"Un movimiento popular hubiera dirigido sus energías y su rabia
al Estado, no a otra etnia"
No se puede comprender completamente lo que está
ocurriendo en Kenya y África sin tener en cuenta la naturaleza cambiante de
los movimientos de oposición y las diferencias entre un movimiento popular,
o una revolución democrática, y una plétora de movimientos que consolidan
instituciones democráticas para el capital internacional, mientras que
vuelan bajo el radar de la democracia.
Aunque aquí estamos hablando principalmente de Raila
Odinga y el Movimiento Democrático Naranja (ODM), igualmente podríamos
hablar de Mwai Kibaki y el Partido de Unidad Nacional (PNU). Es tan solo
porque el ODM ha cultivado la imagen de movimiento popular comprometido con
una revolución democrática por lo que atraigo su atención sobre él. Amílcar
Cabral dijo una vez "no digas mentiras, no te atribuyas pequeñas victorias."
Es con ese espíritu que escribo este artículo.
Déjenme comenzar apuntando a la cuestión de la etnicidad,
y decir lo siguiente: de la misma manera que debería sorprenderle encontrar
a un norteamericano blanco que negara la existencia de racismo en la
política americana, debería estarlo de encontrar a un africano que negara
que el etnocentrismo está estrechamente ligado en la política del
continente. El racismo es una invención histórica que cumple una función, al
igual que el tribalismo. De la misma manera que los líderes occidentales
manipulan la raza y el miedo con fines políticos, así lo hacen los líderes
africanos. El etnocentrismo puede ser inocuo o extremadamente peligroso,
dependiendo de quién lo emplee. La etnocracia, como una estructura de poder
racista, existe hasta el punto de que es capaz de ocultar a las víctimas y
los activistas las razones últimas de la explotación social, política y
económica. Lleva en la dirección errónea.
"El racismo es una invención histórica que cumple una
función, al igual que el tribalismo."
Consideremos también las palabras de Kwame Ture en el
sentido de que no debe confundirse el éxito individual con el éxito
colectivo. La mayoría de los keniatas (luos, kikuyus, luhyas, etcétera) son
pobres. El 60 por ciento de los keniatas viven con menos de dos dólares al
día, independientemente de la etnia. La élite kikuyu vive a expensas de los
pobres kikuyus, al igual que en el resto de las etnias. Existen muchas más
similitudes entre los pobres de las diversas etnias, que entre los ricos y
los pobres de la misma etnia. Tanto el racismo, como en nacionalismo y la
etnocracia piden a los pobres que mueran en defensa de estructuras
económicas y sociales que les hacen permanecer en la pobreza. No sorprende
que, tanto los asesinos como las víctimas en Kenia de las pasadas semanas,
sean pobres y que estos crímenes crucen las líneas entre las etnias pero no
entre las clases.
Y de la misma manera que ,conforme pasa el tiempo, los
partidos políticos en occidente acaban representando posiciones diferentes y
contradictorias, lo mismo pasa con los partidos políticos africanos. En las
dictaduras de los 70s, 80s y 90s, los partidos de la oposición eran los
"buenos". Los analistas de política internacional de ideas progresistas
siguen trabajando con esa mentalidad, lo que nos ha cegado ante las
llamativas contradicciones de nuestros días. La suposición de que oposición
significa automáticamente poder popular no puede ser mantenida en un
análisis que tenga en cuenta los complejos cambios en la política africana
de las dos ultimas décadas. Tomemos el ejemplo de Zimbawe. La oposición
Movimiento por un Cambio Democrático es un partido neo-liberal. Llamarlo
revolucionario o anti-imperialista sería erróneo. En Kenia tanto el gobierno
actual como la oposición intercambian miembros de forma fluida mientras se
posicionan y reposicionan y ponen sus ojos en el reparto del pastel. William
Ruto, un líder del partido de la oposición ODM, fue anteriormente tesorero
de las Juventudes de KANU, una organización de matones creada por el antiguo
dictador Moi, y que está ahora del lado de Kibaki. Y el reciente asesinato
de 50 personas en una iglesia tuvo lugar en Eldoret, representada por
William Ruto en el parlamento durante muchos años.
