Por refrendo del presidente designado
corren, a cargo de Rafael Tovar y de Teresa, las amonestaciones para
"festejar" en 2010 el II Centenario de la Independencia de México. Los
patriotas suelen celebrar este suceso desde el siglo XIX, basados en el
inicio del movimiento de Insurgencia desencadenado por el cura don Miguel
Hidalgo y Costilla el 15 de septiembre de 1810. Pero hay una remolona
tendencia histórica que, desde 1838 hasta nuestros días, pretende tercamente
que la fecha conmemorativa debe ser el 27 de septiembre -natalicio de
Agustín de Iturbide-, pues en esa fecha de 1821 hizo su entrada triunfal a
la Ciudad de México el Ejército Trigarante. ¿Por qué no, el 14 de julio de
1808, en que llegaron desde Madrid las gacetas que informaron sobre la
humillante renuncia en pleno de la familia real, después de los motines de
Aranjuez y los tumultos madrileños, cediendo la corona española a Napoleón?
¿Por qué no el 14 de septiembre del mismo año, en que el hacendado español
Gabriel J. de Yermo decidió tomar por asalto el palacio virreinal en la
capital, o el 21 de diciembre, fecha establecida por los conjurados de
Valladolid (Morelia) para hacerse de la Intendencia de esa ciudad? Podría
ser, si se quiere, el 28 de diciembre de 1836, en que la infanta María
Cristina, en nombre de Fernando VII, terció entre José María Calatrava y
Miguel Santa María para -mediante el Tratado de Madrid- finalmente
reconocer la Independencia de los mexicanos, con base en "la identidad de
origen y de recíprocas ideas", allanando el acuerdo definitivo "de paz y
amistad sincera". En fin, en filias, fechas y protagonistas se fecundan las
preferencias. Lo cierto es que -con todo y la condenación del Tribunal de la
Inquisición-, gracias a Francisco Primo (de) Verdad, Juan Francisco Azcárate
y Melchor de Talamantes, la fresca semilla de la soberanía popular
empezaba a aclimatarse en México desde el verano de 1808 y, convertida en
mies, así fuera en mero concepto doctrinario, la dispersaba en la ardiente
pradera colonial el generalísimo José María Morelos y Pavón. Es hora que en
los silos de la República no se aloja aún aquel anhelado fruto.

"El camino es siempre mejor que la posada"
Miguel de Cervantes Saavedra
El "milagro" que nunca fue
Con cargo al Banco de México -esto es, a los
contribuyentes-, durante las primeras semanas de 2008 Guillermo Ortiz
Martínez atosigó a los compatriotas con un cruel spot en el que una
heroica mexicana daba cuenta de las múltiples y humillantes faenas que le
impone su patrón para, finalmente, conminarla a cuidar un billete de veinte
pesos, su emolumento, al que desde hace quince años se le quitaron tres
ceros y recientemente se le borró la paradójicamente republicana águila
imperial, no fuera a ser que Andrés Manuel López Obrador utilizara ese
papel, despojado de todo poder adquisitivo, para seguirse ostentando como
Presidente legítimo. Los billetes mexicanos cuestan más de lo que valen,
y no por azar de la fatalidad, sino de la perversidad.
Retrospectiva: En septiembre de 1995, Harry Hurt III
publicó en Fortune, bajo el título Es hora de ser realista
acerca de México, un análisis de la situación nacional. En el otoño de
1994, recuerda, todo México estaba en plena alarma y la crisis de confianza
que contribuyó a generar el colapso económico ya estaba plenamente en
evidencia. Carlos Salinas de Gortari, candidateado por Bill Clinton a la
presidencia de la Organización Mundial de Comercio, no estaba muy dispuesto
a exponer al mundo la realidad de que su "milagro económico" era realmente
una aldea tipo Potemkin: "La economía mexicana ha quedado
devastada. En la Ciudad de México, en un tiempo joya del milagro económico
de Salinas, los asaltos a mano armada y robos de autos son hechos cotidianos
(...) Incluso en el relativamente próspero Monterrey, cuya comunidad
empresarial está mucho más libre de la corrupción endémica que pervade a la
capital, miles de pequeños negocios están al borde de la quiebra y
manifestantes de clase media están tomando las calles para resistir el
embarco de sus hogares".
