Se avecinan tiempos difíciles para el destino de México,
que puede perder su viabilidad como país libre, independiente y soberano en
caso de que el decadente calderonismo -la fase terminal del
cataclísmico neoliberalismo "mexicano"- consiga su propósito avieso de
rematar la última riqueza nacional: los hidrocarburos.
El debate sobre la desnacionalización de PEMEX lo está
perdiendo el calderonismo: la síntesis del lopezportillismo (v.gr.
los hijos de Reyes-Heroles), el delamadridismo (v.gr.
Labastida Ochoa y Gamboa Patrón), el salinismo, el
zedillismo y el foxismo. Las encuestas diversas más recientes
apuntan a más del 70 por ciento del repudio nacional que se ha pronunciado
patrióticamente, lo cual rebasa más del 80 por ciento cuando se agrega el
factor de "asociación con extranjeros".
Así las cosas, pese a la intensa campaña de
desinformación multimediática controlada en prácticamente el 99 por ciento
por el decadente calderonismo, la ciudadanía mexicana rechaza la
desnacionalización de PEMEX.
Sin embargo, no hay que cantar victoria ya que los
organismos internacionales como el FMI, la embajada de EU en México, la
revista británica The Economist y la calificadora
estadounidense Standard & Poor´s, como han manifestado públicamente, exigen
la desnacionalización de PEMEX para extraer suculentos dividendos en las
profundidades del Golfo de México que concentran las terceras reservas más
importantes del continente americano, a decir del periódico británico
The Independent.
Pero no es necesaria tanta presión foránea porque los entreguistas
neoliberales del PRI y del PAN se acuestan con el enemigo, como reza la
película.
En este contexto destaca la figura controvertida a sus
cortos 36 años del gallego Juan Camilo Mouriño Terrazo (el apellido materno
es textual, no es albur), el favorito de Calderón Hinojosa en el seno del
gabinete, y quien detenta anticonstitucionalmente la poderosa Secretaría de
Gobernación. Mouriño Terrazo acaba de ser denunciado, no precisamente por la
revista Quién -quien lo exhibió en sus conspicuas frivolidades
naturales de su inmadura edad-, sino primordialmente por el líder máximo de
la oposición: AMLO, quien lo ha acusado de ser un traficante de influencias
al haber conseguido en adjudicación directa suculentos contratos petroleros
y gaseros para su familia gallega.
Las pruebas le fueron entregadas a Javier González Garza,
el líder de la bancada perredista en la Cámara de Diputados, en el acto
público al que convocó AMLO frente a la Torre de PEMEX el Día de la Bandera,
para que proceda la defenestración del juvenil gallego quien ha resultado
amante de los hidrocarburos campechanos en las profundidades del Golfo de
México.
Por cierto, ese día doblemente histórico por la Bandera y
el inicio de la campaña para defender patrióticamente el petróleo nacional,
AMLO, mandatado por el Plan de Acción del Comité de Defensa del Petróleo,
solicitó de parte de los numerosos manifestantes la aprobación del programa
de escalada para impedir la desnacionalización de PEMEX y que va desde la
huelga legislativa, pasando por el cerco ciudadano patriótico de los
aeropuertos, hasta la parálisis del país en caso de que el decadente
calderonismo violente la entrega de PEMEX al peor postor y al mejor
impostor.
El duopolio neoliberal PRI-PAN no se atreve a dar la cara
a la luz pública y como ahora se dice en forma coloquial, opera hipócrita y
cobardemente en lo "oscurito" para entregar PEMEX a las transnacionales
texanas e hispanas que avalaron el fraude electoral de Felipe El
Brevísimo. Hizo muy bien AMLO, ante la Torre de PEMEX, de definir la
lingüística en juego, cuando subrayó que todas las piruetas de eufemismos
que hasta ahora ha usado el decadente calderonismo son sinónimos de
privatización que es motivo del repudio de un importante sector de la
población, más allá de las encuestas condenatorias.
En este tenor, a Felipe El Breve se le
calienta la caldera en general de los hidrocarburos -desde su batalla
perdida contra los cárteles del narcotráfico y que intenta aminorar mediante
pueriles eufemismos futbolísticos (sus famosos "goles", que están resultando
más bien "autogoles")-, pasando por el grave deterioro de la situación
social interna donde brilla más que nunca el desempleo y el empobrecimiento
generalizado, hasta la próxima recesión estadounidense que golpeará
severamente la economía del país, y que puede poner fin a su breve régimen
cuando converjan todos los focos incendiados para crear un super-fuego.
Ni somos brujos aprendices ni pretendemos ser aves de mal
agüero, pero el futuro de Felipe El Breve se juega como nunca
este año. No entendió que su labor constructiva radicaba más bien en
colocarse como presidente interino y en el pecado de la soberbia lleva la
penitencia cuando olvidó no solamente que el país estuvo al borde de una
guerra civil a finales del 2006, sino que fue colocado en forma grotesca y
con calzador militar en la presidencia de Los Pinos. Aún aceptando el fraude
electoral por un poco más de medio punto, según la nigromancia del pésimo
mago Ugalde, ex presidente consejero del fétido IFE, Felipe El
Brevísimo no cuenta ni con la legitimidad ni con el mandato para
desnacionalizar a PEMEX. Su postura violenta no solamente el orden social
sino que pretende alterar la verdadera correlación de fuerzas en las calles
que ningún ejército del mundo podrá aplacar, sobretodo cuando se sabe que
las fuerzas armadas mexicanas, no solamente son nacionalistas sino que más
aún, no cuentan con el número suficiente para poder aplastar el cántico
patriótico de una revuelta popular por la defensa de su último patrimonio
que le queda después de miles y de privatizaciones y privaciones
neoliberales.
México vive ya desde ahora momentos históricos que pueden
ser fatídicos o gloriosos, si los actores no se percatan de la dimensión
geopolítica de lo que está en juego, porque como lo ha expresado
diáfanamente AMLO, "la patria no se vende, se defiende", y no se ve cómo,
los Beltrones, los Labastidas, los Gamboas, los Creel, los Camarillos, y
toda la fauna entreguista, pueda concretar la desnacionalización de PEMEX
sin una reacción viril del México profundo que hoy representa AMLO.
La fauna neoliberal del PRI y del PAN equivocan sus
ecuaciones cuando pretenden que por la vía militar puedan imponer el veneno
entreguista a toda la nación que ya dispone de su antídoto: la resistencia
civil pacífica en escalada. Peor aún, olvidan que fue un General quien
nacionalizó los hidrocarburos. Un General: de apellido paterno Cárdenas y
de apellido materno Del Río.
Los dados están echados. Las líneas rojas han sido
trazadas. Los jugadores conocen sus alcances. Pero que no se equivoquen:
vencerá de nueva cuenta el México patriótico.