de John W. Polidori en
1819, Vampirismo de E.T.A. Hoffman en 1821,
El Viv de Nikolai Gogol en 1835, La muerte amorosa de
Théphile Gautier en 1836, Varney el vampiro de Thomas Preskett
Prest en 1847 y Carmilla de Joseph Sheridan LeFanu, también en
1847... , como se ve Stoker no fue "original", por lo menos con
el tema del vampirismo, sin embargo, si lo fue en muchas otras cosas.
Bram Stoker nació en Dublín, Irlanda en 1847 (el
año que Varney atrapaba doncellas, la lésbica Carmilla
veía la luz, y Antonio López de Santa Ana "vendía" más de medio México a
los gringos), fue en su infancia un niño aquejado por la
enfermedad y considerado "débil", sin embargo, a fuerza de voluntad
logró convertirse en un destacado deportista mientras estudiaba en el
Trinity College. Desde muy joven fue un aficionado al teatro,
pero jamás actuó o dirigió alguna obra, aunque intentó escribir varias,
su éxito le llegaría por la literatura, aunque no exactamente en vida.
Stoker fue durante toda su existencia un hombre
perseguido por el ansia del éxito y derribado por el fracaso.
De todas las novelas y relatos que escribió la única
que logró ser exitosa fue Drácula, aunque Stoker siempre se
sintió frustrado porque nadie quiso llevarla al escenario, como era su
deseo. Pero ¿cuál era el encanto de Drácula?
Stoker logró amalgamar en una novela los temores más
oscuros de la gente, en un siglo que presumía de ser positivista y
completamente dedicado a la ciencia, creó un personaje que retaba al
conocimiento al mismo tiempo que resucitaba creencias y supersticiones,
todo ello en un ambiente en el cual se mostraban los adelantos más
notables del siglo XIX: taquigrafía, máquinas de escribir,
fonógrafos, telégrafo, teléfonos, taxis, fotografía con cámaras
portátiles, armas automáticas, transfusiones sanguíneas... Todo
ese bagaje que entonces parecería muy moderno. El escenario de la
lucha contra el emisario de las tinieblas es la ciudad de Londres.
En muchos aspectos el propio Stoker sentía la
fascinación por lo oculto y misterioso, por los textos oscuros y la
magia ritual, fue un destacado miembro de la Hermetic Order of the
Golden Dawn, la Orden Hermética del Alba Dorada, una sociedad
secreta dedicada al estudio de la magia ritual, entre sus compañeros de
Orden se contaron W.B. Yeats, Algernon Blackwood,
Arthur Machen, Aleister Crowley (conocido en su tiempo como mago
negro, "la bestia 666" y "el hombre más malo de
Inglaterra"), Mac Gregor Mathers, William Wym Westcott y Allan
Bennett. Todos ellos célebres en diferentes campos del
pensamiento humano, escritores, poetas, magos.
Para crear su personaje Stoker se documentó
extraordinariamente bien, utilizó a un hombre y nombre reales para
crear, al voivode y conde Drácula, en un sitio misterioso y lleno
de leyendas: Transilvania (atrás del bosque, o
la selva por su etimología latina), en lo que es actualmente
Rumania. Drácula, el real, fue en vida, una leyenda terrorífica,
se llamaba Vlad y su apodo fue Tepes, que en rumano significa:
estaca. Fue un príncipe, no conde, que nació en Sighisoara
en 1431 y murió en 1476, a los 45 años. En su no muy larga
existencia gobernó tres veces su reino Valaquia: en 1448 por
corto tiempo, luego en 1456, su reinado más largo y otra vez, la última,
en 1476 el año de su muerte, por escasos dos meses. En todos
estos periodos fue oscuramente famoso y temido.
Vlad Tepes recibió el nombre con el cual es conocido
de su padre, Vlad I Drácul... palabra que en rumano
significa dragón y que con el sufijo a se convierte en
"hijo del dragón", el apelativo le venía a su padre por ser
miembro de la Orden del Dragón fundada por el emperador bizantino
Segismundo para luchar contra los turcos.