Por lo tanto no todos los partidos de oposición son anti-imperialistas
u opuestos a la consolidación del capital global en el mundo. En un momento
en que los países ricos y sus élites se están haciendo más ricos, y las
naciones más pobres y los pobres de esas naciones se están volviendo más
pobres, algunos partidos de oposición elegirán el lado del capital global.
Al ODM pertenecen algunas de las personas más ricas del país. Por ejemplo,
la familia de Odinga es la dueña de Spectre Internacional, una compañía de
melazas, junto con una multinacional del petróleo y una empresa de minería
de diamantes. La prensa internacional que se refiere a Odinga como un
"millonario extravagante", no va completamente descaminada.
"El 60 por ciento de keniatas, pertenecientes a todas las
etnias, viven con menos de dos dólares al día."
Con todo lo dicho, se hace evidente que hay que analizar
que significa ser un movimiento popular. Para que un movimiento político
popular sea efectivo debe ser solidario con el pueblo sin importar la etnia.
Dicho de otra manera, un movimiento popular tiene que basarse en la
conciencia de un colectivo oprimido. Como el ODM no tiene las raíces que se
desarrollan con años de trabajo con y para la gente, solo puede fomentar el
descontento apuntando a otra etnia más que organizando al país entero en
contra de la explotación de las élites. Como todos los movimientos
populistas, toma los peores miedos de la gente (miedo a la dominación de los
kikuyo por ejemplo) y los pone en juego en el teatro político nacional. Un
movimiento popular por el contrario desenmascara esos miedos para revelar
como el poder y la riqueza están siendo distribuidos. Como el OMD no ha
hecho esto, sus seguidores han identificado a sus compañeros pobres kikuyu
como el enemigo. Un movimiento popular hubiera dirigido sus energías y su
rabia al estado, no a otra etnia.

Un movimiento de poder popular declara su solidaridad con
otras gentes marginadas a lo largo del mundo. Tiene una visión orientada al
tercer mundo. Un movimiento de poder popular, debido a que su visión crece
estrechamente con su lucha y compromiso con el pueblo, se posiciona en
contra del orden económico internacional de explotación ya que sus bases
están empobrecidas debido a ese orden. El OMD no se puede definir como
radical, panafricano o orientado a las gentes del tercer mundo, mas bien su
conciencia es populista.
Además, la imagen, la fachada, de un movimiento popular
puede ser usada por una élite nacional con el objeto de tomar el poder para
el capital internacional. Más que usar el termino populista/poder del pueblo
para referirse al ODM, es apropiado tomar un termino del Instituto
Republicano Internacional (IRI). El termino que el IRI usa es "consolidación
de la democracia", refiriéndose a una técnica que se usó en la Revolución
Naranja ucraniana y en Haití en contra de Aristide. La consolidación de la
democracia consiste en poner juntas una serie de organizaciones civiles
(religiosas, universidades, ONGs locales, organizaciones de mujeres, etc.) y
unirlas con varios facciones de la oposición para formar una gran fuerza
electoral. El único propósito de la consolidación de la democracia es echar
del poder al gobierno del momento. No hay ninguna ideología coherente
subyacente a este propósito, ningún interés en darle poder al pueblo, o
devolverles el control de las instituciones políticas o económicas. Más que
desarrollar raíces reales con el pueblo de forma que una vez en el poder se
convierta en una extensión de éste, el ODM ha tomado el camino fácil de
consolidación de la democracia siguiendo el modelo del IRI.
"No todos los partidos de oposición son anti-imperialistas
u opuestos a la consolidación del capital global en el mundo."
