El asesinato de la ex presidenta paquistaní Benazir
Bhutto se debe entender en un contexto histórico. Desde finales de los
años setenta sucesivas administraciones estadounidenses han contribuido
a revocar el imperio de la ley destruyendo las instituciones
paquistaníes de gobiernos laicos y civiles, y fomentando el control
militar. Durante la Guerra Fría y en el periodo subsiguiente la
revocación de la democracia y la militarización del Estado paquistaní
han servido a los objetivos de la política exterior estadounidense.
Pakistán es un centro geopolítico desde el que se han emprendido
operaciones militares patrocinadas por Estados Unidos y operaciones
encubiertas de inteligencia. Pakistán pertenece a Asia del sur, está en
un cruce estratégico que bordea Oriente Próximo, Asia central y
ex-repúblicas soviéticas, y cerca de la frontera occidental china.
El padre de Benazir, el primer ministro Zulfikar Ali
Bhutto, dirigente del Partido del Pueblo Pakistaní (PPP) fue depuesto
por un golpe militar el 5 de julio de 1977, que lanzó a Pakistán a un
proceso de gobierno militar prácticamente ininterrumpido. A consecuencia
del golpe militar, Zulfikar Ali Bhutto fue ejecutado en un asesinato
judicial siguiendo órdenes de una junta militar auspiciada por Estados
Unidos.
Bajo Zulfikar Ali Bhutto se desarrolló un gobierno postcolonial
laico. Se promovió el nacionalismo económico. El gobierno del Partido
del Pueblo Paquistaní (PPP), que tenía el apoyo de la amplia mayoría del
electorado, se comprometió con un amplio programa de reformas
económicas, sociales y institucionales.
Desde los primeros días como ministro de Asuntos
Exteriores en los sesenta, Bhutto había abogado por una política
exterior independiente y no alineada, libre de la invasión
estadounidense, así como por el cierre de las bases militares
estadounidenses. A lo largo de los setenta bajo el gobierno del PPP se
llevó a cabo un programa de nacionalización de las industrias clave, que
minó los intereses del capital multinacional.
Tras el golpe militar de 1977 se desmantelaron las estructuras del
gobierno democrático. Se abolió la Constitución y se estableció la ley
marcial bajo el mando del general Muhammad Zia-ul-Haq que se convirtió
en presidente en 1978.
Se había revocado el proceso político postcolonial.
Al principio del régimen de Zia-ul-Haq se revocaron y deshicieron las
reformas populistas del PPP de nacionalización y reformas agrarias de la
era Bhutto. A su vez, los nuevos dirigentes militares trataron, con el
apoyo de Washington, de minar las estructuras laicas del Estado
paquistaní.
El islamismo quedó incrustado en el funcionamiento
del Estado bajo el mando militar. La dictadura militar del general Zia
adoptó los principios del "fundamentalismo islámico" auspiciados por la
inteligencia estadounidense, con vistas a minar las estructuras del
gobierno civil y el imperio de la ley.
En 1980, el Parlamento fue sustituido por una falsa
asamblea consultiva, el Majlis-e-Shoora, compuesta de académicos y
profesionales, todos ellos nombrados por el presidente Zia. En nombre
del Islam se instauró un reinado del terror marcado por detenciones y
encarcelamientos arbitrarios. El estado de violencia bajo el gobierno
militar apoyó al mismo tiempo la implementación de reformas de "libre
mercado" bajo el mando del FMI y del Banco Mundial. Las reformas
macro-económicas patrocinadas por el FMI contribuyeron a destruir el
tejido de la economía paquistaní. Se disparó la deuda externa. La
pobreza se volvió galopante. Las instituciones financieras occidentales
se hicieron con el sistema bancario comercial.
Desde 1977 ha prevalecido en gran parte una dictadura
militar. Los breves gobiernos democráticamente elegidos de Benazir
Bhutto y Nawaz Sharif no rompieron de manera significativa la
continuidad del gobierno militar autoritario. Tanto Sharif como Bhutto
sirvieron a los intereses estadounidenses y aceptaron los decretos
económicos del FMI y del Banco Mundial.
Pakistán en la guerra afgano-soviética
La guerra afgano-soviética fue parte de la agenda
encubierta de la CIA iniciada durante la administración Carter, que
consistió en apoyar y financiar activamente brigadas islámicas, más
tarde conocidas como al Qaeda. Desde un principio el régimen paquistaní
jugó a finales de los setenta un papel clave en las operaciones
militares y de inteligencia financiadas por Estados Unidos en
Afganistán. En la era posterior a la Guerra Fría, este papel clave de
Pakistán en las operaciones de inteligencia estadounidenses se extendió
a la zona más amplia de Asia central y de Oriente Medio.
El golpe militar de 1977 en Pakistán, que llevó a la
desaparición del gobierno del PPP de Ali Bhutto, fue una condición
previa para el lanzamiento de la guerra encubierta de la CIA en
Afganistán.
