En Polakia -que no en política- resulta
imprescindible que las huestes de Su Majestad El Hueso adquieran dotes
en los sacros menesteres del murmurio, esto es, que sepan "negociar" en
rinconeras apagadas ‘onde ni el eco se salva de fenecer apachurrado en
el inaudible coloquio de la tiniebla.
De don Cuauhtémoc y Lazarito en una íntima platiquita
Si el Inge fuera maderista, (no en base al impuesto
que don Francisco por primera ocasión en la historia nacional impuso a
magnates del petróleo, sino por su inclinación espiritista) recibiría
una regañiza de papá a causa de su "rectificada" postura en los dominios
del chapopote.
Peor le iría en una sesión de médiums al nieto, a don
Lazarito, quien desde que se agenció la gubernatura michoacana con la
fuerza del nombre y apellido... de plano se manifestó proclive a la
participación privada en materia petrolera. De seguro el abuelo le
asestaría un coscorrón espiritual, dejándole un chipote del tamaño de un
cerro, a fin de que cada que se peine le duelan los malos pensamientos.
Al señor Cárdenas Solórzano se le re-conocen
aptitudes en los calcificados oficios de charlar en sitios en que la luz
no deslumbra ni descobija; así, aparte del apelativo, logró del Partido
"Revolucionario" Institucional cargos de tuétano suculento en,
verbigracia, comisiones, subsecretaría de Estado, curul senatorial y el
virreinato que le obsequió el señor Portillo, puesto familiar que ahora
regentea un empleado que reúne los dos sustantivos indispensables en los
subalternos meandros de la grilla: docilidad y grisura, o ser más dócil
que un paje chiqueado y más gris que un monumental imeca.
Los despliegues del máximo cuchicheo los ejerció don
Cuauhtémoc inmediatamente después del fraude electoral del ’88, al
sostener una tertulia sotto voce con el macabro señor Salinas en
casa de Manuel Aguilera Gómez, en un convivio preparado por Manuel
Camacho Solís, experto en arreglar citas en las cuales se atenta contra
el polígrafo Juan Ruiz de Alarcón porque ni las paredes oyen.
En otra retobada se vertieron hipótesis e
interrogaciones sobre aquel bisbiceo que fuese "descubierto" por el
señor Muñoz Ledo, poseedor de múltiples camisetas. Diálogo oculto y por
años desmentido. La esencia de tal palique quedó juramentada en
secretito bajo el amurallado cantón de los Manueles.
Los Chuchos en los artilugios del pasillo
Entre los rondines de El Fémur abundan apiñados los
nombres propios e impropios, ayer los Manueles, ‘ora los Alejandros y
los Chuchos tlacuachianamente reacomodándose en lo más jugoso de la
nómina.
Don Jesús Ortega y su tocayo Zambrano casi
siempre pierden y sin el subrayado siempre ganan en las "dialécticas"
perinolas de Polakia. Son derrotados en elecciones y vencen en el
quedito discursear de pasillos a los que alguien robó el diablito paque
nadie se entere de diabluras.
El señor Ortega Martínez en lugar de votos se allega
exvotos en los sacrílegos templos del hueserío. Y el milagro le deviene
redituable, lo hicieron, por ejemplo, "coordinador" de la campaña
presidencial del señor Obrador, título de oropel pero con harto salario
y fortalecimiento pa´la izquierda "moderna, dinámica y propositiva".
Sale tundido don Jesús, que nada tiene de nazareno,
en la anterior precandidatura al gobierno del Defe de todas las
humaredas... y vigoroso coloca a los suyos y a los aliados al frente de
la Cámara Alta, la Baja y la más chaparrita todavía de los asambleístas,
quienes por cierto han realizado acciones progresistas, que no se
atrevieron a ejercer los canijos apóstoles de don Andrés.
Qué merlinescos son los Chuchos en el mágico
salivario del Verbo Soterrado. En victoria bien cebada truecan la
debacle. Los acusan de sucumbir ante los requiebres de don Jelipe y don
Camilito... y brevemente se trasforman estereofónicos para decir que los
"duros" sólo mantienen pétrea la táctica del lenguaje. Al respecto, el
señor Fernando Belaunzarán, chuchísimo de coraza coyuntural y "líder"
del CEU del que se apartó con una cartita más enmielada que las
epístolas de doña Corín Tellado, afirmó que el "férreo" obradorista, don
Agustín Guerrero, envió una misiva al señor Calderón al cual define
presidente constitucional. Unos y otros en la superficie no son lo
mismo, unos y otros en el fondo son lo mesmo, diría el abismal filósofo
de la Cerrada del Vértigo.