El joven Drácula fue entregado por su padre a los
turcos en calidad de rehén y junto con su hermano menor recibió una
completa educación por parte de sus captores, aunque jamás se plegó a
sus deseos ni se convirtió al islamismo, su hermano si aceptó a
sus captores e incluso se dice que se convirtió en amante del sultán,
Vlad, que era un acérrimo heterosexual se defendió de las insinuaciones
sexuales puñal en mano.
Mediante hábiles maniobras políticas Vlad logró
hacerse del poder en su principado hereditario pero fue traicionado por
los voivodas nobles valacos que lo consideraban una amenaza, fue
depuesto y encarcelado y sus enemigos creyeron que con eso era
suficiente, fue un error. Ocho años más tarde Vlad regresó,
sonriente y mostrando deseos de perdonar a todos. Convocó a los
nobles a una reunión para limar asperezas y dado que mostraba tan buena
disposición, ellos asistieron. Vlad derramó sonrisas y buena
voluntad, y en el momento oportuno, capturó a todos los voivodas.
Tenía preparadas para ellos un considerable número de estacas, hizo
empalar a muchos —a los otros los obligó a construir una de sus
más impresionantes fortalezas y en el proceso murieron—, el empalamiento
ese método que le valió el apodo Tepes es una de las torturas más
crueles pues produce la muerte entre atroces dolores, la víctima es
ensartada por el recto con una larga y gruesa estaca de madera que luego
es colocada vertical para que el infeliz se desgarre con su propio peso,
el proceso puede durar de horas a días. Vlad se hizo servir una
opípara comida en el campo donde había hecho empalar a sus enemigos,
para disfrutar de ella en medio de los lamentos. Él tenía su
muy particular manera de "limar asperezas" y de tratar a sus
enemigos, y al parecer también a sus amigos. A partir de entonces
fue conocido como Vlad Tepes, o Vlad el empalador, pero
como es obvio que nadie se atrevería a llamarle así, conociendo su
carácter rapaz y no muy dado al humorismo, le llamaron simplemente
Príncipe Drácula.
Fue un tirano que en su sexenio convirtió a
los valacos en la gente más honrada de su época, si alguien robaba o
cometía cualquier delito, habría una estaca esperando, para él o ella...
hay montones de anécdotas sangrientas y algunas de humor muy
negro, acerca de su reinado más largo, pero no hay espacio para
relatarlas. Luchó exitosamente contra sus enemigos de toda la
vida: los turcos y obtuvo victorias que parecían imposibles, pero
finalmente derrotado, tuvo que huir y sólo regresó para reinar por dos
meses antes de ser asesinado a traición. Cuando, en el siglo
pasado su supuesta tumba fue abierta, no se encontraron restos humanos
en ella. ¿Casualidad?
Este fue el personaje real elegido por Stoker para
encarnar al vampiro más famoso de la literatura. Si buscaba a alguien
cruel, lo halló sin duda. Claro, lo convirtió en conde, cuando
era príncipe, lo colocó en sitios diferentes, pero supo conservar la
personalidad de uno de los tiranos y tácticos del terror más crueles de
la historia.
El cine, que Stoker no alcanzó a conocer como la
tremenda industria que es, se encargó del resto. Cuando Bela Lugosi dijo:
"Soy Drácula" con ese acento centroeuropeo que poseía, nació
una leyenda. El cine dio al personaje una caracterización
diferente y mucho más atractiva, aunque el traje de etiqueta en un
castillo destartalado pueda parecer ridículo, no cabe duda que marcó al
vampiro clásico de la ficción. Y Lugosi agregó frases de su
cosecha, cuando en la película Drácula asiste a una cena dice:
"Nunca bebo... vino", una línea que
jamás aparece en la novela, el buen "conde" no tenía vida social, sólo
mucha sed. Incidentalmente, Bela Lugosi dispuso ser embalsamado y
sepultado vestido como Drácula..., envuelto en la capa del
personaje que lo hizo famoso, sus deseos fueron cumplidos al pie de la
letra —pues pagó por adelantado—, así que su cuerpo debe estar aún ahí
en su cómodo ataúd.
