
El hecho de que la devastadora crisis terminal de las
finanzas "globalizadas" esté derrumbando a algunas de las instituciones que
representan las raíces de este sistema disfuncional es más que una ironía
histórica: es casi justicia providencial. El jueves 13 de marzo, el fondo
hedge Carlyle Capital, el cual está ligado a algunas de las familias más
influyentes del establishment anglo-americano, anunció su incapacidad
de hacer frente a una deuda de 16 mil 600 millones de dólares y su control
será asumido por los bancos acreedores. Al día siguiente, el poderoso Bear
Stearns, el quinto mayor banco de inversiones de EU, anunció su bancarrota
de hecho, obligando a las autoridades financieras del país, encabezadas por
la Reserva Federal, a pasar el fin de semana en frenéticas reuniones para
encontrar una solución de emergencia para evitar el "efecto contagio" a los
ya de por sí agobiados mercados financieros. El "remedio" vino en la forma
de un préstamo blandísimo de 30 mil millones de dólares para que el banco JP
Morgan pudiese asumir el control del Bear Stearns.
El pasado lunes 17, le tocó el turno a Lehman Brothers,
que anunció pérdidas del 31 por ciento en el último trimestre, causadas por
la implosión de la burbuja inmobiliaria norteamericana. Poco después,
Goldman Sachs divulgó pérdidas de 53 por ciento en el mismo período. El
hecho de que las pérdidas hayan sido menores de lo esperado por los
mercados, fue suficiente para asegurar que las respectivas acciones subieran
en la Bolsa de New York, una cabal demostración del surrealismo de los
mercados financieros.
Tanto Lehman Brothers como Goldman Sachs representan las casas financieras
fundadoras que controlan el Sistema de Reserva Federal, el banco central
privado de EU, cuya fundación, en 1913, colocó a la alta finanza
internacional al frente del control financiero de lo que ya despuntaba como
la mayor economía del mundo, consolidando el modelo de bancos centrales
"independientes" que está en la raíz de la actual crisis sistémica y,
visiblemente, llegando a los límites de sus posibilidades. En un desafiante
artículo, publicado en el sitio
Counterpunch del 15-16 de marzo pasado, el economista Michael
Hudson, profesor de la Universidad de Missouri fue al centro del problema:
"El comportamiento de la Reserva….plantea la pregunta de
si los bancos centrales son realmente necesarios. La idea siempre ha sido la
de promover reglas orientadas por los acreedores, desregulación financiera y
ayudar al sector financiero a expensas del pueblo, acorralando la economía
en una esquina de deudas. Pero, habiendo hecho eso, la Reserva Federal no
pudo resolver el problema que creó durante el régimen de (Alan) Greenspan.
Su papel, y, de hecho, el de los bancos centrales en general, es el de
lograr exactamente el tipo de políticas que crearon el dilema financiero de
hoy.
"Desde la fundación del Banco de Inglaterra, en 1694, los
bancos centrales en todo el mundo han representado los intereses del sistema
de bancos comerciales. Desafortunadamente, el horizonte financiero siempre
ha sido de corto plazo. Los bancos hacen dinero buscando más y más clientes
para tomar préstamos, en cuanto los banqueros de inversiones y casas de
corretaje logran sus comisiones y se mandan. Su interés está en promover una
'economía de burbuja', que induzca a compradores inmobiliarios e
inversionistas corporativos a tomar préstamos y tratar de equilibrarse en la
ola de la inflación de precios de activos. De inicio, estos préstamos
parecen ser auto-sustentables, después los que los toman fuerzan a la alza
los precios de propiedades, acciones y títulos. Estos activos puede,
entonces, ser usados como colaterales para préstamos aún mayores, después,
precios y deudas suben juntos.
"Este es el tipo de 'creación de riqueza', por la cual el
señor Greenspan intentó llevarse el crédito. Pero viéndolo así, no es un
proceso que proporcione estabilidad para la economía como un todo. En la
medida en que los intereses del sector financiero se oponen a los de la
economía 'real' de los consumidores y productores, la política de la Reserva
Federal intenta resolver el problema de la deuda con todavía más deuda, en
la forma de ayudas a bancos que hicieron malos préstamos….Al socorrer a los
bancos…la reserva se convirtió en un actor activo de una guerra financiera
para endeudar aún más al sector inmobiliario, la fuerza de trabajo y la
industria.
