Conferencia del doctor Hugo Contreras Sosa,
catedrático de la Facultad de Economía de la UNAM. En ella concluye: 1)
que el proyecto de convertir en dinero la onza de plata "Libertad" es
congruente con la política monetaria del Banco de México, no
contraviniendo su mandato único de blancos de inflación; 2) fortalecería
la transparencia a que Banxico está obligado, al facilitar un patrón de
contrastación sobre la eficacia de la estrategia anti inflacionaria; 3)
aportaría un mecanismo cualitativo en la rendición de cuentas del Banco
de México, y 4) daría la oportunidad al Banco de México de mostrar
flexibilidad y apertura ante iniciativas ciudadanas innovadoras que no
vulneran, sino que fortalecen el ámbito conceptual y de políticas que el
propio Banco hace suyo.

DR. Hugo Contreras Sosa
Catedrático de la Facultad de Economía de la UNAM |
"La gestión monetaria, las expectativas y la moneda
de plata: Un marco básico"
Una de las características más importantes para la
estabilidad de los mercados financieros es contar con un marco de
políticas macroeconómicas sanas y, más en particular, con una gestión
monetaria que tome en cuenta las expectativas de los agentes. En efecto,
a fin de no incurrir en problemas de credibilidad macroeconómica a la
hora de anunciar metas de política las autoridades están obligadas a
tomar en cuenta el pulso de los mercados. Una de las modalidades de esta
interacción entre autoridades y sector privado se da cuando las primeras
eligen un régimen de políticas para estabilizar el nivel de precios y el
segundo reacciona ante dicho régimen.
En esta intervención se trata de revisar el corazón
analítico en que se sostienen algunos regímenes monetarios pero haciendo
un énfasis mayor en el que actualmente opera en la economía mexicana,
conocido como "enfoque de blancos de inflación", y examinando también la
respuesta de los mercados en algunos episodios recientes, llamativos en
términos de la credibilidad y la reputación de las autoridades del Banco
de México. El planteamiento se cierra con ciertas observaciones que se
derivan de lo anterior en conexión con la propuesta de la moneda de
plata.
I. Marcos analíticos para la gestión monetaria
Tres son, para nuestros fines, los marcos analíticos
que vale la pena repasar. El primero es conocido como la teoría de la
cantidad de dinero y sostiene que las variaciones en el poder
adquisitivo del dinero se determinan por la cantidad de dinero en
circulación: a mayor dinero circulante menor poder de compra del mismo,
es decir, el nivel general de precios sube. Esta teoría suele
articularse en cinco postulados que han sido objeto de muy largas
polémicas entre economistas de las más diversas orientaciones
intelectuales (Humphrey, 1974).
El primero es el postulado de proporcionalidad,
que nos dice que en el largo plazo el nivel de precios variará en
proporción a las variaciones en la cantidad de dinero, siempre que el
público quiera mantener constantes sus balances reales (M/P) y la
economía esté operando a su nivel potencial. El segundo afirma no sólo
que dinero y precios varían igual, porcentualmente hablando, sino que
la causalidad corre del dinero a los precios, es decir, que son los
cambios en la cantidad de dinero los que provocan los cambios en el
nivel de precios, y no al revés, aunque se consiga mediante un proceso
de ajuste dinámico. El tercero es el postulado de neutralidad,
según el cual una vez concluido el proceso de ajuste los cambios en la
cantidad de dinero no afectarán a las variables económicas reales como
el producto y el empleo, cuyo comportamiento será afectado por la
tecnología, las preferencias, etc. y demás factores no monetarios. El
cuarto sostiene que los disturbios en el nivel de precios (las
inflaciones o las deflaciones) se originan en la evolución alcista o
bajista de la cantidad de dinero. Y, finalmente, el quinto,
suponiendo un multiplicador monetario estable, es la exogeneidad del
acervo nominal de dinero, puesto que son los bancos centrales
quienes tienen capacidad para decidir sobre dicho acervo, mientras el
público –al generar la demanda de balances de la economía– determina el
acervo real de dinero.