El vampiro se convirtió en un símbolo sexual en el
siglo XX, ya la novela tenía algunas insinuaciones que escandalizaron a
la sociedad de entonces, pero el conde aparece ahí más bien como una
criatura bastante desagradable, el cine lo volvió el equivalente a una
celebridad del rock. Nacido en el siglo XIX, el vampiro literario
se convirtió en una parte del sueño americano en el XX, con los
reflectores sobre él. Y, la leyenda que todos conocen se tejió
entonces, en la cinta de plata. Aunque se supone que los vampiros
la odian... a la plata.
Sangre y tinieblas, la lucha entre la oscuridad y la
luz, el vampiro, en especial el del cine, surgió como una especie de
antihéroe, un villano cruel y sanguinario al cual hay que temer, pero al
que también se envidia... es inmortal a menos que algún cazador
de vampiros logre vencerlo. Y claro, para matarlo use una estaca,
como solía hacerlo Vlad..., alguna vez se dijo que Stoker pensó
usar el mismo método de Drácula para acabar con los vampiros literarios,
o sea, matarlos con el método de Vlad Tepes, la estaca metida por...
Pero al final no se atrevió, victoriano al fin.
De
cualquier manera, hay en la novela un oculto sentido sexual —que algunos
autores atribuyen a la posibilidad de que Stoker haya sido un homosexual
reprimido—, el cual erizó los cabellos de la sociedad victoriana:
es el prometido de la dulce (y virgen, excepto en la reciente
Drácula Stocker de Francis Ford Coppola) Lucy, el honorable
Arthur, quien es elegido por el profesor Van Helsing para "penetrar"
a la indefensa joven vampira con tremenda estacota la cual,
siguiendo la tradición, le mete rudamente por..., el corazón,
haciendo saltar su sangre y llenando de gritos femeninos la cripta
mientras la pobre Lucy salta en espasmos. Todo eso con el único
fin de liberarla de ser una "no muerta". Para la sociedad
de aquellos tiempos había en ese pasaje algo "terriblemente sexual" no
implícito pero si sugerido, que debió excitar a más de alguno de
aquellos serios y eufemísticos caballeros (y damas) del siglo XIX y
principios del XX, que no se atrevían a decirle al pan, pan, y al
vino, vino.
Por supuesto, el cine se encargó de mostrar lo que
Stoker sólo insinuó y de ahí el que los vampiros de la cinta de plata
sean guapos, atractivos y sexys, lo mismo puede aplicarse a las
féminas vampiro.
El cine cambió a los vampiros para siempre, sólo la
primera cinta sobre el tema Nosferatu se apegó, (más o menos) a
la historia de Stoker, pero los productores que no deseaban pagar
derechos al autor, cambiaron el nombre y los personajes; la
película quedó como una curiosidad. Luego vino Lugosi, y la
imagen estereotipada del cine quedó ahí para "la eternidad".
Terrorífica pero también atrayente.
Lo que siguió fue la fiesta de la imaginación.
Sería muy largo enumerar todas las películas de vampiros, pero es
imposible dejar de citar algunas:
En los años cincuenta no hubo muchos chupa sangre,
pero los sesenta vieron llegar una invasión a cargo de la Hammer
Films, y personificada por uno de los más memorables vampiros del
cine, Christopher Lee (Saruman, en El señor de los anillos
y el Conde Duku en Star Wars), quien agregó al estereotipo
de Lugosi la ferocidad animal, los ojos inyectados de sangre y su
clásico siseo felino antes de atacar a las víctimas, también fue
introducido otro personaje, un Van Helsing que duró muchos años,
interpretado por el actor Peter Cushing. Hammer llenó una
época, pero antes de que finalizaran los sesenta, Roman Polanski dio a
los aficionados una muestra de vampiros que estremecían de miedo...
y risa en La danza de los vampiros, en la cual para variar un
poco, ganaban los "malos". Los 70 fueron años de excesos
incluyendo vampiros negros encabezados por Blackula, y algunas
exageraciones orientales con karatecas.
