A "esos intrépidos hombres en sus máquinas
voladoras"...
Al Ingeniero Eugene Mc Coy Acton, sttl... Uno de "los pocos".
Hace ya más de 100 años, y parecería que fue apenas ayer...
Así de rápido se dan ahora los cambios en
este maravilloso mundo en el cual vivimos... después de miles de años
en los cuales nuestra especie permaneció pegada a la tierra, a
nosotros nos tocó ser Ícaros, sin cera, sol o caídas... y si éstas se
produjeran; para eso tenemos paracaídas de alto rendimiento.
Pero alguna vez todo ello fue sólo un sueño.
De todas las técnicas creadas por el hombre una de las
más espectaculares junto con las armas, es la aviación, también es la que ha
experimentado los avances más notables.
En diciembre de 1903 los Wright, un par de hermanos
mecánicos de bicicletas, de Dayton, Ohio, USA; levantaron el vuelo
con un aparato más pesado que el aire..., apenas volaron unos metros
antes de que la fuerza de gravedad los reclamara. Pero la barrera
había sido rota, nada sería igual luego.
En julio de 1969 otros dos estadunidenses, Armstrong y
Aldrin estaban poniendo los pies en la Luna... Lo que Armstrong dijo
entonces podría aplicarse a la aviación: Ha sido un salto
gigantesco para toda la humanidad.
Apenas 66 años para llegar tan alto.
La aviación se ha desarrollado de manera exponencial...
De los Wright a Chuck Yeager y Neil Armstrong...
De un saltito a la velocidad supersónica, a la Luna y
más allá.
Y lo que falta, a la manera de Star Trek:
"Avanzando osadamente hasta donde nadie ha llegado...,
todavía".
Apenas acabamos de cumplir el primer centenario de la
aviación, una de las más grandes aventuras del hombre. Un sueño
que se hizo realidad, más allá de las mas locas expectativas.
EL SUEÑO:
Los hombres siempre han mirado hacia las alturas y soñado
con ellas, los dioses, las criaturas mitológicas o bien vivían en lo alto
desde donde miraban a los humanos con un cierto desdén, o poseían alas para
así poder remontarse a las alturas, el vuelo era algo reservado a los dioses
y así Ícaro pagó caro el volar: en el ingenuo mito, la cera derretida
de sus alas, por acercarse al sol, lo precipitó a tierra donde halló la
muerte.
No tenía paracaídas el pobre...
Corría el año del señor de 1697, cuando el padre
Francesco Lana, en Roma, escribió un tratado "científico"
sobre como construir lo que llamó "una nave aérea".
El pío jesuita vaticinó incluso que tal máquina no
podría ser construida "pues podría ser usada en la guerra con
consecuencias terribles, y Dios no permitiría eso".
El buen padre Lana, por supuesto, estaba equivocado.
Amén de los logros y cientos de vuelos con planeadores de
Otto Liellentahl (que terminarían por costarle la vida) y de
la inventiva de los Wright, fueron las guerras las que dieron el
impulso más grande a la aviación, incluyendo la "guerra fría"
que sirvió para la llegada a la Luna.
La deidad, como todos sabemos, no intervino para nada en
esto, aparentemente ocupada en cosas más importantes.
Pero hace 100 años el uso del avión en la guerra era algo
así como una fantasía, su utilización se reduciría en todo caso a la
observación, la cual ya se había realizado desde el aire mediante el empleo
de globos de aire caliente durante la guerra civil de los EUA... pero
¿los aviones como armas? Eran cosas: ¡para
la fantasía!, sin embargo, se estaban haciendo tímidos
experimentos; antes de 1910 el país que ostentaba el récord mundial
de altitud de vuelo era los EUM, la altura de la ciudad de México hacía que
los cientos de metros que se elevaban los aviones de los pioneros mexicanos,
los colocara mucho más alto sobre el nivel del mar que cualquiera otro en el
mundo, esos vuelos llevaron al diseño mexicano de las mejores hélices
de la época, en el mundo.
Igualmente se estaban llevando a cabo experimentos con
bombas y miras de aviación en los campos de Balbuena, aunque el ejército
porfirista no tomó demasiado en cuenta el asunto, los resultados habían
sido impresionantes: era la época en que nuestro ejército era el
primero del mundo en usar armas automáticas, el fusil Mondragón, Porfirio
Díaz 1908 el cual incidentalmente sería usado por los aviadores
alemanes durante la Primera Guerra Mundial..., aunque el dato
moleste a algunos
de pacotilla: Perdón
por el pleonasmo.
