
desmantelamiento de la política social. La salud y la seguridad
social están en proceso de privatización. Los reclusorios
también. |
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México, una generación perdida
De acuerdo con reportes del Instituto
Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), de la
población criminal en México 40 por ciento de los transgresores
del fuero federal está constituido por jóvenes de 15 a 29 años,
mientras que 49 por ciento lo son del fuero común. Por género,
en ambas jurisdicciones 41 y 50 por ciento, respectivamente, son
varones y 35 y 40 por ciento, respectivamente, son mujeres. Toda
una generación perdida. |
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