En abril de 1978, el Partido Democrático del Pueblo
de Afganistán (PDPA, por sus siglas en inglés), se hizo con el poder en
Afganistán en una insurrección popular dirigida contra la dictadura del
presidente Mohammed Daud Khan. El gobierno del PDPA promovió un programa
de reforma de la tierra, mejoró los programas educativos y sanitarios, y
apoyó activamente los derechos de las mujeres. También se fortalecieron
las relaciones de Afganistán con la Unión Soviética.
El objetivo de la operación encubierta de la CIA era
minar y, en última instancia, destruir el gobierno del PDPA, al tiempo
que reducir la influencia de la Unión Soviética en Asia central. El
apoyo encubierto de la CIA a las brigadas islámicas desempeño también un
papel decisivo en la destrucción de los cimientos de un gobierno civil
laico.
Desde el inicio de la guerra afgano-soviética en
1979, Pakistán, que estaba bajo un gobierno militar, apoyó activamente a
las brigadas islámicas. En estrecha relación con la CIA la inteligencia
militar paquistaní, el Inter-Services Intelligence (ISI), se
convirtió en una poderosa organización, en un gobierno paralelo que
ejercía un enorme poder e influencia. La guerra encubierta
estadounidense en Afganistán, que utilizaba a Pakistán como plataforma
de lanzamiento, se inició durante la administración Carter antes de la
"invasión" soviética:
"Según la versión oficial de la historia, la ayuda de
la CIA a los muyaidines empezó en los ochenta, esto es, después de que
el ejército soviético invadiera Afganistán el 24 de diciembre de 1979.
Pero la realidad, mantenida en secreto hasta la fecha, es completamente
diferente. De hecho, fue el 3 de julio de 1979 cuando el presidente
Carter firmó la primera directriz de ayuda secreta a los oponentes al
régimen pro-soviético de Kabul. Y ese mismo día escribí una nota al
presidente en la que le explicaba que, en mi opinión, esa ayuda iba a
inducir a una intervención militar soviética" (Former National Security
adviser Zbigniew Brzezinski, Interview with Nouvel Observateur, 15-21
January 1998)
En las memorias del secretario de Defensa Robert
Gates, que en el momento culminante de la guerra afgano-soviética
desempeñaba el cargo de vice-director de la CIA, (afirma que) la
inteligencia estadounidense estaba directamente implicada desde el
principio, antes de la invasión soviética, en canalizar la ayuda a las
brigadas islámicas.
Con la CIA respaldándolo y canalizándole enormes
cantidades de ayuda militar estadounidense, el ISI paquistaní se había
convertido en una "estructura paralela que ejercía un poder enorme en
todos los aspectos del gobierno" (Dipankar Banerjee, "Possible
Connection of ISI With Drug Industry", India Abroad, 2 de
diciembre de 1994). El personal del ISI estaba compuesto de
aproximadamente 150 mil personas entre oficiales militares y agentes de
inteligencia, burócratas, agentes secretos y uniformados (Ibid).
Mientras tanto, las operaciones de la CIA también
habían reforzado el régimen militar paquistaní dirigido por el general
General Zia Ul Haq: "Las relaciones entre la CIA y el ISI habían ido
mejorando cada vez más después de que [el general] Zia destituyera a
Bhutto y se instaurara el régimen militar...Durante la mayor parte de la
guerra afgana, Pakistán fue más agresivamente anti-soviético que,
incluso, Estados Unidos. Poco después de que los soviéticos invadieran
Afganistán en 1980, Zia [ul Haq] envió a su jefe del ISI a
desestabilizar a los Estados soviéticos de Asia central. Sólo en octubre
de 1984 la CIA estuvo de acuerdo con este plan" (Ibid)
Operando prácticamente como una filial de la CIA, el
ISI desempeñó un papel central en canalizar el apoyo a los grupos
paramilitares islámicos en Afganistán y posteriormente a las repúblicas
musulmanas en la antigua Unión Soviética. Actuando en nombre de la CIA,
el ISI también estuvo implicado en el reclutamiento y adiestramiento de
los muyaidines. En los diez años comprendidos entre 1982 y 1992, se
reclutó a unos 35 mil musulmanes de 43 países islámicos para luchar en
la jihad afgana. También se fundaron madrasas en Pakistán, financiadas
gracias a obras de caridad saudíes y con apoyo estadounidenses con la
idea de "inculcar valores islámicos". "Los campamentos se convirtieron
prácticamente en universidades para el futuro radicalismo islámico" (Ahmed
Rashid, The Taliban). El adiestramiento en la
guerrilla bajo los auspicios de la CIA-ISI incluyeron asesinatos
selectivos y atentados con coche bomba.