Se presume que este marco analítico opera en
economías cerradas y de paridad fija o también en economías abiertas de
mayor tamaño. Para el caso latinoamericano en general y para México en
particular, no obstante, se consideró durante mucho tiempo un marco
analítico distinto: aquel que era aplicable a economías pequeñas,
abiertas y con tipo de cambio fijo (o semifijo, con sus ajustes
respectivos). Este segundo marco analítico se denominó enfoque
monetario de balanza de pagos, y fue ampliamente promovido por el
Fondo Monetario Internacional desde la época de Jacques Polak, uno de
sus primeros jefes de investigación, al punto de que en la jerga
fondomonetarista se le llamaba también "el Modelo Polak" (Humphrey, 1981
y Polak, 1997).
¿En qué consiste este enfoque de gestión monetaria
tan ampliamente recomendado durante los años sesenta, setenta, etc. para
América Latina? La primera proposición del enfoque consiste en que el
nivel de precios es exógeno: al ser el país no un fijador de precios
en los mercados mundiales de bienes y de activos financieros sino un
tomador de precios su propio nivel queda determinado por la oferta y la
demanda de dinero en los mercados mundiales. La segunda proposición es
la endogeneidad del acervo de dinero, lo que significa que éste
(la oferta monetaria) se coloca en línea con lo que indique la demanda
monetaria. La tercera es la idea de que el banco central, en este
tipo de economías (es decir, pequeñas, abiertas y con tipo de cambio
fijo), sí puede controlar (mediante el crédito neto) la
composición del acervo monetario del país pero no su monto total.
Dada la experiencia mexicana con este marco analítico
en la década pasada, resulta conveniente completar la exposición con las
otras tres proposiciones. La cuarta proposición es que existe
causalidad inversa, es decir, es el dinero el que se ajusta a los
precios: si la demanda de dinero excede a la oferta la brecha se cierra
por entradas netas de dinero, hasta el punto en que la brecha se cierra
y el nivel de precios (exógeno) queda validado. La quinta no es otra que
la ausencia de efectos de precios relativos y la sexta es la
proposición de efectos de gasto. Una y otra se complementa:
mientras la primera dice que la ley de un precio elimina la posibilidad
(de ajuste) de niveles de precios diferenciados entre los países, la
segunda asevera que el ajuste se da más bien a través del gasto, dado
que los agentes elevan su gasto cuando se deshacen de sus balances
monetarios no deseados elevando las importaciones y reequilibrando, con
ello, el mercado monetario doméstico.
Y por último está el marco analítico que se ha
convertido en la nueva ortodoxia de los banqueros centrales a partir de
los años noventa. Desde Nueva Zelanda hasta Inglaterra y desde Chile
hasta México, pasando por Hungría, Canadá, Israel, Brasil, Polonia,
Corea, Sudáfrica, Australia, Suecia, Filipinas y varios países más, el
marco analítico denominado blancos de inflación domina el
horizonte. Si bien el enfoque de blancos de inflación es resultado
indirecto o directo del intenso debate entre quienes defendían la
imposición de reglas a las autoridades monetarias y quienes defendían
las políticas discrecionales, su definición sintética como "un marco de
discrecionalidad acotada" o como una nueva estrategia de política
monetaria se expone en seguida.
Puede afirmarse que este marco analítico hoy en boga
tiene tres componentes principales. En primer lugar, anuncios
sistemáticos sobre el blanco inflacionario de la autoridad, casi
siempre alrededor de 2 o 3% de inflación anual y con arcos temporales
mayores a un año; en segundo lugar, libertad total al instituto
emisor para manipular cualquiera de las variables contenidas en el
mecanismo que estipula la relación entre las acciones del banco central
y el blanco inflacionario, siempre que dicha manipulación conduzca a
la economía a la inflación anunciada; y tercero: articulación de
un régimen de transparencia que incluya explicación sistemática de
sus acciones discrecionales y, en ciertos casos, rendición periódica de
cuentas ante comités congresuales (una caracterización un tanto
diferente puede verse en Bernanke y Mishkin, 1997).