Un mes antes (Los inversionistas mexicanos impulsaron
la caída del peso, dice informe del FMI), The Washington Post
publicó una entrega de Clay Chandler en la que éste revela que los
inversionistas mexicanos, "no los extranjeros", precipitaron el
espectacular desplome del peso a finales del año pasado, al llevar a cabo
una retirada abrumadora, de último minuto, de su propia moneda, según un
informe del Fondo Monetario Internacional. Al subrayar el papel de la fuga
de capital interno en el desplome del peso, el FMI señala que las ventas
netas de acciones y bonos mexicanos por parte de inversionistas mexicanos
se incrementaron radicalmente en las dos semanas previas al 20 de diciembre
(de 1994), cuando los funcionarios mexicanos abandonaron abruptamente su
largamente sostenida promesa de defender el valor del peso con relación al
dólar.
Concluye el informe: "Los datos disponibles muestran que
la presión sobre las reservas mexicanas de divisas extranjeras durante 1994,
y en particular justamente antes de la devaluación, provinieron no de la
huida de inversionistas extranjeros o por la toma de posiciones
especulativas de éstos, sino por parte de residentes mexicanos". Las ventas
netas de acciones y bonos nacionales quizá haya ascendido en diciembre a un
total de cerca de cuatro mil 700 millones de dólares, lo que significa más
de dos terceras partes de los seis mil 700 millones de dólares,
que fue la declinación de la reserva de divisas. En 1995, el director
administrativo del FMI, Michel Camdessus "se enzarzó en un acalorado debate
con autoridades financieras con varias importantes capitales europeas
exhortó a que el FMI reforzara el esfuerzo de la administración Clinton para
reunir un paquete de rescate financiero de México por 50 mil millones de
dólares, aportando 17 mil 800 millones de dólares". The New York
Times confirmó aquél reporte.

El embargo del petróleo
En abril 2 de 1995, el propio secretario del Tesoro del
gobierno de Clinton, Robert Rubin firmó una colaboración para El País
en la que confiesa que Clinton actuó para evitar una crisis. "Sólo hubo un
criterio para actuar: La protección de los intereses de los Estados
Unidos". Rubin aseguró que la totalidad del auxilio estadunidense se
ocupará sólo en pago de deuda del sector público. "Cobraremos a México unos
tipos de interés y comisiones sustancialmente mayores que el nivel de
riesgo que asumiremos".
Hemos dejado claro, añadió Rubin, que estábamos
dispuestos a apoyar a México, pero sólo si existían garantías de que nos
devolverían el dinero. "Tenemos un medio de devolución garantizado
gracias al petróleo. Pemex ha dado instrucciones a sus clientes en el
extranjero para que efectúen los pagos a través del Banco de la Reserva
Federal en Nueva York". A confesión de parte… relevo de pruebas.
Pero pruebas abundan: Una de las lacayas rendiciones del
presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, fue la condición de que cada
retiro de la disponibilidad autorizada por Washington pasara por la
aprobación de la Tesorería de los Estados Unidos y el gobierno tuvo que
comprobar ante el Departamento del Tesoro que cada dólar se destinó a
redimir vencimientos de bonos de deuda, aunque la Casa Blanca no cedió a la
exigencia de El Capitolio de que se revelara la identidad de personas
físicas o morales que se beneficiaron con el paquete financiero.
Tales fueron las monstruosas consecuencias del
prefabricado error de diciembre de 1994. Prefabricado, porque
en la devastadora crisis no operó la "mano invisible" del mercado, sino las
manos sucias no sólo de los especuladores: También la de los funcionarios
mexicanos.
El 5 de abril se cumplirán trece años de que Mark Fineman
escribió en Los Ángeles Times (México paga a los poseedores
de Tesobonos) una putrefacta historia que nunca ha sido desmentida en
México, en la que se afirma que funcionarios de ambos países insisten en que
la redención de los bonos fue el mejor uso que se le pudo dar a los fondos
iniciales. En Jerusalén, en un seminario económico internacional, el
secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz Martínez prometió que el gobierno
cubriría todos los bonos y las deudas pendientes, pero "hasta fines de marzo
México todavía adeudaba 16 mil millones de dólares por tesobonos que se
vencerán en los próximos meses, además de 100 mil millones de dólares de
otros denominados en pesos y dólares, próximos a vencerse".
