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  RETOBOS EMPLUMADOS 

Boca bulario

POR ALFREDO PADILLA PENILLA
(Exclusivo para Voces del Periodista)

No. No se trata de sondear por los vericuetos de la antiortografía, tampoco de compartir hallazgos en un parónimo, Boca bulario significa otorgar bulas de palabra, laicas bendiciones sin sacrilegio, aportación de aureolas a los favoritos en lamparitas redondas de manipulada iluminación, en esta retobada a los culturosos de copioso caché.

Leer o no leer

En un texto del semanario Proceso de diciembre del ’98 firmado por José Alberto Castro se asienta que "La especulación por los autores, las fuertes campañas promocionales y la imposición de los gustos literarios están en el orden del día".

Al respecto, hay lectores los cuales más que consumir libros, recopilan créditos, rúbricas de escritores afamados más que narraciones o poesías; no se arriesgan a incursionar el ojo en obras de novelistas o poetas desconocidos, rehúsan comprar publicaciones que no hayan sido selladas por editoriales de "renombre" o santificadas por algún crítico de "sus confianzas", esos que ensalzan "consagraciones" hasta los enmolcajeteados mareos de una salsa borrachísima, al igual que vituperan al que remó hacia el grupo de la otra orilla, o re-funden en los apagones del ninguneo, a quien sólo y solo naufraga en la isleta de un tintero.

Otros no leen ni una portada pero se introducen encarrerados al lugar común, a la frase de cartabón que hace lucir erudiciones, por ejemplo, acerca de creadores que pese a escribir muy poquito han sido receptores del Boca bulario, los reimpulsan al merito sitial de las arpas por "La magistral estética del silencio", confiscándole a Susan Sontag el sinónimo del arte enmudecido. Sostienen en trilladísima oración que tal poquedad es debido a que "No pueden competir consigo mismos", como si narrar un cuento o ejercer el verso fuera un desafío mortal contra la propia sombra... que no cesa sino cuando el vencido chorrea en catarata una hemorragia anochecida.

En la revista señalada se añade que "... los gigantes de la edición convocan a certámenes literarios millonarios, manejan a su antojo las agendas de los escritores, deciden a quién darle la exclusiva o quiénes están vetados".

Acerca de certámenes literarios, en la década anterior Gustavo Sáinz dio una conferencia de prensa en la que señaló que uno de los "gigantes de la edición" (Planeta) llamó a un concurso novelístico del cual el hacedor de Gazapo fue uno del jurado. Agregó que más de un centenar participaron, sin embargo, el dueño del negocio decidió que únicamente diez competirían y de éstos -a fin de que los calificadores no se atarearan- eligió al vencedor, al ganón del deslumbrante Boca bulario. Por cierto que esta parte denunciatoria del conferencista nada más Excelsior la registró, los otros diarios la "editaron" en una tachadura.

A Xavier Velasco, luego de llevarse el premio Alfaguara en el mismo género, le preguntaron su opinión de que la editora se lo entregó sin ser famoso porque con frecuencia fue criticada de dárselo solamente a re-conocidos. El galardonado y beneficiario del Boca bulario contestó que no hubo favoritismo, que él nada más consiguió que su gran amigo Arturo Pérez Reverte le garantizara que su Diablo guardián sí sería leído por los jueces. Respuesta de la que se infiere que los dictaminadores no posan sus doctas pupilas en todas las obras, que no les brindan ni un guiñito de retina, ni siquiera el tic nervioso que muy involuntariamente coqueto fabrica un arsenal de relámpagos oscurecidos.

El que de plano dijo que cuando mucho leía unas tres líneas de novelas concursantes fue el ya fenecido Fernando Benítez en sus etapas de juzgador, pues con un inicial puñito de letras descubría quién es quién y a cuál anexarle el Boca bulario en los artilugios de una historia. Para él un inicio flojo colma el todo de perezas debiluchas. Novelistas que ex profeso comenzaban e incluso seguían después de la mitad con un preelaborado tono de "aburrimiento", para luego sorprender con extraordinarias figuras metafóricas e intensidad introspectiva de personajes que en el "hastío" primigenio construían la premisa, verbigracia Héctor Raúl Almanza y su Huelga blanca o Julio Sesto en Cómo ardían los muertos, hubieran sido desahuciados antes del primer parrafito.

Plumas como estiletes

Fernando de la Tola Habich, de origen peruano y afincado en México desde hace un a alud de calendarios, autor de la novela erótica Lulú la meona, en un antiguo artículo de fondo en Unomásuno, comentó que la enorme popularidad de Carlos Monsiváis tocó su curiosidad. Se puso a leerlo con parsimonia, lo leyó en antologías periodísticas integradas en libros; re-.vestido con los ropajes de un intrigado veedor lo miró impreso en un montonal de medios; lector fue de su única novela Nuevo catecismo para indios remisos; ancló en la prosa monsivaisana su visión y re-visión... Y el paisano de César Vallejo y de las llamas que no arden, afirmó que no encontró nada artístico, nada que guardase correlación con la ingente celebridad, nada salvo algunas puntadas ingeniosas, nada que explicase la casi posesión absoluta del Boca bulario.

En la centuria antepasada, Sebastián Lerdo de Tejada, en una trifulca verbal con Guillermo Prieto, pretendió desbaratarle el Boca bulario que ya disfrutaba en la producción de versos con el culinario obsequio de una sazón en desazón, al rebautizarlo como "El poeta de las enchiladas".

Con anterioridad todavía y en lares europeos, el influyentísimo Goethe desde el germánico solar, enfadado por el Boca bulario a raudales que se agenciaba Víctor Hugo, catalogó El jorobado de Nuestra Señora de París "Libro pudibundo", en tanto en un teatro de la capital francesa admiradores del romanticismo y de los clásicos, sin fábulas se prodigaban fabulosos catorrazos a horcajadas de retórica.

