Fueron casi tres meses de una violación flagrante y
sostenida a un artículo transitorio que ellos mismos habían redactado; era
de suponer entonces que, por lo menos, siendo la falta tan evidente, las
fracciones parlamentarias de los llamados tres partidos "mayores" harían las
cosas si no bien al menos lo menos mal posible, pero no, está visto que
creer que en México los diputados se asumirán alguna vez como representantes
de sus electores no pasa de ser un deseo utópico; son, han sido y serán sólo
miembros de SU partido (el que sea) y responderán exclusivamente a sus
intereses partidarios.
Nada habría que decir al respecto si en la Constitución
se señalara que los legisladores llegan a ocupar y desempeñan el cargo en
calidad de representantes de sus respectivos partidos, porque entonces lo
que han estado haciendo sería antidemocrático e inequitativo pero
constitucional; si ese fuera el caso se tendría que luchar para cambiar tal
precepto… pero no lo es.
La Constitución no deja lugar a dudas: Para ser parte del
poder legislativo es condición indispensable el haber sido electo por la
mayoría de los ciudadanos de un distrito electoral; por ello es que deben
realizar campaña de proselitismo y convencer a los ciudadanos que él o ella
es la persona idónea para representarlos y legislar para garantizar el pleno
ejercicio y disfrute de sus derechos constitucionales al tiempo de imponer
las sanciones, vía desafuero, a que se hicieran acreedores quienes, aún
siendo electos, se apartaran de su función fundamental de representar a sus
electores.
El problema es que, tal como han venido actuando en esta
etapa de "madurez democrática" en nada es diferente a los tiempos del "carro
completo" del viejo presidencialismo; de sancionar a quienes lejos de
representar a sus electores se asumen como defensores de los intereses de
sus respectivos partidos, sencillamente todos (o casi, por si hay todavía un
legislador decente), tendrían que autodesaforarse casi en automático.
No es siquiera necesario discutir las trayectorias
políticas y currículas personales de los nuevos integrantes del que se
supone será un NUEVO IFE, la forma en que fueron nombrados ya de por sí los
incapacita para cumplir las funciones de garantes ciudadanos de los procesos
electorales.
Y no por que sus historias de vida sean o no
cuestionables, no por otra razón que la muy evidente, fueron nombrados sin
considerar y ni siquiera convocar a la opinión ciudadana; las razones de sus
nombramientos están presentes sólo en los escritorios y mentes de quienes
negociaron literalmente su nombramiento.
Los posibles resultados de estas ocultas negociaciones,
tan ocultas que tampoco consideraron las opiniones de los llamados partidos
"menores", no son hipotéticas; la experiencia es demasiado reciente y
dolorosa: De la misma manera, con los mismos vicios fueron nombrados los
integrantes del IFE ugaldista.
A nadie le queda duda que así nombrados los consejeros,
harán todo lo posible (y dejarán de hacer lo que sea necesario), para que
los procesos electorales se ciñan estrictamente a los intereses de quienes
los nombraron.
No se trata de ser "ave de mal agüero". En los orígenes
está el destino; cualquier persona que esté enferma sabe que para curarse
debe ir al médico, para llegar a, digamos Monterrey, debe tomar el camino
del norte, para que nazca una planta de maíz debe sembrar precisamente esa
semilla; si en esos caso el ciudadano acude al zapatero, toma la carretera a
Cuernavaca o entierra un tornillo lo seguro es que no sanará, jamás llegará
a Monterrey y nada florecerá donde se sembró el tronillo.
Pudiera ser una comparación en el extremo del absurdo,
pero no lo es tanto, se ha nombrado una "consejo ciudadano" sin la
participación de la ciudadanía y lo han hecho precisamente aquellos que
deberán ser vigilados por los nuevos consejeros, Y así, el "nuevo" IFE es un
organismo "ciudadano"… sin ciudadano que obedecerá sólo a quienes lo
nombraron y en este proceso no sólo no cabe la palabra "democracia", su
acceso está claramente vedado.