Los envíos por barco de cargamentos de armas "fueron
enviados por el ejército paquistaní y el ISI a los campamentos rebeldes
en la provincia de la frontera noroeste cerca de la frontera con
Afganistán. El gobernador de la provincia es el teniente general Fazle
Haq, quien (según Alfred McCoy) permitió "que se establecieran cientos
de refinerías de heroína en su provincia". Desde aproximadamente 1982,
camiones del ejército paquistaní que transportan armas de la CIA desde
Karachi a menudo recogen heroína en la provincia de Haq y vuelven
cargados con ella. Papeles del ISI los protegen de los registros de la
policía. (1982-1989: US Turns Blind Eye to BCCI and Pakistani Government
Involvement in Heroin Trade véase también McCoy, 2003, p. 477) .
Osama Bin Laden
Osama bin Laden, el ogro de Estados Unidos, fue
reclutado por la CIA en 1979 al principio de la jihad financiada por
Estados Unidos. Tenía 22 años y fue adiestrado en un campo de
entrenamiento de la guerrilla financiado por CIA. Durante la
administración Reagan se encargó a Osama, que pertenecía a la acaudalada
familia saudí Bin Laden, recaudar dinero para las brigadas islámicas. Se
crearon muchas obras de caridad y fundaciones. La operación fue
coordinada por la inteligencia saudí, dirigida por el príncipe Turki al-Faisal,
en estrecha relación con la CIA. El dinero procedente de obras de
caridad fue empleado para financiar el reclutamiento de voluntarios
muyaidines. Al Qaeda, "la base" en árabe, era un banco de datos de
voluntarios que se habían apuntado para luchar en la jihad afgana. Osama
bin Laden se ocupó inicialmente de la base de datos.

Benazir Bhutto. |
Reagan apoya el "fundamentalismo islámico"
El ISI paquistaní fue utilizado como intermediario.
El apoyo encubierto de la CIA a los muyaidines en Afganistán se producía
indirectamente a través de ISI paquistaní, esto es, la CIA no canalizaba
directamente su apoyo a los muyaidines. En otras palabras, para que
estas operaciones encubiertas tuvieran "éxito", Washington ponía buen
cuidado en no revelar el objetivo último de la "jihad", que consistía en
destruir la Unión Soviética.
En diciembre de 1984 se estableció en Afganistán la
legislación Sharia (la jurisprudencia islámica) tras un referendum
fraudulento organizado por el presidente Muhammad Zia-ul-Haq. Unos
escasos meses después, en marzo de 1985, el presidente Ronald Reagan
aprobó la Directiva sobre Decisión de Seguridad Nacional 166 (NSDD 166,
por sus siglas en inglés), que autorizaba "una ayuda militar escalonada
a los muyaidines", así como el apoyo al adoctrinamiento religioso.
La imposición de la Sharia en Pakistán y la promoción
del "Islam radial" era una política deliberada estadounidense que servía
a sus intereses geoestratégicos en el sur de Asia, Asia central y
Oriente Próximo. Muchas de las actuales "organizaciones fundamentalistas
islámicas" de Oriente Próximo y Asia central fueron producto directo o
indirecto del apoyo y financiación encubiertos de Estados Unidos,
canalizado a menudo s a través de fundaciones de Arabia Saudí y de los
Estados del Golfo. Se encargó a misiones de la secta wahhabi del Islam
conservador en Arabia Saudi dirigir las madrasas financiadas por la CIA
en el norte de Pakistán. Con la NSDD 166 se emprendieron una serie de
operaciones encubiertas de la CIA-ISI.
Estados Unidos suministró armas a las brigadas
islámicas a través del ISI. Agentes de la CIA y del ISI se pudieron
haber reunido en el cuartel general del ISI en Rawalpindi para coordinar
el apoyo estadounidense a los muyaidines. Con la NSDD 166, la
adquisición de armas estadounidenses por parte de los insurgentes
islámicos aumentó de 10 mil toneladas de armas y municiones en 1983 a 65
mil toneladas anuales para 1987. "Además de armas, (se incluye)
adiestramiento, equipamiento militar completo, incluyendo mapas satélite
y equipamiento de comunicaciones último modelo" (Telegrama de la
Universidad, 7 de mayo de 2002.) Encuentro entre Ronald Reagan y
comandantes muyaidines afganos en la Casa Blanca en 1983 (Reagan
Archives)
Con William Casey como director de la CIA, la NSDD
166 fue descrita como la mayor operación encubierta de la historia de
Estados Unidos: "El paquete de ayuda estadounidense tenía tres
componentes esenciales, organización y logística, tecnología militar y
apoyo ideológico para mantener y animar la resistencia afgana ....
Expertos en contrainsurgencia estadounidenses
trabajaron estrechamente con el ISI paquistaní en la organización de los
grupos muyaidines y en la planificación de las operaciones dentro de
Afganistán... Pero la contribución más importante de Estados Unidos
fue... llevar hombres y material de todo el mundo árabe y de más allá.