Ortiz Martínez en la maquinación
El Blues de Wall Street, o cómo los banqueros de
inversión arruinaron a México, tituló The New Republic
(19-III-1995) una investigación de Douglas W. Payne, en la que
éste remite a sus lectores la percepción de que la prensa financiera recogen
de los mismos nombres sus opiniones sobre la crisis mexicana: "También habrá
notado que estos personajes no son exactamente neutrales. Son ‘analistas’,
estrategas o funcionarios de bancos de inversiones o corredores que también
son los protagonistas principales en los mercados globales emergentes:
Goldman, Sachs; Merril Lynch, Fidelity Investment, Bear Stearns (el
banco que recientemente se declaró en quiebra. NR), Salomón Brothers, J.P.
Morgan y otros". Payne retoma un artículo publicado en The Wall
Street Journal escrito por Craig Torres y Thomas T. Vogel Jr.
quienes revelaron que un número indeterminado de instituciones de Wall
Street, particularmente las empresas de fondos mutualistas, influyeron en
las desastrosas políticas económicas en un grado más alto que el que ahora
quieren admitir".
La combinación de datos de esos tres autores nos enteran
de lo siguiente, con la acotación de que gobernaba México el fraudulento
presidente Salinas de Gortari, "legitimado" por el Partido Acción Nacional
(PAN):
Lo que México ha hecho mal: política fiscal y monetaria
relajadas; un creciente déficit en la cuenta corriente (demasiadas
importaciones y no suficientes exportaciones para pagar por ellas),
políticas de año electoral. "Pero todo regresaba siempre a los famosos
tesobonos a corto plazo denominados en dólares que fueron utilizados para
financiar deuda mexicana a largo plazo".
El PRI enfrentaba su más ardua campaña política de su
historia. "No podía permitirse el lujo de alternaciones económicas. Ya en
ese entonces estaba incrementando los subsidios y los gastos de campaña, al
tiempo que expandía el crédito interno para el impulso artificial a la
estancada economía. Devaluar el sobrevaluado peso hubiera equivalido a un
suicidio político.
El escenario era tripulado por el Weston Forum,
gran sindicato de las firmas arriba citadas, capitaneado por John Liegey: el
19 de abril de 1994 (esto es, antes de las elecciones y poco más del
cambio presidencial), ese clan determinó no comprar suficientes Certificados
de Tesorería (Cetes) en pesos para remplazar a los que estaban madurando,
lo que provocó una brusca elevación de las tasas de interés mexicanas y un
desplome en la Bolsa Mexicana de Valores.
"El gobierno mexicano entendió el mensaje. Poco después
de la reunión con Guillermo Ortiz Martínez, México emitió tesobonos a
plazos más largos, como había pedido el Weston Forum, y redujo el
número de subastas de Cetes. En menos de dos meses los inversionistas
extranjeros inyectaron unos dos mil 500 millones de dólares en tesobonos
asegurados contra la devaluación, de los cuales la mitad provenía de los
miembros del WF.
El Journal of Comerse del 31 de enero
(1995), con crédito a Kevin G. Hall escribió que "la sobredendencia en los
tesobonos es lo que ahora está en el centro de la crisis económica
mexicana, porque unos 29 mil millones de dólares de instrumentos de deuda
madurarán este año".
En palabras de Payne, "la cuestión de la responsabilidad
fiduciaria de la conducta del Weston Group y otros inversionistas
debe resolverse. Al parecer estuvieron dispuestos a tomar enormes sumas de
dinero pertenecientes a clientes que quizá no estaban plenamente concientes
de lo que estaba en juego, y utilizar esas sumas no sólo para apostar a los
mercados emergentes, sino para presionar a gobiernos a fin de que
adoptaran políticas potencialmente desastrosas, sólo porque esas políticas
maximizaran las utilidades a corto plazo".