Las mujeres que versifican no están exentas de medirse con algo más contundente que la métrica. En una entrevista que Enriqueta Ochoa concedió a Octavio Avendaño Trujillo, publicada en enero del 2007 en La Jornada Semanal, la poeta se lanza contra otra poeta: Rosario Castellanos, de la que sin ambages asevera "Fue una mujer detestable". Boca bulario que no apacigua el pesaroso evocar, ya que para la entrevistada, la polígrafa chiapaneca "... era mala" y no precisamente para los menesteres de la escritura.

Boca bulario el obtenido rapidito por Edgar Allan Poe, al que Walt Whitman -diez abriles menor- abolló al declarar, con otro lenguaje pero el mismo sentido, que el poemario de aquél, The bells, no eran más que Las campanas lloriqueantes que empalagan al tañer. Según algunos biógrafos la sensibilidad extrema del primero derivó en que su esposa Virginia Clams, con la que se vinculó cuando ella tenía 14 añitos y él se acercaba a los 30, mantuviera intacto el nombre, doncellita matrimoniada con un bardo que no localizó rimas en los enigmáticos rechinares del catre.

Francisco Rabelais también en los merodeos del instante se apoderó del Boca bulario con Gargantúa y Pantagruel, empero, la censura lo correteó azuzando a una repentina multitud de apedreadores que exaltados conjugaban el verbo lapidar. El artista pudo escapar, quien no logró la evasión fue su editor, Etienne Dolet, al que victimaron con una puntería de furibundo cantero.

Vicente Leñero, a excepción de un rechazo editorial a Los albañiles elaborado por Emmanuel Carballo quien no encontró mínima calidad en la novela, en una posterior recordación sin rencores de aquél... casi se lleva puro Boca bulario de la crítica. El casi corresponde al analista literario Alberto Román que en una reseña de marzo del ’82 en Nexos del libro Martirio de Morelos transmutadas las teclas en tambores de guerra, apuntó entre harto fuego: "Con los recursos de Cantinflas Show , Vicente Leñero hila los resultados de su investigación anulando sus posibilidades literarias y críticas en el lloriqueo de la dimensión humana". En un acápite precedente entrecomilla la obra de "Trabajo literario" con todas las lloviznitas de custodiadas cuchilladas, para luego arremeter con el filero aún más reluciente: ""Lo que el lector halla es un subproducto que en sus pretensiones imparcialmente objetivas rehuye el mínimo esfuerzo literario por elaborar personajes, caracteres y situaciones, una amalgama ramplona de datos..."

A uno de los que más pródigo resultó el Boca bulario, fue Juan Rulfo y su solitario libro Pedro Páramo (El llano en llamas es una recopilación e cuentos de varias revistas). El retobador ha cronicado desde lustros atrás la manera que la celebérrima novela rulfiana llegó a la imprenta y cómo salió en un manojo de golondrinas sin más puerto que su propia inmensidad. No obstante, de emplumado colofón, se parte en una cita en una partecita de un reportaje de Alejandro Toledo impreso en Bucareli 8, publicación de El Universal, en junio del 2001 en que se recoge una rememoración de Rulfo que versa sobre la opinión de sus colegas del entonces inédito Pedro Páramo, en el Centro Mexicano de Escritores: "... Miguel Guardia encontraba en el manuscrito sólo un montón de escenas deshilvanadas. Ricardo Garibay siempre vehemente, golpeaba la mesa para insistir en que mi libro era una porquería..."

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Edicion 166
CONVOCATORIA AL XXXVII CERTAMEN NACIONAL DE PERIODISMO

Pag. 2
EDITORIAL

Pag. 3
VOCES DEL DIRECTOR
MOURIS SALLOUM GEORGE

Pag. 4
LETAL, LA REFORMA
JORGE SANTA CRUZ

Pág. 5
LA CONJURA DE LOS YUPPIES (II)
ABRAHAM GARCÍA IBARRA

Pág. 6
LA LUPA POLÍTICA

LOS CHINOS DEL "PARTIDO ACCION NACIONAL"
ALFREDO JALIFE-RAHME

Pág. 10
ANDANZAS MAFIOSAS
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Pág. 12
FOX NEGÓ RECURSOS
MANUEL MAGAÑA CONTRERAS

Pág. 14
UN HURACÁN ACECHA
ALFREDO PADILLA PENILLA

Pág. 16
A FUEGO LENTO

COMPLOT CONTRA PEMEX

E. PASTOR CRUZ CARRANZA

Pág. 17
LA MALDICION DE LOS QUE "FUERON A IRAK"
MARTIN CUNEO

Pág. 18
TRASPASANDO LAS PUERTAS DEL INFIERNO
TOM ENGELHARDT

Pág. 20
MILITARIZACIÓN
DIANA DELLA BRUNA

Pág. 23
RETOBOS EMPLUMADOS

BOCA BULARIO

PINO PÁEZ

Pág. 24
ASIMETRÍAS
FAUSTO FERNÁNDEZ PONTE

Pág. 25
"COOPERAS O CUELLO"
RAMI SCHWARTZ

Pág. 26
LA RUPTURA
CARLOS RAMÍREZ

Pág. 26
...Y SALINAS A LA QUINA
PEDRO ECHEVERRIA V.

Pág. 27
BUHEDERA
GUILLERMO FÁRBER

Pág. 29
DEPORTES
JOSÉ MANUEL FLORES M.

Pág. 30
ESFERA HUMANA
ENRIQUE CASTILLO PESADO

Pág. 32
SENTENCIA CUESTIONABLE
HUMBERTO HERNÁNDEZ HADDAD

Pág. 34










 

 


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