Se buscó a los hombres más curtidos y entregados ideológicamente con la
lógica de que serían los mejores combatientes. Se publicaron anuncios,
pagados por la CIA, en periódicos y boletines de todos el mundo
ofreciendo incentivos y motivaciones para unirse a la jihad". (Pervez
Hoodbhoy, Afghanistan and the Genesis of the Global Jihad,
Peace Research, 1 de mayo de 2005)
Con la NSDD 166, la ayuda estadounidense a las
brigadas islámicas canalizada a través de Pakistán no se limitó a ayuda
militar de buena fe. Por medio de la Agencia Estadounidenses de
Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) Washington
también apoyó y financió el proceso de adoctrinamiento religioso, en
buena parte para garantizar la desaparición de las instituciones laicas:
"... Estados Unidos gastó millones de dólares para
suministrar a los alumnos de las escuelas afganas libros de textos
repletos de imágenes violentas y enseñanzas islámicas militantes, como
parte de los intentos encubiertos de fomentar la resistencia a la
ocupación soviética.
Los manuales, que estaban repletos de palabrería
sobre la jihad y de ilustraciones sobre armas, balas, soldados y minas,
han servido desde entonces como centro del curriculum escolar afgano.
Incluso los talibán utilizan libros creados por Estados Unidos ...
La Casa Blanca defiende el contenido religioso
afirmando que los principios islámicos están presentes en la cultura
afgana y que los libros "están llenos de complicidad con la legislación
y la política estadounidense" . Sin embargo, expertos jurídicos se
preguntan si los libros violan una prohibición de la Constitución al
utilizar dólares de los impuestos estadounidenses para promover la
religión... Altos cargos de (US)AID afirmaron en entrevistas que dejaron
el material islámico intacto porque temían que los educadores afganos
rechazaran los libros por faltarles grandes dosis de pensamiento
musulmán. La agencia de los textos religiosos eliminó su logotipo y toda
mención al gobierno estadounidense, afirmó la portavoz de (US)AID,
Kathryn Stratos. "No es una política de (US)AID apoyar una institución
religiosa", afirmó Stratos. "Pero continuamos con este proyecto porque
su propósito inicial . . . es educar niños, que es básicamente una
actividad laica".
... Publicados en las lenguas afganas mayoritarias,
dari y pashtun, los libros de texto se desarrollaron a principios de los
años ochenta gracias a una subvención de [US]AID concedida a la
Universidad de Nebraska-Omaha y a su Centro para Estudios de Afganistán.
Entre 1984 y 1994 la agencia se gastó 51 millones de dólares en los
programas de educación de la Universidad" (Washington Post,
23 de marzo de 2002.)
El papel de los neocons
Existe una continuidad. Los artífices de la operación
encubierta en apoyo del "fundamentalismo islámico" emprendida durante la
presidencia de Reagan desempeñaron un papel fundamental en el
lanzamiento de la "guerra global contra el terrorismo" tras el 11 de
septiembre. Varios de los neocons de la administración de
Bush hijo fueron altos cargos políticos durante la presidencia de Reagan.
Richard Armitage era vice-secretario durante el
primer mandato de George W. Bush (2001-2004). Desempeñó un papel clave
en las negociaciones tras el 11 de septiembre con Pakistán que llevaron
a la invasión de Afganistán en octubre de 2001. Durante la época Reagan
desempeñó el cargo de ayudante del secretario de Defensa para la
política de seguridad nacional. En las funciones de su cargo desempeñó
un papel clave en la implementación de la NSDD 163 al tiempo que
afianzaba las relaciones con el ejército y el aparato de inteligencia
paquistaníes.
Mientras, Paul Wolfowitz estaba en el departamento de
Estado a cargo de un equipo de política exterior compuesto entre otros
por Lewis Libby, Francis Fukuyama y Zalmay Khalilzad.
El grupo de Wolfowitz también estuvo implicado en
llevar a cabo el trabajo ideológico preliminar del apoyo encubierto de
Estados Unidos a partidos y organizaciones islámicas en Pakistán y
Afganistán. El secretario de Defensa de Bush, Robert Gates, también
trabajó en la preparación del trabajo previo de las operaciones
encubiertas de la CIA. Fue nombrado vice-director de Inteligencia por
Ronald Reagan en 1982 y vice-director de la CIA en 1986, puesto que
mantuvo hasta 1989. Gates desempeñó un papel clave en la formulación de
la NSDD 163, que establecía un sólido marco para promover el
fundamentalismo islámico y canalizar el apoyo encubierto a las brigadas
islámicas. También estuvo implicado en el escándalo "Iran Contra".
La operación Irán-Contra
Richard Gates, Colin Powell y Richard Armitage, entre otros,
estuvieron también implicados en el la operación Irán-Contra.
Armitage tenía una estrecha relación con el coronel Oliver North. Su
subordinado y jefe anti-terrorista Noel Koch formaba parte del equipo
creado por Oliver North.
