En octubre de 1966, el agente de la CIA Philip
Agee registró en su diario un dato espectacular: "Aunque en forma indirecta,
el secretario de Gobernación (Luis Echeverría) comunicó al jefe de la
estación (Winston Scott) que acababa de ser elegido en secreto como el
próximo presidente mexicano. A pesar de que la información no se facilitó de
modo directo, el jefe de la estación no duda de que se le inició
intencionadamente en el secreto de las elecciones que se celebraránn en
1970. Echeverría es ahora el famoso tapado que el Partido Revolucionario
Institucional ha elegido por anticipado como nuevo presidente".
Este dato modifica todas las percepciones de la sucesión
presidencial de 1970. Y establece el papel de la CIA en México. O, mejor
aún, el papel de México en el escenario de la CIA. La CIA había asesorado en
la creación de la Dirección Federal de Seguridad como la policía política
del régimen. Y tendría dos funciones: hacia dentro, la defensa del sistema
priísta; hacia afuera, su papel de guardián de los intereses de la CIA en el
escenario de la guerra fría EU-URSS.
En su Diario, Agee aporta muchos datos. Uno: la oficina de supervisión de
asuntos mexicanos en la CIA tenía el criptónimo de WH/N. La oficina de la
CIA en México estaba formada por dos jefes locales Scott y suplente Joe
Fisher y tenía además diez funcionarios. La tarea de la CIA era contener a
la Unión Soviética y su satélite Cuba. México, por tanto, se convirtió en la
Berlín de América: un centro de espías.
La CIA confiaba en la policía de seguridad mexicana. Lo
dice Agee en su Diario: la agencia no hacía muchas operaciones en los países
latinoamericanos porque las policías cumplían esa tarea propia de la guerra
fría. "Los servicios de seguridad mexicanos son tan efectivos en el
aplastamiento de la extrema izquierda que no tenemos que preocuparnos por
ese motivo".
La CIA había aterrizado en México en 1956, con el arribo
de Winston Scott como jefe de la estación. Fue el año en que comenzó el
activismo de la izquierda en los sindicatos. Cuba entonces no aparecía. Pero
el Partido Comunista estaba al frente de las rebeliones sindicales. Y ahí
operó la CIA a través de la Federal de Seguridad. De 1956 a 1968, México se
convirtió en un país de inestabilidad política por el activismo del PCM y
después por la influencia de Cuba.
La CIA jugaba el papel estabilizador. A su modo, ciertamente. La agencia
realizó operaciones de desestabilización contra la izquierda y contra el PCM.
Y tenía todo el apoyo institucional. La fusión de intereses México-EU
operaba a través de la CIA: Por eso Díaz Ordaz mantuvo relaciones con Scott
y Echeverría, a decir de Agee, le informó a la CIA desde 1966 -antes del
conflicto de 1968- que sería el siguiente presidente de la república. Luego
la CIA se metió en el conflicto olímpico, pero no para desestabilizarlo sino
para saber. Un funcionario de la CIA fue registrado como funcionario
olímpico de la embajada de los Estados Unidos.
La DFS, Gobernación y el aparato político priísta mantuvo
buenas relaciones con la CIA hasta 1970 porque mantenían los mismos
intereses definidos por la guerra fría: contener el comunismo, enfrentar a
la URSS y frenar la influencia de Cuba. Pero en 1970 llegó a la presidencia
de México el Echeverría que, dice Agee, había sido agente de la CIA. Sus
primeros meses fueron avalados por Washington. Inclusive, Echeverría expulsó
a funcionarios de la embajada de la URSS bajo el cargo de ser espías de la
KGB.
Pero llegó la ruptura. Echeverría se alejó de EU. Y ahí terminó la relación
con la CIA.
Hacia 1973, las relaciones de México con la CIA
habían cambiado. En ese año, Philip Agee registró en su diario el cambio
abrupto de jefes de la estación aquí y la llegada de John Horton como jefe
de la estación. Pero Echeverría presionó para que lo relevaran. "¿Rompió
Echeverría con la CIA?", se preguntó Agee.
De acuerdo con los tiempos políticos, Echeverría más bien
modificó su mira política. Si era el candidato de los Estados Unidos, en su
campaña se alejó de los intereses norteamericanos. Y ya en el poder, se
acercó a los soviéticos a través de Cuba, del Tercer Mundo y de la
Organización de los Países No Alineados.
En 1975, adicionalmente, Echeverría cambió las reglas de
la política para la sucesión presidencial. El sucesor ya no saldría de
Gobernación -donde llevaban la relación directa con la CIA- sino del sector
económico. La CIA reaccionó tarde y esperó hasta el colapso de 1982 para
destinar un equipo de agentes para analizar la severa crisis mexicana.
En el periodo 1969-1984, la CIA vio a México con otros ojos. En ese periodo
pasaron por la dirección de la CIA seis directores con sus enfoques: Richard
Helms fue un burócrata, James Schlesinger no se comprometió, William Colby
fue el más intervencionista a pesar de las sospechas de que era topo de la
KGB, George Bush apenas duró un año, Stansfield Turner fue atado por el
moralismo de Jimmy Carter y William Casey transformó a la agencia en una
oficina de operaciones para las pasiones redentoristas conservadoras de
Reagan.
En México, las oficinas de inteligencia salieron ganadoras de la lucha
contra la disidencia, la izquierda quedó derrotada, Cuba prefirió un
entendimiento con Fernando Gutiérrez Barrios, la KGB y la URSS aprovecharon
la doctrina progresista de Echeverría para meterse en México y el
narcotráfico se convirtió en el nuevo poder. La Federal de Seguridad e
Investigaciones Políticas y Sociales abandonaron las tareas políticas y
quedaron al garete. Los policías profesionales se agotaron con la represión
y los nuevos prefirieron pactar con el narco.
La KGB se metió hasta el fondo. En 1979 se publicó la historia novelada de
un caso de espionaje contra los EU que pasó a través de la embajada de la
Unión Soviética en México: El halcón y el hombre de la nieve. La anécdota
ocurrió en 1974, cuando Echeverría se había acercado a la URSS. Documentos
secretos de satélites fueron vendidos a los soviéticos en México. Ahí la CIA
llegó a la conclusión de que México no era confiable y que estaba penetrado
por la KGB.
A finales de 1976 llegó a la presidencia López Portillo y le siguió De la
Madrid. Los dos se alejaron del mundo del espionaje. Gutiérrez Barrios quedó
anulado en la Subsecretaría de Gobernación. Y la Federal de Seguridad quedó
al garete. Hacia 1982 arribó a la DFS José Antonio Zorrilla Pérez, un
político que había sido secretario particular de Gutiérrez Barrios. La DFS
se salió de la vigilancia política y pactó con el narco.
La CIA prefirió trabajar sin la intermediación de la DFS.
Hacia 1983 y 1984 se reveló un contrabando de autos operado por Miguel Nazar
Haro, ex director de la DFS y contacto de la CIA, pero fue la misma CIA la
que controló los daños. Las fugas de información de la CIA en México a la
prensa irritaron a la agencia de espionaje y usó ese argumento para cerrar
sus relaciones con la DFS. Los nombres de jefes de la estación comenzaron a
publicarse en México.
Las cosas cambiaron en 1981. La llegada de Reagan y su doctrina de seguridad
nacional ideológica contra la URSS pusieron a México en la mira. La CIA dejó
de tener cualquier colaboración con México y comenzó a atacar al país.