
Más de un entintado murmullito sostiene que los
recordatorios pesan una penitencia, esto es, que la idea es un
cargamento de cardos, o una encrucijada donde las salidas siempre
hieren; se asienta asimismo que los medicamentos aquietan con las
ficticias pacificaciones de un lago en el que ya no se registran los
tortuosos e íntimos ademanes del reflejo. (Del señor Fox murmurábase que
con prozaica atención se le restituía la canija tranquilidá
uniformándolo en los apaciguados símbolos del mandil).
A fuerza de camisa los hechos se atenúan
En el rondín de esos murmuradores se añade que los
actos -incluidos los teatrales después de la tramoya- son producto de la
constelación que alumbra y deslumbra dentro de la nuca, en un alterno
vaivén de fulgurares y tinieblas. Tales seres del murmurio hacen del
"Tercer Reich" y de Hitler en particular, una época y un hombre
productos del caprichoso cableado del cerebro, "liberando" de
responsabilidades a éste y la oligarquía armamentista y financiera que
lo embecerró en las ubres del cañón y de la Bolsa, bajo una óptica de
política y economía en que el "espacio vital", la suprema aridez de los
"arios", y los crematorios, representaban una inversión a cuya gerencia
se catapultó el temible herr Adolfo de las máximas horneadas.
No sólo contra genocidas los murmurantes hacen del
espíritu una radiografía. Al gran Che han pretendido achaparrarle la
biografía con el "argumento" de que su paradigmática terquedad
revolucionaria surgió de un severísimo desajuste emocional que lo
forzaba a estampar la imagen de su mismo protagonismo. Como si el
comandante Guevara hubiera sido socio de los "Liváis" que pretenden
ajustarlo a la mezclilla o de los dueños de camisetas que lo encarcelan
al frente de una falsa corazonada.
Al respecto, Luis B. Prieto Figueroa en su ensayo
El magisterio americano de Bolívar redacta "Alucinación o delirio
(...) llama la historia a la concepción bolivariana de libertar América"
, en una inferencia de elogio a la proeza, empero, hay murmurantes que
interpretan libertarias hazañas en los farfullos del dicterio, fincados
en la "científica" elaboración de un alemán apellidado Kallman para
quien los esquizofrénicos son "excéntricos asociales" o "seudo
salvadores del mundo" para los cuales recomendaba internamientos de por
vida y, sobre todo, impedir se reproduzcan por ser un mal hereditario.
En su elucubración caben desde don Andrés Manuel a quien han recomendado
contar borreguitos en las sumatorias del diván... o a los que catalogan
también materia prima del manicomio: guerrilleros, anarquistas y uno que
otro bardo que en la barda las descomponga.
Acerca de poesía y "desvaríos", otro germano, Ludwig
Pfändel, realizó un estudio "psicológico" de Sor Juana del que sólo
desprendió marchitas hojitas del ánima. Más hondo en tal sentido, o
mejor dicho en tal sinsentido, es el libro de Fredo Arias de la Canal
Intento de psicoanálisis de Juana Inés, en cuyo sello editorial se
adivina lo que está por desgajarse: "Frente de afirmación hispanista,
A.C.", alud por cierto líquido para lactantes extemporáneos en vísperas
de la merienda con asertos de este jaez, que bien vale colocarlo en
párrafo aparte o en apartada parrafada:
"Todo poeta, todo escritor es en esencia un
exhibicionista, puesto que se está exhibiendo a través de sus escritos o
poemas. Este exhibicionismo nace de la curiosidad insatisfecha de saber
por qué su madre no le daba la leche"...
Los autores de pluma o tecla quedarían curados bajo
el chorreante campanario de una vaca. Don Fredo, del hurgamiento
intelectual y creativo de la monja inolvidable, muy doctoral estipula
desde la cúspide circular de una bacinica: "... sus deseos de analizar,
reflexionar, meditar y cavilar, provienen de su curiosidad reprimida en
su tierna infancia..." Reprimir es un verbo favorito del señor Arias que
nunca utiliza contra los represores Aguiar y Sexias o Fernández de
Santacruz, incluso cita verbal y verboroso al señalado Ludwig Pfändel,
quien en un desfasado augurio pronosticó que el interés de la doncella
de Asbaje por el conocimiento representaba la ocultación "de una
masculinidad reprimida". Visiones y re-visiones desmoronadas por Rosalba
Ugalde Gonzáles en su espléndida tesis de doctorado en filosofía por la
UNAM La filosofía del amor de Sor Juana Inés de la Cruz.