Es significativo que la operación Irán-Contra
también estuvo relacionada con el proceso de canalización de la ayuda
encubierta a las brigadas islámicas en Afganistán. El esquema
Irán-Contra sirvió para varias otras políticas exteriores
relacionadas:
1) proporcionar armas a Irán y, por consiguiente,
alimentar la guerra irano-iraquí,
2) apoyar a los contras nicaragüenses,
3) apoyo a las brigadas islámicas en Afganistán,
canalizado vía el ISI de Pakistán.
Tras la entrega de misiles anti-tanque TOW a Irán, el
dinero de esas ventas se depositó en cuentas bancarias numeradas y el
dinero se utilizó para financiar a los contras nicaragüenses y a los
muyaidines:
"El Washington Post informó de que los
beneficios de las ventas de armas a Irán fueron depositados en una
cuenta administrada por la CIA en la que Arabia Saudi y Estados Unidos
habían depositado 250 millones de dólares cada uno. Este dinero fue
entregado no sólo a los contras de América central sino también a los
rebeldes que luchaban contra las tropas soviéticas en Afganistán" (US
News & World Report, 15 de diciembre de 1986).
Aunque el teniente general Colin Powell no estuvo
directamente implicado en las negociaciones de transferencia de armas,
que habían sido encargadas a Oliver North, era uno de "los al menos
cinco hombres del Pentágono que sabía que se estaban transfiriendo armas
a la CIA" (The Record, 29 de diciembre de 1986). En
este sentido, Powell desempeñó directamente un papel decisivo en dar
"luz verde" a oficiales de menor rango, lo que supone una flagrante
violación de los procedimientos del Congreso. Según el New York
Times, Colin Powell tomó la decisión (respecto a las
adquisiciones militares) de permitir al entrega de armas a Irán:
"De forma apresurada, uno de los hombres más cercanos
al secretario de Defensa Weinberger, el general de división Colin Powell,
pasó por encima de los procedimientos de "sistema de foco" y ordenó a la
Agencia de Logística de Defensa (responsable de la adquisición) que
entregara el primero de los misiles TOW 2.008 TOW a la CIA., que actuó
como intermediario para entregarlo a Irán" (New York Times,
16 de febrero de 1987.) El secretario de Defensa Robert Gates también
estuvo implicado en el caso Iran-Contra.
El tráfico de drogas del Creciente de Oro
La historia del tráfico de droga en Asia central está
íntimamente relacionada con las operaciones encubiertas de la CIA. Antes
de la guerra afgano-soviética la producción de opio en Afganistán y
Pakistán estaba dirigida a pequeños mercados regionales. No había
producción local de heroína. (Alfred McCoy, Drug Fallout: the CIA's
Forty Year Complicity in the Narcotics Trade. The
Progressive, 1 de agosto de 1997.)
El estudio de Alfred McCoy confirma que dos años
después del inicio de las operaciones encubiertas de la CIA en
Afganistán "las fronteras de Pakistán y Afganistán se convirtieron en el
mayor productor mundial de heroína" (Ibid). Se crearon varios grupos
paramilitares y organizaciones islámicos. La recaudación del tráfico de
droga afgano, que estaba protegido por la CIA, se utilizó para financiar
las diferentes insurgencias:
"Bajo la protección paquistaní y de la CIA, el
ejército paquistaní y la resistencia afgana abrieron laboratorios de
heroína en la frontera afgano-paquistaní. Según el Washington
Post de mayo de 1990, entre los principales fabricantes de
heroína estaba Gulbuddin Hekmatyar, un dirigente afgano que había
recibido aproximadamente la mitad del envío encubierto de armas que
Estados Unidos había enviado por barco a Pakistán. A pesar de las quejas
existentes de la brutalidad de Hekmatyar y del tráfico de drogas entre
las filas de la resistencia afgana de entonces, la CIA mantuvo una
alianza acrítica y le apoyó sin reservas ni restricciones.
Una vez que la heroína dejó estos laboratorios en la
frontera noroeste de Pakistán, la mafia siciliana importó las drogas a
Estados Unidos, donde rápidamente se hicieron con el 16 por ciento del
mercado estadounidense de heroína. Esto quiere decir que el 16 por
ciento del suministro de droga a Estados Unidos venía indirectamente de
una operación de la CIA. Durante la década de esta operación, los
ochenta, un sustancial contingente de la Agencia Estadounidense contra
la Droga (DEA, por sus siglas en inglés) en Islamabad no practicó
detenciones ni hizo decomisos, con lo que de facto dejó manos libres a
los sindicatos para exportar heroína. En cambio, un solitario detective
noruego que seguía a un traficante desde Oslo a Karachi organizó una
investigación que puso entre barrotes a un poderoso banquero paquistaní,
que era como un hijo para el presidente Zia. La DEA en Islamabad no
detuvo a nadie, no hizo nada, se mantuvo al margen.
