Ese punto rojo en la noche, que en agosto y septiembre de
2003 -o sea hace cuatro añitos-, se vio muy brillante, es el cuarto
planeta a partir del Sol.
Una proximidad similar a esa se dio cuando los seres
humanos aún vivían en las cavernas, hace 60,000 años, volverá a ocurrir en
otro lapso similar, así que, si no vio entonces el planeta rojo en
todo su esplendor..., bueno deberá esperar bastante.
Por su color rojo, producido por la gran cantidad
de óxido en su superficie, recibió de los griegos el nombre de Ares:
dios de la guerra; los romanos lo conocían con el nombre de
Marte, y era el mismo dios para ellos.
Su signo en la idiota astrología es el hierro, lo cual en
este caso es muy apropiado pues el color rojizo lo tiene a causa del óxido
de hierro: Fe O2.
Marte tiene un tamaño similar al de la Tierra: 0.53
del diámetro medio, su gravedad es del 0.4, su día es igual al
terrestre, la duración del año es de 1.9, tiene dos lunas Phobos
y Deimos (Miedo y Terror), su
distancia media del sol es de 228 millones de kilómetros; su
distancia de la Tierra en el afelio es de 100 millones
de kilómetros, y en el perihelio de 54 a 56 millones de
kilómetros.
La atmósfera marciana esta compuesta por dióxido de
carbono, o sea no es respirable para los seres humanos:
tiene dos polos con casquetes de agua congelada y la temperatura en general
es fría en extremo, algo así como un invierno en la Antártida.
DE SURCOS A CANALES
En el año de 1877 el astrónomo italiano Giovanni
Schiaparelli, afirmó haber visto una serie de surcos en la superficie
del planeta y anunció la existencia de canali en el planeta, o sea
precisamente surcos en italiano...
Con esa palabra se inició una confusión muy divertida
pero también muy molesta a veces, porque el astrónomo inglés
Percival Lowell "tradujo" a su manera en 1892, la palabra
canali de Schiaparelli convirtiéndola en channels:
canales en inglés.
Lowell, influido por su propia idea, creyó ver "canales
artificiales" en la superficie del planeta a causa del cansancio, las
fallas ópticas de su telescopio y los surcos de Schiaparelli que
si existen y no son otra cosa que fallas geológicas gigantescas.
Como dato curioso en 1869 se hizo el canal de
Suez, en 1893 el canal de Corinto y en 1914 el canal de Panamá.
Y, con esas obras terrícolas, la idea de los "canales"
marcianos era sugerente, Lowell hasta hizo mapas detallados.
Según él y sus seguidores, los "canales"
habían sido hechos por los marcianos, con ingeniería portentosa, para
recolectar el agua que fluía de los polos durante el verano y así
poder tener el líquido vital para sus cosechas.
Ya en 1907 Alfred Russell Wallace, el codescubridor de la
evolución por selección natural, rebatió científicamente a Lowell;
indicó que las temperaturas de Marte son tan bajas que no permiten la
existencia de agua en estado líquido.
Pero Lowell ignoró olímpicamente tales aseveraciones y
demostraciones y siguió en la necia hasta su muerte, convencido de la
existencia de una cultura marciana.
GUERRA DE LOS MUNDOS Y PRINCESAS MARCIANAS
En 1897, el escritor inglés Herbert George Wells publicó
su novela La guerra de los mundos, en la cual unos tecnológicamente
avanzados marcianos se lanzan a la conquista de la Tierra.
Arrasan con todo, pero los matan los gérmenes terrícolas
para los cuales no tienen inmunidad (recurso literario aparte, uno se
pregunta como unos seres tan adelantados no habían previsto esa posibilidad,
nosotros en nuestros viajes espaciales si lo hemos hecho).
Con esa novela, publicada el mismo año que Drácula
de Bram Stoker, se inició la moda de las invasiones ET, la cual aún
no termina.
Ese año también fue de "oleada", o sea se
registraron varios de los casos importantes de "avistamiento de
aeronaves" -aún no se hablaba de OVNIs-, de acuerdo con
los historiadores de la "ovnilogía".
Igualmente en aquellos tiempos de avances tecnológicos y
vampiros transilvanos, se habló de "tripulantes" de las
famosas "aeronaves" pero estos eran humanos.
En aquellos alegres e ingenuos tiempos se hablaba poco o
más bien nada de ETs y estos estaban en el sitio que les corresponde:
la literatura de ficción.
En 1920 Edgar Rice Burroughs, un mediocre vendedor de las
tiendas Sears y similares, con ansias de fama y riqueza escribió una
de las series literarias más notables -y fantásticas-, sobre Marte (Barsoom,
en idioma "marciano").