Los tres componentes mencionados se sostienen en un
eje articulador que, en última instancia, les confiere coherencia: el
trabajo del banco central para influir en las expectativas
inflacionarias del público. Si éstas no convergen hacia el anuncio del
blanco numérico de la autoridad, si el sector privado no cree que el
modelo oficial del mecanismo de transmisión monetaria refleje
apropiadamente a la economía mexicana o, por poner otro ejemplo, si el
régimen de transparencia es demasiado endeble como para no disipar
problemas de credibilidad y sorpresas inflacionarias o como para no
contribuir a mejorar la reputación monetaria del banquero central,
habría un elevado costo en términos de las variables reales y nominales
de la economía.
Este marco analítico, por lo tanto, sólo embona con
un tipo de cambio flexible y no da mayor ponderación a los agregados
monetarios como determinantes de la inflación. Aquí los postulados de la
teoría cuantitativa son irrelevantes, lo mismo que las proposiciones del
enfoque monetario de balanza de pagos, y lo importante viene dado por la
respuesta de la tasa de interés nominal a las desviaciones de la
inflación respecto de su blanco o, en otros casos, a la respuesta de la
tasa de interés ante desviaciones del producto respecto de su nivel
potencial. La respuesta de la tasa de interés ante la inflación y el
producto es conocida como la Regla de Taylor. Precisamente la Regla de
Taylor, la paridad flexible y el enfoque de blancos de inflación se han
llegado a postular como el trípode de la buena política monetaria de
largo plazo, según la nueva ortodoxia, que opera ya de manera intensiva
con las expectativas de los agentes.
II. El Banco de México, las expectativas y la moneda
de plata
El año de 1999 el Banco de México se planteó, como
objetivo de mediano plazo, converger hacia la inflación estadounidense.
Un año después tomó tres decisiones: a) copió la "core inflación"
de Estados Unidos llamándola "inflación subyacente", b) inició la
publicación de informes trimestrales sobre la inflación y c)
anunció también una meta de inflación de 3% a obtenerse tres años
después, o sea, hasta 2003.Y en 2001 adoptó formalmente el esquema de
blancos de inflación. Luego, en 2002, ratificó la meta de 3% y le
añadió un intervalo de variabilidad de un punto por debajo y por encima
de la meta. En 2003 estipuló que los anuncios de política monetaria los
haría dos veces por mes en fechas preestablecidas y en 2006 dijo que los
anuncios de política los haría una vez por mes. Por último, en 2007
substituyó el "régimen de saldos" popularmente conocido como "corto" a
fin de utilizar una tasa de interés de referencia como su herramienta de
intervención (Véase Diagrama de flujo núm. 1).
Diagrama de flujo 1. México: transición gradual al
esquema de objetivos de inflación
|
Objetivo de mediano plazo (converger hacia la
inflación de nuestros principales socios comerciales). |
|
Definición de inflación subyacente. |
|
Publicación de Informes Trimestrales de
Inflación. |
|
Meta de inflación de 3% para 2003. |
|
Adopción formal del esquema de objetivos de
inflación. |
|
Meta de inflación de largo plazo (3% para la
inflación general con un intervalo de variabilidad de +/- 1%). |
|
Fechas preestablecidas para los anuncios de
política monetaria (2 veces por mes). |
|
Los anuncios de política monetaria se
realizan una vez al mes. |
Fuente: tomado de Banxico, Política monetaria y
perspectivas económicas para 2007.
|
|
|
Anuncio formal de la tasa de interés como
herramienta de intervención a partir de 2008 |
Fuente: elaboración propia.
No obstante el pausado diseño institucional, durante
el período 2001-2007 el Banco de México ha tenido más fracasos que
éxitos en el cumplimiento de su blanco inflacionario (véase Gráfico núm.
