
1. Los comicios en el Partido de la Revolución
Democrática (PRD) fueron sólo entre sus militantes porque así se aprobó
internamente por delegados nacionales hace algunos meses. La propuesta de
comicios abiertos, para que también los simpatizantes (entre los que López
Obrador cuenta con decenas de miles) voten ese día fue totalmente desechada.
A partir de esa decisión se pensó que el grupo Nueva Izquierda (NI),
encabezado por Jesús Ortega y varios de sus dirigentes, que ocupan los
principales cargos de poder en la estructura perredista, ganaría fácilmente
la presidencia del partido. La realidad es que en tanto a NI le interesa el
control de la directiva y estructura nacional del PRD para usarlas para
negociar, a los lópezobradoristas parece importarles más el contacto directo
con sectores de masas para oponerse a las políticas de Felipe Calderón.
En esos objetivos de grupo se pueden ver enormes diferencias.
2. Si se hubiera aprobado realizar comicios abiertos para
garantizar el voto de decenas de miles de simpatizantes la ventaja de
Alejandro Encina, con el apoyo total de López Obrador, hubiera sido
indiscutible e incuestionable; sin embargo la intervención del PAN, del PRI
y de los medios de información a favor de Jesús Ortega, aprovechando la
coyuntura para derrotar al "peligroso" AMLO, hubiese sido imparable. El
problema es que en México no hubo costumbre de elecciones internas, con
excepciones de algunas que se realizaron en las entidades para escoger
candidatos a gobernador. Pero también éstas, a pesar de las enormes
simulaciones (como las de Yucatán en 1933 y ocho años después) eran
sometidas y decididas desde la Presidencia de la República. Eso que han
llamado democracia del voto individual, se ha impuesto con la fuerza del
Estado o ha causado problemas de ilegitimidad cuando los votos comiciales
están parejos.
3. No se vislumbra ninguna gran escisión que lleve a
conformar un nuevo partido, aunque las dos corrientes del PRD (por la
intensa campaña calumniosa de los medios electrónicos de información)
parezcan irreconciliables. Tanto Ortega como Cárdenas, así como Encinas y
López Obrador, son dirigentes ubicados dentro de la gran corriente de la
socialdemocracia cuyo objetivo es luchar por el poder por la vía electoral y
mediante reformas al interior del sistema capitalista. Son personajes de
centroizquierda que compiten por votos dentro de la estructura electoral
vigente haciendo uso de la legalidad constitucional. Por ese electoralismo
han sido criticados por los sectores de izquierda que impulsan la lucha
social de los trabajadores a partir de sus problemas concretos. Sin embargo
es obvio que dentro de ese socialdemocratismo hay diferencias muy marcadas
en cuanto a las estrategias electorales y las políticas de alianzas: unos
parecen más cerca al PRI y al PAN y otros a los sectores de izquierda.
4. Durante casi setenta años el PRI mexicano "ganó" más
de 20 comicios nacionales (presidenciales e intermedios) sin protestas ni
acusaciones comprobables de fraude porque, a pesar de todas las
triquiñuelas, los partidos "de oposición" (que eran casi inexistentes)
apenas obtenían el cinco por ciento de los votos frente el 95 por ciento del
PRI. Las protestas se registraban en poblaciones pequeñas porque los
candidatos no habían sido los adecuados, pero las protestas no eran entre un
partido u otro. Llegó la población a acostumbrase a aceptar resignada los
resultados electorales, que perdió totalmente el interés por votar. "¿Para
qué votar si siempre gana el PRI?" Esa práctica de alrededor de siete
décadas hizo que México no se educara en la participación política, que no
se interesara en participar para defender sus derechos y que en los procesos
electorales se deje manipular por los espot, haciendo a un lado la
reflexión.
5. Durante esos 70 años el partido de gobierno (PNR/PRM/PRI)
sufrió cuatro grandes escisiones que llevaron a candidaturas presidenciales
de oposición: la que encabezó José Vasconcelos en 1929, la que surgió en
1939 con Juan A. Almazán, la de Enríquez Guzmán de 1952 y la más reciente de
Cuauhtémoc Cárdenas en 1986. Con excepción de la última, que fue la más
peleada porque las diferencias en el número de votos fueron mínimas (que
también hizo surgir al PRD) las tres anteriores no lograron ser una
verdadera competencia electoral frente al monopolio del partido oficial. El
Partido oficial, por lo menos hasta antes1988, "ganó cómodamente" las
elecciones nacionales y casi sin protesta alguna, aunque ya en algunos
estados de la República (por comicios locales por las gubernaturas) habían
surgido fuertes protestas. ¿Por qué las elecciones de Zedillo y Fox no
fueron impugnadas y las de Salinas y Calderón sí?
6. Los dos candidatos en pugna deberían llegar a un
acuerdo político, tal como ya lo escribí. Quizá: 1) Dar igual peso a la
presidencia y a la secretaría general del PRD; 2) Que las coordinaciones
legislativas y las gubernaturas busquen balancear el poder que tienen y 3)
Que la CND también abra sus puertas de dirección a los grupos seguidores de
Ortega. Todo esto será paralelo con el trabajo político de base y las
reflexiones teóricas sobre un nuevo proyecto político. Aunque de manera
inmediata el PRD no cambie, por lo menos se instrumenta una tregua que
permita seguir analizando y discutiendo hasta que las cosas se vean más
claras. Si se continúa con el linchamiento agudizado entre militantes
(sobre todo con la ampliación que están haciendo los medios electrónicos) y
no se unifican fuerzas para ponerles un alto a esos medios bien subsidiados
por el presidente ilegítimo y los empresarios, el PRD perderá mucho en las
próximas elecciones, así como fuerza para defender el petróleo y demás
privatizaciones.
7. Entre la militancia del PAN como en los demás partidos
de derecha (históricamente más preocupados por los negocios económicos
personales que por la política) jamás se discuten los problemas del país
porque los jefes deciden de manera unilateral desde el poder. En la
izquierda, por el contrario, se discute todo porque suelen exagerarse las
desconfianzas, porque la lucha de clases se lleva muchas veces hasta el
absurdo. Viviendo los izquierdistas la permanente amenaza, así como la
intervención de las fuerza de derecha, suelen ver enemigos políticos e
ideológicos por todas partes, sean éstos "aliados de la derecha" o "ultras"
que hacen el trabajo de "provocadores". Ese permanente analizar, discutir,
desconfiar, ha llevado a la izquierda a mil una escisiones de las que se han
aprovechados los partidos de derecha para permanecer durante muchas décadas
en el poder. El PRD debe solucionar sus problemas de manera inmediata para
evitar que las calumnias de los medios continúen. 