La entrada real a Jerusalén.
Tres años de Prédicas y Milagros
Gethsemaní y el Juicio
Murió por la Humanidad.
"Como llegó cerca, viendo la ciudad lloró
sobre ella"
Así condensa el evangelista Lucas el profundo drama de
angustia y sufrimiento de Jesús cuando alcanzó la cima del Monte de los
Olivos y miró hacia el templo y las torres de las murallas de la ciudad de
Jerusalén que resplandecían bajo la luz solar aquel principio de la semana
que tendría como su final el Gólgota.
Entre su llanto y dolor exclamó "¡Jerusalén, Jerusalén"!
¡Oh! Si tu nación favorecida entre todas hubieras conocido el tiempo de tu
visitación y lo que atañe a tu paz".
Cristo vio en Jerusalén el símbolo de un mundo endurecido
en la incredulidad y en la rebelión y vio además las huellas del pecado
incrustadas profundamente en la piel de una raza humana sin rumbo, y
entonces lloró y su corazón se compadeció, con amor infinito, por las
aflicciones y padecimientos que sobrevendrán a los seres humanos que
desprecian y rechazan la gracia de la salvación.
Como ‘rey hebreo’ sobre pollino, como la había predicho
la profecía, Jesús se acercaba aquel domingo de ramos a la ciudad, y fue
cuando los pobres, los humildes, los sinceros de la fé, lo acompañaron,
tendiéndole delante de su paso palmas y mantos al tiempo que expresaban
jubilosos hosannas y proclamaban: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor
¡
Acudía Cristo a su cita con el escarnio, el sufrimiento y
la muerte por los pecados del mundo!
No lejos de la cima queda conmemorada por la pequeña
Capilla "Dominus Flevit", -El Señor Lloró- aquella escena del llanto de
Jesucristo sobre Jerusalén, y desde allí mismo la visión actual que puede
contemplarse por el visitante en esa área que se extiende a través del Valle
del Cedrón, que incluye principalmente el Monte del Templo, del que sólo
existen ruinas restauradas de su muro occidental, a donde acuden a orar los
judíos , y ahora dominando el paisaje la mezquita de Omar o Domo de la Roca,
en donde se afirma estuvieron los cimientos de aquel templo que Jesús
purificó dos veces , al comienzo y al final de su ministerio terrenal.
Muy cerca del Domo de la Roca, se puede apreciar la
mezquita de El Aqsa, que junto con la mezquita de Omar forman parte del
patrimonio espiritual del Islam.
Más allá se puede ver la negra cúpula del Santo Sepulcro,
símbolo de la inmortalidad del Mesías, la moderna torre de la iglesia
luterana de El redentor, por -la Abadìa de la Dormiciòn, y el resto de la
ciudad descansando entre colinas vecinas, y como uno de los foros sacros del
judaísmo la tumba de l profeta Samuel.
Aunque ya han transcurrido más de dos siglos….algo le
queda a la humanidad cristiana de aquel escenario de Jesús!
En las alturas del Monte de los Olivos, modificado y
alterado por la urbanización y sobre todo por los caprichos humanos, hay
todavía evidencias del paso de los siglos, como las antiguas tumbas de los
jebusitas que tiene el sello del escarabajo del faraón egipcio Tutmosis III
que reinó un milenio antes de la Era Cristiana; algunas tumbas que se
atribuyen a la época de Cristo; restos de una iglesia y de un convento
bizantinos, y también una moderna capilla erigida sobre las ruinas con la
clásica arquitectura eclesiástica italiana , cuyas ventanales forjadas en
hierro retrotraen a la mente el misterio de la fe cristiana.
Allí están sendas representaciones de la copa y de la
corona de espinas….
Jesús debió entonces haber tomado el antiguo camino
romano que llevaba de Jericó a Jerusalén, cruzando el Monte de los Olivos,
para después acceder al área del Templo, entrando por la Puerta Dorada, la
que en tiempos antiguos estaba reservada a los sacerdotes. Se afirma que el
sultán Suleimán fue el que ordenó que fuese clausurada esa puerta de modo
que nadie pudiera cruzarla….hasta el retorno de Cristo.