Pero Polanski había roto el hielo, y el humorismo en
el género dio sus frutos: Amor a la primera mordida, con
un conde enamorado (George Hamilton) que viaja a EU, para
enfrentarse a un biznieto de Van Helsing, psicoanalista de Beverly Hills;
Vampira, variante de la anterior donde el buen conde interpretado
por David Niven viaja a EU para curar a su esposa enferma,
después de advertir que "no acostumbra volar... en avión";
Vida nocturna, ambientada en la ciudad de México y sus
alrededores que nos narra la historia de una suculenta vampira (sacada
de una tumba en San Ángel), la cual trata de escapar de su novio un tal
Vlad, y se enamora de un médico judío, hematólogo del sector
salud, que está fascinado por la sangre de ella. Y al
hablar de México habría que colocar a las películas nacionales de
vampiros entre las humorísticas, aunque haya sido humorismo
involuntario, encabezadas por el "vampiro nacional":
Germán Robles, quien habría hecho lanzar espumajos sanguinolentos a...
Bram Stoker. Los años 80 vieron aparecer a Los muchachos
perdidos, donde se mezclaron humorismo y horror, al estilo de
Polanski.
En el terreno de la literatura mexicana de fantasía
es necesario hablar de la aportación de José Luis Zárate, escritor
poblano de ciencia ficción, que escribió su novela La ruta del hielo
y la sal, rescatando y ampliando los acontecimientos de la goleta
Demeter en la cual Drácula viaja a Inglaterra. Un ejercicio
de imaginación que seguramente hubiera encantado a Stoker. Y en
el terreno de la sátira, quien esto escribe recreó la visita del
príncipe Vlad Tepes a la siempre hospitalaria y encantadora ciudad de
México, en Cuestión de hemoglobina, cuento que en su
actualización del siglo XXI seguramente habría arrancado gemidos y no de
placer a Bram Stoker, Anne Rice y a uno que otro pitufo panista.
Como un detalle más, en 1914 se publicó, en forma
póstuma, El invitado de Drácula, como un relato corto, éste no
era otra cosa que el primer capítulo de la novela (la primera parte del
diario de Jonathan Harker), que había sido suprimido por los editores.
En 1909, Stoker había hecho publicar La dama del sudario, con muy
poco éxito. Esta había sido su última aventura, después de seis
años de penosa enfermedad y en la pobreza, falleció en 1912, algunos
dicen que mirando aterrado "algo" que le acechaba cerca de
su cama ¿sería un serio señor vestido de negro, con caninos afilados?
Hasta entonces el vampiro se había mantenido dentro
de los parámetros establecidos por Stoker, pero una dulce señora vendría
a cambiar todo eso en los años 80-90 del siglo pasado, y de una manera
en verdad radical y no menos que ingeniosa: Anne Rice llegó con
la revolución vampírica.
Anne Rice nació en el Mercy Hospital de Nueva
Orleáns, EU, el 4 de octubre de 1941, fue la segunda de cuatro hijas de
Katherine y Howard O’Brien y recibió el improbable nombre de Howard
Allen O’Brien, porque a su mamá le pareció que una niña con nombre de
hombre tendría mejores oportunidades en la vida, "Howard"
se cambió el nombre a "Anne" desde que entró a la escuela,
con lo cual demostró tener más sentido común que su madre. La
progenitora de Anne falleció en 1956, cuando ella tenía 14 años, dos
años después el señor O’Brien volvió a contraer matrimonio. En la
secundaria Anne conoció, y fue "flechazo"a primera vista,
a Stan Rice quien sería años más tarde poeta...
Y su esposo. Con el apellido de casada y el
nombre que ella misma se puso, había nacido la escritora que crearía el
cambio más notorio en la personalidad del vampiro literario.
