|

ABRAHAM GARCÍA IBARRA
El leopardo no puede borrar sus manchas. Aunque se
disfrace de demócrata, la contrarrevolución no puede ocultar su
naturaleza brutal: En menos de 80 años, ha mudado de piel pero no de
entraña: De un cristerismo carabinero y desorejador pasó a un fascismo
cimarrón de esencia antirrepublicana, hasta llegar a un neonazismo
cibernetizado.
En los años treinta forma y enerva a “las milicias del espíritu”. En los
ochenta, los estrategas de El Maquío Cluothier hablan de la Gran Marcha
mussoliniana, con sus delirantes contingentes multitudinarios lanzados
sobre las ciudadelas del Estado instituido. Hoy en el poder, sobre las
plazas civiles señorean las tanquetas y las bayonetas, y los gobernantes
diseñan Valles de los Caídos de odiosa inspiración falangista. Los
nazifascismos europeo, estadunidense y mexicano tienen la misma placenta
genética: Una planificada devastación de la economía popular y la
lumpenización de las clases medias. El poder azul en México no juega a
la caperucita roja: Es el lobo con todos sus atributos salvajes.
(Pág.
4) |
|
México ante el dilema
¿La guerra o la paz?
MOURIS SALLOUM GEORGE
Cada vez con más alarma y frecuencia, la ONU advierte
al gobierno de México sobre el deterioro del desarrollo humano que
desafía la gobernabilidad democrática. No se le escucha. En cambio, la
agenda internacional del presidente Calderón está primada por la
obsesión de lograr un asiento en el Consejo de Seguridad que, siendo
teóricamente responsable de evitar la guerra, complace dócilmente las
políticas bélicas de las potencias lideradas por el demencial y genocida
George W. Bush.
(Pág.
3) |