Ex-agentes de la CIA han admitido que esta operación
llevó a la expansión del tráfico de heroína afgano-paquistaní. En 1995
el ex-director de la CIA de esta operación afgana, Charles Cogan,
admitió sacrificar la guerra de la droga para combatir la Guerra Fría.
"Nuestra misión principal era hacer el mayor daño posible a los
soviéticos. Realmente no teníamos los recursos o el tiempo para
dedicarlo a investigar el tráfico de droga", declaró a la televisión
australiana. "No creo que debamos pedir perdón por ello. Cada situación
tiene sus secuelas. Hubo secuelas en términos de drogas, sí, pero se
cumplió el principal objetivo. Los soviéticos abandonaron" (Alfred McCoy,
Testimony before the Special Seminar focusing on allegations linking CIA
secret operations and drug trafficking-convened February 13, 1997, by
Rep. John Conyers, Dean of the Congressional Black Caucus)
El tráfico de droga no ha disminuido lo más mínimo en
los años posteriores a la Guerra Fría. Afganistán se convirtió en el
principal suministrador de heroína de los mercados occidentales, de
hecho, casi el único suministrador: más del 90% de la heroína vendida en
todo el mundo procede de Afganistán. El lucrativo contrabando está
relacionado con la política paquistaní y la militarización del Estado
paquistaní. También tiene una relación directa con la estructura de la
economía paquistaní y sus instituciones bancarias y financieras, que
desde el inicio del tráfico de drogas del Creciente de Oro han estado
implicados en amplias operaciones de blanqueo de dinero, que están
protegidas por el aparato militar y de inteligencia paquistaní:
Según el Informe de Estrategia Internacional de
Control de Narcóticos del Departamento de Estado estadounidense (2006)
(citado en el Daily Times, 2 March 2006), "las redes criminales
paquistaníes desempeñan un papel clave en el paso de narcóticos y bienes
de contrabando desde Afganistán a los mercados internacionales. Pakistán
es uno de los principales países de tránsito de droga. Las recaudaciones
del tráfico de narcóticos y la financiación de las actividades
terroristas a menudos son blanqueados por medio de un sistema
alternativo llamado hawala. ... .
"Repetidas veces ha emergido también una red de
organizaciones de caridad privada no regulada como una fuente
significativa de financiaciones ilícitas de redes terroristas
internacionales", señaló el informe ...
El sistema hawala y las organizaciones de caridad no
son más que la punta del iceberg. Según el informe del departamento de
Estado, "el banco estatal de Pakistán ha congelado durante más de veinte
años unos escasos 10 millones y medio de dólares "que pertenecen a 12
entidades e individuos vinculados a Osama bin Laden, al Qaeda o los
talibán". Lo que el informe no menciona es que la mayor parte de las
recaudaciones del tráfico de drogas afgano es blanqueada de buena fe en
instituciones bancarias occidentales.

Osama bin Laden. |
Los talibán reprimen el tráfico de droga
En 200 se produjo un giro fundamental e insospechado
en el tráfico de droga auspiciado por la CIA. El gobierno talibán que
llegó al poder en 1996 con el apoyo de Washington implementó, con el
apoyo de Naciones Unidas, en 2000-2001 un programa de erradicación de
largo alcance que sirvió para minar el multimillonario tráfico de droga.
(Para más detalles véase, Michel Chossudovsky, America's War on
Terrorism, Global Research, 2005.)
En 2001, antes de la invasión encabezada por Estados
Unidos, la producción de opio bajo el programa de erradicación de los
talibán bajó más de un 90 por ciento. Inmediatamente después de la
invasión dirigida por Estados Unidos la administración Bush ordenó que
no se destruyera la cosecha de opio con el pretexto inventado de que eso
minaría el gobierno de Pervez Musharraf.
"Varias fuentes dentro del Capitolio indicaron que la
CIA se opone a la destrucción del suministro de opio afgano porque
hacerlo desestabilizaría el gobierno paquistaní del general Pervez
Musharraf. Según estas fuentes, la inteligencia paquistaní había
amenazado con derrocar al presidente Musharraf si se destruían las
cosechas ... Si ellos (la CIA) se oponen de hecho a la destrucción del
tráfico de opio afgano, esto sólo servirá para perpetuar la creencia de
que la CIA es una agencia que carece de moral; [está] lejos de su propio
programa más que con el [programa] de nuestro gobierno elegido
constitucionalmente" (NewsMax.com, 28 March 2002)
Desde la invasión encabezada por Estados Unidos la
producción de opio ha aumentado 33 veces, de 185 toneladas en 2001 bajo
los talibán a 6.100 toneladas en 2006, y las zonas cultivadas han
aumentado 21 veces desde entonces. (Michel Chossudovsky, Global Research,
6 January 2006)
En 2007 Afganistán suministraba aproximadamente el 93
por ciento del suministro global de heroína. La recaudación (en términos
valor al por menor) del tráfico de droga de Afganistán se calculan (en
2006) que son superiores a 190 mil millones de dólares, lo que
representa una parte significativa del comercio global de narcóticos (Ibid).