Poco después Francisco I. Madero se convertiría en
el primer mandatario del mundo en volar en un avión sobre Balbuena con el
francés Dyot; no le faltaba valor al chaparrito y además pesaba poco...
en la guerra revolucionaria que siguió se llevaría a cabo en los EUM el
primer bombardeo aeronaval de la historia...
Y luego el presidente Obregón firmó los tratados de
Bucareli para tener el apoyo gringo y nos pasó a joder;
todos los avances mexicanos en aviación se fueron por el caño, nos volvimos
miserablemente dependientes de la tecnología extranjera después de haber
estado a la cabeza, Obregón no fue el primer presidente traidor, tampoco
sería el último...
AVANCES... LA EPOCA MAS HEROICA:
Casi once años después del vuelo de los Wright, los
aviones seguían siendo un pasatiempo de los playboy y de los ricos
excéntricos como el brasileño Santos Dumont, un artefacto para el deporte;
extraño, sin mucha visible aplicación práctica.
Los hermanos Wright habían convencido a los militares de
las posibles ventajas de su avión para propósitos de observación táctica y
el ejército yanqui, con cierta desconfianza, había accedido a probar aquella
máquina extraña. Finalmente se hicieron algunos pedidos, pero el
asunto se estancó, al parecer el avión no sería más que una rareza.
Entonces, en agosto de 1914...
Los efectivos del Ejército Imperial Alemán
avanzaron sobre Bélgica y Francia y estalló la primera guerra industrial
de la historia humana, mejor conocida como la primera, el avance
fulminante parecía predecir un final rápido.
Pero no fue así y... con el estancamiento se hizo
más y más necesario el trabajo de observación táctica, se usaron dirigibles
y globos fijos como en el pasado, pero era obvio que los aviones podían
cumplir mejor con esos propósitos. Aunque un general inglés de esos
días, rezongó que aquellas "máquinas apestosas asustaban con su ruido
a los caballos" y exigió que esas cosas fueran suprimidas por
el bien de los nobles equinos.
Pero a pesar de todo, las cosas levantaron el
vuelo, en manos de jóvenes osados.
Esos intrépidos hombres y sus máquinas voladoras...
|

Santos Dumont. |
Los pilotos de entonces ya se arriesgaban
bastante al tripular aquel amasijo de madera, alambre, tela y un
tanque de gasolina que, por algún misterioso proceso, lograba
volar: eran aparatos lentos, poco ágiles, toscos y
frágiles. Los pilotos no llevaban paracaídas.
Ingleses, franceses y alemanes, cuando se encontraban en el aire
se saludaban con galantería y elegancia militar: salvo
mirarse podían hacer muy poco más. |
Pero eso iba a cambiar, ya para 1915 a alguien se le
ocurrió tirarle balazos a los otros, con pistola —o fusil mexicano
automático Mondragón 1915 en el caso de algunos observadores
alemanes— y, más de un piloto se llevó el susto de su vida cuando las vainas
vacías y casi al rojo de su pistola automática, caían en su avioncito de
tela y madera levantando sospechoso humito... Por eso los
ingleses preferían usar sus revólveres automáticos Webley Fosberry,
una curiosidad de las armas de mano, que no lanzaban los casquillos usados
porque eran revólveres automáticos o auto recargables de seis
tiros.
Los alemanes, por su parte, preferían usar la
modificación del fusil Mondragón Porfirio Díaz 1908: la
modernizada Fliegerselbstladekarabine Modell 1915 con cargador de
tambor de 30 ó 50 balas, similar a una pequeña ametralladora, usualmente
manejada por el observador, detalles de la historia y la técnica.
A pesar de todo, algo más de diseño mexicano
además de las hélices de alto rendimiento y las miras para bombarderos,
participó en la aviación de entonces y aquel conflicto —habíamos sido
pioneros en demasiadas cosas—, aunque fuera por corto tiempo...
Entonces, entre los balazos inofensivos y los saludos
militares, una luminosa tarde, en febrero de 1915, un solitario avión
francés se acercó decididamente a cuatro aviones de observación alemanes,
como si fuera a embestirlos, los teutones miraron al galo con cierta
indiferencia, seguramente se trataba de un bromista.
Entonces ocurrió algo que parecía imposible, desde
atrás de la hélice del avión francés destelló un brillo dorado y salió
un chorro de balas de ametralladora..., de un arma
montada directamente al frente disparando a través de la hélice:
Uno de los aviones alemanes cayó a tierra con su piloto acribillado, otro
recibió una rociada de balas, reventó su tanque de gasolina sobre la máquina
caliente y se precipitó a tierra envuelto en llamas los otros dos escaparon
con una prisa muy comprensible.