1). Considerando los años 2001 y 2002 como años de aprendizaje en cuanto
a la aplicación del enfoque en la economía mexicana y 2003 como el
primer año en el que el instituto emisor operó con el intervalo de
variabilidad en torno a 3%, el subperiodo que va de 2004 a 2007 puede
verse, legítimamente, como un período susceptible de análisis crítico.
Bien, durante este subperiodo la política monetaria generó cuatro ciclos
de sorpresas inflacionarias, definida la "sorpresa inflacionaria" como
la diferencia positiva o negativa entre la inflación esperada y la
observada (la sorpresa es positiva cuando la inflación observada es
menor a la esperada, y viceversa) (véase Gráfico núm. 2).
Gráfico 1. México: inflación anual1 y
blancos de inflación2 a partir de la adopción formal del
enfoque de blancos, 2001-2007

1/
calculada de manera continua.
2/
los objetivos de los años que van de 1998 a
2002 son considerados por el propio banco como "metas intermedias" y el
objetivo (blanco) de largo plazo debería converger hacia el nivel de
inflación de los principales socios comerciales del país, no obstante, a
partir de 2003 se fijó como objetivo de largo plazo un valor de 3% con
un intervalo de variabilidad de más/menos un punto porcentual alrededor
de ese nivel.
Fuente: elaboración propia con base en Banxico,
Indicadores económicos.
Gráfico 2. México: área de sorpresas
inflacionarias,1 2004 – 2007

1/
definidas como las áreas que abarcan la
diferencia entre la inflación observada y la inflación esperada en el
período precedente.
Fuente: elaboración propia con base en Banxico,
Indicadores económicos y Encuesta sobre las expectativas de los
especialistas en economía del sector privado, 1999-2006.
Si se revisa con mayor detenimiento, el subperiodo
arroja dos ciclos de sorpresas positivas que totalizan nueve meses y con
una magnitud de casi ocho puntos y medio y dos ciclos de sorpresas
negativas que totalizan treinta meses y con una magnitud de menos 22
puntos, lo cual, al sumar y restar los cuatro ciclos, arroja un saldo
neto negativo de 14 puntos (véase Cuadro núm. 1). Pero la situación
empeora al incorporar la credibilidad y la reputación de la autoridad
monetaria. Si definimos la credibilidad del banco central como la
diferencia entre el blanco de la autoridad y la inflación que el público
espera, y la reputación monetaria como el cambio en la credibilidad del
banco central ante un cambio en la sorpresa inflacionaria, tendremos
que: a) en el primer ciclo, exceptuando el último trimestre de
2004, el problema de credibilidad va acompasado con la sorpresa
inflacionaria negativa, b) lo mismo ocurre, pero en dirección
inversa, en el segundo ciclo: la mayor credibilidad está en línea con la
sorpresa positiva y c) en los dos ciclos siguientes los agentes
conceden cada vez menor credibilidad a un banco central que opera con
sorpresas inflacionarias (véase Gráfico núm. 3).
Cuadro 1. México: ciclos de sorpresas
inflacionarias,1 2004-2007
|
Ciclo |
Longitud
(meses) |
Signo de la sorpresa |
Magnitud2 |
Saldo neto de los
ciclos3 |
|
enero 2004 – agosto 2005 |
19 |
( - ) |
-16.27 |
|
septiembre 2005 – diciembre 2005 |
3 |
( + ) |
4.05 |
|
enero 2006 – agosto 2006 |
6 |
( + ) |
4.41 |
|
septiembre 2006 – agosto 2007 |
11 |
( - ) |
-6.16 |
1/
definidas, cada una, como la diferencia
entre la inflación observada y la inflación esperada por los mercados en
el período precedente.
2/
definida como la suma algebraica de las
sorpresas inflacionarias.
3/
definido como la suma algebraica del
conjunto de sorpresas inflacionarias de los ciclos.
