
Los hombres del poder nos engañan. Sin empacho consideran
y tratan a sus gobernados como menores de edad o débiles mentales.
Hablemos del tema económico. Quienes manejan las finanzas
se llenan de optimismo, en tanto el mundo se resquebraja; aseguran que
nuestro país está a salvo. El propio Presidente de la República, y no se
diga el secretario de Hacienda, realizan declaraciones rebosantes de
fantasía. Aseveran que para nada nos afectará la crisis financiera en el
orbe. Afirman que tenemos un "campo de fuerza" contra la caída de las
bolsas, y particularmente, para protegernos de la recesión que se vislumbra
en los Estados Unidos del Norte de América.
José Ángel Gurria, otrora secretario de Hacienda, hoy
dirigente de un organismo internacional, se armó de valor y señaló que
México sufrirá severos embates debido al problema económico mundial,
especialmente por la disyuntiva observada en suelo estadounidense. Su apunte
se fundamenta en la conocida dependencia de nuestra Patria para con las
finanzas norteamericanas; no olvidemos, son nuestros primeros clientes,
lugar a donde más exportamos, por ende, como bien se dice, "cuando Estados
Unidos estornuda a México le da neumonía".
En la ciudad de Davos, Suiza, se dan cita periódicamente
los "señores del dinero". Recientemente lo hicieron y hubo alarma por la
situación monetaria en el planeta; todos los ahí reunidos exhibieron su
angustia. Sin embargo, el secretario de Hacienda mexicano sin más espetó:
"la crisis mundial no afectará a México". Nótese la desfachatez de este
sujeto: cree que México es un pedazo de terreno, donde sólo viven él y su
familia, porque obviamente, a tal individuo y los suyos, en absoluto les
perjudicará la inestabilidad económica. La forma de pensar de este tipo, me
hace recordar una frase histórica aunque ridícula, la cual supuestamente
provenía de un yucateco, quien comentó "si se acaba el mundo me voy para
Mérida".
En efecto, al gobernante mexicano le fascina la filfa, se
regodean "tomándole el pelo" a la gente, pintándonos un panorama de
progreso, abundancia y recursos inagotables.
Pero profundicemos un poco: La mentira es usual en
nuestra sociedad; hay quien la practica por sistema y la convierte en algo
habitual; resulta difícil hallar a quien no adolezca de tan detestable
defecto, mismo que se acrecenta cual epidemia entre los mandatarios aztecas.
En nuestra Patria, es raro encontrar un dirigente, un
magnate industrial, un banquero ó comerciante, que comulgue con la verdad,
cualquiera de ellos podría recibir la nominación del "pinocho de oro"; nadie
ignora que durante las campañas políticas, los personajes siniestros del
poder; mendaces hasta la saciedad, sin importar de que partido sean, abusan
de la buena fe e inocencia de una ciudadanía como la mexicana, la cual vive
de esperanza, milagros y lotería nacional.
Como todos sabemos, los perversos estadistas también
aprovechan la amnesia de los connacionales, el pueblo generalmente es
manipulado por los medios de información, organismos que rara vez actúan con
imparcialidad y, que cotidianamente se comportan en función de intereses
mezquinos.
Retomando el asunto económico, a pesar de las patrañas
inventadas por quienes llevan las riendas de la Nación, se avecina una
severa emergencia administrativa, los pobres serán más pobres y su número se
sumará por millones.
Lamentablemente, como es habitual, lejos de prepararse
para lo que viene, los dirigentes se muestran indiferentes, siguen
esperanzados en el petróleo, así como en el envió de remesas por parte de
compatriotas explotados y maltratados en el extranjero, concretamente, en
tierra del tío Sam.
Hay carencia de planes y proyectos; los políticos
únicamente piensan en enriquecerse, haciendo de la inmoralidad su "modus
vivendi". Los industriales, comerciantes y banqueros, sólo buscan
incrementar sus fortunas mal habidas. Nadie tiene en mente el atroz
desenlace que puede llevarnos a una revolución social, de la cual se sabrá
el inicio, pero jamás cuándo y cómo termine.
Cuando la miseria agobia, quien la padece prefiere morir
de un balazo que de famélico ó por inanición; ante tan latente posibilidad,
los gobernantes siguen desvirtuando la realidad, asegurando que la luna es
de queso.
En resumen, salvo contadas excepciones, México está
plagado de dirigentes deshonestos, irresponsables y malvados, desgracia de
un destino manifiesto. 