¡El Mesías no lloró por si mismo! Sabía que iría a
Gethsemanì. Allí estaba la puerta de Las ovejas del templo, por la que
durante siglos y siglos habían cruzado las víctimas de los sacrificios, la
misma puerta que muy pronto iba a abrirse también para él, como el "cordero
pascual" enviado por Dios mismo.
Era el tiempo de Pascua cuando entraba a Jerusalén, y
allí ya se habían congregado procedentes de todas las regiones judaicas los
hijos de Jacob que habían hallado acomodo adentro y a extramuros de la
ciudad, ocupando innumerables tiendas de acampar esparcidas en las laderas,
y aún entre los viñedos y jardines circundantes, todos ellos con el ánimo de
rememorar la tradicional festividad por el éxodo de Egipto.
Diariamente en el curso de esa última semana Jesús estuvo
subiendo a Jerusalén desde su refugio natural en el Monte de los Olivos,
para proclamar su mensaje de amor; pero la gente no alcanzó a entender la
naturaleza invocadora de ese Príncipe de Paz, que ofrecía la salvación con
humildad y ternura, montando como rey judío el profetizado uso del pollino,
y no con los gritos de batalla que esperaban las mayorías para acabar con el
dominio de sus opresores romanos.

Por eso el evangelista Lucas, subrayó "No conociste el
tiempo de tu visitación".
Durante tres años, el Señor de la Luz y de la Gloria
estuvo yendo y viniendo entre su pueblo, dice la teóloga y profetiza White.
Anduvo proclamando la salvación del espíritu humano por la fe y sanando a
todos los oprimidos por Satanás.
"Curó a los de corazón quebrantado; puso en libertad a
los cautivos del mal, dio la vista a los ciegos, hizo caminar a los cojos y
paralíticos; los sordos volvieron a oír los sonidos; los leprosos quedaron
limpios de sus llagas y de sus sufrimientos corporales, resucito a varios
muertos, entre ellos el hijo de la viuda de Naín, asì como a la hija de
Jairo y el más notorio caso como fue el de Lázaro de Betania , y anunció a
todos el evangelio del reino de Dios, llamando al arrepentimiento del pecado
y a la prosecución de la vida eterna como regalo del cielo.
A todas las clases sociales de entonces, se afirma, llegó
la voz de Cristo, por medios y circunstancias diferentes, y nadie que estuvo
cerca de su ministerio espiritual quedó exento de su gracia, y cumplió su
llamado "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os
haré descansar", como lo registra el apóstol en Mateo 11:28.
Cristo hizo del Templo y su área de influencia el
escenario de sus prédicas y milagros en los últimos días antes de su
aprehensión, juicio injusto y condenación a morir en la cruz. Sus enemigos,
los sacerdotes, escribas y ancianos junto con el Sumo Pontífice Caifás,
habían ya fraguado un plan para capturarlo y acallarlo, evitando grandes
disturbios, y auxiliados como es de suponerse por Judas, quien ya actuaba
como espía interno y delator de los movimientos de su Maestro.
Es interesante advertir que en esa etapa postrera de su
ministerio, Cristo deseaba llamar la atención de todos los que lo rodeaban
hacia el sacrificio suyo que habría de culminar con su misión a favor de un
mundo caído. Por eso permitió que al principio lo exaltaran como rey de
Israel cuando entró en la ciudad el primer día de la semana de Pascua; pues
era a su vez el verdadero cordero pascual que quita el pecado del mundo.
Todos sus actos teñían ya un significado profético. La
maldición de la higuera frondosa pero engañosa sin frutos y la purificación
por segunda vez del Templo. Lo había limpiado de mercaderes y cambiadores de
monedas al principio de su ministerio, y ahora lo hacia de nuevo al final de
lo vida. Y les dijo, al tiempo que su poder los impulsaba a huir."Quitad
esto de aquí. Escrito está "Mi Casa. Casa de oración será llamada; más
vosotros cueva de ladrones la habéis hecho". Al alejarse del Templo Jesús se
encontró con una multitud que traía sus enfermos.