Necesitamos urgentemente distinguir entre un movimiento
de poder popular (tales como los que hemos visto en Latinoamérica),
movimientos populistas, y movimientos neo-liberales de oposición que
consolidan instituciones democráticas para servir al capitalismo global. Los
movimientos populares son una quinta columna normalmente opuestos a
influencias del poder legislativo, ejecutivo, judicial y militar. Cuando
llegan al poder de forma democrática, inmediatamente intentan transformar
los otro cuatro poderes en instrumentos revolucionarios. Se promulgan leyes
para nacionalizar los recursos y redistribuir la tierra. Las fuerzas armadas
se transforman de un instrumento de intimidación en uno que ayuda en
momentos de desastres, en resumen, un movimiento popular pone al pueblo en
el centro del estado. Cuando un movimiento que ha estado consolidando la
democracia toma el poder hace lo contrario, y las instituciones democráticas
se convierten en instrumentos al servicio del capital global y de la
política exterior de EEUU. (Liberia, por ejemplo, tras trabajar con el IRI
es uno de los pocos países que ha abierto sus puertas al Comando Central
Africano de EEUU). Si los misioneros pavimentaron el camino hacia el
colonialismo, los evangelistas de las democracias occidentales como el IRI
pavimentan el camino a la intervención de EEUU.
Deberíamos al menos considerar que el OMD en estas
últimas semanas no ha estado dedicado a la última fase de una revolución
popular sino más bien a la consolidación de una democracia neo-liberal,
usando al pueblo como ariete en contra del estado. Aquí es donde el partido
neo-liberal llama a millones a tomar las calles con la esperanza de
inmovilizar al estado. Como la consolidación de democracia requiere
violencia por parte del estado y protestas de la gente, Raila pudo decir con
todo cinismo a un periodista de la BBC que "Me niego a que me pidan que le
de a los keniatas un anestésico para que los puedan violar."
En el caso de que os lo estéis preguntando, dejadme decir
esto: para los progresistas Kibaki no es la respuesta. Antes de las
elecciones, la Comisión de los Derechos Humanos de Kenia hizo público un
informe que implica a la policía keniata en el asesinato extra-judicial de
casi 500 hombres jóvenes, todos de áreas castigadas por la pobreza tales
como Kibera y Mathare, áreas de chabolas que están ahora mismo en llamas.
Esto es un recordatorio desolador de que un seis por ciento de crecimiento
económico no supuso ningún cambio en el nivel de vida del pueblo. Además,
que hubo fraude en el voto es casi seguro. Suficientes dudas han generado
los miembros de la comisión electoral al hacer de un recuento, una
reelección o cualquier otra solución adecuada una cuestión de principio
democrático.
Si el país tiene que sanar, reconciliarse y encontrar
justicia, las voces progresistas deberían pedir una investigación de la ONU
sobre la limpieza étnica que tuvo lugar después de las elecciones en
diciembre – enero en Eldoret y otras áreas. Debería pedirse y apoyar una
investigación de la ONU sobre los asesinatos extrajudiciales de 500 jóvenes
el año pasado; las matanzas del Valle del Rift en 1994 donde según informes
cientos de Kikuyus fueron asesinados y miles desplazados durante el régimen
de Moi, y la masacre de Wagalla de 1984 (de nuevo durante el régimen de Moi)
en la que cientos de keniatas somalíes fueron asesinados a balazos.
Los
progresistas deberían también hacer una llamada para que la crisis se
resuelva dentro de las estructuras democráticas. Cuando Bush ganó unas
elecciones que el resto del mundo considero fraudulentas, no le pedimos a Al
Gore que tratara de echar al gobierno por medio de una revolución Naranja,
no le pedimos que dividiera al país de acuerdo con la raza, negros contra
blancos, blancos contra latinos; le pedimos encontrar una solución por
medios pacíficos y democráticos. Y por esa razón, EEUU se mantiene en pie a
pesar de Bush. Al Gore no pidió un recuento de todos los votos o repetir las
elecciones. Cualquier medio que se elija para solucionar esta situación
tiene que ser una que mantenga a Kenia sobre sus pies para las siguientes
generaciones.
La suplica que os hago es esta: no busquemos
revolucionarios donde no los hay. La solidaridad internacional debería estar
con el pueblo de Kenia y no con líderes individuales. Un país entero esta en
riesgo. Lo mejor para Kenia ahora mismo es volver a la senda de la no
violencia, ser gobernada por estructuras democráticas con principios que
duraran más que Raila y Kibaki. Es esto lo que hará posible un gobierno del
pueblo a través de una revolución democrática.