La catarsis es un verso al re-verso
Poetas y otros artistas, en tales "investigaciones",
son portadores de un crucigrama en la mente que guía hacia la
permanencia del insomnio. Las patologías de tal índole, empero, no son
exclusivas de maeses de la estrofa, la narración, pinceles o papel
pautado. En México, verbigracia, se ha conseguido un parangón al "primer
mundo", aunque nada más en la paridad de problemas cardiacos, formación
de un impresionante ejército de panzones desnutridos que ha reclutado la
generala Sabritas y su mariscal de cola, suicidios, consumo de drogas
fuertes, tabaquismo, hiper e hipo tensión, depresiones, neurosis,
paranoia, bipolaridad, esquizofrenia... sin que hayan desparecido
enfermedades asociadas a la pobreza en las que hasta el sarampión
retorna victorioso en cachetes que han extraviado la sonrisa.
Entre profesionales del laberinto cerebral existe un
añejo debate, unos ejercen diagnósticos exprés de neurótico, depresivo,
esquizofrénico... con recomendaciones frecuentes de internamiento, otros
-sin negar problemas de salud en la materia- rechazan los términos e
incluso aducen que la nomenclatura es una fórmula de dominio, de
mantener el status quo al precio que sea, enrejando el pensamiento aquél
en la mazmorra de la encrucijada aquélla.
Basaglia, médico italiano, permitía que los pacientes
con los males descritos salieran del hospital, que se vincularan con el
mundo, que no fuera la pared de los nosocomios el único contacto para
tentar el relámpago sombrío de una cuarteadura. Ronald Laing y David
Cooper, creadores de la antipsiquiatría, cuestionaban con profundidad a
sus colegas oficialistas, crítica y quehacer conducente que los integró
en la "Nueva Izquierda", concepto progresista en el cuestionador
temporal de los 60’s del siglo precedente. El psiquiatra húngaro Thomas
Szasz en una obra de ciento treintaytantas páginas, Herejías, en
tres líneas sin pleonasmo delínea "Locura: insubordinación -a las reglas
de la buena conducta; a los padres, marido o esposa; en resumen a la
autoridad civilista" para reforzar abajito con la sinonimia "Demencia:
motín".
La sonoridad de la venganza
El señor Szas, en el ejemplar referido, da un
símil que combina la ironía y la acusación: "Si un hombre afirma que el
Papa es infalible, es un piadoso católico, si afirma que él es
infalible, es un esquizofrénico paranoico".
Sin mencionarlo, en el apunte anterior don Thomas
dirige sus dardos contra Giovanni Mastai Ferrari, Pío IX, quien en la
decimonónica centuria, durante su pontificado, decretó la infaliblidad
papal, es decir, la perfección del pontífice ya fuese estentórea o
murmurada, fue por cierto el de mayor permanencia en el papado; además,
condenó a la Asociación Internacional de Trabajadores y -en la ruta
imperial hacia lares mexicanos- bendijo a don Max y la seño Carlotita.
Pío IX no emitió un catártico pronunciamiento con lo
de "infalible", amplió los mecanismos de poder, sin embargo, otros
pronunciares sí fluyen en catarsis y venganza, pueden salir en susurros
o en las catedrales del grito, la coherencia de lo dicho es soez,
claridad en palabras "obscenas" o que por vía del lenguaje descarnado
buscan aterrizar en la revancha, en el desquite contra la vida...
ataques enderezados hacia el transeúnte que sólo contempla en las
banquetas la soledad amuchedumbrada, que carece de ojos para el otro,
para el doliente, para el que en la intemperie carga los costales de su
propio sacrificio, para el que no recibe ni siquiera el abrigo fraternal
de una mirada.
Son murmurantes personajes que habitan en la
inmensidad de la intemperie, que hablan y hablan para sí con un destino
colectivo lo que hiere. Ecolalia, Coprolalia, Síndrome de Tourent...
explican los doctos la terminología de sus males, lo certero reside en
que a la par de la vindicta pública... esconden el cansancio del sufrir
en un arsenal de palabrería, como si al vacío protestar de las entrañas
fuera posible sepultarlo en los soliloquios de un sermón, como si a las
madrugadas se les desarmaran los alfileres del frío en los torrentes del
monólogo, como si el existir doliera menos luego de enronquecer la
heterodoxia de una plegaria...
Hay personas que actúan a la inversa, enmudecen o por
dentro se desgañitan en alharaca. Introspección profundísima, ilustran
algunos conocedores, sumergirse al abismo en que únicamente queda
espacio al martirio. Esquizofrenia la nombran unos afincados en la
inicial nominación del suizo Eugene Bleuler el cual igualmente la
titulaba demencia precoz y advertía que su significado era antesala de
la demencia, de la locura, del estadio final de aquel precipicio en que
nunca terminan los escalones rumbo a la caída.
Se podría sintetizar en una oración sin dioses ni
verbo que el neoliberalismo nos ha traído hambre, gordura y
desesperación. Sus amanuenses entintadamente corean que nos ha alegrado,
cuando la realidad muestra que en cuerpo, alma y soberanía nos ha
legrado.