Se suponía que aquello era imposible, las balas de la
ametralladora debían destrozar la hélice, el avión atacante se estaría
suicidando.
Durante tres semanas el solitario piloto francés derribó
a seis aviones alemanes, convirtiéndose al quinto derribo en as
en una nueva tradición... y, llenó de terror al Cuerpo
Aéreo Imperial, hasta que una falla mecánica le obligó a aterrizar tras
las líneas alemanas y él y su avión fueron capturados.
El primer as de la historia era el aviador Roland
Garròs ya conocido desde antes de la guerra como el mejor de los pilotos
franceses, compañero en los EUM de Dyot —aquel que llevó a pasear a
Madero por los cielos de Anáhuac—, Garròs había diseñado un sistema atrevido
para que las balas de su ametralladora que pegaran en su
hélice fueran desviadas por unas cuñas de acero, un método burdo,
alocadamente valiente: casi suicida.
Los alemanes agasajaron con champaña y brindis por su
valor a su ilustre huésped forzado y estudiaron su avión, Garròs pasó
el resto de la guerra en un campo de prisioneros, hacia el final tuvo como
compañero a otro francés; larguirucho, narigón y malhumorado que se
pasaba todo el tiempo, al igual que él, buscando como escapar: un
capitán belicoso llamado Charles De Gaulle.
El avión de Garròs fue examinado por un joven mecánico
holandés de 25 años llamado Anthony Herman Gerard Fokker quien había sido el
creador de los mejores aviones alemanes a pesar de ser neutral, en 48 horas
Fokker había desechado el método de Garròs por inseguro, y había
perfeccionado el sistema de sincronización de la ametralladora con la
hélice, eso creó los primeros ases alemanes y por cuatro meses dio a
los teutones la superioridad aérea, hasta que uno de sus pilotos fue
capturado con su avión y se repitió la historia de Garròs, los alemanes
habían estado a punto de ganar la guerra aérea gracias a Fokker, pero ahora
con la situación equilibrada el conflicto duraría hasta 1918.
Durante los años que siguieron, los intrépidos en
sus máquinas escribieron una gesta de fuego y sangre, de valor y
plomo blindado entre las nubes, recrearon el poder aéreo, inventaron las
armas, las tácticas, se elevaron como héroes míticos y también cayeron
envueltos en llamas, escribieron sus nombres con letras ardientes en el
cielo en un sistema de guerra totalmente nuevo el combate aéreo:
"La pelea de perros" eran los; Immelmann,
Bölke, Richthofen, Göring, Loerzer, McCudden, Bishop, Ball, Luke, Mannock,
Nungesser, Guynemer, Rickenbacker, Voss, Mitchell, Brown, Chapman, Lufberry...
y, miles más, la mayoría murió pero unos pocos sobrevivieron a la guerra.
Los alemanes invictos, resentidos y confusos por la
derrota, como en una sentencia wagneriana nunca tan cierta como ahora:
"In Krieg geboren, in Krieg gestorben" (nacido
en la guerra, muerto en la guerra), la rendición no había sido de
ellos sino de su ejército, los franceses casi agotados, los ingleses
conformando la más formidable y primera fuerza aérea del mundo,
uniformada en azul: La RAF (Royal Air
Force), los norteamericanos, como una promesa de lo que sería el
futuro. Los alemanes, calladamente crearon la Luftwaffe, la
fuerza aérea más moderna de su tiempo, buscando la revancha...
"NUNCA TANTOS DEBIERON TANTO A TAN POCOS"
Habían transcurrido 22 años...
Veloces, con aura de invencibles, con sus cruces gamadas
negras en sus hermosos aviones, las águilas de Göring (el
sucesor de Richthofen, ahora jefe de la Luftwaffe), cruzaban
el Canal de la Mancha a los sones de "Hoy Volamos Sobre Inglaterra"
en pos de la revancha, eran los emisarios de la Blitzkrieg, los
conquistadores de la Europa continental.
Al otro lado del canal los esperaban otros jóvenes:
Ceñudos, acorralados, en desventaja numérica, los herederos de los
caballeros azules, los pocos de Churchill en otros aviones
tan bellos como los de los atacantes..., pero con escarapelas
tricolor.
Entre ellos por lo menos unos tres de los varios nacidos
en los EUM y entrenados en Canadá: Eugene McCoy (quien
a su tiempo sería un as en la lucha con aviones de caza Spitfire,
contra los Messerschmitt), John Robertson y Leonard Mayer (quien
sería piloto de bombarderos B-24 ), listos a salvar a la
ínsula y al mundo de la tiranía nazi, sus aviones en homenaje a la otra
patria, con discreta decoración tricolor y motivos mexicatl, por
lo menos en el caso de McCoy...