En suma, Weston Group había organizado en abril
(1994) un complot para presionar al gobierno mexicano. Sus acciones explican
en una gran parte por qué el gobierno mexicano adoptó políticas que llevaron
a la crisis y a la estrepitosa caída del peso. John Liegey arregló dos
reuniones con funcionarios mexicanos del banco central y con el entonces
subsecretario de Hacienda Guillermo Ortiz Martínez. Esas reuniones
ocurrieron el 8 y 20 de abril de 1994. Ahí parió la leona.

¿Cuál "error" de diciembre, entonces? Esa es la vera
historia de cómo se incubó criminalmente el Fondo Bancario de Protección al
Ahorro (Fobaproa), ahora Instituto Bancario de Protección al Ahorro (IPAB),
cuya descomunal corrupción hipotecó por siglos el patrimonio de los
mexicanos, dejando en minúscula porción los 70 mil millones de dólares que,
según dijo Zedillo Ponce de León, fue el costo de la debacle sólo en
1994-1995. Desde la conversión del Fobaproa en IPAB, los agentes de la
tecnoburocracia, entre ellos Ortiz Martínez, han pujado para que el Congreso
de la Unión apruebe el reconocimiento de la deuda llamada contingente en
deuda pública. El Congreso se ha hecho como que se resiste, pero cada
año la Cámara de Diputados aprueba en el Presupuesto de Egresos castiga
partidas, por ejemplo de la política social, para el servicio de dicha
deuda.
Un Nerón se anida en el vientre patrio
Un informe de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público
correspondiente a 2007 reconoce que, a diciembre, sólo la deuda bruta del
gobierno federal alcanzaba el estratosférico monto de dos billones
355 mil millones de pesos. Desagregado, 80.5 por ciento es deuda interna
y 19.5 por ciento externa. La suma equivale a 22.6 por ciento del Producto
Interno Bruto (PIB), que según el complaciente Instituto Nacional de
Estadística, Geografía e Informática es de 863 mil millones de dólares. Esa
correlación entre deuda interna y externa, sin embargo, es un tanto
tramposa. El ex secretario de Hacienda de Vicente Fox (¿Dónde quedaron los
600 mil millones de dólares de ingresos petroleros?), Francisco Gil Díaz,
fiel a la vocación tracalera de su jefe, jugó artes de birlibirloque para
transferir débito externo al interno. Traslados en libros nada más,
Con datos de 2007 y lo que va de 2008, especialistas
financieros calculan que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, sin
esclarecer a cabalidad el destino de la jugosa renta petrolera, ha disparado
el monto de la deuda pública a un ritmo de 900 millones de pesos diarios.
Si el dato merece subrayarse, lo merece porque, para graduarse en la Escuela
Libre de Derecho, Calderón Hinojosa sustentó su tesis bajo el título de
Inconstitucionalidad de la deuda pública externa mexicana 1982-1986.
Tiempos aquellos del PRI, un michoacano ayer incendiario hoy se olvida que
existe el oficio de bombero. En su momento de crisis, no sólo económica y
política, sino emocional, en 1982 José López Portillo instruyó a su
secretario de Hacienda frente al chantaje de la Casa Blanca y Wall Street:
Adviérteles, si porfían, dejaremos que ¡Arda Roma! Hoy, por simple
omisión, si no es que por comisión, parece que México está empollando su
propio Nerón.
De Juárez, el verbo; no el patriotismo
El pasado 21 de marzo, sitiado previamente Palacio
Nacional, el presidente designado -que como Vicente Fox ignoró
la existencia de Guelatao- quiso oficiar como un Juárez sin levita,
prodigando loas al Benemérito de las Américas, fusilándoselas de los textos
de don Andrés Henestrosa, pero no se comprometió a restaurar La República
aunque hiciera obligada cita a la hazaña del irrepetible Indio
Oaxaqueño.
A regañadientes, y con el madrileño secretario de
Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, a sus flancos, Calderón hizo
referencia a la Constitución de 1857, que la generación de la Reforma
concibió, dijo el ilustre orador, buscando la conformación de un Estado
moderno.