La recaudación de este lucrativo contrabando
multimillonario en dólares se deposita en bancos occidentales. Casi la
totalidad de los ingresos benefician a intereses corporativos y
sindicatos criminales de fuera de Afganistán. El blanqueo del
dinero de la droga constituye una actividad multimillonaria que sigue
estando protegida por la CIA y el ISI tras la invasión de Afganistán por
Estados Unidos en 2001. Viéndolo con perspectiva, uno de los objetivos
principales de la invasión de Afganistán en 2001 fue restablecer el
tráfico de droga.
La militarización de Pakistán sirve a poderosos
intereses políticos, financieros y criminales que subyacen bajo el
tráfico de droga. La política exterior estadounidense tiende a apoyar
estos poderosos intereses. La CIA sigue protegiendo el tráfico de
narcóticos de Creciente de Oro. A pesar de su compromiso de erradicar el
tráfico de drogas, bajo el régimen del presidente afgano Hamid Karzai se
ha disparado la producción de opio .
El asesinato del general Zia Ul-Haq
En agosto de 1988 el presidente Zia murió en un
accidente aéreo junto con el embajador estadounidense en Pakistán,
Arnold Raphel, y varios altos oficiales militares paquistaníes. Las
circunstancias de accidente aéreo continúan envueltas en un velo de
misterio. Tras la muerte de Zia se celebraron elecciones parlamentarias
y Benazir Bhutto juró su cargo como primera ministro en diciembre de
1988. Posteriormente fue retirada de su cargo por el sucesor de Zia, el
presidente Ghulam Ishaq Khan, acusada de corrupción. En 1993 fue
re-elegida y de nuevo fue retira del cargo en 1996 por orden del
presidente Farooq Leghari.
Siempre se ha mantenido la continuidad. En la corta
vida de los gobierno electos post-Zia de Nawaz Sharif y Benazir Bhutto,
nunca se puso en entredicho el papel central de la clase dirigente de la
inteligencia y militar, ni sus vínculos con Washington. Tanto Benazir
Bhutto como Nawaz Sharif sirvieron a los intereses exteriores
estadounidenses. Mientras permanecieron en el poder los dos dirigentes
democráticamente elegidos apoyaron, sin embargo, la continuidad del
dominio militar. Como primera ministro desde 1993 hasta 1996 Benazir
Bhutto "defendió una política conciliadora respecto a los islamistas,
especialmente los talibán de Afganistán" que habían estado apoyados por
el ISI paquistaní (See F. William Engdahl, Global Research, January
2008) El sucesor de Benazir Bhutto como primer ministro, Mia Muhammad
Nawaz Sharif, de la Liga Musulmana de Pakistán (PML, por sus siglas en
inglés) fue derrocado en 1999 en el golpe de estado dirigido por el
general Pervez Musharraf y apoyado por Estados Unidos.

El
golpe de 1999 fue instigado por el general Pervez Musharaf, con el apoyo
del jefe del Estado mayor, teniente general Mahmoud Ahmad, que
posteriormente fue designado para el puesto clave de jefe de la
inteligencia militar (ISI). Desde el principio de la administración Bush
en 2001 el general Ahmad mantuvo unas estrechas relaciones no sólo con
su homólogo estadounidense, el director de la CIA, George Tenet, sino
también con miembros clave del gobierno estadounidense, incluyendo al
secretario de Estado, Colin Powell, el vice-secretario de Estado,
Richard Armitage, por no mencionar a Porter Goss, que entonces era
presidente del Comité de la Cámara sobre Inteligencia. Irónicamente,
según un informe del FBI de septiembre de 2001, Mahmoud Ahmad también es
conocido por el papel que supuestamente desempeñó en apoyar y financiar
a los supuestos terroristas del 11 de septiembre, así como por sus
relaciones con al Qaeda y los talibán. (See Michel Chossudovsky,
America's "war on Terrorism, Global Research, Montreal, 2005)
Conclusiones
Estas diferentes organizaciones "terroristas" fueron
creadas a consecuencia del apoyo de la CIA. No son producto de la
religión. El proyecto de establecer un "Califato pan-islámico" forma
parte de una operación de inteligencia cuidadosamente diseñada. El apoyo
de la CIA a al Qaeda en absoluto acabó al terminar la Guerra Fría. De
hecho, más bien fue todo lo contrario. El modelo inicial de apoyo
encubierto no sólo se amplió sino que adquirió un empuje global y se
volvió cada vez más sofisticado. La "guerra global contra el terrorismo"
es una compleja e intrincada creación de la inteligencia. El apoyo
encubierto proporcionado a "grupos terroristas islámicos" forma parte de
la agenda imperial. Pretende debilitar y, finalmente, destruir
instituciones gubernamentales laicas y civiles, al tiempo que contribuir