¿Cómo podría entrar, en este panorama monetario, la
propuesta de la moneda de plata? Lo primero que ha de señalarse es que,
a diferencia de la teoría cuantitativa del dinero y del enfoque
monetario de balanza de pagos, el enfoque de blancos de inflación
atiende a la tasa de interés nominal y desenfatiza el papel del dinero
en la formación del nivel de precios, de modo tal que quien enarbola
dicho enfoque no podría sostener razonablemente que la eventual emisión
de la moneda de plata –marginal, además, respecto de los agregados
monetarios– pueda elevar la inflación futura esperada.
Esto no implica, por mi parte, aceptación alguna de
la tesis de irrelevancia del dinero. Sólo por precisar: durante el
último cuarto de siglo (el período que va de 1981 a 2006) los
coeficientes de correlación entre la inflación y las variables clave
fueron de 0.8397 contra la tasa de interés nominal, de 0.8563 contra el
tipo de cambio nominal, de 0.8602 contra el agregado monetario M2
definido por la anterior metodología (de 1981 a 2000) y de 0.9358 contra
el agregado monetario M2 definido por la metodología actual (de 1986 a
2006). Estos datos sugieren que quizá podría verse como apresurado el
abandono relativo de los vínculos entre agregados monetarios e inflación
(véase Cuadro núm. 2).
Gráfico 3. México: reputación monetaria1
del banco central, 2004 – 2007
(credibilidad del banco central2 versus
sorpresa inflacionaria3)

1/
definida como el cambio en la credibilidad
del banco central ante un cambio en la sorpresa inflacionaria.
2/
definida como la diferencia entre el blanco
(anuncio) de la autoridad y la inflación esperada por los mercados.
3/
definida como la diferencia entre la
inflación observada y la inflación esperada por los mercados en el
período precedente.
Fuente: elaboración propia con base en Banxico,
Indicadores económicos y Encuesta sobre las expectativas de los
especialistas en economía del sector privado, 1999-2006.
Cuadro 2. México: correlación entre la inflación1
y variables seleccionadas, 1981-2006
|
Variable |
Coeficiente |
|
Tasa de interés nominal2 |
0.8397 |
|
Tipo de cambio nominal3 |
0.8563 |
|
Agregado monetario M2 (metodología
anterior)4 |
0.8602 |
|
Agregado monetario M2 (nueva metodología)5 |
0.9358 |
1/
definida como el incremento
diciembre–diciembre del INPC.
2/
definida como el rendimiento de los
CETES a 28 días.
3/
definido como el tipo de cambio
utilizado para liquidar obligaciones en moneda extranjera pagaderas
en la República Mexicana, y para la liquidación de Tesobonos y
coberturas cambiarias de corto plazo.
4/
definido como la suma de M1 (billetes y moneda metálica
en poder del público más cuentas de cheques en moneda nacional y
extranjera) más los instrumentos bancarios a corto plazo (abarca el
período 1981-2000).
5/
definido como la suma de M1 (billetes y
monedas en poder del público, cuentas de cheques en bancos del país
en moneda nacional y moneda extranjera y depósitos en cuenta
corriente en moneda nacional en bancos del país) más activos
financieros internos en poder de residentes del país (abarca período
1986-2006).
Fuente: elaboración propia con base en Banxico,
Indicadores económicos.
Incorporando la idea de la Asociación Mexicana pro
Plata acerca del valor piso de una moneda de plata, el segundo aspecto
de interés para considerar dicha moneda algo más que una hipótesis de
trabajo radica en que si la transparencia y la rendición de cuentas son
dos de los rasgos intrínsecos al enfoque de blancos, la moneda de plata
contribuiría a ellos al ofrecer un patrón de contrastación respecto del
desempeño antiinflacionario del banco central. En efecto, la evolución
del nivel general de precios podría compararse contra la evolución de
una unidad monetaria de valor intrínseco con piso preestablecido, y su
diferencia sería una medida simple y transparente para evaluar la
eficacia de la política monetaria: cuánta capacidad de compra pierde el
peso contra cuánta capacidad de compra gana la plata. Y la rendición de
cuentas ante comités congresuales o grupos de expertos se complementaría
con una reacción simple y directa: el incremento relativo del ahorro
popular en plata.
