
Desde luego, Felipe Calderón carece de la agudeza de un
Antonio López de Santa Anna o de un Carlos Salinas de Gortari. Pero circula
en sus venas la misma sangre de perversidad de los dos grandes traidores
históricos de México. Resultado: desmantela a la Nación y al Estado
mexicanos.
Calderón -el espudio-, coincide con sus dos antecesores
pese a su pequeña estatura intelectual. En su tortuosa tenacidad, tal parece
que cumplirá con el propósito de rematar lo que queda de los bienes patrios.
También atenta contra la dignidad y soberanía racionales, en un clima de
violencia, asesinatos, miseria, corrupción e inestabilidad, sin precedente
desde el triunfo de la Revolución mexicana.
Nuestro escenario nacional se asemeja al de la etapa de
1821 a 1867 cuando el senador que pululaba por los caminos, se convertía en
guerrillero y ascendía a general de motín en motín hasta llegar a la
Presidencia de la República, convertida en botín político y económico.
Calderoncillo atiza la hoguera política,
económica y social con su alianza prianista. Es tan torpe que no advierte
que el pueblo mexicano defiende su propia supervivencia mediante la defensa
de postulados esenciales de la Constitución, que son los artículos 25, 27,
28, 39 y del 108 al 114 de nuestra Carta magna.
El diligente panista es simplemente un pelele de los
intereses mercenarios banqueros, empresariales, televisivos, de la
importante mafia mexicana y extranjera. Huidizo siempre -como los conejos-,
es incapaz de dar la cara, dentro de sus múltiples atrocidades al pueblo que
le reclama su proceder.
ACCION POPULAR EN SU CONTRA
Farsante o tramposo, pretende engañar al pueblo diciendo
que sus reformas petroleras son algo así como la lámpara de Aladino,
milagrosa, creadora de riqueza y bienestar infinitos: "Ningún joven se
quedara sin educación universitaria" . Postula todo lo contrario de su
malhadada acción. Allí esta la creciente respuesta popular en su contra.
Después de 16 días de la toma de las tribunas de
diputados y senadores por el Frente Amplio Progresista, se logró impedir que
Calderón y los legisladores aprobaran, a volapié, su propósito de privatizar
Pemex mediante la reforma de leyes secundarias, lo cual hubiera sido
desastroso.
Ello significó un triunfo de la izquierda mexicana,
liderada por Andrés Manuel López Obrador. Pero apenas la lucha empieza. Fue
un primer round ganado por la oposición en la contienda nacionalista.
No se deberá bajar la guardia porque panistas y priistas están dispuestos a
demoler todas nuestras instituciones. Continúan implacablemente con su
neoliberalismo depredador.
Pero no solamente es el petróleo . Llevamos a cuestas 26
años de dominio neoliberal iniciado en 1982 por el presidente Miguel de la
Madrid Hurtado que, de proseguir, incendiará al país. Nuestra economía está
por los suelos. Desde el gobierno de Lázaro Cárdenas hasta el de López
Portillo, nuestra economía creció anualmente más del seis por ciento. En
cambio, con el neoliberalismo depredador apenas se ha aumentado en un trs
por ciento. Ahora estamos en poco más del dos por ciento.
MISERIA GALOPANTE
La pobreza galopa a lo largo y ancho de la República
mexicana. Más de la mitad de nuestras connacionales la padecen, así como la
miseria o pobreza extrema. Más de mil empresas paraestatales fueron
rematadas o regaladas al capitalismo salvaje a partir de los años 80. En
materia nacional e internacional nos deslizamos por una peligrosísima
pendiente.
Y, para rematar, el agachismo del espurio Calderón es tan
fosforecente que hasta en la noche brilla. Basta citar algunas de sus
brillantes perlas. Ahí está el caso de la estudiante universitaria Lucía
Moret, una de las tres sobrevivientes del ataque colombiano perpetrado en
Ecuador en marzo pasado, cuando el sátrapa de Colombia Álvaro Uribe perpetró
el asesinato de cuato jóvenes universitarios mexicanos en territorio de
Ecuador.