Pero el autor de la Inconstitucionalidad de la
deuda pública externa mexicana tuvo un pequeño olvido: Desde 1821
hasta 1861, el México fluctuante pasó por 75 levantamientos, motines,
confabulaciones, guerras intestinas, actos de sabotaje y agresiones y
guerras extranjeras que dejaron las arcas nacionales exhaustas y bajo el
acoso incesante y amenazador de los acreedores extranjeros. El 17 de julio
de 1861, la capacidad de resistencia contra el chantaje económico llegó a su
límite y colmó la paciencia del Patricio que, a decir de Calderón Hinojosa,
fue uno de los fundadores del México de leyes e instituciones: Ese
día, Juárez declaró la suspensión al pago de la deuda reclamada por el
filibusterismo europeo, acumulada como resultado de mañosas
especulaciones y el agiotaje.
Según el boletín de la Presidencia de la República, el 21
de marzo Calderón Hinojosa, en ocho palabras, hizo alusión a la invasión del
imperio de Napoleón III, frente al cual Juárez defendió el interés
nacional. Cuanta integridad intelectual y política en la lectura de
nuestra historia. ¿Qué incitó la aventura napoleónica? La súbdita vocación
del Partido Conservador (abuelo del PAN) de vivir al amparo de las testas
coronadas. ¿No fue acaso la Junta de Notables -clero, mílites, hacendados,
agiotistas, comerciantes, etcétera- la que invitó y recibió bajo palio a
Maximiliano? ¿No han sido los apátridas decimonónicos los prototipos de
héroe que añora todavía la antipatria? ¿No son los yunquetos
-los polkos de ahora- los que no perdonan al Indio de Guelatao
el martirologio del Cerro de las Campanas?
Ahora mismo, los que usurpan los mandos de la República
traman la manipulación de la psicología de las masas pretendiendo implantar
la idea de la monarquía.

Morelos: el siervo de la Nación. |

Hidalgo: ¡Mueran los gachupines! |
Bajo el síndrome de don Agustín I
Desde que, en la década de los sesenta del siglo pasado,
segmentos panistas pusieron al partido en crisis, tratando de forzar su
afiliación a la Democracia Cristiana internacional, la madrina más amorosa
fue hasta hace unos años la alemana Fundación Konrad Adenauer, cuyo agente
más activo en México fue Carlos Castillo Peraza, mentor de Calderón
Hinojosa. Pues bien, a fines de marzo se difundió en México el Índice de
Desarrollo Democrático de América Latina 2007 (IID-Lat-2007) que elabora
aquella institución europea. En un apartado titulado Presidencialismo y
desvanecimiento de los parlamentos, el documento sostiene que México ha
caído al sexto lugar entre los países de la región, a causa de retrocesos y
estancamientos en el respeto a los derechos políticos y las libertades
civiles. Muy poco ha hecho el gobierno, asegura. para elevar la calidad de
la convivencia entre los mexicanos y la eficiencia política. Se observan
tendencias hacia la anormalidad democrática.
Entre los factores analizados por la Adenauer, apunta que
la intromisión de Vicente Fox en la sucesión presidencial de 2006 violó las
reglas diseñadas "para apuntalar la naciente normalidad democrática en
México". Los ataques de Fox a Andrés Maule López Obrador, sugiere, fueron
para beneficiar al candidato de su partido (el PAN), con lo cual el ex
presidente obligó al sistema a dar pasos hacia atrás al descomponer el
ambiente electoral. Sus bolas de nieve se volvieron aludes".
La fundación alemana coincide que el Latinobarómetro
circulante en México desde principios de año, en que se afirma que la
confianza de los mexicanos en la democracia cayó diez puntos (de 41 a 31 en
escala de 100) y reconoce las bajas calificaciones asignadas al
presidente designado y los partidos políticos (sólo 24 por ciento
cree que éstos sirven al pueblo.)