"El resultado es una intrusión inusitada del Gran
Gobierno, no de una manera socialista, sino de una forma que utiliza al
erario público para proteger las finanzas y propiedades de lo alto de la
pirámide económica. Esto es hecho por medio de una peculiar servidumbre
financiera, promoviendo un régimen de virtual esclavización a las deudas.
Por medio del Sistema de Reserva Federal, el gobierno está 'resolviendo' el
problema del fin de la 'economía de burbuja', proporcionando préstamos
suficientes para endeudar a la industria, la agricultura, la fuerza de
trabajo y el capital tangible, al prestar el dinero para pagar el servicio
de la deuda sobre empréstitos que, de otra forma, serían impagables".
De hecho, además de su inviabilidad intrínseca, lo que ha
resultado cada vez más evidente de esta crisis es la falacia de la idea de
"auto-regulación" de los mercados financieros, que, como se percibe,
producen excesos devastadores cuando dejados funcionar libremente, siempre
acaban recurriendo a los gobiernos nacionales para aliviarse de los estragos
causados por sus prácticas depredadoras. Por esto, también crece el
cuestionamiento: si los gobiernos pueden intervenir con vigorosos recursos
públicos para ayudar a los asistentes del casino financiero ¿porqué no
pueden hacer lo mismo para invertir en los sectores que, estos si,
representan los pilares de las economías saludables, como la infraestructura
física y humana?
En la década de 1930, durante la Gran Depresión en que se sumió la economía
de EU después de los excesos especulativos que resultaron en la quiebra de
la Bolsa de New York, en 1929, esa fue la receta aplicada por el presidente
Franklin D. Roosevelt para iniciar la reversa del desastre causado por la
orgía financiera. No es por nada, pero el nombre de Roosevelt y su actitud
con el New Deal, y el contraste con su patético antecesor Herbert
Hoover, han sido crecientemente citados como referencias históricas, en la
búsqueda de una solución efectiva para el actual compás de espera. En los
propios Estados Unidos, la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE,
siglas en inglés) estima que la reconstrucción de la depauperada
infraestructura física del país necesita inversiones del orden de 1.6
billones de dólares en los próximos cinco años, para recolocar la economía
en niveles aceptables de productividad real.
La necesidad de que el Estado retome este papel
intransferible ya es reconocida hasta por algunos próceres del
establishment norteamericano, como se desprende de la propuesta para la
creación de una Banco Nacional de Infraestructura, ahora en discusión en el
Congreso. El 11 de marzo, en una intervención ante el Comité Bancario del
Senado, hasta el banquero Felix G. Rohatyn, de la casa Lazard Freres y uno
de los más radicales privatizadores de la fauna usurera de New York, en su
afán de salvar el pellejo del propio sistema financiero, tuvo que reconocer
el papel del Estado en el desarrollo de la infraestructura:
"Aunque el sector privado impulse a nuestra economía,
nuestro gobierno 'desde el inicio de la república' ha desempeñado un papel
indispensable como el principal inversionista en los transportes,
infraestructura y educación en el país. La compra de Louisiana por Thomas
Jefferson, los canales de New York y las ferrovías que conectaron a nuestras
ciudades industriales con nuestro interior, con el poderoso apoyo de Abraham
Lincoln, fueron inversiones nacionales vitales. De la misma forma, fueron
las bolsas colegiadas, la Ley de Facilidades (GI Bill, que otorgó
facilidades para el acceso a las universidades de los militares que venían
de la II Guerra Mundial. N.e.), así como el sistema de carreteras
interestatales del presidente (Dwight) Eisenhower y la movilización de
Franklin Roosevelt para la II Guerrra Mundial. De hecho, los presidentes
Jefferson, Lincon, Franklin Roosevelt y Eisenhower probaron que las
inversiones públicas pueden generar vastos retornos (…)
"Habrá algunos, Sr. Presidente, que dirán que no podemos
financiar nuestras necesidades de infraestructura, que nuestros déficits
presupuestales son muy grandes y que nuestros endeudamiento es muy grande.
La realidad, Sr. Presidente es que no podemos soportar ni hacer eso. Cada
año que tardamos provocará déficts y daños adicionales en productividad y
empleos. (…)"
Quien sabe si la profundización de la crisis sistémica en
los EU proporciones la gama de oportunidades para un cambio de rumbo que
evite fundir a las economías nacionales en el alto horno en que terminarán
los mercados subprime. 