a vilipendiar al Islam. Es un instrumento de colonización que trata de
minar naciones-Estado soberanas y transformar países en territorios. Sin
embargo, para que la operación de inteligencia tenga éxito, las
diferentes organizaciones islámicas creadas y adiestradas por la CIA
deben desconocer el papel que están desempeñando en el tablero
geopolítico en beneficio de Washington. De hecho, con los años estas
organizaciones han adquirido cierto grado de autonomía e independencia
en relación a sus patrocinadores estadounidenses y paquistaníes. Sin
embargo, esta apariencia de "independencia" es crucial; es una parte
esencial de la operación encubierta de inteligencia. Según el ex-agente
de la CIA Milton Beardman, los muyaidines siempre ignoraban el papel que
estaban desempeñando en beneficio de Washington. En palabras de bin
Laden (citadas por Beardman), "ni yo ni mis hermanos vimos pruebas de la
ayuda estadounidense" (Weekend Sunday (NPR); Eric Weiner,
Ted Clark; 16 de agosto de 1998.). "Motivados por el nacionalismo y el
fervor religioso, los combatientes islámicos ignoraban que estaban
luchando contra el ejército soviético a favor del Tío Sam. Aunque había
contactos a los niveles más altos de la jerarquía de la inteligencia,
los dirigentes rebeldes islámicos que actuaban sobre el terreno no
tenían contactos con Washington o la CIA" (Michel Chossudovsky,
America's War on Terrorism, Chapter 2). Se necesita la creación de
"terrorismo" -incluyendo el apoyo encubierto a terroristas- para
proporcionar legitimidad a la "guerra contra el terrorismo". Los
diferentes grupos fundamentalistas y paramilitares implicados en la
actividades "terroristas" auspiciadas por la CIA son "activos de
inteligencia". Tras el 11 de septiembre la función que se les designa
como "activos de inteligencia" es desempeñar el papel de "enemigos de
Estados Unidos" creíbles. Con la administración Bush la CIA sigue
apoyando (vía el ISI de Pakistán) a varios grupos islámicos asentados en
Pakistán. Se sabe que el ISI ha apoyado a Jamaat a-Islami, que también
está presente en el sudeste de Asia, Lashkar-e-Tayyaba, Jehad a-Kashmiri,
Hizbul-Mujahidin y Jaish-e-Mohammed.
También se busca que los grupos islámicos creados por
la CIA consigan apoyo público para los países musulmanes. El objetivo
subyacente es crear división dentro de las sociedades nacionales por
todo Oriente Próximo y Asia central, al tiempo que se instigan las
luchas sectarias dentro del Islam, con el objetivo último de frenar el
desarrollo de una resistencia de masas laica de amplia base que
desafiaría la ambiciones imperiales estadounidenses. Esta función de un
enemigo exterior también es una parte esencial de al propaganda de
guerra que se requiere para aguijonear a la opinión pública occidental.
Sin un enemigo no se puede luchar una guerra. La política exterior
estadounidense necesita crear un enemigo para justificar sus diferentes
intervenciones militares en Oriente Próximo y Asia central. Se necesita
un enemigo para justificar la agenda militar que consiste en "ir tras al
Qaeda". Para justificar la acción militar se necesita la creación del
enemigo y vilipendiarlo. La existencia de un enemigo exterior mantiene
la impresión de que la "guerra contra el terrorismo" es real. Justifica
y presenta la intervención militar como una operación humanitaria basada
en el derecho a la autodefensa. Mantiene la impresión de un "conflicto
de civilizaciones". En última instancia, el propósito subyacente es
ocultar los objetivos económicos y estratégicos reales que hay detrás de
la más amplia guerra de Oriente Próximo y Asia central. Históricamente,
Pakistán ha desempeñado un papel central en la "guerra contra el
terrorismo". Desde el punto de vista de Washington, Pakistán constituye
un centro geopolítico. Hace frontera con Afganistán e Irán. Ha
desempeñado un papel fundamental en la realización de operaciones
militares estadounidenses y de los aliados así como en el contexto de
los planes de guerra del Pentágono en relación a Irán. Pakistán sigue
siendo un campo de adiestramiento para las brigadas islámicas
auspiciadas por Estados Unidos en Oriente Medio, África, Asia central y
sudeste de Asia.
Los medios de comunicación occidentales describen al
presidente Pervez Musharraf como "un aliado de Estados Unidos en su
batalla contra el terrorismo". La realidad es completamente distinta.
Desde finales de los años setenta el régimen militar paquistaní ha
estado ayudando y financiando sistemáticamente "organizaciones
terroristas islámicos" en beneficio de Washington.
