
Quien vende principios constitucionales al mejor
postor, vende a la Patria. Quienes violentan la ley fundamental por
intereses mercenarios, merecen ser desconocidos como representantes del
pueblo. Tal es la actitud traidora del presidente espurio Felipe
Calderón y sus adláteres del PRIAN, diputados y senadores cuya voluntad
es privatizar el petróleo, el gas y la electricidad, según ellos
mediante leyes secundarias.
Desde luego, las leyes secundarias (por algo son
secundarias) nunca podrán contrariarlos mandamientos supremos
constitucionales. Pero tal parece que este es el deporte favorito de los
neoliberales en el poder: Basarse en leyes secundarias o elaborarlas
mediante la intervención de camarillas de legisladores bien maiceadas
que se venden al mejor postor, de acuerdo con el titular del Poder
Ejecutivo, en este caso, Felipe Calderón y otros más desde Miguel de
Lamadrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, para
obedecer a sus amos, las mafias plutocráticas extranjeras y mexicanas,
en contra de nuestro país.
Pretender que capitales privados exploten nuestro
petróleo y gas, y a la vez generen energía eléctrica. Así atropellarían
y vulnerarían nuestra Carta Magna. Pruebas irrefutables: El artículo 27
dela Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prescribe:
"La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites
del Territorio Nacional, corresponde originariamente a la nación."
El párrafo 4 del mismo artículo 27 precisa:
"Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los recursos
naturales de las plataformas continental y los zócalos submarinos de las
islas... el petróleo y todos los carburos de hidrógeno, sólidos,
líquidos o gaseosos..."
En el párrafo 6 se añade: "El dominio de la Nación es
inalienable e imprescindible... Tratándose del petróleo y de los
carburos de hidrógeno sólidos, líquidos, gaseosos o de minerales
radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán
los que en su caso se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la
explotación de esos productos en los términos que señale la ley y
reglamentos respectiva.
En el mismo párrafo del artículo 27 se firma:
"Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar,
distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la
prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán
concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y
recursos naturales que se requieren para dichos fines."
El párrafo 3 del citado Artículo 27 sentencia: "La
Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer ala propiedad privada
las modalidades que dicta el interés público, así como el de regular, en
beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales
susceptibles de aprovechamiento, con objeto de hacer una distribución
equivalente de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el
desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de
vida de la población rural y urbana."
Los gobernantes neoliberales han convertido el régimen de derecho en
un estercolero. Pero todo tiene sus límites: el pueblo no está dispuesto
a soportar más. Ahora actúa y seguirá actuando hasta las últimas
consecuencias para defender lo que es del pueblo: El petróleo, el gas,
la electricidad, contra los traidores a la Constitución y a la Patria.
¿Acaso es la República Mexicana un pastel suculento a
merced de la mafia? ¿Y más de cien millones de mexicanos somos ilotas en
el último grado de abyección, sin derecho a forjar un destino decoroso?
Este principiante año 2008 es crucial. El régimen
neoliberal calderonista aliado al priísmo mendaz y simulador nos
arrastra a una asfixiante atmósfera cargada de negros nubarrones que
presagian un desastre nacional.
El horno no está para bollos. La sociedad mexicana se
encuentra harta de tanta injusticia social e individual. Y precisamente
en esta etapa crucial, Calderón y su corte de legisladores pretende
implantar un Estado policial y militaroide, un Estado totalitario,
hitleriano, franquista, contrario a los principios constitucionales a
través delos siglos.
El presidente de opereta, con gorra y saco militar
pretende entregar el petróleo y electricidad a empresas internacionales
para acabar de hundirnos.
Además tolera la avalancha gringa de maíz, fríjol,
azúcar, leche, conforme a la dictadura salinista del Tratado de Libre
Comercio.
Se aumentó en dos tristes pesos el salario mínimo,
impuesto por esa comisión mínima de salarios que ya debería de
desaparecer, borrarla del mapa porque es un aparato burocrático
inservible para el pueblo, puesto que está al servicio de sus amos del
dinero.
Bien se ve que nuestra Constitución es letra muerta.
El artículo 123 de nuestra Carta Magna preceptúa textualmente: "Toda
persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se
promoverán la creación de empleos y la organización social para el
trabajo, conforme a la ley."
Nuestro pr3esidentito espurio hizo su campaña para
llegar a la máxima magistratura, mediante vanas promesas: Fomentar el
empleo y mejorar a las clases populares. Pero ya vemos que sus hechos
demuestran lo contrario: Cunde el desempleo y la economía se hunde.
El mismo artículo 123 constitucional precisa en su
inciso VI: "Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para
satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden
material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria
de los hijos. Los salarios mínimos profesionales se fijarán
considerando, además, las condiciones de las distintas actividades
económicas."
Como es conocido, dicho mamotreto llamado Comisión
Nacional de Salarios Mínimos está integrado por representantes de
trabajadores, patrones y del gobierno. Puede auxiliarse mediante
comisiones especiales de carácter consultivo para desempeñar mejor sus
funciones.
Al respecto, insistimos: ¿Tiene razón de existir ese
organismo burocrático que significa, más que un benefició, un látigo
para la clase trabajadora desesperada, a punto de perecer por inanición,
o a punto de estallar?
El pueblo de a pie se pregunta: ¿No sería conveniente
fijarles un salario mínimo al Presidente de la República, a los
diputados, senadores, jueces, magistrados y ministros de justicia, al
igual que a los gobernadores y presidentes municipales?
¿Así, es positivo tener gobernantes que atiendan sólo
sus intereses perversos y favorecerse ellos mismos amafiados con
empresarios, banqueros y magnates televisivos?