Y, en tercer lugar, dado que el banco central
mexicano no da a conocer las minutas de sus deliberaciones de política y
que, por tanto, los agentes económicos no conocen el sentido del voto
del gobernador y de los subgobernadores cuando se decide mover la tasa
de interés de referencia, dado ese vacío, digo, el propio Banco de
México tendría que dar prueba de su voluntad de transparencia no sólo
publicando sus minutas sino, sobre todo, apoyando aquellas iniciativas
ciudadanas que directa o indirectamente fortalezcan la transparencia y
la rendición de cuentas en sus diversas modalidades, como sería el caso
de la moneda de plata. Ese proceder alentaría, muy probablemente, una
sinergia positiva con las expectativas inflacionarias de los mercados.
Consideraciones finales
De los varios marcos analíticos disponibles para la
gestión monetaria el Banco de México ha elegido el enfoque de blancos de
inflación. Tanto la teoría de la cantidad de dinero como el enfoque
monetario de balanza de pagos han quedado, para el Banco de México,
fuera de lugar, en la medida en que aquéllos tienen al dinero como
variable crucial para determinar el nivel de precios y éste ha
desenfatizado ya la tasa de crecimiento de los agregados monetarios como
variable explicativa de la inflación mexicana. Esta decisión, la de
abrazar el enfoque de blancos para su gestión monetaria, si bien ha
mantenido a la economía en rangos de un dígito en el nivel general de
precios, no ha sido óbice para que las sorpresas inflacionarias generen
problemas de credibilidad y de reputación. Quizá por ello –es decir,
para evitar las sorpresas negativas o positivas que le restan
credibilidad y reputación– el Banco ha ido adoptando cada vez más una
política monetaria acomodaticia ante choques de oferta negativos
persistentes, a pesar de que con ello se coloque por encima del límite
superior de su intervalo de variabilidad e incumpla su propio blanco.
En tales condiciones, la moneda de plata ofrece
ventajas indudables hacia el corto y mediano plazos: 1) no altera
la herramienta de intervención de la autoridad monetaria y estaría
confinada a un segmento muy menor, cuantitativamente hablando, de los
medios de pago, 2) fortalece la transparencia al facilitar un
patrón de contrastación sobre la eficacia de la estrategia contra la
inflación, 3) aporta un mecanismo meramente cualitativo en la
rendición de cuentas del banco central y 4) da la oportunidad al
Banco de México de mostrar flexibilidad y apertura ante iniciativas
ciudadanas innovadoras que no vulneran, sino que fortalecen el ámbito
conceptual y de políticas que el propio Banco hace suyo. Muchas gracias.
Referencias
Bernanke, Ben y Frederic S. Mishkin
(1997)/ "Inflation Targeting: A New Framework for Monetary Policy?",
Journal of Economic Perspectives vol. 11 núm. 2, primavera.
Contreras Sosa, Hugo (2007)/
"Modalidades de independencia monetaria en economías emergentes. El caso
del Banco de México durante el período 1981-2006", ponencia presentada
en: "Seminario internacional de política monetaria y cambiaria...", fes-Acatlán,
noviembre 7.
Humphrey, Thomas M. (1974)/ "The
Quantity Theory of Money: Its Historical Evolution and Role in Policy
Debates", Economic Review, frb of Richmond, mayo-junio.
--- (1982)/ "Adam Smith and the
Monetary Approach to the Balance of Payments", en Humphrey y Keleher,
1982.
--- y Robert Keleher (1982)/ The
Monetary Approach to the Balance of Payments. Exchange Rates, and the
World Inflation, Praeger Publishers, Nueva York.
Polak, Jacques (1997)/ "The imf
Monetary Model at Forty", imf Working Paper wp/97/49, Washington,
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Taylor, John (2001)/ "The Role of the
Exchange Rate in Monetary Policy Rules", Stanford University, mimeo.