Y otra vez se inició la "pelea de perros"...
Por primera vez en la historia, la guerra iba a decidirse
en el aire, era: La Batalla de Inglaterra.
Los pocos pelearon como leones acorralados
e hicieron retroceder a las águilas..., el 15 de septiembre de
1940, cuando en los EUM se festejaba el natalicio de don Porfis
Díaz, como es usual todos los años. Un Londres devastado se irguió
orgulloso ante las águilas caídas, Inglaterra ganaría la guerra en
1945..., los pocos habían triunfado.
Fue el gozne de la guerra, Inglaterra se sostuvo, el
mundo se salvó: "En la historia del conflicto
humano, nunca tantos han debido tanto a tan pocos" dijo Churchill
en homenaje a los caballeros azules del aire en sus corceles Hurricane
y Spitfire.
A su tiempo las águilas de Göring como en un
ciclo, fueron acorraladas y pelearon tan heroicamente en sus
Messerschmitt y Focke Wulf como los pocos de Churchill y,
aunque otra vez invictos, como años atrás, fueron derrotados cuando (por
una ironía), tenían los mejores aviones del mundo: Los
primeros cazas a reacción operativos Me. 262, los
pilotos más expertos y exitosos de toda la historia..., pero no
tenían gasolina para volar.
Adolf Galland su joven general y comandante dijo como en
otra sentencia wagneriana: "No perdimos, nos
quedamos sin combustible".
Desde 1903 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial,
la aviación dio un salto gigantesco el motor a pistón dio paso al motor a
reacción y al cohete, Chuck Yeager un tímido piloto de pruebas de la Fuerza
Aérea de EUA iba a ser el Charles Lindbergh de mediados de siglo:
Lindy había cruzado el Atlántico en 1927, Chuck rompería la barrera del
sonido en 1948 —su hija daría la vuelta al mundo sin escalas y sin repostar
en los años 90 del siglo pasado—, las alas de Ícaro y de Ícara,
eran cada día más veloces y se alejaban más de la tierra.
UN PEQUEÑO PASO...
En Corea se probaron las primeras "peleas de perros";
entre aviones a reacción, los Mig 15 soviéticos y los Sabre
estadunidenses, la tecnología era otra, pero el sentimiento de los pilotos
era y seguirá siendo el mismo: intrépidos en máquinas
voladoras.
Nuevamente la guerra estaba dando el impulso al vuelo,
luego de Corea, sería la guerra fría, Vietnam y el logro más alto hasta la
fecha: la Luna.
Ellos y ellas habían escrito capítulos brillantes,
sangrientos y a veces de sacrificio, pero aún faltaba llegar más alto, sólo
era cuestión de tiempo. John Kennedy lo prometió como un reto,
Richard Nixon lo cumplió, el país que había "inventado" el avión sería el
que llegaría más lejos en el siglo XX... : "comprometernos
a llevar a un hombre a la Luna y regresarlo a la Tierra, antes de que
finalice esta década" retó JFK en 1961 y en 1969, a poco
más de un segundo luz del planeta azul —por primera vez podríamos
referirnos a distancia en términos de luz—, en la superficie
polvorienta y gris del Mar de la Tranquilidad: "Aquí...
Hombres del planeta Tierra..."
Y, ahí estará, como la Puerta de Alcalá de la
canción; la placa en el módulo de descenso del Águila, en el
Mar de la Tranquilidad, en nuestro satélite natural, por los próximos
milenios y, las pisadas de los primeros hombres cósmicos.
Mucho
más duraderas que cualquier monumento en la Tierra.
En alas de tela en Kitty Hawk, en alas de cohete (el
sueño de Goddard y Von Braun) desde Cabo Cañaveral, ese es el ayer.
El mañana depara a los hombres con alas: Marte y más allá.
Un poco más de cien años, y apenas estamos comenzando.
Los intrépidos en sus máquinas voladoras avanzarán
osadamente hacia donde nadie ha llegado..., todavía.
Del segundo luz al minuto luz, al día luz, al año luz;
y, más allá...
Al Warp de Star Trek quizá..., seguramente.
Ya un mexicano lo anticipó y somos pioneros en esto de volar, aunque a veces
sólo sea con la imaginación porque no nos reconocen nuestros inventos.
Seguramente eso del Warp no lo veremos,
pero sabemos que así será.
Porque los humanos hacemos realidad con nuestra
tecnología lo que alguna vez fue fantasía y hoy, la ciencia ficción,
más que literatura, pareciera ser cada vez más: una crónica
de hechos cotidianos.
Felices vuelos...
