Son días históricos. Todos los eventos que vive México
exprimen, a nuestro humilde entender, la putrefacción del "viejo régimen"
que no acaba de morir y el nuevo régimen que apenas inicia sus primeros
pasos y que encabeza AMLO, quien ha revolucionado la historia contemporánea
de México.
Todo en la vida política del país desmenuza la
pulverización del viejo sistema político mexicano: desde la hipocresía del
PAN, que no sabe cómo gobernar, pasando por la catatonia del PRI, subyugada
por sus mafias dinosáuricas (v.gr. Ulises Beltrán, en Oaxaca, y Mario Marín,
en Puebla) hasta las huestes del PRD más fracturado que nunca. Finalmente,
la fractura del país, su polarización, su caducidad y su efervescencia
esperanzadora resumen los tiempos históricos que se viven con intensidad,
cuando los anacrónicos multimedia, más sovietizados que nunca, y su séquito
de patéticos lorocutores, no están a la altura de las circunstancias.
En forma impresionante, encuestas recientes que hemos
tenido en las manos, mandadas a realizar por uno de los partidos políticos
(que no son los tres principales), apuntan a la incredulidad ciudadana
frente a la principal televisora nacional que tanto daño le ha causado a la
nación.
En forma impactante, dos personajes que se han
beneficiado como nadie de la cleptocracia mexicana han criticado en forma
cínica al putrefacto sistema político mexicano. Durante una conferencia
internacional dedicada al auditorio español, Azcárraga Jean y el parasitario
ex vendedor de naranjas tuxpeño Roberto Hernández Ramírez fustigaron
la deshonestidad de los ex-presidentes de México y la "mediocridad" de los
políticos mexicanos, como si ambos fueran los símbolos de la honestidad a
seguir del "nuevo México".
No existe nivel de la vida nacional en el que no se
genere la confrontación ácida. Los multimedia totalitarios han contribuido
en forma unilateral al linchamiento de sus enemigos que, por cierto, son
legión.
Hoy, los ciudadanos no compran tan fácilmente la
propaganda telemediática y, al contrario, ven la televisión al revés,
escuchan la radio al revés también.
Porque, si efectivamente fueran eficaces todas sus
mendacidades vertidas desde el desafuero, pasando por el fraude electoral
foxiano-martiano, hasta la privatización encubierta de Pemex, AMLO sería un
hombre muerto.
Ha sucedido todo lo contrario, lo que los anglosajones
denominan como "backlash"; es decir, un efecto boomerang cuyos
actos se le revierten a sus engendradores. En este contexto habría que
situar las jugadas magistrales con las que hasta parece divertirse AMLO y
que han puesto en jaque a varias entidades del putrefacto "viejo régimen"
político mexicano que pide a gritos sus exequias católicas.
Nunca se había gestado en la historia contemporánea de
México que un candidato presidencia, previamente desaforado por la nimiedad
de un montaje jurídico, quien después de haber supuestamente "perdido" la
elección presidencial, se encuentre casi dos años después más fuerte que
nunca, como señalan encuestas privadas que exhiben el desplome de la pareja
Calderón-Mouriño, mientras resaltan el ascenso irresistible de AMLO quien
con la sola "carta petrolera" ha puesto a la cleptocracia calderonista y al
duopolio neoliberal del PAN y el PRI a la defensiva. Mejor dicho: AMLO los
ha puesto en jaque, lo cual incluye a sus enemigos en el seno del PRD
quienes le vendieron su alma al diablo.
¿Cuándo propinará AMLO su jaque mate?
Quienes hemos tenido la fortuna de verlo recientemente,
AMLO parece más seguro y sereno que nunca: expele la fragancia de los
triunfadores inevitables. Las corrientes históricas del nuevo siglo XXI, en
particular las que han asentado sus reales en este año 2008 (v.gr. la
debacle del sistema financiero israelí-anglosajón, el alza del oro negro,
etcétera), favorecen la resurrección del Ave Fénix tabasqueño, mientras sus
enemigos reman lastimosamente contra la corriente cuando solamente les queda
el linchamiento mediático al haberse quedado huérfanos de ideas.