Esas percepciones pudieran reorientarse, si no fuera
porque el vandalismo que señorea sobre la revisión del régimen electoral
como parte de la Reforma del Estado, se está compadreando con los
nostálgicos deleites discursivos en el seno del gobierno y su partido en
tono a la aspiración monárquica, precisamente cuando el ex jefe del gobierno
español, José María Aznar López ha sentado sus reales en México y, con
Vicente Fox, pretende reconquistar América para España, haciéndose eco del ¿Por
qué no te callas? que recientemente el rey Juan Carlos le asestó en
Chile al presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
No vemos moros con tranchete: Vemos exquisitos y frágiles
madrileños que sueñan ya con ser investidos en 2012, no con la banda
presidencial, sino con capa, corona y cetro, que las pelucas empolvadas han
pasado de moda.
Así lo prefigura ante ojos maliciosos de nuestros
ladinoamericanos, la militarizada presentación de Juan Camilo Mouriño
Terrazo en los altos de las montañas del estado de Guerrero, el pasado 24 de
febrero Día de la Bandera Nacional. Guerrero se denomina
constitucionalmente así en tributo a don Vicente, el gran combatiente en
la Insurgencia en pos de un México independiente. Pero a lo que llegaron el
presidente designado y su secretario de Gobernación a Guerrero
fue a rendirle pleitesía a Agustín de Iturbide, ídolo de la ultraderecha
contemporánea, y su Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821 con
la anuencia de Vicente Guerrero. Ahí se inauguró el lábaro (con su águila
imperial con su cabeza rigurosamente coronada), como símbolo de las Tres
garantías y sus tres colores (ahora el panista Juan de Dios Castro
Lozano le ve cuatro, incluyendo el azul de su partido): Blanco, la pureza
de la religión; el encarnado: la nación española y el verde: "la
independencia".
Orador único en aquel conclave montañés, el madrileño
Mouriño Terrazo dijo que "el lábaro patrio" es esencialmente el mismo que el
de De Iturbide, aunque ha sufrido "pequeños" cambios", entre ellos el águila
coronada, símbolo de la monarquía, para dejarla sin corona, "símbolo de la
República". Je je je. Por supuesto, ondeando figuradamente el paño, cuyo
"blanco central" encarna ahora la unidad nacional, convocó al diálogo a
todos los mexicanos y a la clase política a reflexionar en torno al país
"que queremos seguir construyendo".

También los Tratados de Córdoba
El asunto no se detiene ahí, sin embargo. El veracruzano
senador panista Juan Bueno Torio, a la cabeza de un grupo de
correligionarios, quiso arrancarle al Senado de la Republica la aprobación
de una iniciativa por la que se instituiría el 24 de agosto de 1821 como
fecha histórica en el santoral republicano, fecha esa en que De Iturbide
firmó con el virrey Juan O’Donojú, los Tratados de Córdoba.
Dicho sea de paso, Bueno Torio fue gerente de Pemex
Refinación durante el foxiato. En su tierra aseguran que
desde ese cargo favoreció con contratos y concesiones a familiares, amigos y
personajes cercanos a Vicente Fox. El Registro Público de la Propiedad en
Veracruz le atribuye, con parientes, la calidad de dueño de 27 empresas y 33
predios entre residenciales y rústicos. Él es patriota que demanda la
reivindicación de los Tratados de Córdova. Hacerlo, dijo, es reconocer el
acuerdo que permitió que pacíficamente, se diera la Independencia de
México. Con ellos "se sofocó la resistencia de las autoridades realistas de
la Ciudad de México, permitiendo la pacífica y concertada entrega del mando
por parte de O’Donojú a las autoridades nacionales, dando paso a la
entrada triunfal del Ejército Trigarante el 27 de septiembre (día del
natalicio de don Agustín. NR). La propuesta fue rechazada con 57 votos
contra 22, entre ellos los de 14 panistas. Tope en lo cual, el resultado no
exorciza la intencionalidad.
Es obvio que Calderón Hinojosa (oriundo de Morelia, la
antigua Valladolid, donde en 1783 nació Agustín de Iturbide) no es ajeno a
ese propósito de reivindicaciones monárquicas. Sería funesto para su mandato
que sus propios correligionarios marcharan por la libre por esos agrestes
carriles, cuando de por sí sus adversarios políticos no le dan tregua en su
urgencia de legitimar su Presidencia imperial. ¿O él mismo aspira a
mudar su indumentaria militar por las prendas y aderezos fernandistas
o carlistas? Graves tentaciones guajiras.