
Corrupción foxiana:
Pruebas al canto
Con la coartada de preservar la imagen y la autoridad del
Instituto Federal Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de
la Federación como garantes de una nueva vía en México para la formación de
los poderes públicos, los exegetas del la ilusoria "transición democrática"
se hicieron de la vista gorda frente a las bellaquerías en las que, para
llevar a Vicente Fox Quesada al poder presidencial, incurrió la asociación
de los llamados Amigos de Fox.
Ese percudido manto de complicidad cobijó al
guanajuatense desde que empezó a dilapidar el bono democrático que se le
endosó en blanco el 2 de julio de 2000 al ceñirse frívolamente la suprema
investidura, y cuando, más tarde, inventó el poder en condominio
instituyendo la "pareja presidencial", cediendo a su esposa funciones de
facto.
El silencio alcahuete en torno a la transgresiva conducta
de Fox, se hizo ostensible incluso cuando, al conocerse en 2002 la primera
compulsa legislativa sobre su gestión administrativa, se descubrieron
infracciones a pasto a la normatividad orgánica que obliga a los poderes
públicos, para caso el Ejecutivo.
Desbocada la indiscreta discrecionalidad de "la señora
Marta", cada vez más empoderada, según uso que puso de moda, éste fue
el flanco más vulnerable de la presidencia de Fox quien, a cada nueva
revelación sobre los personales y turbios manejos de su pareja -el símbolo
más emblemático del "cambio" serían sus faldas-, denostaba a los acusadores
imputándoles envidia o en, el menor de los casos, emplazándolos a que, si
disponían de pruebas, las hicieran valer ante las instancias de competencia,
sobre las que, por mera casualidad, ejercía fuerza de mando. Estériles
resultaron los empeños de las comisiones designadas por el Congreso de la
Unión para poner freno a las iniquidades.
Dadas las circunstancias en que llegó a Los Pinos Felipe
Calderón, sus detractores, y aun sus adherentes, creyeron pertinente una
acción correctiva investigando la corrupción del gobierno saliente, pero
desde su arribo a la Secretaría de la Función Pública, su titular Germán
Martínez Cázares, como lo ha hecho su sucesor en el encargo, se excusaron de
proceder alegando "inexistencia" documental de prueba y ofreciendo "meter
las manos al fuego" por la honestidad de Fox y su esposa.
Recientemente, el máximo órgano fiscalizador del gasto
gubernamental federal, la Auditoria Superior de la Federación de la Cámara
de Diputados, dio a conocer su reporte sobre la Cuenta Pública de 2006,
última del foxiato. En orden de importancia, el dictamen
revela que, en el sexenio pasado, el débito público se disparó hasta dos
billones 129 mil millones de pesos, al contratarse deuda por más de 603 mil
millones de pesos, y se distorsionaron los contratos de los llamados
Proyectos con Impacto Diferido en el Gasto Público (Pidiregas), una fórmula
perversa para disimular la privatización de Petróleos Mexicanos y de la
Comisión Federal de Electricidad; distorsión que causó quebranto a las
finanzas del gobierno.
Merece separarse el capítulo referente al excedente
petrolero, sobre el cual la ASF confirma que durante la gestión de Fox,
Hacienda dispuso de más de 719 mil millones de pesos de ingresos
extraordinarios que pudieron impulsar el desarrollo económico, no
obstante lo cual el crecimiento del PIB apenas promedió en seis años un 3.2
por ciento.
Ahí están las pruebas documentales contables que la
Secretaría de la Función Pública, y en su caso la Procuraduría General de la
República, siempre han declarado "inexistentes". El balón queda en
territorio del Ejecutivo Federal. Como dice el ranchero, ahora cabrestean o
se ahorcan.