Entrevista con el vampiro, marcó el inicio de los
cambios, mientras que hasta entonces el vampiro había sido visto como un
depredador insensible, enemigo de la humanidad, Anne Rice nos mostró el
mundo crepuscular de los hijos de la noche "desde adentro". Por
primera vez los lectores se enteraron de los pensamientos, sentimientos,
temores y depresiones de un vampiro, un ser muerto pero no insensible,
capaz de ver el mundo desde una perspectiva diferente al "haber
despertado a las tinieblas".
La novela fue un éxito inmediato y dio pie a una
larga secuela, de hecho amplió el mundo de los vampiros de una manera
hasta entonces no intentada, ellos, al igual que los humanos, tenían la
capacidad de evolucionar y de adaptarse a los cambios del mundo.
Detalles como el agradecimiento de Louis por la invención del
cinematógrafo (que le permite ver otra vez los amaneceres),
nos sacudió a todos y explican parte del encanto de la saga vampírica de
Anne Rice.
En Lestat el vampiro, el personaje despierta
de su letargo por los acordes de una música que jamás había escuchado:
es rock y Lestat se convierte en músico y estrella del
espectáculo, se entera de que un reportero indiscreto contó parte de su
historia en Entrevista con el vampiro, y por lo tanto comienza a
contarnos su propia versión de los hechos, él no es un villano...
Y, la novela sigue, para llevarnos a la tercera: La reina de
los condenados que da fin a la trilogía. Pero no a las
historias. Pues Anne Rice, en vista del éxito obtenido, siguió
escribiendo sobre el fascinante mundo de los vampiros, con otros
personajes, otras situaciones, y ganando no sólo lectores sino también
adeptos.
Con Anne Rice el componente sexual del vampiro, hasta
entonces ingrediente fundamental sobre todo en el cine, casi desaparece,
los vampiros son asexuados... , están muertos y sus placeres no
tienen nada que ver con el sexo que es una actividad de los vivos, los
varones son impotentes, las mujeres estériles y no existe libido.
Por esa razón resultaba risible que muchos, aquí en
México, llegaran a pensar que los vampiros varones eran homosexuales por
su "necesidad" de contacto con un igual, la autora explicó muy
claramente (en las novelas), que ese acercamiento no tenía nada de
sexual, era algo puramente estético en la mayoría de los casos.
Pero habría que aclarar que en la cinta, cuyo guión escribió Rice, el
asunto de la sexualidad es deliciosamente vago y dadas ciertas posturas
jotas de los actores, podría pensarse...
Las novelas de Rice crearon un fuerte interés por el
gótico decadente entre los jóvenes y fueron un fuerte impulso al
movimiento dark. Moda, actitudes, muchachas pálidas
vestidas de negro, arte necrofílico, el look a lo Morticia Addams.
La misma Rice suele vestir de negro y mostrar una languidez muy
vampírica.
Con Rice, el vampiro pasó de ser un fenómeno
literario y cinematográfico a convertirse en un icono social entre la
juventud, y la fascinación por ese lánguido mundo crepuscular, se ha
convertido en una constante a ciertos niveles.
¿Moda
pasajera o movimiento más permanente? Nadie lo sabe, en ciertos aspectos
parece ser una parte de un "regreso al pasado" que marcó
los últimos años del siglo anterior y que funcionó como una especie de
"barrera" ante el cambio. Si el vampiro como figura
temida y añorada podrá sobrevivir a nuestra era de comunicación
instantánea, internet y aldea global, es algo que aún no se sabe,
que permanece entre las brumas de un futuro incierto. Pero lo que
si es cierto, es que el mito está ahí, agazapado tras la
modernidad. Dos fines de siglo vieron como resucitaban los
vampiros que ya parecían sepultados en la imaginería popular, una mera
leyenda.
Y, dos escritores, Stoker y Rice, los sacaron de la
tumba y les dieron vida para largo tiempo, recrearon el mito, hicieron
uno nuevo. Y hay que recordar que: los escritores
pasan, los mitos permanecen...