
No es precisamente el ámbito deportivo lo que me
caracteriza. Poco o nada escribo sobre el particular. No obstante, es
indignante que a la Universidad Nacional Autónoma de México se le
identifique con un grupo de pandilleros, quienes de manera corrupta y
carente de amor, "practican" el fútbol profesional utilizando las siglas,
colores y escudo de la máxima casa de estudios del país.
Cuando el doctor Ignacio Chávez fue rector, la escuadra
auriazul ascendió de segunda a primera división; primeramente, el destacado
cardiólogo se opuso a que el equipo fuera profesional; argumentó que la
universidad exclusivamente debería promover el deporte amateur, sin embargo,
hubo voces que lo convencieron, reconozco, una de ellas fue la mía, al ser
Consejero Universitario y Miembro de la Comisión de Vigilancia
Administrativa de ese órgano; junto con otros colegas, le manifestamos nos
sentíamos honrados de triunfar en la segunda división, donde había poderosos
clubes con altísimo presupuesto. Tal era el caso, allá en los 60´s, del Poza
Rica.
Ya en el máximo circuito del balompié azteca, el conjunto
de los pumas tuvo sinnúmero de vicisitudes, al grado de casi volver a
descender, pero gracias a un famoso jugador, "Carlitos" Peters, ello no
sucedió.
El equipo pumas tuvo un esplendor formidable, en
particular, cuando en su administración estuvo el C.P. Israel Garrido Payán,
quien primero como contralor y después como tesorero, consiguió no sólo
excelentes resultados financieros a favor de los pumas, sino la proyección
internacional de éstos; en materia mercantil ,por ejemplo, compró con pocos
pesos a atletas como Evanivaldo Castro "Cabinho" y Spencer Cohelo, a quienes
después vendió en diez veces su precio original; además, becó a diversidad
de elementos como Leonardo Cuellar y Hugo Sánchez, quienes también al
traspasarlos a otros equipos dejaron excelentes dividendos a la UNAM,
logrando renombre allende nuestras fronteras. La selección nacional mexicana
también se beneficio enormemente, la cantera puma se convirtió en su
principal semillero.
Fueron tiempos de victorias y campeonatos, cuando el
deporte de las patadas se intensificó en la UNAM, el mayor orgullo lo
representaba que casi en su totalidad los integrantes de los pumas cursaban
alguna carrera en su campus, se identificaba la enseñanza con el fútbol; fue
tal el éxito del equipo pumas, conformado por estudiantes, que no hubo
oncena de primera división sin al menos un jugador proveniente de las filas
azul y oro. Ahí estuvieron Mario Velarde, Enrique Borja, el "Calaca"
González, Aarón Padilla, el "Gonini" Vázquez Ayala, en fin, toda una gama de
elementos que peleaban a muerte por su Institución.
¡Qué pena! De la actual plantilla escasamente sólo dos de
sus integrantes son estudiantes universitarios, los demás son verdaderos
mercenarios; hay tres argentinos, un brasileño y un paraguayo, quienes con
el resto del plantel de mexicanos no estudian en la UNAM. Mención aparte
merece quien funge como director técnico, un brasileño amante de los
comentarios soeces; sobra decir, la falta de orgullo por la camiseta es
palpable, esos extranjeros, que no por serlo merecen desprecio. Sin embargo,
nos preguntamos: ¿Qué amor pueden tener por nuestros colores? Si jamás han
conocido sus aulas, bibliotecas y campus universitario en general.
Raya en lo ridículo observar en cada inicio de partido en
el estadio México 68, a los mercenarios con el puño en alto entonando el
himno de la UNAM, el cual sólo balbucean pues no se lo saben, mucho menos lo
sienten; desde ahí se les nota la apatía, la cual reflejan posteriormente en
todo su esplendor durante los noventa minutos del cotejo.
Lo que resulta lamentable, es ver en el palco a los
dirigentes de la UNAM con camiseta y chamarra puma, mientras con alaridos
observan a los gatitos perder sistemáticamente, caer en el fracaso y la
vergüenza.
La universidad es más que una caterva de mercachifles
futboleros, debe retomarse el viejo camino, en el sentido de promover el
deporte en el alumnado, que como en antaño, el equipo nuevamente sea
esencialmente de estudiantes, será entonces cuando aplaudiremos a quienes
manejan la UNAM, sólo entonces valdrá la pena ver se desgañiten por quienes
entregan cuerpo y alma en las canchas de fútbol, tal como sucedía hace años. 