No es una situación sencilla para toda la fauna
neoliberal; es decir, el duopolio del PRI y el PAN, contemplar el naufragio
del Titanic financiero global al que se subieron sin salvavidas. Toda la
fauna neoliberal desde hace 25 años -De la Madrid Hurtado, Salinas, Zedillo,
Fox y Calderón-, naufraga en forma patética en los océanos de las finanzas
mundiales a la que apostaron sin prudencia, y no se avizora un samaritano
dispuesto a salvarlos.
El neoliberalismo global ha muerto, como se desprende
cada día de las crónicas lúgubres y fúnebres de su agonía en Wall Street y,
con mayor extensión en el G7 -ya no se diga en sus caricaturescas
excrecencias tropicales como México. Los ciclos financieros, económicos,
sociales, y políticos marcan la ley del péndulo que ahora emprende su camino
de regreso hacia el neo-keynesianismo y el Pacto Social al estilo del
gran presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt.
Pese a las imprecaciones paleo-bíblicas del plumífero del
Grupo Monterrey, más que un historiador serio y riguroso,
Enrique Krauze Kleinbort, miembro conspicuo del siniestro Comité del
Peligro Presente de EU, se ha ubicado del lado de los perdedores (EU, Israel
y la España aznarista) y de la contracorriente histórica (su apología
por el neoliberalismo medieval). Krauze Kleinbort se ha convertido en un
especialista de la diatriba hormonal en contra de AMLO, quien, por cierto,
tenemos entendido, le ayudó en uno de sus múltiples juicios legales en
contra de su secretaria, según nos han susurrado al oído sus múltiples
enemigos. Más allá de su ingratitud -aunque, es cierto, no tiene porque ser
dúctil a su benefactor judicial-, Krauze Kleinbort podrá escribir todas las
diatribas que quiera y hará cada vez más el ridículo frente al gigantesco
oleaje de la corriente histórica que encarna AMLO. No hay vuelta de hoja,
Krauze Kleinbort, lanzado al ruedo por sus patrocinadores ideológicos (entre
ellos el Grupo Cemex de Lorenzo Zambrano, quien, por cierto ha sido
citado como un huésped frecuente distinguido de las suites hoteleras de
Cancún en el libro Los Demonios del Edén de nuestra
heroína nacional Lydia Cacho), se mueve en sentido inversamente proporcional
a AMLO; por necesidad histórica uno de los dos tendrá que perder, y por lo
que vemos, mientras Krauze Kleinbort se derrite lastimosamente en sus
odios teológicos medievales, AMLO se agiganta cada día más.
No es cuestión de gustos, ni es asunto de partidarismos
facciosos, ni de preferencias teatrales; se trata de corrientes históricas
que marcarán la pauta del siglo XXI: quien se coloque en el lado equivocado;
es decir, del neoliberalismo financiero global en plena agonía, sucumbirá al
unísono de sus ideas dislocadas; quien se ubique del lado triunfante, es
decir, el neo-keynesianismo, el rooseveltianismo y el
neo-nacionalismo tanto político como económico, emergerá como triunfador
inequívoco.
Llamó poderosamente la atención que durante la exitosa
cuan multitudinaria congregación ciudadana en el Zócalo el pasado 18 de
marzo, fecha del 70 aniversario de la nacionalización de PEMEX -donde tuve
la fortuna histórica de haber sido convocado como invitado especial-, AMLO
evocó la simbiosis contextual de la nacionalización del general Lázaro
Cárdenas del Río con la presidencia estadounidense de Roosevelt.
¿Se adelantó AMLO siete meses antes al probable triunfo
de los demócratas en la elección presidencial de EU? No es ningún secreto
enunciar que tanto Hillary Clinton como Barack Obama son proclives a una
mayor regulación financiera, al neo-keynesianismo y a la inspiración del
programa de rescate social de Roosevelt.
Son tiempos de Roosevelt cuando el monetarismo encarnado
por Milton Friedman ha fenecido. Quien no entienda este sencillo epitafio no
podrá gobernar acoplado y en armonía con las nuevas corrientes históricas
que fluyen en el planeta. Y esto lo ha entendido perfectamente AMLO, quien
juega a las corrientes históricas y no a los "corrientes" de la historia.