"Ni presiones ni
chantajes"
La historia de las
relaciones del Partido Acción Nacional con Carlos Salinas de Gortari
-La alianza estratégica- se inició en 1988, primada
por la debilidad de origen del inmoral presidente y la irrefrenable
ambición del grupo dirigente del panismo.
Puesto contra la pared, el huésped de Los Pinos
implantó lo que se conoció entonces como "democracia selectiva" y
con sus oportunistas y pragmáticos aliados pactó el método de las
concertacesiones que se inauguró en Baja California y
creó estado en Guanajuato y San Luis Potosí, en estas dos entidades
atropellando incluso los resultados electorales sancionados por los
órganos de competencia.
Cebados en esas ventajosas pero innobles
prácticas, los dirigentes del PAN, ya jefaturados por Felipe
Calderón Hinojosa, durante el gobierno de Ernesto Zedillo ataron sus
votos en favor de una reforma electoral a la condición de que se les
cediera en la mesa de negociaciones un pequeño municipio poblano,
Huejotzingo, que volvieron causa nacional.
Es obvio que los panistas sometieron a Salinas de
Gortari, urgido de una legitimidad aunque fuera artificial,
capitalizando las secuelas del fraude electoral presidencial y la
urgencia del mandatario de lograr reconocimiento internacional en su
obsesión de competir en las grandes ligas, según rezaba su discurso.
La memoria sirve para replicar el tono que, desde
que era secretario de Gobernación, emplea el ahora presidente del
Senado, Santiago Creel Miranda, para salirse por peteneras cuando la
oposición hace reclamos que no le cuadran. De "presiones y
chantajes" es la muletilla de Creel Miranda desde que, verbigracia,
se planteó el conflicto del desafuero de Andrés Manuel López
Obrador, contexto en el cual atizó la crisis diplomática con Cuba
con acusaciones de injerencismo en la soberanía mexicana, cuyas
supuestas pruebas puso bajo resguardo secreto a largo plazo.
En su carácter de presidente de la Junta de
Coordinación Política senatorial, Creel Miranda habló también de
"presiones y chantajes" al replantearse el asunto de las reformas al
régimen de medios electrónicos, y ahora, desde su estratégica
trinchera, vuelve al intimidatorio estribillo con la cuestión de la
reforma energética.
Vale advertir sobre ese áspero y dictatorial modo
de reaccionar ante posiciones políticas diferentes, porque el petate
del muerto del chantaje fue el recurso más socorrido del PRI
-"peguen pero escuchen", solían exigir los panistas- cuando éste
imponía a toda costa y todo costo sus imperativos designios contra
los que consideraba sus enemigos. Por supuesto, el PAN, que
pretendía entonces el monopolio de la oposición, prometía que, al
llegar al poder, las cosas serían diferentes: Diálogo, negociación y
acuerdos civilizatorios.
En esa época, como definición de la lucha de los
contrarios, era común escuchar en México una sabia máxima de Winston
Churchill: "La oposición gobierna oponiéndose". Así lo hizo el PAN
hasta que, fracturada la hegemonía priista, desde una tercera
posición en su registro electoral asumió el colaboracionismo como
piedra de toque para entenderse con el salinato. Hoy
en el poder, el panismo se olvida de las penurias y humillaciones
por las que pasó como opositor. Ya lo dijo el clásico: El poder
corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.