El olor a podrido castiga a cientos de miles de
tabasqueños que ya no sienten lo duro, sino lo tupido. Sus esfuerzos por
reconstruir lo arrasado por las inéditas tormentas se topan, a cada
instante, con las naturales reacciones fisiológicas a lo podrido. Les duele
el alma, les molestan los hongos, les aquejan las diarreas y los
incontrolables espasmos. El incontrolable hedor les hace preguntarse una y
otra vez "¿era inevitable la tragedia?".
Todos los indicios apuntan a que no, a que tanto las
autoridades estatales como federales, pasadas y presentes, tenían
conocimiento de la vulnerabilidad del Edén y que, por lo tanto, estuvieron
en posibilidades de prevenirla.
De hecho en 1999 ocurrió otra inundación que afectó al 60
por ciento de la ciudad de Villahermosa y a 16 de los 17 municipios del
estado. Cifras dadas por la Comisión Nacional del Agua calculan que 312 mil
personas resultaron afectadas en su patrimonio y que las pérdidas
materiales, en ese entonces, fueron del orden de los 500 millones de pesos.
Cuatro años después de esa primera tragedia, el gobierno
federal y el de Tabasco acordaron aplicar el Proyecto Integral contra
Inundaciones (PICI). La Federación se comprometió a aportar el 72 por ciento
de los recursos y el estado el 28 por ciento restante.
Los objetivos del PICI eran los de proteger al 77 por
ciento de la población y al 83 por ciento de la superficie cultivable de
Tabasco. La propia Comisión Nacional del Agua informó el 18 de noviembre del
2005 que el PICI sumaría, a finales de ese año, una inversión de mil
millones de pesos, de un total de dos mil 600 millones de pesos y estimó que
al concluir el 2006 se evitarían daños potenciales por más de 16 mil
millones de pesos.
El PICI contemplaba la construcción de 179 kilómetros de
bordos, 190 kilómetros de drenes y tres estructuras de control para proteger
directamente a más de 370 mil personas, además de rescatar 25 mil 400
hectáreas de tierras productivas, 20 mil de uso pecuario y cinco mil 400 de
uso agrícola.
Tan loables propósitos no se cumplieron. La pregunta es
¿por qué?
El 27 de junio del 2006, a escasos cinco meses y tres
días de concluir su mandato, el jefe del Ejecutivo, Vicente Fox, encabezó la
presentación de los avances del Proyecto Integral contra Inundaciones en el
Parque Tabasco, de Villahermosa.
Fox declaró en ese marco que "Tabasco se está
transformando" y a propósito de los avances del PICI dijo textual: "A veces,
cuando va uno viendo todos los días lo que va sucediendo, se pierde un poco
la capacidad de evaluar y de ver en un sólo instante las transformaciones
que se están dando en este estado".
En medio de tanto optimismo, el saliente primer
mandatario reconoció que la obra quedaría inconclusa Tales fueron sus
palabras: "Para terminar, acabo de comentar con (el gobernador) Manuel
(Andrade) y lo que vamos a hacer, porque falta un tramo aquí, como nos falta
un tramo en todo.
Ya le ganamos terreno a la pobreza, pero nos falta un
montonal; ya le ganamos terreno al agua potable y a los drenajes, pero nos
falta un montonal; ya le ganamos terreno a las carreteras, pero nos falta un
montonal.
Entonces, como falta aquí el agua lo que podemos hacer
ahora es meter ese remanente al presupuesto del 2007 para que no pare la
obra, siga y terminemos cuanto antes".
Lo cierto es que el Proyecto Integral Contra Inundaciones
(PICI) fue dejado a medias por el gobierno de Fox, pese a que tenía muy
claro el objetivo de disminuir de manera significativa el riesgo de una
inundación catastrófica y de señalar la necesidad de continuar la
construcción "de las obras de regulación y control de caudales que se
requieren para proteger a la población". (El Universal, miércoles 7
de noviembre de 2007, primera plana.)
El presidente de la Comisión de Vigilancia de la
Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados, el legislador
perredista Antonio Soto, declaró que los gobiernos de Roberto Madrazo y
Manuel Andrade recibieron recursos federales por dos mil 400 millones de
pesos para obras hidráulicas. Petróleos Mexicanos, por su lado, les donó
otros mil 500 millones de pesos, además de que el Congreso del Estado les
liberó otra partida de 400 millones de pesos para los mismos fines. La suma
de esos recursos da un total de tres mil 300 millones de pesos que bien
pudieron ser aprovechados para construir bordos y represas. Sin embargo,
denuncia el diputado Antonio Soto, no se hizo.
Otro legislador, el priista Marco Antonio Bernal,
presidente de la Comisión para la Reforma del Estado de la propia Cámara de
Diputados, advierte que las administraciones de Ernesto Zedillo y Vicente
Fox son corresponsables de la catástrofe de Tabasco. "Estas tragedias
suceden -apunta- cuando no se hacen las inversiones; cuando en el gobierno
hay negligencias y no se invierte en lo que se debía de haber invertido, que
en este caso no se invirtió en las presas que están en Chiapas. La Comisión
Nacional del Agua y la CFE (Comisión Federal de Electricidad) no realizaron
las inversiones que, desde 1999, estaban señaladas como necesarias". Bernal
advierte que el gobierno foxista debió haber incrementado en 20 metros la
cortina de la presa Peñitas, pero tampoco lo hizo. Según él, el gobierno de
Felipe calderón pudo haber reforzado la estructura hidráulica del sureste
mexicana con los 70 mil millones de pesos que presenta de subejercicio.
Otro testimonio digno de tomarse en cuenta es el del
secretario de Protección Civil del Distrito Federal, Elías Miguel Moreno
Brizuela, quien al frente de más de 400 especialistas se trasladó a Tabasco
a brindar ayuda a la población damnificada.
El funcionario capitalino declaró al autor del presente
artículo que sí hay responsabilidad humana en las inundaciones de Tabasco.
"Lo que está diciendo la ONU –subraya- es que se trató de errores humanos,
porque ya vimos con nuestros expertos que no fueron provocadas por lluvias,
sino por la apertura de una presa, la presa Peñitas, que está en el estado
de Chiapas".
El diputado Bernal, nos dice por su parte, que se
abrieron las compuertas de la presa Peñitas sin tomarse las debidas
previsiones de protección civil y sin avisarle al gobierno de Tabasco.
Por lo pronto, la mitad de los tabasqueños, alrededor de
un millón, lucha todos los días por salir adelante. Lucha contra las
calamidades traídas por el agua y por presuntas negligencias.
Esa gente no sólo soporta el hedor provocado por los
restos de los animales en descomposición, sino que tiene que aguantar el
nauseabundo olor de la corrupción.
Los tabasqueños tienen derecho, primero, a recibir toda
la ayuda necesaria, pero también a conocer la verdad. No para que ejerzan
una venganza justiciera, sino para recibir justicia. Y, en segundo lugar, a
que se construyan las obras necesarias para prevenir otra tragedia.
El gobierno federal, la Auditoría Superior de la
Federación de la Cámara de Diputados, el actual gobierno de Tabasco y el
Congreso de esa entidad tienen la palabra. Por lo demás, como lo propone
Humberto Hernández Haddad, sería conveniente que se lleva a cabo una
investigación independiente, ajena a compromisos de grupo o de partido.