En el planeta rojo, el personaje de Edgar Rice, John
Carter, quien llegó al planeta en algo más parecido a un "pasón"
que a una nave espacial -conoce a una princesa humanoide y buenérrima-,
llamada Dejah Thoris -de la cual como es obvio se enamora y luego de
lo habitual en estos casos, ella pone un huevo, del cual saldrá a
su debido tiempo un cartercillo- conoce también al marciano gigante
verde y bonachón Tars Tarkas del cual se hace cuate, y otros
fascinantes seres a cual más extraño, con los que tiene aventuras extrañas y
deslumbrantes.
Burroughs también hizo una serie venusina con
menos éxito (en la cual introdujo el encantador error de un planeta
Venus prehistórico, para consumo de contactados ignaros) y,
finalmente obtuvo la fama y la fortuna con Tarzán.

INVASIÓN Y SUSTO COLECTIVO
En 1938 tuvo lugar la que es posiblemente la más famosa
de las aventuras marcianas, el actor, director y en aquel
entonces creador de un teatro radiofónico, Orson Welles, hizo una adaptación
de la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos.
La transmisión es ya un clásico de la locura colectiva,
pues en varios sectores de Nueva York se produjo el pánico cuando un crecido
número de radioescuchas, a pesar de los cortes comerciales, creyeron que se
estaba produciendo una invasión marciana de verdad.
Se considera que este pánico se produjo por el realismo
de la adaptación y por las tensiones existentes en aquellos años del apogeo
invasor nazi, apenas un año antes de que estallara la II Guerra Mundial.
De cualquier manera la transmisión de marras ya es un
clásico.
Casi para cerrar las curiosidades de La guerra de los
mundos, en el año 62 del siglo pasado, la Editorial Novaro hizo
una historieta con la famosa novela de la invasión, nada más que en aquella
los marcianos atacaban a México y finalmente se morían entrando a la
Villa de Guadalupe, no se sabe si por los virus en el aire, la
contaminación...
O por haber comido tacos, como le consta al tepiteño
Roñas.
La historieta era una adaptación mexicatl -o vil fusil,
como se prefiera-, de la película de 1960 La guerra de los mundos
producida por George Pal.
En 2005 se estrenó la más reciente de las versiones
cinematográficas de La guerra de los mundos, está vez con Steven
Spielberg en la dirección, el dianético Tom Cruise como protagonista
y en una versión actualizada, bastante parecida a la versión original de
1897, llena de pequeños homenajes a la versión de los sesenta del siglo XX.
MARTE REAL E IMAGINARIO
En 1971 la nave Mariner 9 envió a la Tierra
algunas de las mejores fotos obtenidas hasta entonces, pero por un efecto de
luz se creó la ilusión de "Sidonia" un sitio donde se suponía existía
una cara gigantesca, pirámides y dos caritas sonrientes de
Sabritas.
El asunto tuvo un final casi igual al que acabó con las
fantasías de Percival Lowell, pues posteriores estudios de la zona sólo
mostraron prosaicas fallas geológicas.
El año de 1976 fue testigo del feliz amartizaje de
las naves Vikingo I y II, hasta entonces unas de las
misiones marcianas más exitosas.
Luego, casi para finalizar el siglo, robots terrícolas
anduvieron por las arenas rojas en preparación para los proyectados viajes
con astronautas de carne y hueso en algún momento en las primeras décadas de
este siglo XXI...
El Planeta Rojo ha servido de inspiración para:
filmes desde chafas hasta excelentes, novelas buenas y malas, dioses
guerreros, astrónomos serios y astrónomos pirados, astrólogos súper
chiflados, ovnílogos, ovnílatras y ovnilocos,
paranoicos de las invasiones extraterrestres y conspiranoicos
seguidores de una ficción fílmica llamada Capricornio I, en la cual
un viaje fraudulento a Marte dio pie a las teorías desquiciadas de los 70 en
las cuales se planteaba que, en 1969, los humanos no llegaron a la
Luna y que todo fue una fantasía, como decía Salinas.
Y, claro no puede dejar de mencionarse a los alucinados
que siguen convencidos de que en Marte hay habitantes agresivos y se
echan a rezar cada vez que alguien les advierte -seguramente sin saber que
es eso-, que se aproxima el perihelio marciano.
No saben que es, pero suena bonito y apantallador.
Los rezos y ruegos lacrimosos suelen ser encabezados la
mayor parte de las veces por los maussanitas®, y por los
Vigilantes secundados por los fotógrafos de aves -también conocidos como
"ovnitologos" o "ufolocos aviares"-,
a las que llaman "flotas de naves extraterrestres"