Nuestro singular Calderoncito, inmerso en
el caldero vendepatrias, no se dignó protestar por ese asesinato, según le
reclama su investidura presidencial. No respeta el artículo 87 de nuestra
Constitución, por medio del cual juró ante el Congreso de la Unión guardar y
hacer guardar la Constitución política y las leyes que de ella emanan, así
como desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la
República para ver por el bien y prosperidad de México.
Ni siquiera el apodado Nopalito Pascual
Ortiz Rubio, impuesto por el "Jefe Máximo" o "caudillo" Plutarco Elías
Calles en la Presidencia de la República, resistió el maximato y renunció a
su elevado cargo para no seguir siendo mangoneado por Calles.
PRECISIÓN DEL ARTÍCULO 27
Pigmeo en la presidencia es Felipillo. Insiste en
continuar con las ventas de garage. Sólo que ahora apunta a entregar
prácticamente lo único que nos queda de riqueza nacional: el petróleo. La
pretensión de Felipillo, envuelta en el terciopelo de la falsedad, es violar
abiertamente el artículo 27 constitucional para entregar nuestro petróleo a
empresas transnacionales.
Al respecto, recalcamos la precisión del artículo 27
constitucional en su apartado 4: "Corresponde a la Nación el dominio directo
de… el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o
gaseosos, y el espacio situado sobre el territorio nacional en la extensión
y términos que fije el derecho internacional".
Luego agrega en el apartado seis el mismo artículo 27:
"Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno, sólidos, líquidos o
gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni
contratos. NI SUBSISTIRÁN los que en su caso se hayan otorgado y la Nación
llevará a cabo la explotación de esos productos". Y los diputados y
senadores entreguistas insisten en su obcecada pretensión privatizadora.
Recalcamos la vigorosa expresión del estadista Lázaro
Cárdenas (1934-1940) , gran expropiador petrolero: Quienes pretendan vender
los bienes de la Nación son traidores a la Patria. Este es el caso de los
miembros de los poderes Ejecutivo y Legislativo que propugnan la venta de
nuestro petróleo. Son traidores.
LA ELECTRICIDAD TAMBIEN ES NACIONAL
Y como también existe igual pretensión de rematar nuestra
energía eléctrica a consorcios multinacionales, mencionamos otra admonición
de nuestra Carta magna, al final del citado párrafo sexto del artículo 27:
"Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar
distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación
de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los
particulares y la Nación aprovechará los recursos y bienes naturales que se
requieran para dichos fines".
Pues bien, sobran los comentarios acerca de la actitud
antipatria de Calderón y los títeres legislativos. Se igualan históricamente
a Antonio López de Santa Anna y a Carlos Salinas de Gortari. Debemos
erigirles un monumento a su gran hazaña. Traidores a la Patria.
Y por si fuera poco, los dos gobiernos del "cambio"
salpican inmundicia por doquier: El charro panista Santiago Creel, durante
el sexenio foxista obsequió concesiones de casinos y centros de vicio a
Televisa: Diego Fernández de Cevallos se aprovechó de su cargo como
legislador influyente para hacer negocios particulares. Marta Sahagún y sus
soñados hijitos hicieron de las suyas para enriquecerse. La espada de la
justicia está pendiente para caer sobre estos depredadores.
Aparentemente no pasa nada. Pero hay relativas calmas que
presagian tempestades en nuestro país. Y como parte de esas tempestades allí
está el españolote Juan Camilo Mouriño, guardaespaldas de Calderoncito
en la Secretaría de Gobernación, quien ha sido denunciado públicamente por
sus multimillonarias concesiones petroleras. Por lo menos su padre explota
37 gasolineras en el sureste del país y, por supuesto, su suegro también
goza de privilegios petroleros. Mouriño cínica y públicamente lo ha
aceptado, pese a que viola nuestro sistema jurídico. Y, como Johnnie Walker
sigue tan campante. Calderón lo defiende y sostiene a capa y espada.
Aparentemente no pasa nada, pero ¿qué tal cuando el
volcán estalle y vomite fuego? Los primeros que serán arrasados serán los
integrantes de esta pandilla prianista que arrastra al país a la ruina. ¿Qué
tanto tiempo tardará en producirse el estallido?. 