Todos los dichos y hechos de Cristo eran importantes y
significativos en esas circunstancias finales y su influencia habría de
sentirse con intensidad creciente e iría en aumento después de su
crucifixión y ascensión al cielo, como lo relata la Biblia en su parte del
Nuevo Testamento.
Jesús cuya fè estaba firmemente arraigada en la tradición
religiosa de su pueblo, celebró un verdadero "Seder", la cena pascual,
Última Cena de la tradición latina, pero dándole un nuevo significado, según
lo enfatizaron los evangelistas en sus escritos testimoniales al trazar la
personalidad del Maestro de Galilea.
Hoy en dìa se identifica en Jerusalén, como el sitio de
la Última Cena, una construcción estilo gótico de los franciscanos del siglo
X1V, un lugar en el que los primeros cristianos solían reunirse antes del
Pentecostés, que selló el derramamiento del Espíritu Santo sobre ellos.
"Aquel es a quien yo diere el pan mojado" Y mojando el
pan diólo a Judas Iscariote", subrayo el discípulo amado, (Juan 13:21 al 26)
Conforme a una vieja costumbre oriental, el jefe de
familia ofrecía el primer bocado a uno de los presentes, como símbolo de una
relación especial. Lo lamentable ahora es que ese gesto del Cenáculo sobre
el Monte Siòn, marcaba de manera definitiva la división de Jesús con
respecto del que lo entregaría, quien enseguida abandonó la mesa y salió a
cumplir su fatal destino.
La celebración había sido transformada por el hecho de
que Jesús ofrecía esta vez su cuerpo espiritual a sus discípulos, y así la
celebración del "Séder" inmortalizada por Da Vinci, iba a adquirir un
significado más profundo a través de la eterna presencia de Cristo en ese
ritual.
En una de las controversias finales, sacerdotes,
gobernantes y los fariseos en particular le preguntan al Maestro: ¿"Nos es
lícito dar tributo a César o No?. Ellos pretendían inculparlo de alguna
manera, pero tras de mirar la moneda y la efigie de la misma, la respuesta
de Jesús fue:
"Dad a Cesar lo que es de César ; y lo que es de Dios a
Dios, lo que sentó la tesis que define para el Cristianismo su relación con
los poderes del mundo, y la doctrina de separación de la Iglesia y el
Estado, que muchos gobernantes y políticos han tratado de desvirtuar en el
curso de la historia humana.
Ya Jesús había expresado a sus discípulos la parábola de
la –vid Verdadera y había también reafirmado su promesa: "Pedid todo lo que
quisiereis, y os será hecho, (Juan 15: 1 al 7).
Después de rezar a su Padre en el cielo, Jesús se levantó
de la mesa y se dirigió a Gethsemaní. Había allí entonces una prensa de
aceite y se cree que tal vez era propiedad de algún discípulo a de algún
amigo de la causa.
Desde el ángulo de la apreciación judaica esa noche era
la del "Leil Shimurim", "La Noche de los Guardianes"; una noche atrás en el
tiempo en que Dios había salvado en forma decisiva al pueblo israelita de la
muerte.
Jesucristo condujo a un lugar aparte a Pedro, Jacono y
Juan y les pidiò que montasen guardia mientras él oraba. Se arrodilló e
invocó a Dios, sometiéndose a su voluntad y expresó como lo consigna Marcos
¨"Empero no lo que yo quiero, sino lo que tú".
La agonía de Cristo en el huerto de Gethsemaní, fue
terrible para su cuerpo y su alma: "Padre Mío si es posible pase de mi esta
copa ". Estaba viendo el señor Jesús el precio de la redención humana, y
afirman algunos teólogos que el mismo cielo se cimbró de expectación por lo
que sobrevendría al Hijo de Dios.
Reprende levemente a Pedro, Jacobo y Juan por no velar; pero a la vez les
insiste en la gran fuerza de la oración: Velad y orad para que no entréis en
tentación", un mensaje que sigue siendo vigente en la cristiandad actual.