El mismo pueblo de abajo pregunta: ¿No estaremos ya
en el umbral de esos estallidos violentos que fueron las revoluciones de
1810, 1854 y 1910?
Panistas y priístas en el poder deben reflexionar
seriamente ante este panorama ominoso. Y por si las dudas poner sus
barbas a remojar si es que no atienden, cuanto antes, el clamor popular.
Y ya que de revoluciones hablamos es conveniente que
nos preguntemos ¿Qué significa este fenómeno?
En mi libro titulado: JUVENTUD LIBRE, FUERZA DEL
CAMBIO, editado por el Instituto Politécnico Nacional, cuya presentación
se hizo en el Club de Periodistas de México el 24 de agosto pasado, se
precisa lo siguiente:
Revolución significa, en general, un cambio radical
en cualquier ámbito. En el área político social, Revolución es en
términos simples y llanos un movimiento popular, súbito, a menudo
sangriento, tendiente a transformar las instituciones políticas,
sociales y económicas de la Nación.
El necesario elemento popular lo distingue de las
rebeliones, asonadas cuartelarias, golpes de Estado, magnicidios a
granel que proliferaron en el siglo XIX y principios del XX en nuestro
país.
Una constante fue llegar violentamente al poder,
sostenerse y ser arrojado de igual manera, lo cual ha sido superado. La
tendencia mundial moderna es dejar atrás el significado de revolución
como asesinato masivo.
Al respecto, cito en dicha obra: Juventud Libre,
Fuerza del Cambio, al tratadista de prestigio mundial, Norberto Bobbio
quien expresa en su Diccionario de Política (Siglo XXI, 1995), lo
siguiente: "Los excesos y los fracasos de muchas revoluciones han
acrecentado el conocimiento de que... son violentaciones de la historia,
inevitables, pero violentaciones al fin, para romper con los esquemas
del pasado. Y así todo el gran acto de creatividad política, que se
llama revolución no solo será cada vez más raro, sino que será sometido
a controles más restrictivos por parte delos propios revolucionarios más
atentos a las consecuencias y a los resultados de la revolución"
Por mi parte comento que el afán revolucionario es,
sin embargo, más que una necesidad de mataza colectiva, una renovación
transformadora, un ansia generalizada de cambio. Para lograr ese
objetivo no es necesario derramar sangre, puesto que bello provoca males
mayores de los que se pretende remediar. Por ello, cambio si,
revolución, si. Pero por la vía civil, pacifica.
Agrego en mi libro citado: De nada sirve un baño de
sangre, si al final no redunda en beneficio general. ¿O acaso la muerte
colectiva es la que nos salva? La periodista Adriana del Moral comenta:
"¿Qué la revolución no es para vivir mejor en vez de morir?
La revolución anhelada es la realización integral de la persona, la
familia y la Nación, dentro de la comunidad mundial. Es abatir la
pavorosa desigualdad que padecemos en México, donde once capitalistas
son los supremos amos del dinero, los que en vez de beneficiar al país
lo están hundiendo.
Caso típico de quien detenta el poder económico es
Carlos Slim a quien Carlos Salinas de Gortari, el más nefasto presidente
después de Antonio López de Santas Anna, le regaló Teléfonos de México y
nos subieron las cuotas a todos los usuarios telefónicos en más de un
400 por ciento para engordar aun más al que es ahora primer millonario
del mundo, que supera a Bill Gates.
Da tristeza: en un país de pobres y hambrientos
tenemos al primer millonario del mundo, así como a otros explotadores
del pueblo, beneficiados por la cúpula del poder político, como Roberto
Hernández, Lorenzo Servitje y otros más.
Así pues, la revolución anhelada debe ser conforme a
nuestros principios y luchas históricas, abrir el espacio. Aclarar el
horizonte que al mexicano le cerraron extranjeros o sus propios hermanos
de raza es democracia, la real democracia, con imperio del pueblo, no la
ficción que estamos padeciendo, en manos de los tecnócratas neoliberales
globalizadores.
La revolución es el alba. La lucha para el mexicano
del nuevo milenio significa hacer a un lado la nociva influencia de los
enemigos del auténtico e indispensable cambio: el puñado de
conservadores formado por gobernantes retrógrados, clero con sueños ya
rebasados como el triste caso del cardenal Norberto Rivera Carrera que
soñaba con hacer una reforma política para ser diputado o senador. Ha
hecho a un lado el principio cristiano supremo: "Mi reino no es de este
mundo"; "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." Y
Riverita quería el poder mundano. No se conformó con el poder
espiritual. Lo más probable es que a este señor lo cambien de
adscripción y deje de ser el Arzobispo Primado de México.
Mientras tanto, en 2008 resentiremos que la apertura
comercial con Estados Unidos provocará la necesidad de los mexicanos sin
dinero y sin tierra, de ir hacia el vecino país del norte a trabajar en
los que sea para ganar dólares. Se calcula que por lo menos 600 mil
connacionales lo intentarán, pese a la represión gringa.
Por cierto, el Consejo Nacional de Población precisa
que en dicha Nación residen alrededor de 29 millones de mexicanos.
Lo dramático del caso es que al abrirse nuestras
fronteras a la libre importación de granos de Estados Unidos y Cana dá,
el agro mexicano se desplomará. Ya ha padecido el retiro del 50 por
ciento delos subsidios gubernamentales,10 años atrás bajo el sistema
neoliberal. Sin embargo, con la vigencia del TLC se ha beneficiado a una
mafia de grandes productores agrícolas del norte del país y se ha
abandonado a los pequeños propietarios. Tal es nuestra tragedia.
¿Resistiremos?