Cuauhtémoc: Lástima de apellido. |
Se acepta cualquier pérdida, excepto la del calcio
Si en las urnas los Chuchos fueran de nuevo
doblegados (al concluir este retobar no se sabe quién se hará cargo del
PRD, entre Chucherías sin bagatelas y Alejandrinos nada poéticos se
hallan tablas en las carpinterías del chanchullo) ... nuevamente se
erguirán en los redituables murmullitos en la lobreguez; para los maeses
del parlamentar chiquito, la votación quizá descalifica, pero jamás
descalcifica. La jugada de los enchuchados consistió en que sólo votaran
militantes. La jugada de don AMLO radicó en que los convencionistas de
manera masiva se afiliaran al Partido de la Revolución "Democrática" en
una membresía instantánea, un alto porcentaje de ésta no cree en
opciones partidarias, por lo menos no en las actuales, le tienen más que
confianza, fe, al señor López Obrador; hay quienes piensan que es una
posibilidad de reversión de las estructuras, de mandar "al diablo sus
instituciones", demandar al diablo con sus instituciones. Otros
se conforman con que le digan pelele a don Jelipe, manque bajo la
protección de focos fundidos sea distinto el palabrear.
Un oficiante de enormes cualidades en el hablar bien
bajito, en el hablar bien bajo, fue don Luis Echeverría a quien el
próximo RETOBOS EMPLUMADOS destinará enterito el aluvión de la
bilis. Durante décadas se guarneció en el alerón de las sombras. Apenas
si monosilababa mañosas obediencias. Y después, entre la logorrea y la
guayabera destiñó su arcaica oscuridad.
Don Jelipe es otro de los sapientes oradores del
farfullo. Supo arrimar su labio a orejitas que luego le cambiarían el
tímpano en trampolín. El señor Castillo Peraza oíalo y oíalo hasta que
lo aturdía el zuuumbadero de tanta melcocha, ese alabar al de arriba con
que los abajeños pretenden dar el brinquito. Y lo encaramó a posiciones
importantes en el Partido Acción "Nacional", del que sería plúmbeo
propietario. Su labia de moscabado aterrizó asimismo en la pródiga
dotación auricular del señor Salinas, quien en reserva extrema lo
impulsaba, pese a la circense diferencia de las siglas. Del PRI al PAN
no hay más que la distancia de un cuchicheo.
Entre más oscurece, mejor se habla una intimidá
El señor Calderón aparentaba oscuridad, apreciación
equívoca: no es oscuro, sino oscurantista que merodea en los artificios
de lo oscurito. Lo señalaban sombrío y apagado en una fundida
redundancia, reflejándose en el espejismo de una personalidad cero
rutilante. En Polakia, se recalca, lo básico no son las aptitudes
sino arrimarse hacia donde mejor se olfatea el sagrado hervor de los
frijoles.
La praxis anterior de las olidas es un ejercicio
nasal que don Jelipe maneja a la perfección. Sus mismos correligionarios
inferían que no podría subir más que a las arrellanadas hosterías de un
escaño y adormilarse bien acolchonadito. Erró también tal apreciación,
ni siquiera tomó una siesta, se unió al zedillazo fobaproiano al frente
de los legisladores aPANicados... y ascendió más por los andurriales de
la osamenta.
Como en las monarquías de antaño, el ‘ñor Calderón
Hinojosa tuvo tacto para elegir cuñados, no precisamente por carnalitas
suyas, hermanos políticos directísimos, incluso uno de ellos -en la
acaecida competencia por la grande- ¡estuvo a cargo del manejo
computacional! Es la primera vez en el mundo que ocurre algo de tales
dimensiones, hecho descomunal que solamente suscitó la entripada
inutilidad de los berrinches. No cabe duda: don Jelipe se hizo de una
gran famiglia.
Nadie le apostaba, ni aunque le dieran mocho, que
obtendría la nominación del PAN rumbo a la gran silla. Demostró don
Jelipe que su terruño bienquisto, más que Michoacán que lo rechazó en
calidad de gobernador, es Jalisco, por eso en Guadalajara, un virrey que
dio mocho al revés y triunfó lo destapó a la grandota. En la contienda
fundamental enseñó el señor Calderón (resorteado por sus catapultadores)
que cuando pierde... ugalrata.
Murmurar en tímpanos que reviren en osario la
vibración es la clave en Polakia. Don Jelipe se afana por dejar
de sucesor a un gachí que ya se olfateaba desbucarelizado, empero, en la
grilla los aromas destantean. A don Camilito, más de uno le murmura su
azucarada adhesión, esperanzados en que no lo defenestren. ¿No es acaso
el anticipadísimo gallazo-gallego del imperialismo y la oligarquía? Por
eso lo adulan almibarados. Por eso posee una anatomía auditiva
repapaloteadora. Por eso sin oscuridad ni murmullitos en gritería se
alumbran las revueltas.